LA LIBERTAD DE EXPRESIÓN, CUESTIONADA EN LA PESTE.

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Gaspar Hernandez

El profesor Richard Feynman (1918-1988), Nobel de Física de 1965 afirmó:

La estupidez es saber la verdad, ver la verdad pero seguir creyendo las mentiras. Y eso es más contagioso que cualquier otra enfermedad”

La libertad de expresión es, ha sido y seguirá siendo una constante lucha de la humanidad para poder vivir en Libertad, Igualdad y Fraternidad: un sueño para hacer realidad permanente.

En su obra “La sociedad abierta y sus enemigos“, escrita y publicada en el fulgor de la II Guerra Mundial (1945),- cintura de muerte del Siglo XX -, el filósofo austríaco Karl POPPER lo entrevió. Luchar por la libertad de expresión es luchar por la democracia. Democracia, y sus enemigos: El pensamiento totalitario, los populismos, la dema-gogía, las dictaduras.

De ahí que las democracias, en todas sus historias, engendren, Dictaduras demagógicas. Del gobierno del voto de todos al gobierno impuesto de uno: el elegido. El que quiere perpetuarse en el poder.

Las ideas de Popper para la vida contemporánea, las había anunciado en la antigüedad griega Aristóteles cuando enseñó que el mejor gobierno es el de las leyes, y no el hombre. Idea que en un nuevo contexto expone, en 1785, el profesor de Ética, Immanuel Kant al diseñar dos usos de la Razón Humana: uno público y otro privado.

Toda esta consideración se debe a que, en la sociedad abierta, por excelencia, se presentó el elocuente fenómeno de un hombre intentando o incitando a quedarse con el poder, luego de ser derrotado en una jornada democrática de votación, mecanismo con el que Él había accedido al poder, sin otro mérito distinto a ser un bufón con fama de empresario e hijo “de papi”.

Lo vivido en la ciudad de Washington, sede del Capitolio, cuando nuevos “BARBAROS”, como hormigas y lagartos armados, se tomaron el órgano legislativo norteamericano, bajo los mensajes que por Redes Sociales lanzara el Ex-presidente Trump, nos confirman, a nivel de libertad de expresión, lo que había intuido Umberto Eco, semiólogo italiano, cuando expresó:

El drama de internet (las redes sociales) es que ha promovido al tonto del pueblo como portador de la verdad. Ya que las redes le dan derecho de hablar a legiones de idiotas, que primero hablaban en el bar, después de un vaso de vino, sin dañar a la comunidad. Ellos eran rápidamente silenciados. Pero ahora tienen el mismo derecho a hablar de un premio nobel. es la invasión de imbéciles“.

Esta caracterización del autor de “En nombre de la rosa”, resultó premonitoria, a mi manera, pues un “tonto” estuvo ocupando el Despacho Oval de la Casa Blanca como el Presidente No.45 de los Estados Unidos de América, la nación más libre y abierta de la sociedad occidental moderna.  Y ese hombre que casi nunca obedeció las Leyes, gobernó a punta de twitter y casi logra confundir, en ese asalto y sus desplantes de mal actor dramático, a la democracia en américa. Eco fue profético. Otro sabio italiano.

Pero Twitter y otras redes “censuraron” al ex-presidente que se creyó Monarca, EL estado soy yo, desconociendo las reglas que impone el ejercicio de uno de los derechos inalienables del ser humano: la libertad de expresión. Que, como libertad pública, puede interpretarse y ejercerse como un derecho absoluto. Absolutez que no necesariamente significa irresponsabilidad. Siempre que “tontos” o “imbéciles” causen daño “a la comunidad” y deban responder. Es esa la fórmula de nuestro artículo 20 constitucional, cuando alude que: no habrá censura, pero si habrá responsabilidad social cuando no se expresa o informa lo cierto, lo verdadero. Dañar genera responsabilidades. Y más cuando se actúa con plena y absoluta libertad de expresión.

Hubo desde sabiduría política hasta poesía militante. Canciones, Elegancia. Mesura de palabras. Todo me emocionó. Pero escuchar en el discurso del nuevo Presidente que volverá la cultura de la decencia en esa sociedad libre y abierta fue suficiente para seguir creyendo que la democracia, alimento de ilustrados, es libertad con prudencia.

Mandar a callar, como lo ordenó electrónicamente Twitter al presidente en ejercicio de su petulancia, no ha sido un acto excepcional o sin parangón. No. Guardando las diferencias de los contexto. Lo hizo también El Rey, ahora ex-rey, del gobierno español cuando le espetó un “Por qué no te callas” al entonces comandante Hugo Chávez. Reyes, Dictadores y Megalómanos siempre han mandado, – en China, en Rusia, en La Habana, en las Europas de Oriente – a callar a imprudentes, a opositores, a artistas, a intelectuales, a trabajadores sindicalistas, a periodistas, a poetas insurrectos y hasta a los comunistas. 

Lo ocurrido con el Ex-presidente “lengua mocha” indica que la libertad de expresión no es propiedad exclusiva de periodistas. Y que entre ésta y la libertad de información existen ligeras, pero contundentes, diferencias que exigen prestar atención. No todo lo que se dice genera bien comunitario. Y ese fin es al que se debe orientar toda libertad. Preservar la democracia es tarea de las libertades públicas. 

Inicié la redacción de esta reflexión que comparto con los lectores de solo/proposiciones.com, en la mañana del martes 19 de enero. Y me detuve pensando en el 20 de enero señalado como la investidura de la reciente elegida pareja presidencial: Un blanco y una morena. Así que dediqué la mañana del miércoles, como medio mundo, a observar, por televisión, “la huida del mono” y la entrada de la tolerancia. Quedé impresionado por toda la ceremonia en el capitolio. Hubo desde sabiduría política hasta poesía militante. Canciones, Elegancia. Mesura de palabras. Todo me emocionó. Pero escuchar en el discurso del nuevo Presidente que volverá la cultura de la decencia en esa sociedad libre y abierta fue suficiente para seguir creyendo que la democracia, alimento de ilustrados, es libertad con prudencia.

Conmovido por lo que el mundo vio y oyó, fui al libro que leo sobre Neruda. Y encontré estos versos del chileno escritos en plena guerra fría, la década de los años 60s del pasado siglo. Neruda, otro poeta hermano del capitán de la libertad americana, proclamó”

A callarse.

“Ahora contaremos doce

y nos quedamos todos quietos.

Por una vez sobre la tierra

no hablemos en ningún idioma,

por un segundo detengámonos,

no movamos tanto los brazos.

Sería un minuto fragante,

sin prisa, sin locomotoras,

todos estaríamos juntos

en una inquietud instantánea…”

Todos tenemos la libertad de hablar como la de callar. El silencio es también libertad de expresión, más cuando la peste nos ordena usar tapaboca y lavarnos los manos. 

Libremente seamos decentes. ¡ En carnaval quedémonos en casa! 

Próxima: Neruda y Whitman: poetas de la libertad.

1 COMENTARIO

  1. Ante la invasión de los imbeciles y el imperio reinante de la :estupidez” lo mejor es contar hasta 12 como recomienda Neruda, y seguir deleitando la Soledad forzosa de la pandemia. Tal cual lo estas haciendo tu Gaspar que te solazas en escribir columnas como la de hoy: EXCELENTE.
    Popper, Kant, Aristoteles, Eco y Neruda deben sentirse muy felices con discípulo tan fiel. Un abrazo mi admirado Gaspar.

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