jueves, julio 16, 2026
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Entre juntas y rupturas, el camino hacia la independencia en Colombia

Los meses de julio y agosto tienen una significación especial para varios países del continente americano, ya que en este período se conmemoran importantes fechas patrias relacionadas con sus procesos de independencia. Naciones como Estados Unidos (4 de julio), Canadá (1.º de julio), Venezuela (5 de julio) y Colombia celebran en estos meses momentos clave de su historia nacional, que marcaron el inicio y consolidación de su emancipación del dominio colonial. Estas celebraciones no solo evocan la ruptura con las potencias europeas, sino que también constituyen una oportunidad para reflexionar sobre la identidad, los valores democráticos y el proyecto de nación de cada uno de estos países.

En el caso colombiano, los días 20 de julio y 7 de agosto son especialmente significativos. El 20 de julio de 1810, se considera el inicio del proceso de independencia, con la conformación de la Junta Suprema de Gobierno en Santa Fe, un acto que representó el primer paso hacia la autonomía política frente al dominio español. Esta fecha simboliza el despertar del sentimiento independentista en el Virreinato de la Nueva Granada. Por otro lado, el 7 de agosto de 1819 conmemora la decisiva Batalla de Boyacá, en la cual el ejército libertador, liderado por Simón Bolívar, logró una victoria crucial sobre las tropas realistas. Este triunfo militar consolidó el camino hacia la liberación definitiva del territorio y permitió la creación de la Gran Colombia. Ambas fechas representan momentos fundacionales en la construcción de la nación colombiana.

Todo inicia con múltiples declaraciones de independencia en América, para ello es fundamental comprender la relación que tiene Portugal con los sucesos ocurridos en España. Portugal se consolidó como reino en el siglo XII a partir del Condado Portucalense, inicialmente un territorio semiautónomo dentro del Reino de León, es decir, fue parte de lo que actualmente es España.

La independencia portuguesa se logró en tres etapas: primero, la proclamación del conde Alfonso Henriques como rey en 1139; luego, el reconocimiento de su título por parte del rey de León mediante el Tratado de Zamora en 1143; y finalmente, la confirmación papal por Alejandro III en 1179.

Desde entonces, en el proceso de unificación de la península ibérica —consolidado más tarde con el matrimonio entre Isabel de Castilla y Fernando de Aragón—, el Reino de España mantuvo un interés permanente por controlar y neutralizar a Portugal, que para entonces ya despuntaba como una potencia marítima emergente.

Avanzando en el tiempo, surge otro hecho relevante relacionado con la llegada al poder de José Bonaparte y su efecto en los movimientos independentistas americanos. A finales de 1807, Napoleón Bonaparte, emperador de Francia, buscó apoderarse del territorio español. Para ello, engañó al rey Carlos IV, proponiéndole permitir el ingreso de tropas francesas a España bajo el pretexto de atacar conjuntamente a Portugal.

Sin embargo, el verdadero propósito de Napoleón era apoderarse tanto de España como Portugal. Aunque logró tomar España, nunca consolidó completamente su dominio en territorio portugués. Las tropas francesas invadieron Portugal en 1807, pero la familia real huyó a Brasil, y la resistencia local —apoyada por el Reino Unido, preocupado por la expansión francesa— finalmente expulsó a los invasores.

En junio de 1808, José Bonaparte fue proclamado rey de España, tras ser designado por su hermano Napoleón. Éste había forzado previamente la abdicación de Carlos IV, a quien Fernando VII —presionado en Bayona— le había devuelto la corona. No obstante, las conocidas “Abdicaciones de Bayona” no fueron aceptadas por las Juntas locales que surgieron tras el levantamiento popular del 2 de mayo, dando inicio a la Guerra de Independencia. Así nació la Junta Suprema Central, que convocó a Cortes Generales y Extraordinarias, las cuales se reunieron en Cádiz ante el avance de las fuerzas napoleónicas.

España quedó entonces dividida en dos bandos: la llamada “España patriota”, leal a Fernando VII y regida por la Constitución de 1812 aprobada en Cádiz; y la “España josefina”, bajo el dominio de José I, que gobernaba conforme al Estatuto de Bayona y al amparo del ejército francés. Durante su breve reinado (menos de cinco años), José Bonaparte fue apodado despectivamente “Pepe Botella”, por un supuesto alcoholismo no confirmado, y “el Rey Plazuelas”, debido a las reformas urbanas que realizó en Madrid, muchas de ellas implicando la demolición de iglesias y conventos. Finalmente, debió abandonar la ciudad el 17 de marzo de 1813, como informó entonces La Gaceta de Madrid.

La situación en Europa tuvo un fuerte efecto dominó en América, generando múltiples declaraciones de independencia. En muchos casos, estas no fueron inicialmente absolutas, sino expresiones de apoyo a la España libre y de rechazo a la monarquía impuesta por los Bonaparte. Con el tiempo, muchas de estas posturas evolucionaron hacia una independencia definitiva del imperio español.

Otro hecho relevante fue la Declaración de Independencia de Cartagena, el 11 de noviembre de 1811. Esta ciudad, una de las más importantes del Nuevo Reino de Granada, proclamó su independencia absoluta y dio origen al llamado “Estado Libre de Cartagena”, que perduró hasta 1815. Fue la segunda ciudad, después de Mompox, en separarse por completo de la corona española.

En el Virreinato de la Nueva Granada, por ejemplo, se destacan varias declaraciones iniciales. La de Cali, ocurrida el 3 de julio de 1810, fue la primera ciudad en Colombia que proclama su autonomía. Liderada por Joaquín de Cayzedo y Cuero, presidente del Cabildo, que en este acto fundó una junta de gobierno local que se declaró independiente de la España ocupada por los franceses, aunque mantenía su lealtad al rey Fernando VII.

Por ello, Cali es reconocida como ciudad precursora de la independencia colombiana. Otra declaración importante fue la del Socorro, el 10 de julio de 1810. Considerada la primera declaración formal de independencia en el actual territorio colombiano, ocurrió diez días antes que la de Santa Fe. El Cabildo del Socorro desconoció tanto al Consejo de Regencia como al rey José Bonaparte, y estableció un gobierno autónomo leal a Fernando VII.

En la costa atlántica se destacó la independencia de Mompox, proclamada el 6 de agosto de 1810. A diferencia de otras ciudades, Mompox rompió por completo sus lazos con la monarquía española, incluso con Fernando VII, convirtiéndose en la primera en declarar la independencia absoluta en el territorio de la actual Colombia. Bajo el lema “ser libres o morir”, los momposinos establecieron su propia junta de gobierno sin reconocimiento a ninguna autoridad española.

Otro hecho relevante fue la Declaración de Independencia de Cartagena, el 11 de noviembre de 1811. Esta ciudad, una de las más importantes del Nuevo Reino de Granada, proclamó su independencia absoluta y dio origen al llamado “Estado Libre de Cartagena”, que perduró hasta 1815. Fue la segunda ciudad, después de Mompox, en separarse por completo de la corona española.

La Declaración del 20 de julio de 1810 en Santa Fe (Bogotá) fue más moderada. En ella se afirma no abdicar “los derechos imprescindibles de la soberanía del pueblo” sino en favor del “augusto y desgraciado Monarca don Fernando VII”, en tanto este regresara a gobernar. El gobierno creado entonces se sometía provisionalmente a la Junta de Regencia. Se proclamó a don Antonio Amar como presidente del nuevo gobierno y al doctor José Miguel Pey como vicepresidente. Posteriormente, se citó a las autoridades para jurar obediencia a esta nueva administración. En esencia, esta declaración no significaba aún una ruptura total con la monarquía española, sino una reacción frente a la ocupación napoleónica, similar a las juntas creadas en la península. Tras estas declaraciones surgió el periodo conocido como la “Patria Boba”, que abarca desde 1810 hasta la reconquista española en 1816. Fue un tiempo marcado por disputas internas entre centralistas y federalistas, que fragmentaron el poder y debilitaron la causa independentista, facilitando el retorno del dominio español.

Los antecedentes de la independencia de Colombia, al igual que los de otras naciones latinoamericanas, están estrechamente vinculados al complejo panorama geopolítico europeo de finales del siglo XVIII y comienzos del XIX. Uno de los factores más decisivos fue la invasión napoleónica a la península ibérica en 1808, que culminó con la abdicación forzada del rey Fernando VII y la imposición de José Bonaparte, hermano de Napoleón, como monarca de España. Este acontecimiento generó un profundo vacío de poder y una crisis de legitimidad en la monarquía española, lo que llevó a la formación de juntas de gobierno en diversas regiones del imperio, tanto en la metrópoli como en las colonias americanas.

Estas juntas, en un principio, no buscaban la independencia total, sino más bien preservar los derechos del monarca legítimo y asegurar el autogobierno en ausencia de una autoridad reconocida. Sin embargo, la prolongada ocupación francesa, la inestabilidad política en España y la difusión de ideas ilustradas y liberales, sumadas al ejemplo de la independencia de Estados Unidos y la Revolución Francesa, contribuyeron a radicalizar progresivamente los movimientos criollos. Lo que comenzó como una reacción defensiva ante la crisis de la monarquía, se transformó, en el transcurso de pocos años, en un proceso revolucionario que culminó con la ruptura definitiva con la Corona española y la creación de nuevos Estados soberanos en América Latina. Es entonces cuando surgieron campañas militares como la de los Llanos Orientales, liderada por Simón Bolívar, que culminarían en victorias decisivas como la Batalla de Boyacá el 7 de agosto de 1819. Este triunfo marcó el inicio del fin del dominio español en el norte de Sudamérica y permitió la creación de la Gran Colombia.

En conclusión, los antecedentes de la independencia de Colombia y de otras naciones latinoamericanas están profundamente ligados a las dinámicas políticas europeas de la época. La invasión napoleónica, la imposición de un monarca extranjero y la creación de juntas de gobierno tanto en España como en América fueron factores clave que desencadenaron una serie de declaraciones que, inicialmente moderadas, fueron evolucionando hacia una ruptura absoluta con el Imperio español.

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  1. Europa es el referente inicial que se dispara y hace sinergia en los procesos de dominación y rebelión de los pueblos. La emancipación de los pueblos es un proceso que se aprecia en América. Es interesante y amena la explicación sobre estas juntas y rupturas, que en el continente americano se encuentran arraigado en las luchas locales por el poder , la dominación y la desinformación. Este ensayo es muy agudo e invita a pensar y considerar qué tanto hemos ganado y cuánto hemos perdido en guerras manifiestas y latentes. La lectura del texto invita a la reflexión, al mismo tiempo deja el sentimiento de profundizar en la historia, sobre todo la que está muy lejos de la versión oficial. Hoy, la globalización nos permite comprender más este fenómeno.

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