De putas y prostitutas

Bochornoso el escándalo protagonizado por el “Honorable” senador de la Republica Alex Flórez en la madrugada del viernes dos de septiembre que, en estado de embriaguez, pretendía ingresar a la brava a su “Dama de compañía” al Hotel Caribe de la ciudad de Cartagena.  Revive este episodio incidente anteriores con prostitutas entre otros el sonado enredo de las “madamas” involucradas con los escoltas del presidente Obama en abril de 2012 durante la celebración de una “Cumbre de las Américas”.  

Para la ocasión escribí un artículo que aparece en mi libro “Viaje por el Jardín de Akademus. Digresiones de un Académico” que he creído pertinente reproducir, en esta oportunidad, para mis amables lectores de soloproposiciones.

INTRODUCIÓN

Prostitución viene del latín prostitutio – prostituere que significa ‘exhibir para la venta’. La exposición jurídica más antigua, procede del Código Justiniano (533 d.C.) que define prostituta (meretrix) como mujer que ofrece públicamente servicios sexuales (palam omnibus), por dinero (pecunia accepta) y sin distinción (sine delectu).

Lenocinio, trabajo o comercio sexuales son apelativos que designan esta actividad como oficio o negocio. Una casa de lenocinio, en sus acepciones de burdel (francés) o lupanar (italiano) es el sitio donde trabajan prostitutas. El que administra o lucra este negocio es catalogado proxeneta.

PROSTITUTO. Gigolo es designación refinada, de origen italiano, que aplica al prostituto ya sea homosexual o heterosexual.

El prostituto heterosexual brinda su ardorosa mercancía viril a mujeres generalmente mayores, como quien dice, “viejas verdes”. Se comenta que en Cartagena de Indias prestan este especial servicio unos negrazos bilingües apodados “los meñacas” que algunas agencias de turismo promocionan entre rubias turistas extranjeras ávidas de descomunales falos.

VIEJO VERDE. El viejo verde es un putañero, casi siempre, de vieja data. Fácil de reconocer por tener cabello teñido de negro intenso o desteñido, amonado a la fuerza para ocultar las canas; lujoso bastón de madera fina, caminar arrogante, boina o cachucha a lo Rolando Laserie, sonrisa bobalicona a flor de labios adornada de incómoda morisqueta ocasionada por la imprescindible prótesis dental. Este señor, bien vestido y en exceso perfumado, se cree Silvio Berlousconi o un Daniel Ortega. Jovencita que pasa por su lado le manda el viaje con melindre y generoso piropo. Hasta que, ahíto de Viagra, consigue una chica “prepago” que le limpia afanosa sus babas y el bolsillo.

PUTAÍSMO-PUTERÍA. Alguna literatura utiliza el vocablo “putaísmo” para referirse a actos y comportamientos sexuales reñidos con la “moral”, concebida desde un punto de vista eclesial o social, dentro y fuera del lecho conyugal. Querría esto decir que cualquier mujer con relaciones sexuales extraconyugales, extramaritales o promiscua es una puta. La misma nomenclatura aplicada a los hombres los convertiría, por consiguiente, en putos.

La palabra «puta» viene del verbo latino putare, que quiere decir ‘pensar’. Apelativo que en la antigua Roma distinguía a las damas que hacían lo mismo que las prostitutas en la cama, pero, conocedoras de la ciencia y la política eran pensadoras distinguidas que no exigían dinero por su dadivoso sexo. Solo placer.

 En la nomenclatura intersexual costeña tanto el hombre como la mujer infiel no son más que unos descarados “cachones”. La cornuda, en particular, calificada en círculos pacatos como “mujer de dudosa ortografía” tiene notorio protagonismo en los carnavales de Barranquilla cuando hombres, de verdad…verdad, lucen, disfrazados con la usual parafernalia de una mujer, de estas. La imitan haciendo graciosa pantomima para ganarse unos pesos.

En la literatura universal las dos más reconocidas exponentes de la dama infiel son: Emma Bovary, creada por Gustave Flaubert y Anna Karenina del genial León Tolstoi. Dos extraordinarios ejemplos que confirman la tesis de que mientras los hombres practican la infidelidad por puro machismo para saciar sus impulsos sexuales; la mujer, mientras tanto, lo hace en la más alocada expresión del amor prohibido como aventura dichosa, incomparable.

En nuestra región el término putaísmo es de poco uso; más extensivo es putería, para expresar la acción de putear. Entre otras cosas, en el argot popular, se recurre a las palabras putas y putería para indicar algo sobresaliente o excelente.

Que Falcao García es el ¡putas! jugando fútbol quiere significar, que es lo máximo. ¡La putería! exclamamos para confirmar esta distinción.

 “¡Nojoda, tú eres la putería”, desgañitan los jóvenes, complacidos, cuando el amigo realiza algo extraordinario!

 PUTA- PROSTITUTA. DIFERENCIA. En el concepto de prostituta destaca la condición de mujer pública, contrario a mujer disipada de la puta. De tal manera que putaísmo o putería es condición peculiar a las mujeres de vida disipada. Mientras, la prostituta es una profesional del sexo por medio del cual gana dinero; ejerce su oficio públicamente por exclusivo interés económico. La puta, en cambio, es mujer que satisface sus deseos sexuales de forma ladina, aparentemente, oculta, en contravía de convenciones sociales, religiosas y morales. Ejerce su sexualidad sin recato ni medida. Desinhibida, moralmente, del qué dirán provoca, al tiempo, diversos pretendientes llegando incluso a sabotear la normal relación de estos con su pareja oficial. La putería, entonces, tiene más que ver con el libertinaje en la práctica indebida del sexo que la compensación en pesos.

TAMAR. En Génesis 38:1-30 figura la historia de Tamar dama que, para poder tener un hijo, se disfrazó de prostituta, tapándose la cara, para poder acostarse y mantener relaciones con su suegro Judá, y no perder la descendencia que le era imposible conseguir con dos de los hijos de este, de la cual nacería Cristo. Judá le entregó su anillo prometiéndole que volvería a pagarle. Tamar es madre de Fares y Zara citados en la genealogía de Jesús en el Evangelio según San Mateo, capítulo I.

El viejo verde es un putañero, casi siempre, de vieja data. (…) Este señor, bien vestido y en exceso perfumado, se cree Silvio Berlousconi o un Daniel Ortega. Jovencita que pasa por su lado le manda el viaje con melindre y generoso piropo. Hasta que, ahíto de Viagra, consigue una chica “prepago” que le limpia afanosa sus babas y el bolsillo.

Al fin de cuentas las prostitutas nunca pasan de moda. Gracias a los morbosos detectives gringos que “pelaron el cobre” en Cartagena durante la celebración de la Cumbre de las Américas el pasado mes de abril y, por supuesto, a la cólera del Tío Sam por la bochornosa aventura de los encargados de proteger al presidente Obama. Ni cuando Gabriel García Márquez, Gabo, sacó a luz pública “Memoria de Mis Putas Tristes” (2004) tuvieron tanto despliegue publicitario.

PUTAS. NOMINACIONES

La considerada “profesión más antigua de la humanidad” tiene a su haber múltiples nominaciones, para sus practicantes, en nuestra cultura popular, así:

BANDIDA. “Quién sabe con qué “bandida” te acostaste”, es común interrogante de la señora al increpar a su marido que, supone, pasó la noche en “casa de citas”  tal se denominaban, en mi niñez, los puteaderos regados, escasa y disimuladamente, en la periferia de la ciudad; en la actualidad, moteles, y a montón.

NEGRA EUFEMIA. En época de colegio, cuatro veces al día, desfilaba por la casona pintada de azul y amarillo de la esquina de la calle 70 con carrera 27, barrio Olaya, de la famosa Negra Eufemia. Mi curiosidad al pasar se centraba, más que en las para mí, misteriosas “damiselas” —rara vez las veía, dado su trabajo nocturno— en hermosas guacamayas y flamencos que adornaban el jardín y la fuente del ecológico patio en donde saciaban su apetito libidinoso la intelectualidad y gente In de Barranquilla; década de los 50 y principios de los 60. Para esta época la “Negra Eufemia” competía con “María La O” y la Casa de René ubicadas, también, en el barrio Olaya.

ZONA DE TOLERANCIA.  Es la zona en  donde abundan moteles y prostíbulos, casas de lenocinio denominan en la jerga judicial, se les reconoce como “zona de tolerancia” o zona roja por la luz de este mismo color que en la oscuridad de la noche las identifica. Apelativo este, cada vez más, en desuso al desaparecer la pachangosa zona del barrio La Ceiba y la escabrosa del Boliche; de este último suele quedar algún rezago cantinero.  En la ceiba mandaban la parada la Charanga y el Gardenia Azul. Al Place Pigalle lo alcanzaba a divisar a la distancia cuando pasaba en el bus que, estudiante de medicina, me llevaba a Cartagena por la carretera de la cordialidad.

Para la época, en la heroica, la zona de tolerancia quedaba en Tesca, barrio en aquellos tiempos localizado en las afueras de la ciudad sobre la avenida Pedro de Heredia. En “El Príncipe”, su principal prostíbulo, tuvo inicios como cantante el gran y recordado Joe Arroyo.

RAMERA.  “Ramera” es mujerzuela de prostíbulos del llamado bajo mundo; casi siempre convive con drogadictos y gente del hampa. La jovencita que anda en malos pasos por sus incontrolables arrebatos eróticos, igualmente sus allegados y conocidos así la califican al insultarla.

COYA – COYONA. Un difunto colega, ya octogenario, al salir de alguna reunión médica solía exclamar en tono sarcástico, tomando el pelo: “Y, ahora, de aquí, para donde las coyas”; en reminiscencia, tal vez, de las francesitas, “madamas”, de los burdeles del desaparecido Barrio Chino de Barranquilla. De allí que “coyona” es una forma despectiva de calificar a la “mujer alegre” que disimula su putería aparentando gran pudor.

Esta acepción, coya, es típicamente Caribe en sus múltiples significados de prostituta, perra, loba, puta, zorra. En el argot costeño solía llamárseles, también, en forma peyorativa, “niñas”. En vez de decir “de aquí pa donde las coyas” la expresión usada era “de aquí pa donde las niñas”.

En otras latitudes tiene significado distinto. Para los antiguos incas, era la mujer del emperador, señora soberana o princesa. Las coyas, en su origen español (gallego) son piedras redondeadas erosionadas por efecto del agua (piedras de los ríos).

Titulo injusto que reciben estas “damiselas” es “mujer de la vida fácil” cuando más bien son “mujeres de mala vida o  “mujeres de la calle”;  así las denomina, ahora,  el senador Gustavo Bolívar a raíz del feo espectáculo de su colega y copartidario del Pacto Histórico Alex Flórez.  En el Hospital de Barranquilla me tocaba atenderlas mal heridas con lesiones producidas, por lo general, con “pico de botellas” y por abortos incompletos que se practicaban en cualquier cuchitril cercano a su zona de trabajo: el Paseo Bolívar y la calle 30. Era la forma como hacían control natal. Una mujer, de estas, podía llegar tres o cuatro veces en el año al hospital víctima de una sucia maniobra abortiva que las ponía al borde de la muerte y contra la cual teníamos que luchar los médicos con decisión para derrotarla. En ocasiones, caíamos impotentes, vencidos, ante la sucia legra impregnada de bacterias, productoras de abdomen agudo, shock séptico, falla multisistémica y muerte.

MERETRIZ. La cabaretera de un bar se transforma, una vez desocupada, vendiendo su cuerpo como “meretriz” a los alicorados clientes que allí concurren; término recurrente, este, en crónicas judiciales periodísticas.

MUJERES MUNDANAS. Dos significaciones no usadas en Colombia, según mi parecer, hermosas semánticamente al señalar “mujeres mundanas” son: “jineteras”, en Cuba, donde la prostitución está prohibida y geishas, en Japón. Sin embargo, el más bello mote lo tuvieron en la antigüedad griega: las Hetairas, cuyo significado es de “acompañante femenina”. Estas mujeres para atraer a los hombres llevaban el cabello más largo que el resto de las atenienses y caminaban con un seno descubierto.

·       ASPASIA, amiguita especial de Sócrates, amante y esposa de Pericles es la más famosa. Acusada de impiedad y salvada tras las lágrimas derramadas por su marido colaboraba, estrechamente, con Pericles. Se le considera promotora de la mayoría de las guerras que vivió Atenas durante su gobierno.

·       AGRIPINA. La más sinvergüenza de todas las putas y prostitutas, la reputa más grande que en este reino de perras ha existido es doña Agripina, hermana del emperador romano Calígula. Además de mantener relación incestuosa con este se mancillaba con sus amigos más cercanos. Mujerzuela ambiciosa y de soberbia belleza trató de gobernar a través de su hijo Nerón con el que también se acostaba; este la mató en una ocasión que no quiso complacerlo.

PREPAGOS. Los avatares de la vida moderna, con  consiguiente pérdida de los valores que dignifican a la mujer, han llevado a féminas, con apariencia de “5 en conducta” al rebusque económico, a como dé lugar; para sostener  estudios, satisfacer apetencias que impone cada día la moda, incluso solventar necesidades básicas de su casa bajo una forma de prostitución que el mundillo del tráfico sexual las clasifica como “prepago”, tal cual, lucran su corporeidad, de manera similar al servicio de telefonía móvil, como quien dice, “preputas”.

AMIGA ESPECIAL. En fecha reciente, conversando con una locuaz estudiante me explicaba la diferencia que las jóvenes tiene establecida entre el “amigo especial” y el novio. En el argot barranquillero algunas jóvenes consideran a participantes de este prototipo de intercambio como “amigos especiales”. No hay distinción específica alguna en el trato erótico-sexual; solo que “el novio” es la persona con quien piensas casarte”, me decía; la pareja oficial, de presentación en sociedad. El otro o los otros son, apenas, una entretención para pasar el tiempo; es una manera de cogerla suave, sostenía con descarada sinvergüencería. A la postre este estilo de relación corresponde al de una cachona.

DAMAS DE COMPAÑÍA. Decoroso apelativo que reciben, en los medios científicos y académicos, las prostitutas es el de “trabajadoras sexuales” que,  la mencionada Cumbre de las Américas, ha homologado a “damas de compañía” por curiosa sugerencia del alcalde cartagenero Campo Elías Teherán. Fácil deducir que el burgomaestre de La Heroica se valió, a lo mejor sin tener la mínima idea de ello, del apelativo dado a las antiguas cortesanas griegas, las hetairas.

A propósito de la prostitución y la condena a las mujeres como tales, es bueno, para terminar, recordar el famoso verso de Sor Juana Inés de la Cruz:

¿O cuál es más de culpar, Aunque cualquiera mal haga: ¿La que peca por la paga o el que paga por pecar?

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