En Barranquilla y sus alrededores ya no se preserva ninguna identidad cultural en la celebración de los carnavales, solo conlleva al desorden y al perrateo. Es fácil ver en las calles de los barrios populares de la ciudad a las familias en la puerta de sus casas emparrandados, pero paradójicamente exigiendo carnaval de mercaditos a los alcaldes de turno.

Una cosa es que los costeños vivamos de la puerta hacia afuera, por ello observamos a vecinos charlando y compartiendo en las terrazas de sus casas a diferencia de los cachacos o Colombianos del interior que viven de la puerta hacia adentro y otra realidad es que en estos tiempos de pandemia no podamos defender o garantizar la vida a través del cumplimiento riguroso de las normas sanitarias; las quebrantamos porque vivimos y festejamos dentro de la cultura carnavalera que nos han impuesto unos pocos que se benefician de las fiestas llamadas del Rey Momo y a la cual La Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura, abreviado internacionalmente como UNESCO, hace ya algunos años decidió declararla obra maestra del patrimonio oral e inmaterial de la humanidad.

Me perdonan los gestores culturales y los defensores de la cultura carnavalera, de la bacanería y de chabacanería pero decidan para el 2021 entre arriesgar la vida en una fiesta con capacidad de movilización social que supera todo tipo de diferencias o invertir los esfuerzos económicos o financieros del erario en la recuperación de la facultad de Bellas Artes de la Universidad del Atlántico, en el teatro Amira De La Rosa, El Museo Romántico, La Cinemateca del Caribe, Parque Cultural de Caribe y hasta quizás re imaginar el malecón Del Rio para que no sea un sitio exclusivo de pocos con posibilidades privilegiadas de visitar y disfrutar sitios de ventas de comidas que en su antejardín exponen como obra de arte una gorda negra palenquera con cara de caimán (inmensa muestra de racismo)

Me perdonan los gestores culturales y los defensores de la cultura carnavalera, de la bacanería y de chabacanería pero decidan para el 2021 entre arriesgar la vida en una fiesta con capacidad de movilización social que supera todo tipo de diferencias o invertir los esfuerzos económicos o financieros del erario en la recuperación de la facultad de Bellas Artes de la Universidad del Atlántico, en el teatro Amira De La Rosa, El Museo Romántico, La Cinemateca del Caribe, Parque Cultural de Caribe y hasta quizás re imaginar el malecón Del Rio para que no sea un sitio exclusivo de pocos

En esta incertidumbre y conmoción por la tragedia de la pandemia que azota al mundo y que ya deja casi medio millón de muertos a nivel mundial y casi diez millones de infectados, se me ocurre opinar que ni en Rio de Janeiro (Brasil) ni mucho menos en El Distrito de Barranquilla (Colombia) se deben celebrar carnavales en el 2021. Pero es irrisible o ridículo que la señora Carla Celia quien dirige los carnavales de Barranquilla diga que “Visualizo una batalla de flores que la gente salga a verla desde sus casas” ¿será que también se la visualiza con turistas extranjeros venidos de China, España y Estados Unidos? ¿O será que esta distinguida dama no se ha enterado de la existencia y desgracia de la pandemia del Covid-19?. Doña Carla, tal como lo afirma un destacado dirigente de futbol aficionado “Aquí nos está contagiando y matando la ESTUPIDEMIA más que la pandemia”. Se intenta ignorar o deshonrar la memoria de los más de 3000 muertos que ha dejado la pandemia en el territorio Colombiano; justo como sucedió hace 2 años a final de Enero de 2018 cuando ocurrió el atentado en los puestos de policía de San José y Soledad 2000 perpetrado por el grupo guerrillero ELN y en el cual hubo 6 policías muertos y 47 heridos entre civiles y policías, cuando los mandatarios de ese entonces, Char y Verano pidieron no hacer eco de las amenazas del ELN y que recibirían apoyo del gobierno nacional para la seguridad de las fiestas del carnaval; y contra viento y marea e ignorando el clamor general de no realizar los carnavales, éstos se llevaron a cabo. Recordemos que desde la era “Char Alcalde” ha sido poca la inversión en cultura, programas de educación y civismo y salud publica contra la de los malecones, los estadios, los arroyos, planes viales e incluso se invierte más en el Junior “Tu papá” que en verdaderos programas sociales, basta con evocar “El Gran Anuncio” que hizo el señor Char en su primera posesión como Alcalde (Primero de Enero 2008) cuando comunicó al final de su discurso que el futbolista Giovanni Hernández era la contratación y solución para que el Junior saliera campeón.

En esta incertidumbre y conmoción por la tragedia de la pandemia que azota al mundo y que ya deja casi medio millón de muertos a nivel mundial y casi diez millones de infectados, se me ocurre opinar que ni en Rio de Janeiro (Brasil) ni mucho menos en El Distrito de Barranquilla (Colombia) se deben celebrar carnavales en el 2021

Entre otras cosas si ya no va haber futbol aficionado, ni público en los estadios de las grandes ligas del mundo y sobre todo restricciones en las fronteras para el ingreso de población humana migrante forzada; en honor o en memoria a las victimas por la pandemia el alcalde Jaime Pumarejo debiera decretar CERO carnaval 2021, y en su lugar revisar o trasladar, en su plan de inversiones, con mas recursos para la educación y la verdadera cultura ciudadana, evitaríamos así la tal llamada indisciplina social.