Soledad, aislamiento y vejez

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Gaspar Hernández Caamaño.

“Muere lentamente quien no viaja, quien no lee, quien no oye música, quien no encuentra gracia en si mismo”. P. Neruda.

– ¿Qué enseña fallo de la tutela promovida por “La rebelión de las canas”?

– ¿HASTA DÓNDE #QuedateEnCasa es una política contra el COVID-19?

Inicie a redactar esta columna, como una reflexión, días antes de conocerse la noticia del fallo de primera instancia de la acción de tutela instaurada, contra El Jefe de Estado, por unos reconocidos personajes bogotanos, adultos mayores de 70 años, denominados “la rebelión de las canas”, por creer que les violaron sus derechos y libertades al recomendarles #QuedateEnCasa durante la cuarentena. Fallo que permite que esta reflexión sea crítica contra la acción y la decisión judicial que, más de un viejo de mi cuadra, aplaude. 

#QuedateEnCasa ha sido la política pública más promocionada, mundialmente, como el arma efectiva para combatir la pandemia del coronavirus. Pero al pasar los días y las noches de las cuarentenas, decretadas por las autoridades locales en naciones desiguales, tal política no ha dado, al parecer, resultados esperados, en  la contención de los contagios, por presiones sectoriales para volver a las productivas calles o porque no se ha educado en las circunstancias precisas de lo en qué consiste #QuedateEnCasa. No se dijo, desde el inicio de la implementación global de esa directriz político-sanitaria, en qué consiste quedarse en la casa. No se comunicó cómo habitar la vivienda 24 horas diarias hasta la incertidumbre y no se prohibió socializar en sus habitaciones.

Quiero decir, NO SE HIZO UN LLAMADO A LA SOLEDAD, AL AISLAMIENTO Y A ENVEJECER. Por ello todo lo prohibido fue violentado, transgredido, vulnerado, entutelado. NO SOMOS SERES DE PROHIBICIONES, SINO DE LIBERTADES. Me explico.

Aunque un filósofo alemán (M. Heidegger) afirmó que el hombre es un ser para la muerte. Y el nobel de literatura (G. García Márquez) nos narró la historia de “Cien años de soledad”, no hemos sido educados, en la sociedad moderna y contemporánea, ni para vivir con la muerte ni en soledad. Sino para disfrutar de la libertad. Tanto en casa como en la calle. He ahí la insinuación o incitación a esta reflexión. Que no es otra que invitar a disfrutar de la alegría de vivir en las circunstancias en que nos encontremos.

SOLEDAD. Meses antes de la declaratoria de la pandemia, en Inglaterra fue creado EL MINISTERIO DE LA SOLEDAD (en Venezuela, el dictador Maduro también creo el ministerio de la felicidad), con el propósito de dar protección y cuidado a la población de adultos mayores, muchos habitantes de ancianatos o de yates que circulan los mares. Hoy, los adultos mayores, tanto en Londres como en Soledad (Atlántico), somos las personas más vulnerables, según las estadísticas hospitalarias y funerarias, de la peste que nos azota sin compasión. Somos los más solos, los aislados en extremos, los envejecidos. Los más protegidos. Los ingleses fueron adivinos. Ellos ven la soledad como problema mental, nosotros, los latinos, como  destino. Aquí recuerdo EL LABERINTO DE LA SOLEDAD del nobel Octavio Paz. 

La soledad es un estado natural del ser humano, más allá de su naturaleza de animal social y familiar, como nos concibió Aristóteles. La “Insociable sociabilidad” de I. Kant. Kant y Aristóteles, las dos grandes cúspides del pensamiento de Occidente. A sus lecciones hay que acudir cuando deseemos comprendernos como seres pensantes y sensibles.

Ahora, otro filósofo popular, como lo es André Comte- Sponville, en su libro LA VIDA HUMANA (Paidós) se pregunta y responde:  “¿PORQUE LOS HOMBRES SON MALOS? NO. SINO PORQUE SON EGOÍSTAS, E INCAPACES, POR LO TANTO, DE VIVIR SOLOS”.

Desconozco que en nuestro sistema educativo, tanto a nivel secundario o superior, se imparta enseñanza y/o aprendizaje para comprender qué es LA SOLEDAD. Esa asignatura está ausente en el llamado curriculum escolar. Algo se puede aprender en los estudios de la filosofía, pero esa materia es la que muchos estudiantes la consideran “De relleno”, la desprecian y los “dictadores de filosofía” la ideologizan, en vez de enseñar a pensar. A pensar que los humanos estamos habitados de soledad. El Ser o La Nada. Soledad que no es otra cosa que el ensimismamiento al que canta P. Neruda. O que Sócrates recomendó: “Una vida que no se examina así mismo, no vale la pena ser vivida”. La soledad como lo íntimo. La vida íntima. Un derecho fundamental.

Entonces, como animales sociales nos gusta vivir juntos. En manada. He ahí una explicación antropológica de lo que somos cuando nos prohíben salir a la calle. No sabemos vivir solos. No nos han educado para disfrutar de la soledad, sin ser un solitario. No hemos sido formados a vivir con uno mismo. A gobernarnos. Autogobierno.

En esta pandemia que vuela de continente en continente, donde no hay puerto seguro que no contámine, la soledad es lo contrario a la promiscuidad. La promiscuidad social mata. La soledad, ¡Ay! Paradoja, salva del contagio. Salva vida. Salva de la muerte. Es que soledad es libertad. Libertad bien entendida. Actuar sin hacer daño a los demás.

Meses antes de la declaratoria de la pandemia, en Inglaterra fue creado EL MINISTERIO DE LA SOLEDAD (en Venezuela, el dictador Maduro también creo el ministerio de la felicidad), con el propósito de dar protección y cuidado a la población de adultos mayores, muchos habitantes de ancianatos o de yates que circulan los mares. Hoy, los adultos mayores, tanto en Londres como en Soledad (Atlántico), somos las personas más vulnerables, según las estadísticas hospitalarias y funerarias, de la peste que nos azota sin compasión. Somos los más solos, los aislados en extremos, los envejecidos. Los más protegidos. Los ingleses fueron adivinos. Ellos ven la soledad como problema mental, nosotros, los latinos, como destino.

AISLAMIENTO. La principal medida sanitaria del #QuedateEnCasa ha sido el aislamiento social. Usar correctamente los tapabocas. No vivir aglomerados, abrazados, tomados de los manos como amantes golosos, para no decir celosos. 

El aislamiento es una medida circunstancial. No una condición humana como lo es la soledad. Cada persona carga su soledad como su suerte. De solitario. No tanto de solidario, en el sentido de pretender ser igual al otro. No como caridad. En razón a la dimensión, casi invencible, de la epidemia del coronavirus es que resulta virtuoso AISLARSE como una excepción en éstos momentos de la historia humana. Y allí los orientales nos llevan muy buena distancia. Se educaron como monjes.

Aislar, usar el tapaboca en público, no es quedarse solo. Sino olvidarse momentáneamente de las esquinas, de los estadios. De las multitudes. He allí el conflicto de pretender seguir siendo los mismos agitadores de masa. O habladores. Camajanes.

Escribo cuando el periódico de ayer informó de la explosión mortal de un camión cisterna que se volcó en la carretera. Y explotó cuando una aglomeración de varones jóvenes (los viejos de la aldea estaban en casas de cartón), una masa de pescadores sin pesca, se arremolinaron para apropiarse de la gasolina. Cada día fallece un quemado de aquella explosión. 

Un grupo, dice Comte-Sponville “es más que una suma de individuos. Es un ser más, con sus propias reacciones, su propia lógica, su propia desmesura…Para lo peor, a veces (el linchamiento, el pánico, las masacres). Para lo mejor, en otras ocasiones (la fiesta, la acción colectiva, la emoción compartida)…Frecuentemente para las dos cosas a la vez”(opus cite. Pág 112). Muy a pesar del #QuedateEnCasa vivimos en grupos. Para linchar en redes y para embriagarnos los fines de semana. 

Para vivir aislado durante esta cuarentena pandémica, es indispensable haber sido educado en cómo  superamos las necesidades en libertad. La casa como suma de lo mejor (la alegría de vivir) como de lo peor (la violencia intrafamiliar). Esas asignaturas tampoco se registran en los programas académicos de las casas, ni de las escuelas y menos de las universidades. Además carecemos de gobernantes-pedágogos. Son políticos en trancen de figurar, en vez de gobernar a gente diversa, que nació para gozar. La vida como riesgo.

El aislamiento social es comprender  la individualidad de cada persona. Volver la casa ciudad. Y dejar la manada para dormir como un león.

Aislarse es libertad sin necesidades. Ese es otro conflicto  humano y de la democracia. No entenderlo, avivarlos, sería alimentar el despotismo que ronda del norte al sur de América. Un tapaboca bien usado no nos aisla. No protege. Nos salva la vida. Salva de la muerte. Tanto en el Norte como en el Sur. (me refiero a Barranquilla). En la mansión como en el tugurio. Obvio, comprendiendo cada circunstancia. O se gobierna para la gente o para los titulares.

VEJEZ. En esta pandemia todos hemos envejecidos. Tanto los niños como los abuelos. Todos. La humanidad. Los niños se volvieron maduros desde el preescolar virtual. Deben volverse maduros para manejar la tecnología comunicativa. Zoom y etc. Y los abuelos niños. En ese sentido también estamos obligados a aprender a envejecer. Y tampoco la educación nos ha formado para entender y comprender qué es envejecer. Qué es la vejez.

De la vejez han dado lecciones básicas y clásicas desde Cicerón hasta Norberto Bobbio, pasando por Chateaubriand. Pero en este aspecto comparto lo que he venido aprendiendo leyendo a mujer filósofa, la profesora de la Universidad de Chicago, Martha Nussbaum.

En el libro “ENVEJECER CON SENTIDO, CONVERSACIONES SOBRE EL AMOR, LAS ARRUGAS Y OTROS PESARES” (Paidós), cuyo coautor es el ecónomo-jurista Saul Levmore, también profesor de la Universidad de Chicago,  delimitan algunas características de la vejez. 

De la Introducción del libro, que recomiendo a los lectores de SOLOPROPOSICIONES.COM, comparto estos tres párrafos:

1o. “La vejez es experimentar, adquirir sabiduría, amar y perder, y estar más cómodos en la propia piel, por mucho que se torne ajada. La vejez es muchas otras cosas. Para muchas personas tendrá que ver con los remordimientos, la preocupación, la acumulación de objetos y la necesidad. También puede tener que ver con el voluntariado, la comprensión, la guía, el redescubrimiento, el perdón y, cada vez con más frecuencia, el olvido”.  

2o. “Si aceptamos que la vejez es una época de la vida, de ahí se deriva que es una realidad que todos tenemos en común. Cada cual envejece a su manera, pero podemos aprender de la experiencia ajena. Cuando la gente envejece, sus intereses, comportamientos y preferencias pueden variar, a veces de una forma que confirma la experiencia compartida. Al envejecer, ¿somos  más o menos competitivos? ¿Espirituales? ¿Frugales? ¿Dependientes? ¿Envidiosos? ¿Tolerantes? ¿Generosos? Tal vez necesitamos amigos que nos ayuden a reconocer esos cambios y a pensar en su atractivo. Cuando un individuo aislado observa y contempla, es difícil discernir si uno se ha vuelto más ensimismado, más tolerante a las críticas, si siente más miedo a los demás, o es más inoportuno a la hora de pedir cosas a la familia”.

3o. ” Concebimos la vejez como una época de la vida, como la infancia, la juventud y la mediana edad. Tiene sus propios misterios, y estos exigen reflexión. Tiene placeres y alegrías únicas, y también dolores”. 

Creo que la lectura serena de esta síntesis de algunos de los temas del libro citado, en especial las descripciones de lo que es La Vejez, nos podrán ayudar a mejorar el entendimiento de una condición a la que debemos agradecer haber llegado, sano y salvo. Con hogar y con amores recobrados. O sea, la vejez es una dicha si la vivimos con sentido. Con realidades. Como filósofos. Con interrogantes. NO DESAFIANDO. Y MENOS EN PANDEMIA Y SIN VACUNA.

Y deseo cerrar este aparte de nuestra compartida reflexión, con la recomendación que, ayer, leí del escritor y político nica, Sergio Ramírez, en su más reciente columna “UN MUNDO QUE DA MIEDO” cuando sabio e ilustrado dice:

“Pero habrá quienes deberemos ser más cautos, por vulnerables. Los más viejos. O en todo caso, si queremos sobrevivir, debemos aceptar las reglas del claustro como los monjes medievales”.(El País. 7/7/2020).

El juzgado 61 del Distrito Capital decidió amparar, transitoriamente, los derechos de 23 ciudadanos, mayores de 70 años, que solicitaron mediante acción constitucional de tutela se les levantaran las prohibiciones de circular hasta finales del mes de Agosto. El Presidente de la República ha expresado que acata la orden judicial, pero la impugnara.

Yo soy zen desde que leí al Dalai Lama. Pero me gusta Londres. Y mi amor eterno es Barranquilla. Linda desde mi mediterráneo balcón. Es decir, soy un monje como esos del Carnaval. Solo y lengón.

Solo en un claustro doméstico podemos sobrevivir en Soledad, con Aislamiento Social y disfrutando Envejecer con sentido. La pandemia será vencida con sabiduría de viejos y alegría de juventud. ES HORA DE RE-EDUCARNOS.

CRITICA. LA LIBERTAD DE VIVIR ES UN DEBER EN LA EMERGENCIA SANITARIA POR EL MORTAL COVID-19.

El juzgado 61 del Distrito Capital decidió amparar, transitoriamente, los derechos de 23 ciudadanos, mayores de 70 años, que solicitaron mediante acción constitucional de tutela se les levantaran las prohibiciones de circular hasta finales del mes de Agosto. El Presidente de la República ha expresado que acata la orden judicial, pero la impugnara.

Hasta el momento ni los medios ni las redes han difundido, íntegramente, ni la demanda de “los rebeldes de las canas” ni el texto del fallo. Solo conocemos lo que se han informado, precariamente, diarios y noticieros. Así que me atrevo a opinar sin tener mayores elementos de juicio, como serían los escritos aludidos.

Soy un pensionado, vitaliciamente, por vejez. Un adulto mayor al que no le molesta que le llamen ABUELO. Otra cosa distinta a VIEJO. Pero intuyo que a los 23 tutelantes no se les ha amenazado, ni vulnerado derecho alguno, ni discriminado por su vejez. Ellos creen que han hecho historia, pero aún no es tiempo procesal para cantar victoria. Para mí, y lo digo con respeto, lo que hicieron fue “calistenia jurídica” y aumentar la congestión judicial.

¿Por qué siento o percibo eso? Porque si bien es cierto la libertad individual es un derecho inalienable, no es menos cierto que ante la peste debe primar el interés general del aislamiento por la vulnerabilidad. Es decir, tenemos también el deber teleológico de obedecer, ya que lo que se busca con la prohibición es un beneficio comunitario, preservar la salud pública.

La acción constitucional presumo es un canto a la libertad personal, primer derecho en conflicto con las medidas de salubridad impuestas, a la inmensa mayoría de mayores de 70 años. Esa expresión del grupo de “los 23” es, según Benjamin Constant, que “EL PELIGRO DE LA LIBERTAD MODERNA CONSISTE EN QUE ABSORTO EN EL GOCE DE NUESTRA INDEPENDENCIA PRIVADA, Y EN LA CONSECUCION DE NUESTROS INTERESES PARTICULARES, NO RENUNCIEMOS DEMASIADO FÁCILMENTE A NUESTROS DERECHOS DE COMPARTIR EL PODER POLÍTICO”(ver La libertad de los antiguos comparada con la de los modernos. Pág. 282). Pretendieron los accionantes debilitar el poder del Presidente, me pregunto.

Sobre los avatares de la libertad personal frente a la incertidumbre de la pandemia, no podemos olvidar que no solo tenemos derechos garantizados, sino deberes ciudadanos por cumplir. Deberes como vivir en soledad, ensimismados. Aislados cumpliendo las medidas sanitarias. Y ayudando a envejecer alegremente. Los 70 años son tiempos para sabios, no para rebeldes buscando conflictos.

De esa tutela se volverá hablar. Si alguien conoce o tiene acceso a los textos, favor compartirlos para un mayor y mejor análisis. La historia se escribe cada día. Pero la vida se puede perder en un suspiro. Usa el tapaboca correctamente. Por tu vida solo el responsable eres tú.

PRÓXIMA.- PERIODISMO Y/O PUBLICIDAD.

– REFLEXION U OPINIÓN.

4 COMENTARIOS

  1. Excelente pluma, pertinente alegato en favor de la libertad como bien supremo, q se interpela con el deber igualmente supremo de solidaridad; q en mi concepto nos acerca al verdadero sentido humano.

  2. Apreciado profesor y amigo Gaspar. Excelente análisis de forma y de fondo, al final de tu escrito olvidástes, que
    MOISÉS, según tengo entendido, guiado por Dios, a sus 80 años inició el éxodo por el desierto.En el entendido que se manifiesta, como la primera forma de “rebelión”, y que a esa edad , condujo a su pueblo, con buena salud física y mental, sin las inoperantes e.p.s

  3. Excelente artículo amigo Gaspar, como todo lo que escribes, siempre llevándonos didácticamente a reflexionar sobre nuestra manera de llevar la vida. Nos están cuidando de esa pandemia cuando nos dicen que somos la población más vulnerable. Hay que acatar reglas, por nuestro bienestar. Entiendo que no es fácil pero por salud debemos cumplir. No sé que rebelión es al pretender ir en contra vía. Cuando la vejez es quizás una de las épocas más bonita de nuestra vida. .somos más sabios, más prudentes. Y ni hablar de compartir con nuestros nietos y familia que tanto queremos. Lo felicito doc. Saludos.

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