jueves, julio 16, 2026
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De la alegría de leer y escribir

En el día del idioma

INTRODUCIÓN

“Escribir es un acto de amor”. Juan Carlos Onetti

Todo el mundo tiene aficiones aparte sus profesiones u oficios. Con ellas se divierten y buscan la forma de liberarse de la rutina diaria en especial de las ocupaciones mediante la cual consiguen el sustento necesario para la subsistencia. Es una manera de gastar el tiempo libre fuera de compromisos u obligaciones laborales.

Es así como unos se divierten con juegos en sus diferentes modalidades. Otros se entretienen en la práctica de un deporte. A muchos le gusta el cine, bailar, la rumba, salir de paseo, ir a la playa o sentarse en un parque, en la tienda de la esquina, un café o plaza de comidas de un supermercado para “hablar paja” con amigos.

Nomofobia. Es inmensa la audiencia que, increíblemente, “nada hace”. Apoltronados en un sofá o arrecostados a una mecedora pasan horas y horas viendo televisión o mirando el celular como zombis. Devotos de telenovelas, noticieros y cuanto partido de futbol, local, nacional o internacional trasmiten, los primeros y los segundos sumisos cautivos de las redes sociales. Son personas que, en su mayoría, alternan, sin control, un dispositivo u otro en una especie de adición señalada, medicamente como “tecnopatía”; entre las que se encuentra la “NOMOFOBIA” o miedo irracional a permanecer un intervalo de tiempo sin un teléfono celular.

La nomofobia se desarrolla igual que cualquier adicción a las drogas. Es un trastorno siquiátrico que puede generar malestares en articulaciones, ojos, huesos y oídos; insomnio, depresión y ansiedad. Alejamiento de las personas, amigos, familiares, compañeros de trabajo y hasta de la pareja emocional.​[i]

ES BONITO ESCRIBIR

Reconozco el derecho que tiene cada uno de distraerse con lo que le venga en gana; no todo puede ser trabajar, trabajar y trabajar.  A mí, por ejemplo, me gusta bailar, soy viejo socio del “Club Bordillo” y practico, ahora, el tenis después de ser un afiebrado jugador de bola e’ trapo.

Si uno organiza bien el tiempo tiene espacios para laborar, divertirse, leer e incluso escribir si posee la disposición y ganas para hacerlo. Cierto es, para aferrarse a la pluma no basta con tener las ganas. Es imprescindible cultivar el amor a los libros y en la magia de sus páginas adquirir herramientas para enfrentarse al desafío de embadurnar una hoja en blanco, ávida de bellas palabras que engendren prosa y poesía.

 “Nada aprende mejor el hombre que lo que aprende por sí mismo, lo que le exige un esfuerzo personal de búsqueda y de asimilación; y si los maestros sirven de guía y orientación, las fuentes perennes del conocimiento están en los libros”[ii].

De lo que se trata es de arriesgarse a escribir, de complacerse en lo “Bonito que es escribir” como muy bien lo subraya mi dilecto amigo, el abogado, filósofo y periodista Gaspar Hernández Caamaño en su habitual columna periodística en Soloproposiciones.com “Es bonito escribir porque reúne dos alegrías: Hablar solo y hablarle a la multitud”[iii]

¿Cómo escribo? En mi caso personal me considero un aficionado en el arte de escribir, no tengo ínfulas de un escritor de oficio.  En este sentido digamos que, casi siempre, es bastante temprano, cuatro o cinco de la mañana, cuando en la cabeza revolotean pensamientos, en lo que algunos llaman inspiración, que llevan a levantarme, buscar papel de reciclaje, un bolígrafo y ponerme a garrapatear, a mano, el primer borrador de lo que pasa por mi mente. Es el arranque de lo que con más argumentos va surgiendo después apoyado en la correspondiente indagación bibliográfica sobre el tema en desarrollo que, luego, paso al computador para perfeccionar. Es ejercicio, para mí, reconfortante, grato, que engendra, finalizado, un gran contento y más aún si recibo el piropo de alguno de mis lectores que me dice: “Teo, escribes bonito, leí tu artículo”.

La nomofobia se desarrolla igual que cualquier adicción a las drogas. Es un trastorno siquiátrico que puede generar malestares en articulaciones, ojos, huesos y oídos; insomnio, depresión y ansiedad. Alejamiento de las personas, amigos, familiares, compañeros detrabajo y hasta de la pareja emocional.

La alegría de leer. Lo que deseo recalcar en estos apuntes es la escasa, escasísima, audiencia que tiene la “alegría de leer” y de escribir en las preferencias del público.

Alegría de Leer se llamaba el texto, autoría del abogado de Cartago – Valle Evangelista Quintana, en que los escolares de mi generación adquirimos el hábito de la lectura y escritura que la inmediatez de esta era cibernética ha relegado al cuarto del olvido. Era un libro hermoso que arrancaba con la Alegría de leer No 1 en primero hasta llegar a la Alegría de leer No 4, en cuarto elemental, después de haber pasado por los números dos y tres. “Ya el niño sabe leer y escribir bien”, exclamaban orgullosos los padres, al completar el ciclo de los cuatro textos.

Los libros. Es de románticos, en los tiempos presentes, tomar un libro entre las manos y escudriñarlo, de pasta a pasta, no solo por vocación literaria sino, también, como recurso invaluable para adquirir conocimientos, para deleitarse asimilando la sabiduría que brota de los grandes y buenos escritores que han iluminado con su pensamiento la historia de la humanidad.

 Los románticos, lamentablemente, somos especie en vías de extinción.

Parece mentira, pero los libros ocupan lugar secundario en personas que uno imagina amantes de las artes y de la cultura en general. Que, a lo mejor, ostentan una esplendida biblioteca, solo de adorno, en la colorida sala de su casa.

Copia y pega. Lo pragmático, en la actualidad, es recurrir sin rodeos al internet con la cómoda excusa de que el Dr. Google tiene todas las respuestas a las inquietudes por resolver. Perdido el hábito y rigor de la lectura como recurso didáctico “Copia y pega” es fórmula mágica, fácil, empleada por muchísimos estudiantes para resolver tareas en colegios y escuelas; tesis o trabajos de investigación en el ámbito universitario, ante la carencia de imaginación y creación. De esta forma el plagio cunde campante hasta en funcionarios de las más encumbradas esferas del Estado.

La escasez de lectores tiene implicaciones negativas en el comportamiento de la gente, manifiesta en la agresividad que impera en el entorno social.  Es a través de las páginas prodigiosas de un libro en donde absorbemos los vocablos imprescindibles para expresarnos correctamente tanto en forma oral como escrita.  En sus enseñanzas, además, encontramos rica fuente de virtudes y valores que han de marcar, sin duda, el buen sentido de nuestras vidas. El camino conveniente que nos aleja de la ignorancia y de la soberbia de los que se creen, prepotentes, sabelotodo.

A menor lectura menos cultura. Y la falta de cultura es terreno abonado para la indecencia. Inculto e indecente es el prototipo que alcanzamos a observar se impone en las distintas esferas de la sociedad. Lo más doloroso de este fenómeno es su enorme auge en individuos que por su alto nivel académico debieran ser ejemplo para los no ilustrados, para los que no han tenido oportunidad de pisar los claustros de una escuela o de una universidad. Máximos exponentes de este prototipo encontramos en “profesionales” de los medios de comunicación, especialmente en la radio, y en los políticos. En muchas radiodifusoras la palabra culta, el lenguaje recatado se ha tornado en una perorata obscena, con morboso doble sentido que ofende al idioma y promueve la vulgaridad en los radioescuchas. Pareciera que ser vulgar y mal hablado es sinónimo de ser moderno, de “estar en la onda”.

Obvio, en la calle y en cualquier lugar, entre el común de la gente, hay que andar prevenido ante la presencia de un guache, nunca ha de faltar, perfumado y bien vestido que grosero e irrespetuoso agrede con verborrea soez y altanera a cuantos encuentra a su paso.

En otrora me producía enorme placer intelectual, escuchar las sesiones del congreso por la riqueza erudita que caracterizaba a aquellos ilustres parlamentarios. Señalaría, entre otros, por su vibrante oratoria y brillante inteligencia a Alfonso López Michelsen, Álvaro Gómez Hurtado, Luis Carlos Galán y Roberto Gerleín. Hoy en día da grima asomarse al televisor y encontrarse con un grotesco debate en el parlamento de la república.

CONCLUSIÓN

Leo y escribo porque me fascina, divierto y proporciona inmenso gozo espiritual e intelectual. Mantengo el ánimo expectante, pasión encendida por el estudio y mis pensamientos y, sobre todo, los sentimientos entrego generoso a cuantos me estiman, quieren y estimulan con su amable atención. Escribo para mí y para ellos, para mis amigos. No me afana ningún honor y menos la gloria.

Trazo borradores a mano para no perder la vieja costumbre, por la catártica “alegría de leer” y sobre todo de escribir, tal cual aprendí en los imborrables años de mi infancia llevado de la mano de mi madre y dela seño Eusebia Laguna, mi primera maestra

Invitación respetuosa hago en esta fecha en que conmemoramos el “Dia del Idioma” a desprendernos, un tantico, del computador y el celular, buscar papel y lápiz y, por lo menos, escribir sentidas cartas a nuestros seres queridos, cartas de amor manuscritas en pliegos olorosos a rosa y heliotropo que expresen, sin medida, lo que brota de lo más hondo de nuestro corazón.

Así comencé yo redactando papelitos furtivos a la novia y hoy, entusiasmado, puedo brindarles el gusto de saborear esta crónica en que me atrevo a comunicar lo que yo soy y lo que siento, como “Un acto de amor”.

¡Feliz día del idioma!

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1 COMMENT

  1. Muy cierto. Su. análisis sobre la adiccion de los tiempos modernos. Así como. El placer. De poder escribir y transcribir lo que uno siente y. hasta. más

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