La ignorancia de “Julito” sobre promover amar y la campaña “hazte el amor” en Medellin

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Gaspar Hernández Caamaño.

Sexo y amor en noticias recientes

“Este es un proyecto de ley que busca promover en la educación, en la crianza, en las relaciones familiares, EL AMOR COMO LA BASE FUNDAMENTAL DE LA CONVIVENCIA para lograr así una mejor armonía en el hogar”. Milla Romero, senadora._________________________

Dos noticias me quitaron el ritmo de marimonda que provocaba la música tradicional del Carnaval. Una informó sobre la campaña de la Alcaldía de Medellín que promueve la masturbación, en ambos géneros. La otra, la protagonizo el popular “JULITO”, el de la W, al opinar, en su propio micrófono global, sobre un Proyecto de Ley que una legisladora impulsa en el Congreso de la República sobre educación amorosa en escuelas y hogares de esta Colombia inmortal.

Imagen proporcionada por el autor de la columna.

Ambas noticias!,paradoja!, abordan un tema de mi interés intelectual-pedagógico. El relativo al aprendizaje del amor como derecho-deber y la fusión de amor y sexo en la educación sentimental en Colombia. Las leí y decidí conservarlas para digerirlas y, así, con buena digestión mental, poderlas comentar en este libre espacio de opinión semanal. 

Debo confesar que me sorprendió, ingratamente, el tono del locutor y entrevistador radial, Julio Sánchez Cristo, el “Julito”, de la W, al descalificar el propósito de legislar sobre el amor. Le pareció un asunto menor, de “poca monta”. O mejor, de poco pelo. Así que al despertar, después de “currucuchear” en la verbenera Batalla de las Flores de Barranquilla, una voz rumbera me dijo, calladamente: ¡ese Julito, el de la W, es un ignorante sobre la importancia de aprender a amar. Y allí, en la palabra “IGNORANCIA”, estaba el tono para esta reflexión. ¡Sí, Señor!

La opinión del comunicador. En el programa radial, a nivel global, que dirige el locutor Julio Sánchez Cristo entrevistó, recientemente, a la senadora Milla, quien presentó un Proyecto de Ley para que el amor sea ingrediente de la convivencia social. Durante la entrevista, Julito, el de la W, asumió, además, el papel de crítico del proyecto, cuyo objetivo es el enunciado en el epígrafe de esta columna, aprovechándose de ser él, el dueño del micrófono.

 Julito, el de la W, dijo:

“En un país con tantas necesidades y problemas inmediatos imagínese usted llover sobre lo llovido y tratar de defender un principio de vida que es lógico no solo para los católicos, sino para cualquier ser humano”.  Y remató su cuestionamiento, así:

“Yo no entiendo es como usted por ley pretende que la gente le meta amor a su hogar. Eso no se puede imponer; ayudas las que quieres: hay ayudas sicológicas, materias en los colegios, las comisarías de familia, líneas abiertas, líneas calientes para cualquier tipo de consulta, en fin, pero obligar a la gente por ley a que su familia crezca en medio del amor no lo entiendo“.

Claro, Julito, no lo puedes entender porque eres un ignorante con micrófono, como te lo voy a demostrar  con solo citarte cuatro (4) ejemplos de la vida jurídica, literaria y sociológica de este país con tantas necesidades. Una de ellas, de amor. Veamos:

1. El amor como derecho.

Julito, el de la W, ignora que en Colombia el amor es un derecho. Y no cualquier derecho, sino un derecho fundamental, prevalente y superior. Así está consagrado en el artículo 44 de la Constitución Política, que es Ley de Leyes. Vaya y léalo.

2. El amor es un deber. 

Julito, el de la W, ignora que en Colombia El amor es un deber. Un deber deontológico. Así lo establece el artículo Primero del Código de Infancia y Adolescencia que, a la letra dice: “

3. El amor para superar los cien años de soledad.

Julito, el de la W, ignora lo vaticinado por Gabriel García Márquez, en su discurso la soledad de américa latina, pronunciado al recibir el Premio Nobel de Literatura. Gabo pidió:

“Una nueva y arrasadora utopía de la vida, donde nadie pueda decidir por otros hasta la forma de morir, donde de veras sea cierto el amor y ser posible la felicidad, y donde las estirpes condenadas a cien años de soledad tengan por fin y para siempre una segunda oportunidad sobre la tierra”.

En ambas noticias se sigue manteniendo que el sexo y el amor son idénticos y su presencia en la vida de los seres humanos solo es un ejercicio genital. Tal confusión, a mi entender, se debe porque al sexo el Occidente medieval le colgó el pecado, sumándole luego el amor. Con ese legado moderno, el amor se consume, ortodoxamente, como sexo. Y no como un derecho a estar satisfecho con uno y con los otros, sin exclusiones.

Favor, denle un billete morado de $50 mil a Julito, el de la W, para que, por lo menos, lea al Nobel y dejé de ser un ignorante hablador.

Imagen proporcionada por el autor de la columna.

4. La necesidad de una educación sentimental en un país de emociones tristes.

Julito, el de la W, ignora lo que desea el sociólogo Mauricio García Villegas, en la página 277 del libro: “el país de las emociones tristes, Una explicación de los pesares de Colombia desde las emociones, las furias y los odios”(Ariel), en la que pide:

“Que me dieran una mejor educación sentimental, para gozar el cuerpo y sus placeres, sin diablos agazapados ni infiernos amenazantes. Que me dijeran que los seres humanos criticamos mucho y también alabamos mucho, por eso nos gusta ser moralistas, porque cuando hacemos eso, nuestro cerebro recibe una sensación placentera de superioridad sobre los demás; sin embargo, en esa tarea de juzgar con frecuencia nos equivocamos y eso debido a que ni tenemos tantos motivos para criticar ni tantos para ensalzar. Que me enseñaran a juzgar a los demás con prudencia, sin caer en moralismo ni en el cinismo”.

Que Julito, el de la W, llamé al profesor García Villegas, en vivo y en directo, para que le expliqué qué quiso decir, pues Julito, el de la W, no lee. El solo habla.

Como ven. Estoy a favor de la pretensión de la Señora Senadora, satanizada por el popular Julito. Regalenlé libros para que superé la ignorancia que solo de lo heredado no se vive. 

Campaña pro-masturbacion en la montaña.

Por otra parte, la Alcaldía de Medellín está promoviendo una campaña publicitaria, en medios y redes sociales, bajo el lema: “para el mal humor hazte el amor”, cuyo objeto es “desmitificar la práctica de la masturbación humana”, según el Secretario de Juventudes de la capital de la montaña.

En ambas noticias se sigue manteniendo que el sexo y el amor son idénticos y su presencia en la vida de los seres humanos solo es un ejercicio genital. Tal confusión, a mi entender, se debe porque al sexo el Occidente medieval le colgó el pecado, sumándole luego el amor. Con ese legado moderno, el amor se consume, ortodoxamente, como sexo. Y no como un derecho a estar satisfecho con uno y con los otros, sin exclusiones.

El amor como derecho no admite nada perfecto, sino satisfacciones. Unas humanas, animales otras.

Imagen proporcionada por el autor de la columna.

Sociedad y Biología es el amor humano. Del que hemos nacido y por el que vivimos en uno mismo como en los demás. Recíprocamente. Fusión y fricción.

Así que una campaña, en el fondo de educación pública, para andar relajado, no la veo mal, pues siempre he expresado que mejor hablar de amor.

Los Alcaldes de los pueblos costeños, caribeños, poco se preocupan de esas invitaciones, ya que de nosotros los paisas y cachacos, de Calamar para allá, viven gritándonos: “¡costeños…Mamaburra!. Ja, Ja, Ja. 

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