jueves, julio 16, 2026
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Sobre partidas y regresos

Nacer es una forma de partir a la vida. Provenimos del amor y la pasión de los padres, pensando con cierto optimismo. Cuando no estamos en el mundo, venimos siendo en la medida que el amor que nos crea crece hasta el momento de la simbiosis, que viene a ser nuestro punto de partida; después de haber recorrido un camino escindido, comenzamos a constituirnos como unidad. El escenario del útero es nuestro punto de partida. No es fácil para dos células que se ven por primera vez, encontrarse, verse, aprender que pueden congeniar, guiadas por el instinto de lo biológico; sometidas por el destino que juega sus propias cartas para llegar a ser y también un primer ejercicio de partida al mundo de la vida exterior. Se parte entonces como unidad sin regreso, sólo se parte y eso basta, el regreso ya no es cierto, no existe en la vida instintiva. En definitiva, se nace a la vida llegando y, sin embargo, ya no hay regreso a ese útero que nos albergó durante nueve meses.

Siempre el que parte es el que se va. El que parte porque sí es un niño sin ninguna finalidad. El que parte con sentido, nunca obligado, conserva en sí la posibilidad del regreso; es el adulto que goza de autonomía, de la decisión de viajar sin desconocer el regreso. Hay muchos que partieron y la emoción no los dejó pensar en el retorno. El regreso apremia la conciencia cuando la memoria se llena de nostalgia, la azuza y la hostiga. Muchos que partieron se vieron obligados por la necesidad, por la violencia; su éxodo tenía un motivo, aunque nunca dejaron de pensar en lo absurdo de haber sido violentados por las circunstancias del mundo en que vivían.

Los medios de comunicación a diario nos traen noticia de largos éxodos mundiales. Siria fue país de acogida de refugiados, pero también ha sido incontenible el éxodo de sus habitantes desplazados. La sangrienta guerra de Yugoeslavia con más de dos millones de refugiados y los dilemas de una crisis humanitaria después de la II guerra mundial, dejando países en la miseria como Bosnia. El genocidio de Ruanda, que ocasionó un éxodo de más de veinte años. La guerra entre Rusia y Ucrania ha dejado un éxodo de más de tres millones y medio de ucranianos. Desalojo, desplazamiento forzoso, refugio, huida, éxodo, nuevo glosario en un mundo globalizado donde la paz es una utopía; donde el hombre ha sacado lo salvaje que lleva dentro de sí, confirmando la frase de Thomas Hobbes: El hombre es un lobo para el hombre; todos quieren huir de la violencia a pesar del amor a su país, transitando por caminos inciertos en una partida que no asegura ningún regreso, pero si nostalgias como un recurso paliativo de la memoria.

A través de la literatura, los escritores expresan sus convicciones y sus temores; la crítica y la autocrítica. Con espíritu andariego que va y viene les ha tocado partir, pero también la llegada les muestra con extrañeza ese retorno a lugares que fueron y que sólo ahora existen en la memoria que juega con los recuerdos.

El poeta Neruda al salir de su Temuco pensó más en los beneficios de la partida que le deparaba la vida fuera de su terruño, que el regreso triunfante del viajero. Sin embargo, a pesar de las incertidumbres fuera del lluvioso Temuco, una fuerza interior lo animaba a mostrar su poesía. De ahí que su poesía universal también fue un canto de regreso a la variada geografía chilena. Su poesía le permitió hacer una catarsis de ese exilio obligado y de sus múltiples viajes: cada partida era un dolor, cada regreso, una alegría.

Nicanor Parra, hace un cuestionamiento a los chilenos y se cuestiona así mismo. Muestra el descontento y el malestar de la gente, su inconformidad, sobre todo de los que se quedan, de esos que no se atrevieron a partir, a pesar de no dejar de pensar en irse alguna vez. Se rechaza al país de donde se vive, pero no se van. Los que se fueron, esos que tuvieron el valor de partir voluntarios u obligados, continúan añorando el regreso bajo la aureola de la impotencia y las limitaciones. Los que se quedan, les cuesta partir; los que se fueron les es difícil el regreso:

Imposible entender a los chilenos

Los que se quedan aquí

no piensan en otra cosa que en irse

“este país no sirve para nada”

Los que se fueron sueñan con volver

inútilmente porque no se puede

madre mía que estás en el cielo

santificado sea tu nombre

déjalos regresar a la patria

no permitas que mueran en el destierro[1].

También están los que regresan y viven un proceso de extrañamiento frente a su contexto y su gente. Regresan sin bombos y platillos, no porque sean enemigos de la alegría, sino porque prefieren el regreso anónimo en complicidad con los suyos, incluso, a veces sin ellos. Antes que el festejo, están obligados a sopesar y comparar lo que dejaron con lo que le muestra este siglo XXI. En ese proceso de adaptación, jamás dejan de comparar lo vivido en la infancia y la juventud con lo vivido fuera de su país, sin embargo, hay una adaptación paulatina de reeducación obligada que se asimila con el paso del tiempo, sin embargo, en el fondo sienten que con ese regreso ya nada es como antes, además, ellos ya no son los mismos.

Y vengo sin embargo tal vez a compartir cansancio y vértigo

desamparo y querencia

también a recibir mi cuota de rencores

mi reflexiva comisión de amor.

En verdad a qué vengo

no lo sé con certeza

pero vengo[2]

Muy anclada en el pasado está la nostalgia por los que partieron, esos que aceptaron el desafío de su inconformidad y no sabemos cuándo regresarán, o regresaremos, a la tierra que nacimos. Entonces surge la pregunta en la conciencia del poeta, o la ingenuidad infantil, ¿de qué se nutre la nostalgia?[3] Respuesta que hace alusión a la amistad, el amor fraternal, el amor por la mujer que se fue, o la mujer que espera; al final, el que parte y el que regresa se contagian de la nostalgia. La memoria sirve para recordar las alegrías y las tristezas; la angustia por la incertidumbre del regreso, o el incierto futuro que nos depara. Benedetti, en su poema, Nostalgia, responde a la pregunta: ¿de qué se nutre la nostalgia? Todo aquello que creemos que es nostalgia son sólo simulacros que nos inventamos y con los cuales se sostiene la memoria, por ejemplo, para el poeta que recuerda la nostalgia de su amor:

La válida la única
nostalgia es de tu piel

Toda partida voluntaria lleva consigo una felicidad buscada y un instante de tristeza al evocar la lejanía del retorno. También el que ve la partida del otro sufre su ausencia, pero se alegra por los nuevos aires que vivirá. El regreso trae de manifiesto la ansiedad y un cúmulo de preguntas; existe la necesidad de indagar con palabras lo novedoso que perciben los sentidos. En su Parábola del Retorno, el bardo Barba Jacob, interroga a los señores de una hacienda, en la cual ha vivido y que le trae muchos recuerdos de su infancia:

Decidme, ¿ha mucho tiempo que se arruinó el molino

y que perdió sus muros, su acequia, su pajar?

Las hierbas, ya crecidas, ocultan el camino.

¿De quién son esas fábricas? ¿Quién hizo puente real?[4]

De igual forma, en su Poema, El Retorno, Barba Jacob, indaga por lo sucedido en la aldea de la infancia, que contrasta con la realidad del regreso y ver cómo se transforma su entorno, donde ya su infancia no encaja. La imagen del espacio de la infancia está lejana, dista mucho de la realidad que observa. Por eso interroga a su madre con insistencia, preguntándole:

¿Quieres decirme, madre, que se hicieron

esos niños que un día mis compañeros

de colegio fueron?

De la aldea, hijo mío, unos partieron;

otros yacen, ¡ay!, bajo

la tierra negra y fría… ¡ya murieron![5]

En su Diario de Viaje, Basho, despide la partida del año viejo, bajo la persistente inclemencia del tiempo. En su actitud de cronista, el poeta bebe sin parar, hasta la madrugada; desde su lucida vejez sabe que la conciencia temporal es su enemiga contándole los días, por eso no se le escapan detalles que acumula en la síntesis de un haiku. Sabe que ese año ido y viejo ya no volverá jamás, por eso se anima con optimismo a hacer alianzas con el año nuevo. Despierta tarde, quizás para burlar el tiempo, se alienta a través de la escritura de un haiku, que sirve de excusa al instante de su beodez.

En el segundo día

Madrugaré sin falta,

Veré nacer las flores[6]

Por último, cuántos en Soledad sentimos la nostalgia del regreso al recordar, o visitar aquellos lugares significativos que vivimos en la niñez y la juventud. La calle que nos vio crecer; el parque donde aprendimos instantes de recreo y amor; la escuela de patios extensos donde éramos libres; la esquina como parada obligada; el río que a través de su largo itinerario perdió las fuerzas de antaño. Retornar a esos lugares es una evocación obligada, una forma de acercarlos; observarlos en la actualidad dispara la nostalgia porque esos lugares nos los cambiaron hace mucho tiempo, después de la partida. Aunque estemos de regreso y la gente se alegre, no se concibe la conformidad de muchos, la complacencia de la mayoría. En realidad, esos lugares van a estar ahí, en la cercanía de la memoria y en la realidad del regreso, pero un rasgo de nostalgia nos invadirá con sus tristezas y alegrías.

De vez en cuando, visito la casa de la infancia – de la que partí hace mucho –camino sus calles y contemplo la terraza que no existe, los mecedores que se guardaron porque llegaron los ladrones; el portón abierto cerró sus puertas, anuló la bienvenida de brazos abiertos.

Quiero volver a la que un día

llamamos todos nuestra casa.

Subir las viejas escaleras,

Abrir las puertas, las ventanas[7]

La casa, la bella casa de infancia con largos pasillos, estación de paso, de partidas y llegadas; la casa fue una bella dama de brazos tiernos, acogiéndonos sin reproche cada retorno, entristeciéndose como un muelle abandonado con cada partida aventurera. La casa sin reproche, ha sido siempre una morada inmutable de partidas y regresos.


1 PARRA, Nicanor. Imposible entender a los chilenos.

[2] BENEDETTI, Mario. Poema: Pero Vengo

[3] Benedetti, Mario. Poema: Nostalgia.

[4] Barba Jacob, Porfirio. Parábola del Retorno

[5][5] Ibid, Poema El Retorno.

[6] Basho. Diario de viaje.

[7] Meira Delmar. Poesía Selecta. Poema: Regresos. Edit. Letra a letra. Bogotá. Pág. 106

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2 COMMENTS

  1. Recuerdo cuando mi madre dijo eufóricamente y dejando entrever una alegre sonrisa: Esto es prueba qué mí hijo regresó señalando un vaso sucio de jugo del día anterior en el suelo y refiriendo a lo que llamamos una muy mala costumbre. Recuerdo que en esos momentos, la alegría del regreso nublaban las vivencias de una hermosa isla de encanto, pero que poco a poco mientras se despejaban las alegrías con el pasar de los días, en la que todos, de alguna forma volvían a su cotidianidad; entonces aparecían nuevamente aquellos recuerdos nublados, alimentando la nostalgia y un inevitable sentimiento comparativo del estar aquí y el estar allá. Entonces entendí que partí del vientre, mi patria, y note lo cuan difícil que es regresar después de partir.

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