El Turco Farid

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Medico Teobaldo Coronado.

Para nada le gusta lo llamen el “Turco Farid”. Entra en cólera y en su jeringonza, árabe-español, una y otra vez, explica que turcos son los originarios de Turquía, país distinto a la república Libanesa en donde nació. Refiere cómo los turcos otomanos, invadieron al Líbano, comienzos del siglo XX, trayendo a su país una era de decadencia.
Por el empobrecimiento de la región: libaneses, sirios, palestinos, jordanos, armenios tuvieron que huir a otras naciones en búsqueda de libertad y una vida más halagüeña con pasaporte turco. Por ello, a donde llegaban, los bautizaban con este ingrato gentilicio, hasta el día de hoy.

De la ciudad de Trípoli, a finales de la década del 40, llegó, muy joven, en barco, a Puerto Colombia para instalarse, inicialmente, en Magangué.

Se mudó a Barranquilla a mediados de los 60. Aquí lo conocí y vi deambular, por sus arenosas calles, de entonces, ofreciendo, durante los días de semana, cortes de percal, popelina, tafetán, otomana y organdí, montado en un caballo viejo, de paso lento y cansado. El Domingo, por la mañana, hacia el mismo recorrido recaudando, libreta en mano, el valor de lo vendido, de casa en casa. Pasado el tiempo cambio el caballo por un viejo jeep Willis, descapotado, modelo 48.

A estas alturas de la vida, en el reposo merecido de un avanzado octogenario, fuerte como un roble y modesta comodidad, fruto de su intenso ajetreo vendiendo telas, se resiste a aceptar la avalancha de cachivaches que impone la moda de la actual tecnología de consumo. No le interesan tarjetas débito y crédito, relojes de pulso, celulares, computadores, y cuanto artilugio ostentan ufanos, mayor parte de la gente, en particular los jóvenes. Se resiste, terco, a utilizar teléfono móvil.

Tiene peculiar modo de organizar el tiempo. El grito despertador del voceador de periódicos: “Heraldooo, Heraldooo, Heraldoooo” le indica que son las 6 de la mañana, hora en que, religiosamente, se levanta cada día.

“Farooo” …. le dice su señora: ven a desayunar, tienes listo yogurt, huevos revueltos y pan árabe. Este ritual se cumple con exactitud a las 7 am.

“Compro baterías viejas de carro, aires acondicionados, abanicos y licuadoras dañadas” vocifera el carro mulero con voz chillona, destemplada. Son las nueve de la mañana.

El turco Farid, calcula, se acercan las once, cuando otro carro mulero, con bocina altisonante, atolondra el vecindario ofreciendo “ñame, yuca, plátano y revuelto verde pa´ la sopa, …naranja dulce, mango e´chancleta, papaya madura, …guineo vepdeeeeeee”.

Al sentir el oloroso borbollar de la sopa de lentejas y el ruido del raspeo del cucayo del arroz de almendras, en la cocina, deduce la proximidad del almuerzo; supone, entonces, que ya es la una de la tarde.

Hecha la siesta se pone en pie a las tres en punto. Lo despierta la negra palanquera con la ponchera en la testa cantando a todo pulmón, melodiosa y sandunguera “alegría con coco y anís… alegría con coco y anís…caballlitoooo, caballitooo, cocá de panela, de guayaba…alegría con coco y anís”.

A la distancia, de lo alto de un edificio en construcción, escucha las notas marciales del Himno Nacional que anuncia al beduino de Magangué la vespertina: Son las seis de la tarde. Doña Yamile le tiene listo quibbe, tajín, pan árabe y batido de zanahoria para la cena.

Siendo católico practicante, de misa, sin faltar los domingos, ha conservado la costumbre familiar de leer el Coram antes de acostarse.
En la mudez de la noche oye somnoliento y empijamao el estruendo del: “ta, tatatá ¨petooooo…pettoooo caliente…petoooo. Son las ocho pm.

Eso de “computas” para referirse a los computadores es una “sirvenguenzería” que ha vuelto indelicados a los muchachos: ya ni piensan, se enredan al sacar cuentas porque desconocen las operaciones aritméticas. Lo peor, hablan horrible, carentes de vocabulario, tienen pobre expresión. Su conversación esta matizada de palabrejas: “cómo se dice, entonces, o sea, ajá, esteee, eeeeeee, cara no sé qué”. Sinnúmero de vocablos soeces y muletillas ridículas.

Machista, al fin, como turco que se respete, le parecen bastante raros los manes que visten bluyines rotos y desteñidos, se ponen aretes, ostentan tatuajes o colorean multicolor el cabello.

Esconde el dinero en lugar secreto, debajo del colchón no es, afirma; el que carga consigo lo envuelve en un pañuelo blanco, perfumado con la francesa loción de Marie Farina, que guarda entre los calcetines. “Todo lo pago chan con chan, contante y sonante. Yo no fio, eso de las tarjetas es tremendo invento para robarlo a uno”, dice. Intereses, encarecerlo todo, asevera. Yo no ser pendejo.

Eso de “computas” para referirse a los computadores es una “sirvenguenzería” que ha vuelto indelicados a los muchachos: ya ni piensan, se enredan al sacar cuentas porque desconocen las operaciones aritméticas. Lo peor, hablan horrible, carentes de vocabulario, tienen pobre expresión. Su conversación esta matizada de palabrejas: “cómo se dice, entonces, o sea, ajá, esteee, eeeeeee, cara no sé qué”. Sinnúmero de vocablos soeces y muletillas ridículas. ¡Ay hombe! Exclama con característico dejo caribeño. Yo ser muy serio.

Por motos y celulares atracan y matar mucha gente en las calles, en cualquier parte. ¿Cuántos morirán a diario por culpa, no más, de estos dos aparatos? Se pregunta agitado.

Se alardea de ver y oír bien, a su avanzada edad. Como van las cosas el mundo futuro estará poblado de ciegos, sordos y mudos, tal profetizó mi paisana Shakira ¿Por culpa de quién? De los chinos que nos tienen atiborrados de cantidades de artefactos y aparaticos. Responde.

De lo único que mi amigo Fari vive pendiente, además del conflicto árabe – israelí, es del futbol. Es una enciclopedia que conoce el desarrollo de los distintos campeonatos que se realizan en el planeta.

Me desafía le pregunte de la Copa de Europa/UEFA, Champions League, Recopa y Supercopa de la UEFA, de la Bundesliga, el Calcio, liga española Copa Libertadores, Copa Intercontinental, Copa Sudamericana, Copa, Liga y Torneo Águila. Torneos: brasilero, argentino, mejicano, el de Camerún, de la MLS en donde juegan Yimmi Chará y Michael Barrios. Lo que quiera sobre campeonatos mundiales de futbol desde su comienzo en 1930.

Sus equipos favoritos son: el Junior de Barranquilla, Real Madrid de España, Inter de Milán, Paris Saint Germain, PSG, de Francia y el Galaxy de los Ángeles en USA.

Aparte la selección Colombia es hincha del Scratch brasilero. Desde México 70 quedó matriculado seguidor del cuadro tricampeón del mundo, ganador de la copa Jules Rimet. Fanático a morir del Rey Pelé. Ni se lo toquen.
Mejor dicho, usted nunca pierde, le comento. No, yo no saber perder, si en Colombia el junior es derrotado, gano en Europa o en Estados Unidos, contesta.

Frente a un moderno TV, Zenith, de 52 pulgadas, que le regaló su hijo Salim, se la pasa de partido en partido; mientras la niña Yamile, su mujer, no le moleste la paciencia.

En los últimos tiempos me lo tropiezo, fines de semana, por Playa Uva donde tiene ecológica cabaña, adornada a la entrada, con hermoso enramado de uva parra, de donde cuelgan provocadores racimos. Me acoge con la típica hospitalidad de los árabes; a sabiendas, del origen libanés de mi mujer.

Apenas me ve comienza perorata sobre la cansona pelotera que enfrenta a palestinos y judíos. Lo escucho bastante entretenido, por su lenguaje enrevesado, gracioso, tratando de entender los pormenores de este antiquísimo conflicto. Sobre el tema conversa, con mucha solvencia, mientras yo me saboreo delicioso mamul de dátiles, acompañado de una calientica taza de café.

Teobaldo Coronado
Teobaldo Coronado Hurtado Médico, especialista en Anestesiología y Reanimación. Magister en Filosofía. Miembro Correspondiente de la Academia Nacional de Medicina de Colombia. Socio Emérito de la Sociedad Colombiana de Anestesiología y Reanimación. Miembro activo de la Asociación de Escritores del Caribe Colombiano. Libros de mi autoría entre otros Son: La Hora del Sosiego. Digresiones de un Jubilado Viaje al Jardín de Akademus. Digresiones de un Académico. Medicina, Ética, Ciencia y Vocación. Digresiones de un Docente.

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