Periodismo y corrupción

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Gaspar Hernández Caamaño.

¿Cómo los medios pueden contribuir a prevenir la delincuencia?

En uno de sus discursos más celebrados, el pronunciado ante la Asamblea, en 1.996, de la Sociedad Interamericana de Prensa, S.I.P., denominado “EL MEJOR OFICIO DEL MUNDO”, Gabriel García Márquez dio una de sus  lecciones para hacer BUEN PERIODISMO. Así de claro, porque hay, también y mucho, MAL PERIODISMO.

La enseñanza de Gabo, reportero desde los 19 años, es del siguiente tenor: ” … la certidumbre de que LA INVESTIGACIÓN no es una especialidad del oficio SINO QUE TODO PERIODISMO DEBE SER INVESTIGATIVO POR DEFINICIÓN, y la consciencia que LA ÉTICA no es una condición ocasional, SINO QUE DEBE ACOMPAÑAR SIEMPRE AL PERIODISMO COMO EL ZUMBIDO AL MOSCARDÓN”(mayúsculas mías). De la figura con que finaliza la frase, un difunto colega tituló un libro sobre Ética periodística.

La lectura comprensiva de ese aparte del discurso, permite visionar que no se trata sólo de una definición o calificación del oficio, sino que es el lineamiento de unos deberes imprescindibles del ejercicio. Obvio si se quiere hacer buen periodismo, él cual es, por sustancia, investigativo, formativo y de una especial responsabilidad ética.

La ética periodística esbozada, metafóricamente por el Nobel, es la llamada Ética Pública de la RESPONSABILIDAD. Y no la que se esgrime, muy frecuentemente, para sostener privilegios en las relaciones con EL PODER, tanto económico, político y social, como distinciones o diferencias frente al ciudadano del común.

En este orden es válido afirmar que el buen periodismo, como deber, es un auténtico SERVICIO PÚBLICO, esencial en época de emergencias, de una especial connotación social y educativa. Se ejerce el periodismo para prestar un esencial servicio comunitario que contribuya al bienestar general.

Entonces llegamos, en este punto, a pensar en las relaciones del “mejor oficio del mundo”, con el mundo, triste socialmente, de LA CORRUPCION, que no es cosa distinta a las conductas delictivas que, sistemáticamente, cometen personas y/o grupos.  

La corrupción es el uso o beneficio privado de bienes públicos en detrimento de los fines, principios y funciones del Estado Social de Derecho, hoy enunciado en Colombia. De ahí que esa galopante práctica de gobernar o manejar “la cosa pública” se etiquete como CORRUPCION ADMINISTRATIVA. 

Y reflexionamos sobre la relación entre periodismo y corrupción por los recientes hechos delictivos denunciados por ciudadanos en la adquisición, acelerada, (aprovechemos la papaya del coronavirus, presumo me dijeron los ordenadores del gasto presupuestal) de auxilios alimentarios bajo el pretexto de ayuda oficial a población vulnerable para que tolere la obligada cuarentena decretada para combatir la pandemia del Covid-19.

Alcaldes y gobernadores salieron corriendo a contratar, aparentemente, mediante la figura jurídica de la URGENCIA MANIFIESTA, millonarios suministros de comida no perecedera a familias de las cuales se presume tienen mayores necesidades y que se quedaran, aisladas, en casa para prevenir el contagio con una plaga que mata. Y no es mari-huana, que se transformó en medicina. Corrieron. Y vieron la oportunidad de comenzar a aprovecharse del poder presupuestal de tales cargos.

Y esa ola de corrupción con la alimentación en plena  pandemia, no la denunció ningún trabajo periodístico. Los medios de comunicación social y sus periodistas RECEPCIONARON las quejas ciudadanas sobre, por ejemplo, lo ocurrido en Municipios del Atlántico como Soledad y Malambo, pertenecientes al Área Metropolitana de Barranquilla. Y cuyas poblaciones presentan, en las estadísticas, un alto número de contagios y fallecimientos. Son caja de resonancia, no faros de libertad.

Escuche y leí sobre tal contratación de urgencia por radios-noticieros y por diarios impresos. Casi no veo televisión. Y en dichos medios concedieron espacios para que Alcaldes y funcionarios, cuya conducta era cuestionada, rindieran sus versiones. Y también por emisoras y diarios me informe, medianamente, de la intervención de instituciones como La Procuraduría, La Contraloría y La Fiscalía. Asi como las decisiones tomadas, entre ellas la suspensión temporal del cargo del recien elegido Alcalde de Malambo.

NO HE LEÍDO EN DIARIO ALGUNO UN REPORTAJE EN PROFUNDIDAD O UNA CRÓNICA DE DETALLADO COLOR LOCAL SOBRE LO SUCEDIDO A LOS “MALAMBEROS” CON LOS MERCADOS SUMINISTRADOS POR EL ALCALDE SUSPENDIDO.

Todos esos órganos de control disciplinario, fiscal y penal cuentan, constitucional y legalmente, con herramientas para prevenir, perseguir y sancionar la corrupción administrativa, que es otro flagelo que causa más delincuencia, hambre y muerte.

El numeral 8to del artículo 268 de la Constitución Política, sobre las atribuciones del Contralor General de la República, consagra, entre otras, la siguiente:

“PROMOVER ANTE LAS AUTORIDADES COMPETENTES, APORTANDO LAS PRUEBAS RESPECTIVAS, INVESTIGACIONES PENALES O DISCIPLINARIAS CONTRA QUIENES HAYAN CAUSADO PERJUICIO A LOS INTERESES PATRIMONIALES DEL ESTADO. LA CONTRALORIA, BAJO SU RESPONSABILIDAD, PODRÁ EXIGIR, VERDAD SABIDA Y BUENA FE GUARDADA, LA SUSPENSIÓN INMEDIATA DE FUNCIONARIOS MIENTRAS CULMINAN LAS INVESTIGACIONES O LOS RESPECTIVOS PROCESOS PENALES O DISCIPLINARIOS”.

Esta norma constitucional es de poco uso en el ejercicio del control fiscal en Colombia. Su fundamento es un principio de la ética anglo-sajona, “VERDAD SABIDA Y BUENA FE GUARDADA”, que es  ajena a la cultura latina donde “La Cosa Nostra” hace su Agosto. Acá se piden pruebas hasta del “papelito”. Poco sabe qué significa “verdad sabida y buena fe guardada”. Pero la norma de normas lo estableció como una facultad de control social de los dineros públicos. Lo ecléctico cultural de nuestra Constitución redacta a múltiples manos. 

Ese principio, me pregunto, lo aplicó la Contraloría para pedir, según mis fuentes, a la Procuraduría la suspensión del cargo del Alcalde de Malambo?. Y me la formulo porque entre los que he escuchado y leído sobre esos hechos de corrupción, no he encontrado noticia ni informe sobre esa inquietud. Es decir, hasta dónde se dan los vasos comunicantes entre Contralor, Procurador y Fiscal, en éstos casos, para golpear institucionalmente la corrupción, en tiempos de crisis y de una alta sensibilidad social?.

Pero qué ha edificado el periodismo local o metropolitano para luchar contra la corrupción administrativa en la actual coyuntura sanitaria y socio-económica?. Tiene armas legitimas nuestro periodismo, el bueno, para enfrentarse a la corrupción del patio y sus agentes, sin exponer la seguridad y tranquilidad, no la vida, de los periodistas?. 

Me hago el interrogante porque, hasta el momento de sentarme a redactar esta columna, ambientada por los primeros aguaceros de Mayo, lluvia que ha calmado el fuego sagrado de nuestro Sol caribe, no he leído en diario alguno un reportaje en profundidad o una crónica de detallado color local sobre lo sucedido a los ‘Malamberos’ con los mercados suministrados por el alcalde suspendido.

Hablaron, en rueda de prensa conjunta, El Contralor, El Procurador y El Fiscal. Los periodistas grabaron, anotaron, filmaron, redactaron las declaraciones “entrecomilladas”, difundieron. Y callaron. De la corrupción famélica no se ha dicho nada más. Nada nuevo. Nada distinto a lo revelado por las fuentes oficiales.

Hasta ahi llega el periodismo, el bueno?. Un medio de comunicación social también es un órgano de control. De control social. Con suficiente respaldo o garantías en nuestra democracia constitucional. Y digo más: el periodismo puede ir más allá de la institucionalidad de los órganos de control fiscal, disciplinario y/o penal. 

Mientras tales órganos de control pueden SANCIONAR a los responsables de los actos delictivos o de corrupción administrativa, siempre respetando las garantías del debido proceso y del derecho técnico y material de defensa (art 29 constitucional). El buen periodismo, como lo diseñó Gabo, no SANCIONA. Educa. Forma. Enseña. Y entonces tiene mayor libertad para contribuir, pedagógicamente, a combatir la corrupción y a educar pen la disminución de la delincuencia. He ahí su responsabilidad social y su valor como servicio público esencial.

Las garantías que la Constitución Política le exige al periodismo es que sea “VERAZ E IMPARCIAL”. Y para ello lo protege con libertades liberales como: de pensamiento, expresión y opinión.(art 20 constitucional”.

Y para gozar de tales libertades públicas, no solo de los periodistas y los medios, el periodismo no puede convertir “el periódico de ayer” en papel para madurar nísperos o dirigentes políticos, como lo vaticinó, el siglo pasado, el Maestro del oficio, Alvaro Cepeda Samudio en su célebre frase: “son nísperos, madurados a punta de periódicos”. “El Cabellón” fue el primer periodista con estudios universitarios en el país. Sabía lo que decía y tuvo el valor de decirlo.

El periodismo, entonces, para dejar huellas en contra de la corrupción, cada vez más arrogante, debe aprender la lección de García Márquez. Ser investigativo, pedagógico. Y ético. Es decir, ser valiente. No genuflexo. Hablo del buen periodismo. El otro es subsistencia.Próxima: Quien controla el lenguaje radial o de redes? Pregunta a raíz del incidente con la etnia wayuu.

1 COMENTARIO

  1. Cuando tomas el Heraldo en tus manos no encuentras nada que leer. Ya todo lo sabes. Como dices tu, mucho antes, has conocido la información, toda, por otros medios.
    Te quedan los columnista y dan grima con contadas excepciones.
    ¿Porqué el Heraldo hace “mutis por el foro” ante la corrupción que denuncian otros medios de comunicación y organos de control?
    “Averiguelo Vargas” decían los viejos barranquillero.

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