Periodismo con paredón

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Gaspar Hernández Caamaño.

– ¿Cómo acabar “la pedagogía del odio?

Mario Vargas Llosa, en su más reciente y delicioso libro, “medio siglo con BORGES”(Alfaguara), recuerda algunas frases política del autor de “La historia dela infamia“, como estas: “…Borges no cesó en esos años(los de la guerra contra el nazismo) de denunciar en sus textos la “Pedagogía del Odio“.(pág.78) ” Y en un discurso de Agosto de 1946, del fenómeno autoritario: “Las dictaduras fomentan la opresión, las dictaduras fomentan el servilismo, las dictaduras fomentan la crueldad; más abominable es el hecho que fomentan la idiotez“(pág. 81).

En releído, en estos días de emergencia sanitaria global, esas palabras de Jorge Luis Borges, en la remembranza de Vargas Llosa, y no sé por qué, en una extraña coincidencia, se me asemejan para calificar el momento en que vive actualmente el periodismo colombiano que se ejerce en los medios tradicionales, en el nuevo mundo digital y, obviamente, el que también se desarrolla en las populares y cuestionadas redes sociales. 

Sí. Las dictaduras son opresivas, crueles, serviles. Y generan, educativamente, una legión de idiotas. Son el escenario propicio para gestar una “pedagogía del odio”, como la llamó Borges. O para permitir “un pantano de odio”, como la calificó, en reciente columna, el ex constituyente Humberto de la Calle, en su columna dominical en El Espectador.

Imágen proporcionada por el autor; Gaspar Hernández Caamaño.

Y esas enseñanzas, nefastas de las dictaduras, de todo origen, sean familiares, sociales o Estatales, a mi sentir, la ha aprendido, en mala hora, nuestro actual periodismo formado por la influencia emocional de las redes sociales. Los medios no se distanciaron de las redes y las están copiando en su lenguaje de oprobios, ofensas, crueldades e idiotez colectiva. Tanto la radio, la televisión y la prensa escrita imitan, en velocidad y emoción, los mensaje de odio e idioteces que se transmiten por las redes sociales sin rubor y ninguna pedagogía. O sea, los medios y las redes se han convertido, extremando la comparación, en unas “Dictaduras” frente a la opinión pública que padece la invasión de unas verdaderas batallas conceptuales, ideológicas y personales en los periódicos, emisoras y canales televisivos. En las redes sociales la “guerra” es permanente, ya que en ellas, más que la comunicación educativa, impera la idiotez, como bien las definió Umberto Eco, el pensador de Turín.

Frente al panorama de mentiras e insultos,  el pasado mes de Julio la Asociación  de Medios de Información de España, AMI, lanzó una insólita campaña publicitaria a la que se unió la AMI colombiana y sus afiliados. La campaña se denomina: “Creemos en el periodismo“. E intenta regresar al periodismo como un oficio para apoyar la democracia y la vida decente, frente a la práctica en que se ha convertido, en una dialéctica macabra, el “mejor oficio del mundo”.

Esa campaña, que se ha divulgado en páginas enteras publicadas en los reconocidos diarios colombianos, desea abolir del periodismo las siguientes realidades de su actual ejercicio: “Falsedad, descontextualización, partidismo, intereses, imprecisión, condescendencia, intrusión, fuentes dudosas, desinformación, parcialidad, vaguedad, ambigüedad, mentiras y manipulación“.

La campaña evidencia la crisis que se viene padeciendo, que además se recrudece cada día, pues del oficio todo se válida sin el menor rubor. No hay control de calidad. Sin la más mínima indagación. Todos nos creemos periodistas y todos lo asumimos sólo como un derecho, olvidando sus principios: Veracidad e imparcialidad. Y los deberes que entraña el oficio.

Realizar un estudio, así sea semántico, de cada una de tales palabras o categorías, que señalan los avisos que difunden la campaña de Ami, en la que náufraga la práctica periodística, daría para una tesis de Maestría en periodismo e intentar, desde lo pedagógico y desde la Academia, erradicar tales “vicios” que ha engendrado la libertad de expresión mal entendida. Falta aquí una explicación.

No sé si frente a esa campaña de AMI, el columnista de El Heraldo, Álvaro De La Espriella, a quien hace rato no saludo en la calle, escribió, el  16 de Septiembre pasado, una columna bajo el título: “20 palabras nefastas“, donde criticaba la situación que agobia a nuestro democrático oficio y, obvio, a la tan necesaria Opinión Pública, a la que ahogan con el mismo jarabe: “polarización”.

Esas palabras, seleccionadas por Álvaro, son las siguientes: “muerte, crimen, homicidio, feminicidio, masacre, victimas, asalto, atraco, robo, secuestro, violación, mutilación, desplazamiento, Farc, Santos, Uribe, Duque, Petro, JEP, Paz“.

Tienen ahí, otras palabras y otros conceptos para estudiar, semióticamente, y redactar otra tesis, esta vez, doctoral, pues se pueden unir las anteriores, la de la campaña, con las reseñadas como nefastas por el columnista. Y mezclar en un explosivo coctel de nuestra realidad diaria y el periodismo que la registra como “gaje del oficio”.

Con escasos días de diferencia, en Colombia hemos conocidos dos decisiones judiciales, dictadas en procesos constitucionales de Tutela, que afectan a periodistas y a medios. En una ordenó el arresto del controversial periodista Gonzalo Guillen por desacato a un amparo que impuso una rectificación. Y en la otra, la más reciente, se ordenó, en primera instancia, al medio Semana y a los periodistas Vicky Dávila y Jairo Lozano, retirar las publicaciones que difundieron sobre el expediente  del Ex- senador Uribe Vélez ante la Corte Suprema, en relación a la divulgación de información sobre aspectos de la intimidad familiar y personal de la pariente de un preso vinculado, como testigo, al publicitado proceso judicial.

Sobre ambos casos, la Fundación para la Libertad de Prensa, FLIP, hizo pronunciamiento rechazando las decisiones judiciales, hasta  calificándolas de censura. Pero no hizo ninguna propuesta  la Fundación para mejorar la actividad periodística en bien de la sociedad, la democracia y el mismo periodismo y sus cultores: Los periodistas, muchos de los cuales han desbordado el oficio para pasar de historiadores del instante a “jueces” o “gobernantes” o ” incitadores”. Es decir, “dictadores” del micrófono, la pantalla, el editorial, la columna impresa, digital o radial. Y, obvio otra vez, el twitter y las demás redes sociales. Porque periodista que se respeta: Trina.

En estas columnas para solo/proposiciones.com he compartido algunas líneas de dos fallos de constitucionalidad que, sobre los derechos de Expresión,  Información y Libertad de Prensa, ha pronunciado la Corte Constitucional. Los cuales recuerdo, nueva y brevemente, porque me parecen pertinentes para entender e intentar resolver la situación que se vive, actualmente, en el ejercicio conflictivo del periodismo.

En la reciente sentencia de tutela sobre las protestas callejeras, la Sala Civil de la Corte Suprema de Justicia cita, en extenso, la sentencia C-089 de 1994, en la que la Corte Constitucional advirtió : “Es decir, lo protegido es todo tipo de discurso y lo prohibido es aquello que los parámetros constitucionales han determinado que se puede prohibir, a saber: 1)la propaganda de la guerra; 2)la apología al odio, a la violencia y al  delito; 3) la pornografía infantil; y 4) la instigación pública y directa a cometer delitos; y 5) lo que el legislador señale de manera expresa(…)”.

“Con Quino la caricatura

bordeó la filosofía y la

literatura. NO OFENDÍA NI

SE ESTACIONABA EN UN

MONOTEMA”. Armando Silva.

(El Tiempo.10/10/2020).

Y en la sentencia C- 417 del 2009, al declarar inexequible una norma del Código Penal, sobre eximentes de responsabilidad, la Corte Constitucional enseña:”No se puede comparar entonces el ejercicio democrático de la libertad de expresión con la facultad de juzgar doblemente a una persona por los mismos hechos. lo anterior porque el ejercicio de dicha libertad, no puede jamás generar sentencias judiciales, con lo cual es imposible que se conculque el derecho a la cosa juzgada o a no ser juzgado doblemente. se trata pues de derechos que se inscriben en niveles diferentes, con consecuencias igualmente diferentes. y no puede olvidarse en este momento que la posibilidad de permitir el debate democrático sobre hechos juzgados por los jueces naturales de las personas no genera un cierto riesgo para el buen nombre y la honra precisamente porque, conviene reiterar una vez más, persiste en el ordenamiento legal la exceptio veritatis, que supone la obligación de expresar opiniones con la prueba de la ‘veracidad de las afirmaciones’ “.

De un tiempo acá, en plena pandemia, algunos columnistas, en especial del diario El Tiempo, han venido expresando su voces de inconformidad con esta situación que se vive en medios y en redes, donde el periodismo, tanto de noticias como de opiniones, se ha convertido en un clásico fusilamiento, un paredón, a la honra y al buen nombre, como de otros derechos humanos, que no se pierden por ser investigado o cuestionado por alguna conducta irregular, tanto en la esfera pública como en la privada.

Reseño algunas de esas expresiones para ilustrar, a contrario sensu, lo que está ocurriendo y el nivel de la preocupación existente que se respira en el ambiente, ahora que seguimos encerrados por la peste que sólo nos permite asomarnos a la ventana. La ventana al mundo.  

Imágen proporcionada por el autor; Gaspar Hernández Caamaño.

El exministro Juan F. Cristo dijo: “Se nos olvidó debatir en Colombia”. Claudia Palacio se interrogó:”¿comprender esto nos debe llevar a matizar las opiniones o, incluso, a no decirlas? ¿Cómo dar discusiones francas?. creo, entonces, que hay que trabajar más en el cómo decir, sin que esto implique autocensura”. y Adolfo Zableh diagnosticó que: ” entre las redes sociales, los medios alternativos que difunden noticias falsas y los influencer, el ruido se ha vuelto tan fuerte que ya no sabemos a quién oír. y no los culpo a ellos de todo, el periodismo tradicional está en crisis no solo por las fuentes alternativas de información, sino por el gremio mismo que ha entrado también en el juego de la polarización y la conveniencia. la polarización se ha llevado todo por delante y ha logrado que el clima sea irrespirable“.

Esta situación de enjuiciamiento sin contexto, es decir, sin comprensión de los fenómenos de una realidad cada día más compleja, La guerra y/o La paz, con dimensiones globales, recientemente llevo a que el catedrático canadiense, Steven Pinker en una entrevista dijera: “Nadie nace sabiendo la verdad, ni es infalible, ni omnisciente, y el único camino hacia el saber es planteando ideas para luego evaluarlas y así determinar cuáles son correctas y cuáles no. dicho de otro modo, si solo debatimos sobre ciertas ideas, nos garantizamos la ignorancia“.(El Tiempo 16/8/2020).

La ignorancia y el prontismo irracional se ha apoderado, no sólo de las redes, sino de los medios. Tanto como de los periodistas, con fama o en anonimato. De ahí que es válido recordar lo que precisa Omar Rincón, critico de t.v. al decir: “La noticia es mirar hacia los ciudadanos. el periodismo debe comprender  para poder contar. no es tan difícil“(El Tiempo. 12/10/2020).

Cierto. No es tan difícil. Es regresar a las raíces. A Hermes, el dios menor, el mensajero, el heraldo de Zeus, a quien éste le dio la misión, según Platón en el Dialogo Protágoras, de traerles a los hombres La ética, a todos los humanos, para que no se siguieran matando, como fieras, o fueran devorados por las verdaderas fieras, como cuenta la bella mitología griega. Sí, creo, hay que regresar a Hermes. A la Hermenéutica. La del periodismo. Que no es otra que su comprensión. Comprensión de los momentos diarios de la propia historia. 

Hermenéutica es comprensión. Entendimiento. Interpretación. Argumentación. Proposición. Todas son capacidades y competencias de la Acción Comunicativa, como la llamó Jurgen Habermas. Es decir, sin hermenéutica (comprensión) no hay periodismo. O buen periodismo que es el que se extraña, según el panorama que retrata la campaña de AMI y del estado de anímo o de opinión pública que he reseñado. 

No soy maniqueo. Pero si comparto la definición que del oficio periodístico enseñó, en uno de sus discursos el siempre ponderado reportero, Gabriel García Márquez, cuando vaticinó: “…la certidumbre de que la investigación no es una especialidad del oficio, sino que todo el periodismo es investigativo por definición, y la consciencia que la ética no es la condición ocasional sino que debe acompañar siempre al periodismo como el zumbido al moscardón“.

Pero esta ética, o hermenéutica del periodismo, no es la ética o moralina de buenos o malos. Es sólo los alcances éticos, hermenéuticos, de la formula constitucional de ser veraz y de ser imparcial. Y cómo se logran esas virtudes periodísticas? Investigando. Estudiando.  Ponderando. En una palabra: Pensando antes de hablar, redactar, opinar o informar. El periodismo es  Flah!!!!

Pero  en el panorama planteado creo hay líneas que podrían, de practicarse sacar alguna pedagogía – conducción del que necesita ser formado, no arrastrado – para superar la crisis de credibilidad que afecta, a mi entender, el ejercicio periodístico. Esas líneas, a veces difusas, serían:

1). Un periodista, así sea el mejor, no es un juez. Por tanto, no está llamado a calificar conductas aunque las mismas sean, objetivamente, ilícitas. O sea, un periodista no dicta sentencia. y menos tránsito a cosa juzgada.

2). Sin indagación no hay periodismo. Los mejores del oficio siempre han sido los ponderados, los que investigan, los que no copian y trinan. Trinan las aves, los humanos piensan y parlan. Peguntan, debaten y discuten. Los que arman polémicas matan el oficio, ya que siempre desean tener la razón. El periodismo también es argumentación, como lo es el derecho moderno.

3). Hay que imitar al fallecido Quino y a su traviesa niña eterna, Mafalda. Ella siempre ha querido mejorar el mundo. Pero siempre está aterrizada en el mundo y sus alrededores.

4). Ya es suficiente con un caricaturista que se identifica Matador. No sería mejor tener uno llamado Amador.

Mi explicación está rendida. Es hora que en las salas de redacción haya, mínimo, un control de calidad, hasta de los trinos. Recuerden: las aves cantan, pero no sueñan. Son obreras, no creadoras. Suenan, pero no escriben partitura. Es hora de ser humilde, sin dejar de ser vigilante por una mejor vida social.

La próxima. Borges y Vargas llosa: Una perpetua orgía de palabras.

Mis libros en pandemia

1 COMENTARIO

  1. Excelente artículo.
    Comparto contigo cuando argumentas que las dictaduras son propicias para generar la pedagogía del odio al ser ciruelos, serviles…
    Por tanto el periodismo como tal ha perdido su esencia cundo en las redes sociales se maneja información falsa, de odios, de reclamos, no sabemos quién dice la verdad.. no existe un control por eso la crisis.
    Por último comparto las líneas pedagógicas que planteas para superar en algo la crisis periodística.
    Buen artículo de Gaspar. Saludos

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