jueves, julio 16, 2026
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DE NIETOS Y ABUELOS

¿Que es un niño?

-Gaspar Hernandez

Gabriel García Márquez de niño creció al lado de sus abuelos maternos, y le otorgaron el premio nobel de literatura al transformar su memoria de niño en periodismo y literatura. Al recordar los momentos mágicos de su adolescencia y lucidez madura todo aquella realidad que le contaron sus abuelos, Nicolás y Tranquilina, cuando distraían al primer nieto de la extensa prole de los hijos de Luisa Santiaga y Gabriel Eligio, los padres del nobel. Ese dato puede leerse en la voluminosa biografía escrita por el inglés Gerard Martín. Pero ahora lo leo contado por la periodista mexicana Alma Guillermoprieto, en el prólogo del libro, recién publicado, como pan sacado del horno, “Camino a Macondo“(Random House).

Alma cuenta: “Decía García Márquez: “Yo nunca me olvido de quién soy, soy el hijo del telegrafista de Aracataca”. Pero en realidad el viaje de regreso a Aracataca en su juventud lo llevó como agarrado de la nuca a contemplarse en un espejo de aguas más profundas. Ahí, el joven Gabriel se descubrió hijo de sus abuelos, un niño de ojos grandes y muy abiertos que creció sumergido en una historia de violencias, amarguras, pérdidas desgarradoras y realidades asfixiantes“(negritas mías. Opus cite..pág. 23).

Cada vez que escucho decir, por parte de jueces,  fiscales, autoridades de familia y/o abogados litigantes que los niños no pueden declarar sobre lo que han vivido o sufrido porque no tienen inteligencia o no saben expresarse y mienten o se dejan manipular o instrumentar por mayores, evoco ese pasaje de la biografía de nuestro Nobel, muy parecido a uno que relatan biógrafos de Leonardo Da Vinci, el genio del Renacimiento. Y me da rabia e ira que la justicia y la pedagogía estén en manos de personas, hombres y mujeres, que olvidaron que fueron niños y niñas. Esos, muy seguramente no recuerdan a sus abuelos. En mi caso personal, vivo cada día del recuerdo perenne de María Isabel, mi abuela materna y su dedicación hacia mí, su primer nieto.

Por eso, estoy seguro que los niños tienen capacidad, a cierta edad, para ser considerados en sus verdades. He allí, el valor, la dicha o el privilegio de tener nieto. Es decir, ser abuelo. O sea, volver a ser niño.

Recientemente leí un texto de mi amigo, el médico “Dr. Teo” Coronado, que dice así: 

“Un niño jamás miente, es el más honesto y sincero de los seres humanos. Sin escrúpulos para comunicar la verdad, es inconsciente de las muchas veces que hace quedar mal a los suyos cuando le exigen decir cosas que no son, afirmar lo que no es. Un niño no sabe de engaños ni traiciones. Carece de ideologías, creencias u opiniones; solo rinde culto a su divinidad materna o paterna que son su soporte mayor ante la aflicción y la desventura. La fe ciega en sus padres alimenta su innata creencia de lo que es, de su existir. Que también son sus únicos guías en cada día que pasa. Desorientados del ayer y del mañana viven el presente como único tiempo, un eterno hoy en el que solo caben juegos y amores” (ver viaje por el Jardín de Akademus. pág. 161).

Este texto del Dr. Teo me recordó una disertación que le escuche al neuro-científico colombiano Rodolfo Llínas sobre el talante ético de los niños para expresar la verdad de su realidad. Pero así mismo, el texto, escrito por un abuelo para referirse a su nieto, me permite decir, sin refutar a Teo, que dependiendo su crecimiento biológico los niños tienes “opiniones, visiones” sobre sus aflicciones y desventuras”, tales como los castigos y maltratos que sufren de padres y madres. Otra cosa es que no tengan, por la respectiva edad conocimientos estructurados, ya que para ello requieren educación, felicidad, amor y comprensión. Esa capacidad de opinar, además es un derecho fundamental, el de “La libre expresión de su opinión”, consagrado en el artículo 44 de la Constitución Política. Otra cosa es que padres u otras autoridades, ejerciendo censura, los “manden a callar“, cada vez que se le antoja, violando así un derecho inalienable: La libertad.

Ante tal innegable influencia pedagógica en la niñez de esta época cibernética, surge necesariamente la figura del abuelo como institución educativa. Con otra didáctica: La del amor filial, la pedagogía de la sangre. La de la felicidad, la de la alegría de que la vida continúa con la vida de los nietos. El otro regreso a la orilla.

Hoy, Dr. Teo, los padres no son “los únicos guías de cada día que pasa”, y ello porque muchos, muchísimos niños, no por carencia de padres, son guiados a diarios por los contenidos de la televisión  y celulares de alta gama, que manejan con habilidad asombrosa, y sus programas de juegos y súper héroes, que los acondicionan como en la fábula del perro de Pavloc. Esos aparatos electrónicos educan hoy, más que los padres y la escuela.

Ante tal innegable influencia pedagógica en la niñez de esta época cibernética, surge necesariamente la figura del abuelo como institución educativa. Con otra didáctica: La del amor filial, la pedagogía de la sangre. La de la felicidad, la de la alegría de que la vida continúa con la vida de los nietos. El otro regreso a la orilla.

En ese contexto digital, cultura que condiciona neuronalmente a mayor velocidad que la cultura verbal y escritural la mente infantil, la existencia del abuelo, como el tiempo del ayer, ayudará a crecer al nieto con historia y mayor memoria cerebral. He ahí, una tarea pedagógica del abuelo, recordar el pasado. lo viejo, lo añejo de la existencia.

Y aparecen las diferencias entre las responsabilidades: las de los padres y las de los abuelos.

Con mucha frecuencia se dice, casi automáticamente, que los abuelos “pechichan” a los nietos. Y hasta he oído, con suma elocuencia, decir: “que los abuelos quieren más a los nietos que a los hijos“. Lo cual, a mi entender, no es cierto. Sólo que entre padres y abuelos, las virtudes familiares de  reconocimiento y responsabilidad son de otra dimensión o carácter. Son diferentes.

La responsabilidad del abuelo, si fue padre responsable, no deriva, necesariamente, del imperio de la ley, como si ésta, la ley, obliga a los padres a ser responsables  para con sus hijos. Ser padre es un compromiso voluntario, un deber de “obligatorio e irrenunciable cumplimiento”. Mientras que ser abuelo es un privilegio o una dicha, un goce que la buena vida proporciona a quienes fueron o son padres responsables. La abuelidad es el efecto de la responsabilidad paterna. Un buen padre es la célula indudable de un abuelo bondadoso y feliz, de otro niño.

Mientras unos están obligados. Los abuelos están para ser dichosos. la abuelidad no es responsabilidad legal. Es un resultado de la bondad de ser y dar. Con-sentir. Porque abuelo y nieto, son niños. Reino de lo irresponsable. De lo ganado. del disfrute.

A ningún abuelo van a meter preso por no dar alimentos, solidarios, a un nieto. A un padre, irresponsable, sí. Muchos han ido a parar a “la guandoca”, eso lo he leído en las noticias de famosos. A los anónimos les embargan el salario mínimo.

Entonces, entre abuelidad y niñez lo que se cultiva de verdad es pura auto-nomia de voluntades libres. no protocolarias. Abuelo y nieto son un par de “bacanes“, tanto en la infancia como para el resto de la vida. yo no olvido a Ma. Isabel, mi abuela. Tanto que su nombre bautizó a mi única hija con nombre de película. 

Todo porque nada define mejor el amor que los nietos: ellos son el otro que amamos en nosotros. Son el hilo de sangre hacia la eternidad. Feliz Navidad a los nietos por la felicidad que otorgan a los abuelos: par de cómplices de la buena vida. La que se merece toda gente buena.

Solo hay niños“.

He deseado, como un homenaje a todos mis lectores niños y niñas, compartir un párrafo del libro “La vida humana“(paidós), del filósofo francés André Comte-Sponville, con el que finaliza el capítulo dedicado a el niño, ese que todos los abuelos despertamos cuando pensamos en los nietos.  El filósofo enseña:

“Lentitud de la infancia: muy sabia lentitud de la vida, en su inicio. luego todo se acelera, luego todo se transforma. Crecimiento, pubertad, adolescencia….el cuerpo manda. El espíritu sigue como puede. la infancia ya no es más que un recuerdo. Ese recuerdo habita en nosotros, o somos nosotros quienes habitamos en él. No hay personas mayores.  Sólo hay niños que han dejado de serlo y que se consuelan como pueden. “Cada uno empuja su infancia delante suyo – decía Alaín -, y ése es nuestro porvenir real.”. ¿El porvenir estaría, pues, detrás de nosotros?. De ninguna manera. Pero viene de allí, y es lo que llamamos el presente. Pena o nostalgia, resentimiento o alivio. Para mí, desde hace tiempo prevalece el alivio. Cuando tenía 20 años, tenía la sensación de que lo peor ya había ocurrido. Me equivocaba. Continúo empujando mi infancia ante mí, como todo el mundo. El alivio resulta más pesado de lo que uno cree“.(ver págs. 50 y 51).

PRÓXIMA: CULTURA CIUDADANA EN EL MALECÓN DEL RÍO.

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2 COMMENTS

  1. Felis domingo para todo el Grupo PRO69. Interesante artículo dr. Teo y mis felicitaciones por la referencia que se hace de su importante aporte sobre el concepto niños. Me permito para mediar un poco sobre el tema, compartirle, un poema sobre estas criaturas, a veces subestimadas, escrita por Goobertz, intitulada: CHIST! ESCUCHA A LOS NIÑOS QUE ELLOS SABEN”. CHIST! ESCUCHA A LOS NIÑOS QUE ELLOS SABEN

    Todos los corazones de los niños
    Conllevan la sabiduria de la serpiente
    De tortuosos y espiralados secretos
    Jamas soñados ni sospechados
    Por quienes creen que los pozos
    De la mente de los niños son huecos
    Y por tanto, pueden pasar por alto un antiguo misterio
    Que duerme allí invisible, silencioso,…. incomprensible
    Para quienes no saben
    Que los niños meditan sobre cosas !oh! nunca dichas
    Cuando en sus pensamientos cae el oro fugaz
    De los ángeles que pasan agitando alas de seda y murmurando
    Sobre estas suaves formas de arcilla
    Cuyo exilio desde el cielo es demasiado reciente para juzgar
    Y aun tienen el alma abierta
    No sellada todavía por la poderosa gravedad
    De la expresión terrestre
    Sólo más tarde, tras tormentos y tentaciones
    Se cierran con fuerza las puertas de la verdad, bajo doble llave
    Por la herencia de la carne,
    La opinión fija grabada desde el vientre
    Entonces esos brillantes espíritus
    Se convierten en esclavos finales
    Prisioneros de sí mismos
    En la tumba estrecha y resonante del templo corporal
    Caídos desde el alabastro prometido…..al vulgar polvo

    Goobertz

  2. Feliz domingo Dr. Gaspar.
    Lo felicito por excelente artículo y por la facilidad y expresividad como explica la palabra niño. La diferencia entre abuelidad y paternidad. Las expresiones pechichar, complicidad, y lo referente a como somos con nuestros nietos. Somos una generación que nos tocó un poco duro la parte de la niñez, pero que con nuestros nietos somos regalones, amorosos y eso nos convierte un poco en alcahuetas y cómplices de aventuras de nuestros nietos. No es dejarlos hacer lo que quieren….es saberles aplaudir cuando se requiere. La capacidad e inteligencia que tienen hoy . Se les llaman Nativos digitales por ser tan diestros con estos aparatos electrónicos. Nos quedamos lelos y nos impresiona cada día.
    Feliz Navidad para todos.

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