jueves, julio 16, 2026
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Erich Fromm: humanismo y libertad

El amor intenta entender, convencer, vivificar. Por este motivo, el que ama se transforma constantemente. Capta más, observa más, es más productivo, es más él mismo”.  Erich Fromm. El arte de amar.

Introducción

     Uno de los más destacados pensadores del pasado siglo XX fue Erich Fromm. Nacido en Francfort del Meno, Alemania el 23 de marzo de 1900, y muerto en Muralto, Suiza, el 18 de marzo de 1980. De ascendencia judía, con estudios iniciales de derecho en su ciudad natal y de sociología en Heidelberg, tuvo la influencia de Alfred Weber. Posteriormente, adelantó estudios de psicoanálisis en Múnich, siendo en principio un seguidor del pensamiento de Sigmund Freud.

Siendo muy joven se interesó por el psicoanálisis y el marxismo, vertientes de pensamiento que intentó articular en forma creadora con el ánimo de comprender las tensiones y conflictos de la sociedad contemporánea.

     Sus intereses académicos lograron alcanzar un alto rigor intelectual que se ve reflejado en sus obras en las que analiza el comportamiento de los individuos en relación con la historia y la cultura: El arte de amar; El miedo a la libertad; El corazón del hombre; ¿Ser o tener?; La revolución de la esperanza; Marx y su concepto de hombre; El amor a la vida, etc. Su formación goza de reconocimiento universal porque pudo adentrarse en el ámbito de diversas disciplinas humanísticas como la filosofía, la psicología social, el psicoanálisis, el marxismo, la antropología, la sociología y la historia.

     Dentro de sus aportes como pensador, se destaca su humanismo, es decir, Frommtiene como centro de sus reflexiones al hombre, teniendo como referentes teóricos el psicoanálisis freudiano y el marxismo, más allá de cualquier fundamento metafísico.

     Por otro lado, Fromm estuvo vinculado a la Escuela de Frankfurt, donde mantuvo una activa relación intelectual con destacadas figuras del ámbito de la filosofía, la sociología, la música y la política en Alemania: Max Horkheimer, Teodoro Adorno y Herbert Marcuse. Ellos lograron fundamentar una Teoría Crítica de la sociedad. Actualmente el único pensador vivo que hizo parte de esta escuela es Jürgen Habermas, pensador conocido por sus aportes al desarrollo de la teoría de la acción comunicativa.

     Comprender a este autor implica situarlo en el contexto histórico de la época en que le tocó vivir, es decir, del pasado siglo XX. Este siglo en particular, ha sido caracterizado por un notable historiador inglés, Eric Hobsbawm cuyas ideas sobre este tema, fueron esbozadas en la introducción de su libro Historia del siglo XX, publicado por Editorial Crítica en 1994 (traducido al español en 1998). Destaca este académico que, el mundo es cualitativamente distinto por lo menos en tres aspectos fundamentales: 1) ya no es eurocéntrico; 2) es una unidad operativa que ha logrado trascender los marcos de las viejas economías nacionales configurándose como una aldea global, y 3) se ha verificado “una desintegración de las antiguas pautas por las que se regían las relaciones sociales entre los seres humanos y, con ella, la ruptura de los vínculos entre las generaciones, es decir, entre pasado y presente” (Hobsbawm, 1998) Historia del siglo XX. Buenos Aires: Editorial Crítica. Pp. 22-25.

     Por consiguiente, es ese horizonte temporal que ubicamos a este pensador alemán como sus ideas y reflexiones.

     El propósito de este artículo es comentar algunas de las tesis planteadas por Fromm, situándolas en su contexto histórico y filosófico, y valorar su legado intelectual en relación con los desafíos de los tiempos presentes.

Psicoanálisis e inconsciente

     El psicoanálisis fundamentado por el médico psiquiatra Sigmund Freud (1856-1939), había develado la realidad del inconsciente y de aquellas pulsiones que están alojadas en lo más hondo de la psiquis humana y que influye en gran medida en el comportamiento de los individuos. Este enfoque representaba una mirada distinta de lo que es el ser humano e iba más allá de la concepción moderna o cartesiana del hombre considerado como una cosa que piensa (res cogitans) dotado de razón y orientado por ésta en la conquista de su libertad. Dentro de sus obras clásicas están: La interpretación de los sueños (1899); Psicopatología de la vida cotidiana (1901); El movimiento del espíritu y sus relaciones con el inconsciente (1905). 

     Por otro lado, el pensamiento de Freud representa un enfoque distinto de lo que es el hombre, si es comparado con las concepciones antropológicas que abrazaron los pensadores de la Ilustración del siglo XVIII, quienes estaban convencidos que era posible alcanzar un progreso moral infinito a partir del cultivo de la razón (Kant).

     Para Freud, la energía sexual o libido y su relación con la felicidad de los individuos fue motivo de importantes investigaciones en el campo de la psicología elaboradas con gran rigor por este médico vienés que con sus escritos se ha convertido en un referente universal para comprender lo que somos como criaturas antropológicas, dotadas de deseo.

     Los aportes clínicos de Freud con su idea de inconsciente, el estudio de las pulsiones humanas como poderosas fuerzas alojadas en las entrañas del hombre como Eros (amor/vida) y Tánatos (muerte/destructividad), revelan el rasgo bipolar de la psicología de los humanos.

     La formación inicial de Sigmund Freud fue la medicina y a partir de la misma derivó hacia la psiquiatría: sus intereses comprendieron el estudio de los trastornos de la personalidad y de las enfermedades mentales. Durante su instancia en París trabajó con Jean Charcot e Hippolyte Bernheim, circunstancia que le permitió alcanzar valiosas experiencias en el campo de la hipnosis.

     Una vez que regresó a Viena, trabajó junto con Joseph Breuer hacia el año 1894, teniendo la oportunidad de escribir junto con él, una memoria titulada: Estudio sobre la histeria. Se describió en este estudio, cierto trastorno que había sido posible curarlo en una paciente histérica mediante la técnica de la hipnosis. Una vez que la paciente quedó bajo el efecto hipnótico y mediante preguntas formuladas por el médico, logró llegar al origen de aquello que le había ocasionado un trauma, descubriendo aquellos factores ocultos en su psiquis que la habían enfermado y de esa manera sanarse.

     A partir de esta experiencia terapéutica, Freud se planteó varios interrogantes, que le permitieron llegar a descubrir el inconsciente. Es decir, en la evolución intelectual de Freud se dio un paso que va de la técnica de la hipnosis, al inconsciente, pasando por la teoría de la represión, de tal manera que pudo afirmar que la parte inconsciente en los seres humanos constituye su realidad esencial. Idea que tendría repercusiones importantes en el ulterior desarrollo de la teoría psicoanalítica.

Para Freud, la energía sexual o libido y su relación con la felicidad de los individuos fue motivo de importantes investigaciones en el campo de la psicología elaboradas con gran rigor por este médico vienés que con sus escritos se ha convertido en un referente universal para comprender lo que somos como criaturas antropológicas, dotadas de deseo.

     Sin embargo, las ideas de Freud fueron ganado complejidad a partir de sus investigaciones acerca del psiquismo humano. Concibió que la psiquis se encuentra estructurada en forma tripartita: el ello, el yo y el superyó. Son como tres parcelas, articuladas y diferenciadas que constituyen una unidad. El ello, constituye lo inconsciente en sí mismo; el yo, es la parte consciente y, el superyó, es la base de la conciencia moral y donde se aloja el sentido de la culpa. 

     También se ocupó del tema de la relación entre el comportamiento neurótico y la cultura en la cual se hallan inmersos los individuos: “Comprobóse así que el ser humano cae en la neurosis porque no logra soportar el grado de frustración que le impone la sociedad en aras de sus ideales de cultura, deduciéndole de ello que sería posible reconquistar las perspectivas de ser feliz, eliminando o atenuando en grado sumo estas exigencias culturales” (Freud, 1988). El malestar en la cultura y otros ensayos. 1ª edición. Bogotá: Alianza Editorial. P. 31. Y en esa misma obra, el padre del psicoanálisis dirige su mirada hacia otras dimensiones de lo humano, señalando aspectos críticos a la sociedad contemporánea: “Si la cultura impone tan pesados sacrificios, no sólo a la sexualidad, sino también a las tendencias agresivas, comprenderemos mejor por qué al hombre le resulta tan difícil alcanzar en ella su felicidad” (Freud, 1988). Ob. Cit. 1ª edición. Bogotá: Alianza Editorial. P. 56).   

     Erich Fromm se convirtió en un gran conocedor de esta tradición freudiana al igual que otros grandes psicoanalistas de su época como Carl Gustav Jung, Sándor Ferénczi o Wilhelm Reich y a partir de estas ideas logrará elaborar su propia concepción de hombre. El tema del inconsciente también fue sospechado o intuido por autores geniales como el filósofo alemán Federico Nietzsche y el escritor ruso Fedor Dostoievski, en algunas de sus obras.

El marxismo en las ideas de Erich Fromm

     La influencia de Karl Marx será determinante en la formación intelectual de E. Fromm. El marxismo que se evidencia en los escritos humanísticos de este pensador, no es del todo ortodoxo, es más bien una elaboración bastante renovada del mismo, lo cual refleja su postura anti dogmática que corrobora su verdadera vocación humanista.

El pensamiento de Marx, hijo del siglo XIX, muestra profundas contradicciones del sistema capitalista industrial, sistema que conduce a millares de individuos a vender su fuerza de trabajo ante las exigencias del gran capital.

     Karl Marx, discípulo a su vez de GWF Hegel, y heredero de toda esa dialéctica que le permitió repensar la historia y explicarla a partir de evolución de las condiciones materiales, es decir de la economía, y de los conflictos derivados de la lucha de clases, logró analizar todas aquellas situaciones que se dan en el capitalismo como la plusvalía y la alienación o enajenación del trabajo. En pocas palabras, la manera de cómo el patrón logra apropiarse del trabajo del obrero.

     De igual forma, en algunos importantes escritos de Marx, hay una visión de la historia la cual es explicada a partir de la base material de la sociedad o infraestructura donde se encuentra todo lo concerniente al ámbito de la economía. Por encima de esta se encuentra la superestructura, lugar donde ubica al estado, a las instituciones políticas y jurídicas, a las ideologías, etc. De tal manera que, al cambiar la base todo el resto del edificio social experimenta cambios y transformaciones. Es así como Marx explica la historia y con sus ideas logra desentrañar el mecanismo perverso de explotación que subyace en la lógica del capitalismo. Está plenamente convencido que, bajo el peso de sus propias contradicciones de orden estructural, el capitalismo va a colapsar y entonces se va a configurar un horizonte de extinción del estado y el advenimiento de una nueva sociedad comunista, de un hombre nuevo (Marx, 1859). Prólogo de la Contribución a la crítica de la economía política. En: Marx, C y Engels, F. (1976). Obras escogidas en tres tomos. Tomo I. Moscú: Editorial Progreso. P.516 y ss.). 

Su visión histórica es optimista, reflejando con ello, concepción humanista anclada en la tradición ilustrada, roussoniana y kantiana. Tal como lo sostiene en el Manifiesto del Partido Comunista, obra escrita en 1848, en la cual afirma lo siguiente: “En sustitución de la antigua sociedad burguesa, con sus clases y sus antagonismos de clase, surgirá una asociación en que el libre desenvolvimiento de cada uno será la condición del libre desenvolvimiento de todos” (Marx, C y Engels, F (1848). Manifiesto del partido comunista.

     Con base en las anteriores influencias teóricas, Erich Fromm orientó su reflexión filosófica y psicoanalítica a la sociedad de su tiempo, destacando cuán importante resulta adoptar y poner en práctica un nuevo humanismo: “Sin querer profetizar nada, yo creo que hoy, esencialmente, para el hombre moderno, y en general para el hombre que vive en esta Tierra, tan sólo hay una alternativa: la barbarie o un nuevo renacimiento del humanismo” (Fromm, 1992). El humanismo como utopía real. La fe en el hombre. (Barcelona: Editorial Paidós. P. 33).

     En una obra de antropología filosófica titulada, El corazón del hombre, parte de un interrogante inicial: ¿Es el hombre, lobo o cordero? Con esta pregunta describe la naturaleza bipolar del hombre, es decir, que tiene en su interior la fuerza tanto para el bien como para el mal. Aborda el complejo problema de la libertad humana. Aquí incorpora algunas categorías propias del lenguaje freudiano como, por ejemplo, el amor a la vida o biofilia (inclinación a crecer y cuidar la vida concebida ésta como algo sagrado). Opuesta a ella está el amor a la muerte o necrofilia (inclinación al mal, a la destructividad, a la indiferencia hacia lo vital; es por consiguiente una pasión decadente). Sobre este punto el autor hace mención de esa imagen presentada por el filósofo inglés Th. Hobbes, quien en su famosa obra Leviatán afirma que “el hombre es un lobo para el hombre, evidenciando un perturbador pesimismo antropológico (Hobbes, 1994). Leviatán o la materia, forma y poder de una república eclesiástica y civil. México: Fondo de Cultura Económica. P.100 y ss).

     E. Frommobserva que en el horizonte de la sociedad contemporánea se ven reflejadas fuertes tensiones políticas. Testigo de los horrores de las guerras mundiales, la Guerra Fría, la amenaza atómica, la masificación de la vida y del consumo, la cosificación, el autoritarismo, la despersonalización, logrando interpretarlas tanto en clave psicoanalítica, como también desde un enfoque marxista.

     Desde la perspectiva de su humanismo, existen complejas circunstancias en la sociedad contemporánea, tanto de orden histórico, como también de naturaleza psicológica, que explican estos conflictos deshumanizantes caracterizados por comportamientos patológicos como: el narcisismo, las relaciones simbióticas, el egotismo, la destructividad y una obsesión morbosa por el poder o el deseo de posesión. Todas estas situaciones niegan la posibilidad del ser del hombre, de la realización de su propia libertad, que para Fromm tiene una base racional.

     Si tradicionalmente un análisis psicológico está orientado a comprender qué factores subyacen en la psiquis de un individuo que dificultan mantener una relación objetiva con la realidad o con el mundo, como ocurre en la psicología del neurótico.

     E. Fromm hace una lectura psicoanalítica de la sociedad capitalista en su conjunto y es aquí donde el instrumental marxista aporta importantes elementos teóricos que desentrañan ese mecanismo de represión, violencia y alienación en el ámbito del trabajo y de las relaciones interpersonales que se ocultan bajo el uso cotidiano del lenguaje. Siguiendo en esta dirección sus ideas, el autor formula una pregunta que acompaña de una profunda reflexión: “¿Qué entendemos por alienación del trabajo? Primero, que el trabajo que desempeña le es extraño al trabajador, no es personal, no es parte de su naturaleza; por lo tanto, no se realiza en su trabajo, sino que se niega; se siente más desdichado que contento; no puede desarrollar libremente sus potencias físicas y mentales, pero en cambio se encuentra físicamente exhausto y mentalmente envilecido. Sólo cuando no trabaja puede ser él mismo; pues mientras lo hace se percibe como un extraño…Su trabajo no es voluntario, sino impuesto, forzado. No satisface ninguna inquietud creadora espontánea, sino que es un medio para satisfacer necesidades que nada tiene que ver con él” (Fromm, 1974). Alienación y capitalismo. En: AA.VV. La soledad del hombre. Buenos Aires: Monte Ávila Editores. P.56).

     Desde el marxismo, Fromm pudo sostener a lo largo de todos sus estudios que la mayoría de los individuos establecen relaciones con sus semejantes tan similares como aquellas que se derivan del mercado y de la sociedad de consumo, es decir, de carácter impersonal y alienante en que queda anulada cualquier noción de libertad o de pasión a la vida (biofilia).

     En consideración de lo anterior, una pregunta pertinente en el horizonte de esta reflexión es, ¿Cómo resulta posible realizar la libertad en una sociedad dominada por la alienación? Responder este cuestionamiento implica reconocer la vigencia y pertinencia del pensamiento de Erich Fromm, quien logró fundamentar un nuevo humanismo recogiendo importantes vertientes de pensamiento que siguen mostrando una esperanza en el ser del hombre, capaz de hacer uso de su capacidad de creación para adaptarse y a la vez transformar el mundo circundante. Su capacidad reflexiva y crítica ante los signos de su tiempo reflejan una preocupación constante sobre la compleja dimensión de la libertad, propia de la condición humana. 

Erich Fromm y la tradición humanística

     Ideas como las anteriores son también analizadas en otros de sus ensayos. En un libro   titulado, El arte de amar -publicado en 1959- Fromm elaboró una interesante reflexión sobre el tema del amor como ese sublime sentimiento activo que le permite al hombre trascender su separatidad, su soledad, su individualidad y tejer lazos de afectos sinceros de comunión y entrega de su ser, de su humanidad. Por tales razones, afirma que: “La necesidad más profunda del hombre es, entonces, la necesidad de superar su separatidad, de abandonar la prisión de la soledad” (Fromm, 2018). El arte de amar. Bogotá: Paidós. p. 30).

     El amor lo concibió como un refinado arte que no es fácil de realizar o cultivar porque demanda una serie de actitudes activas del espíritu, de apertura y respeto por sí mismo y de los demás: “El amor es una actividad, no un afecto pasivo; es un “estar continuado”, no un “súbito arranque”. En el sentido más general, puede describirse el carácter activo del amor afirmando que amar es fundamentalmente dar, no recibir” (Fromm, 2018). Op. Cit. Capítulo 2. p. 44).  

     Destacó varios tipos de amor: el amor a Dios, el amor fraterno, el amor erótico, el amor materno, el amor a sí mismo, etc. Concluyendo que el amor es la respuesta fundamental al problema de la existencia humana.

     En este sentido, E. Fromm coincide –en muchos aspectos- con el legado humanista de la religión judeocristiana, tradición que conocía muy bien por su condición de erudito de ascendencia judía. Son los múltiples y variados rostros del amor, experiencia exclusivamente humana que fundamenta la vida, capaz de conducir al hombre a una esfera alta de realización espiritual, emocional y volitiva. Sin embargo, señala cómo en virtud de su condición gregaria en una sociedad capitalista donde predomina el afán de lucro y de acumulación, estas relaciones socioeconómicas terminan por distorsionar el sentido plenamente humano del amor, apareciendo en las relaciones entre individuos, actitudes o formas que niegan su condición humana porque predomina la enajenación y el egoísmo… 

     Otra de sus grandes obras fue El miedo a la libertad (1941). Este trabajo refleja un grado de madurez intelectual admirable en comparación con toda su producción humanística. Se remite a la historia, con particular énfasis a la sociedad moderna y distingue cuáles han sido aquellos mecanismos que han dificultado la realización de la libertad. Analiza las circunstancias que se dieron en Alemania en la Segunda Guerra Mundial con el ascenso del nazismo y su ideología de la muerte, de destructividad, describiendo cómo las clases medias de ese país fueron capaces de adoptar actitudes patológicas autoritarias que se tradujeron en una espantosa intolerancia y fanatismo que reflejan el lado sombrío de la condición humana.

     El libro es rico en referencias bibliográficas de autores de gran reconocimiento universal como Martín Lutero, Juan Calvino, Jacob Burckhardt, Max Weber, Johan Huizinga, Werner Sombart, entre otros, son tratados sobre todo cuando se refiere a la modernidad y al proceso de individualización propia de esta época en la historia de Occidente. Lo importante de este ensayo es que el autor pudo desentrañar las razones inconscientes de una sociedad violenta que logró exterminar brutalmente a millones de seres humanos a partir de pasiones sádicas o destructivas que se anidan en el corazón del hombre. Analizó cuál fue el comportamiento de las clases medias que respaldaron la cruzada de la muerte propiciada por Hitler y el movimiento nacionalsocialista.

     Sobre este tema, hay una abundante documentación, recabada por notables estudiosos de la historia, la filosofía o de las humanidades. Uno de ellos, Erich Kahler (1885-1970), nacido en la república Checa y contemporáneo de Fromm, presenta una tesis desde la historia para explicar los complejos sucesos que determinaron el destino del pueblo alemán. En una mirada de larga duración, y a partir de su análisis sobre la cristianización de lo que actualmente es Alemania, -en tiempos medievales-, este sistema religioso, basado en la fe tuvo como exigencia la ruptura de los lazos tribales de los pueblos que habitaban dicho territorio. Teniendo en cuenta lo anterior, el autor llegó a afirmar que: “Todo el futuro del pueblo germano, toda su funesta historia, es consecuencia de este desgraciado comienzo, de las exigencias demasiado violentas que le impuso su destino” (Kahler, 1988). Historia Universal del Hombre. 2ª edición. México: FCE. p. 162).

     Fromm se remitió a la historia para comprender las tensiones de la sociedad contemporánea. En este libro, El miedo a la libertad, hay un capítulo en el cual examinó el significado de la libertad humana en tiempos de la reforma protestante, es decir, en los inicios de la modernidad. Se detuvo en el pensamiento teológico de Lutero, el gran reformador alemán, y señaló una contundente crítica en contra de éste: “La relación de Lutero con Dios era de completa sumisión. Su concepción de la fe, expresada en términos psicológicos, significa: si te sometes completamente, si aceptas tu pequeñez individual, entonces Dios Todopoderoso puede estar dispuesto a quererte y a salvarte. Si te deshaces, por un acto de extrema humildad, de tu personalidad individual con todas tus limitaciones y dudas, te liberarás del sentimiento de tu nulidad y podrás participar de la gloria de Dios […] La “fe” de Lutero consistía en la convicción de que sólo a condición de someterse uno podía ser amado, solución ésta que tiene mucho de común con el principio de la completa sumisión del individuo al estado y al “líder” (Fromm, 2017). El miedo a la libertad. Bogotá: Paidós, p.100).

     Es una tesis que contrasta con la que había formulado GWF Hegel, filósofo idealista alemán, quien en su obra Lecciones sobre filosofía de la historia universal llegó a afirmar lo siguiente: “Este es el contenido esencial de la Reforma; el hombre se haya determinado por sí mismo a ser libre” (Hegel, 1994). Lecciones sobre la filosofía de la historia universal (II). Barcelona: Editorial Altaya. P. 661). 

     E. Fromm termina con su análisis crítico de la sociedad moderna en la que ve relaciones de dominio más que de colaboración e insiste en la importancia de la espontaneidad en las relaciones entre individuos como una posibilidad de tal forma que, el hombre logre recuperar todas aquellas dimensiones que lo hacen plenamente humano: “Teniéndolo todo en cuenta: la enajenación, la cosificación del hombre, la pérdida del dominio de sí mismo y el haberse dejado dominar por las cosas y las circunstancias que él crea, puede decirse entonces que el concepto del mal ha sufrido una transformación fundamental”…“Esta actitud de hombre deshumanizado, de hombre que no se preocupa del hombre, que no sólo no es el guardián de su hermano, sino que tampoco es siquiera su propio guardián … ¡es una actitud característica del hombre moderno!” (Fromm, 1992). El humanismo como utopía real. La fe en el hombre. Barcelona: Editorial Paidós, p. 30-32). Si se compara las anteriores ideas con las del biólogo y epistemólogo chileno Humberto Maturana, en su libro Emociones y lenguaje en educación y política…, donde destaca la importancia de la solidaridad como experiencias que reflejan la inteligencia entre los humanos, se observan importantes puntos de convergencia teórica. (Maturana, 1998). Emociones y lenguaje en educación y política. Santa fe de Bogotá: Dolmen Ediciones y Tercer Mundo Editores. P.13).

     En fin, se evidencia a lo largo de todos sus trabajos, ensayos y conferencias, una fuerte convicción humanística que hacen de Fromm un pensador comprometido con la ética biófila, es decir, con el valor supremo de la vida. Curiosamente una idea como ésta lo acerca al pensamiento de Nietzsche autor que logró demostrar la caducidad de los valores tradicionales de corte metafísico mostrando un horizonte nihilista propio de la época actual. En un momento en la historia, caracterizado por la violencia, por el desprecio al débil, al oprimido, son razones que hacen la pena retomar toda esa fecunda herencia intelectual que ha dejado Fromm.

El amor lo concibió como un refinado arte que no es fácil de realizar o cultivar porque demanda una serie de actitudes activas del espíritu, de apertura y respeto por sí mismo y de los demás: “El amor es una actividad, no un afecto pasivo; es un “estar continuado”, no un “súbito arranque”.

De hecho, su visión del mundo es compatible con dos exigencias que resultan completamente perentorias: el respeto por los derechos humanos y la necesidad de proteger a la Tierra, la “Casa Común” (expresión del Papa, Francisco), de un posible colapso ecológico.

     Si Fromm formula una ética biófila -que respete la vida y la conciba como valor sagrado- como la adopción de un vigoroso humanismo, entonces daremos un paso importante por superar esa mentalidad de dominación propia de la modernidad que insiste en hacernos creer equivocadamente que, somos dueños y poseedores de la naturaleza, tal como lo sostuvo René Descartes en su famoso Discurso del Método (1637): “Pues tales nociones me han hecho ver que pueden lograrse conocimientos muy útiles para la vida y que, en lugar de esta filosofía especulativa que se enseña en las escuelas, puede encontrarse una filosofía práctica en virtud de la cual, conociendo la fuerza y las acciones del fuego, del agua, del aire, de los astros, de los cielos y de todos los cuerpos que nos rodean con tanta precisión como conocemos los diversos oficios de nuestros artesanos, podamos emplearlos de igual forma par todos aquellos usos que sean propios, y así convertirnos en dueños y señores de la Naturaleza” (Descartes, 1996). Discurso del método. Barcelona: Círculo de Lectores, p. 127.) 

     Correspondió a otro pensador alemán meditar sobre un aspecto crucial de la sociedad actual: el asedio de la técnica y su impacto en la ecología. En este horizonte histórico se destaca la obra Martín Heidegger (1889-1976), autor de importantes escritos como Ser y tiempo publicada en 1927 en la que reflexiona sobre la filosofía a partir de la condición existencial del hombre.

     En una entrevista concedida por este autor al semanario alemán Der Spiegel (El Espejo) en 1966 pero publicada en 1976, año de su muerte, hizo una serie de importantes reflexiones que ameritan tenerse en cuenta: “Todo funciona. Esto es precisamente lo inhóspito, que todo funciona y que el funcionamiento lleva siempre a más funcionamiento y que la técnica arranca al hombre de la tierra cada vez más y lo desarraiga… No necesitamos bombas atómicas, el desarraigo del hombre es un hecho. Sólo nos quedan puras relaciones técnicas. Donde el hombre vive ya no es la Tierra…” (Der Spiegel. Entrevista a Martín Heidegger. Traducción y notas de Ramón Rodríguez. Editorial Tecnos. Madrid, España: 1996.p. 12).

Conclusiones

     ¿Qué sigue estando vigente en el pensamiento de E. Fromm? ¿Qué ideas, conceptos o categorías de E. Fromm pueden ser útiles para comprender los complejos problemas que tiene la civilización contemporánea? ¿Es posible establecer un diálogo entre las ideas de este autor con nuevas formas de pensamiento humanístico que han aflorado en diferentes latitudes del mundo? ¿Es plausible comprender el asedio de la técnica y las diferentes formas de enajenación tecnológica que se observan en el mundo de hoy, a partir del legado teórico de E. Fromm? ¿Situaciones como abuso sexual de niños, violencia en contra de la mujer o actitudes discriminatorias hacia los pobres, los inmigrantes o las minorías sexuales, pueden ser explicadas a partir de las ideas de E. Fromm? La crisis de la sociedad patriarcal, ¿Puede ser meditada a partir de las categorías de Fromm?

     Son muchos los interrogantes que pueden plantearse a partir de esta aproximación a las ideas de este notable psicoanalista alemán y filósofo de la contemporaneidad, Erich Fromm. Por fortuna, la tradición humanística sigue renovándose e intenta comprender complejos problemas que representan desafíos a la condición humana contemporánea.

     El contexto espiritual de hoy está ligado a la posmodernidad (modernidad líquida) que ha sido reflexionada por diversos autores como Lyotard, Vattimo o Bauman. Éste último, desde una perspectiva sociológica acuñó el término de modernidad líquida, para dar cuenta de las transformaciones propias de los valores modernos del pasado. La humanidad ha caído en un profundo nihilismo, es decir, de un vacío espiritual, que deja una fuerte sensación de incertidumbre y desconcierto. Es la era del vacío que sabiamente caracteriza Lipovetsky en una de sus más comentadas obras.

     De igual manera, en Alemania, un pensador de origen surcoreano, Byung Chul Han, influido a su vez por Martín Heidegger viene publicando varias obras que reflejan una inquietud sobre el presente, apelando a expresiones como “sociedad del cansancio” o “sociedad de la transparencia”: “El cansancio de la sociedad de rendimiento es un cansancio a solas, que aísla y divide” (Han, Byung-Chul. La sociedad del cansancio. 1ª edición. Barcelona: Herder, 2015. p.72). Sus escritos han sido traducidos al castellano por la Editorial Herder.

     En América Latina, algunos hombres de letras en un reciente pasado han abordado estas temáticas. Tal es el caso de Ernesto Sábato en Hombres y engranajes, La Resistencia, Antes del fin se refieren a estos temas con originalidad y rigor.

     En este mismo orden de ideas, Octavio Paz, poeta mexicano y Premio Nóbel en literatura tiene un ensayo de una admirable densidad y riqueza simbólica para entender no sólo de temas relacionados con la historia y la cultura del hombre latinoamericano, El laberinto de la soledad publicado en 1950. Lo interesante de esta obra es que aborda en una perspectiva un poco distinta a la de Fromm, el problema de la alienación, situándolo en un plano espiritual más que en la esfera de la economía como lo hace Fromm, influido por el marxismo. En palabras del poeta: “El hombre, por el hecho de ser hombre es un enajenado. Marx pensaba que si el hombre fuera dueño de sus productos, sería dueño de su destino: recobraría su ser natural y cesaría la enajenación. Pero yo creo que la enajenación consiste, fundamentalmente, en ser otro dentro de uno mismo. Esa enajenación es en el fondo de la naturaleza humana y no de la sociedad de clases. Estoy más cerca de Nietzsche y de Freud que de Marx y Rousseau. Todas las civilizaciones son civilizaciones de la enajenación y todos los civilizados se rebelan contra la enajenación” (Paz, O. (2010). Vuelta a “El laberinto de la soledad”. Conversación con Claude Fell. México: Fondo de Cultura Económica. P. 349).  

Lo cierto es que el legado del pensamiento de Erich Fromm sigue estando vigente y actual para la comprensión de los complejos problemas que afectan la condición humana; sus ideas pueden ser enriquecidas con el caudal del pensamiento de otros autores contemporáneos, que con sus inquietudes y reflexiones siguen cultivando una esperanza en la condición humana, a pesar de sus miserias y extravíos tal como lo ha develado en su historia.

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1 COMMENT

  1. Este ensayo demuestra la vocación histórica del autor, a través de su amplio recorrido por los trabajos de Freud y Marx, y los que lo antecedieron. El tema de la libertad y el humanismo es de alta relevancia en nuestra sociedad global. Aunque creemos ser libres no somos conscientes que somos mirados y tratados como objetos a través de las redes, por el stablishment en su intento de anular toda posibilidad de libertad manifiesta en un espíritu crítico. Cada día nos conducen a ese nuevo Mundo Feliz, donde la normalidad patológica nos hace conformista, y nos aliena. Buen ensayo, maestro Alex.

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