jueves, julio 16, 2026
Home Opinión Wencel Antonio Valega Ruiz  ¿Quién soy? Después del trabajo

 ¿Quién soy? Después del trabajo

“De todas esas formas, ¿quién soy?

Las Olas. Virginia Wolf.

Hubo un tiempo en que no se hacía esta pregunta. Cada mañana tenía su propósito, cada tarde una tarea, cada noche un cansancio que lo justificaba todo. El tiempo no le pertenecía y, sin embargo, intentaba darle un sentido. Trabajó años con la convicción —tal vez heredada, tal vez impuesta— de que en el trabajo residían la dignidad, el deber, la identidad. Ahora los días llegan sin urgencia. Ya no hay campanas que marquen el inicio de clase, ni voces juveniles que reclamen su atención. Solo el silencio. Y el balcón. Y la brisa.

Es entonces cuando la pregunta comienza a tomar forma. Primero como un murmullo, luego como un eco que no se va: ¿Quién soy?, después del trabajo.

Este relato no es una queja ni una celebración. Es el diario sin fechas de un hombre enfrentado a la vastedad del tiempo libre, a la libertad inesperada, al inquietante ocio absoluto. Sentado entre recuerdos y estaciones del año, entre caminatas interiores y árboles en flor, busca resignificar sus días, no con respuestas definitivas, sino con una nueva forma de estar en el mundo: sin prisa, sin deberes, sin espectáculo.

Lo que viene a continuación es la crónica silenciosa de esa búsqueda: íntima, serena, honesta. Un espejo para quienes intuyen que la vida —cuando deja atrás el agobio de las tareas— aún puede llenarse de sentido. Lo observé de cerca. Fui testigo de sus silencios, de sus preguntas, de sus pasos nuevos. Nunca me pidió contar esta historia, pero muchos otros, que se hacen esta misma pregunta, me lo han pedido en su nombre.

…..

Sentado en el balcón, el hombre contempla, además del paisaje natural de árboles, pájaros y ardillas zigzagueando entre troncos y ramas, burlándose de los depredadores, las evocaciones de la memoria que le llegan a ratos como un golpe de nostalgia. Es junio, con sus mañanas frescas y la suave brisa viniendo del río. Como en la novela La Tregua, se pregunta: ¿Qué haré con tanto ocio?[1] Toda una vida apegada al trabajo; mañanas, tardes, noches, usufructuándole el tiempo de familia. Piensa, “el trabajo se llevó buena parte de mi vida”.

Y es en esa conciencia del tiempo perdido donde resurgen imágenes de otro tiempo, de una vitalidad lejana, pero que no se olvidada. La memoria le devuelve los años juveniles, llenos de vigor, de proyectos para la familia que crecía. Era el mismo entusiasmo de no arredrarse ante el trabajo a cualquier hora; y si alguna vez lo sorprendía el cansancio, la sonrisa de los hijos y el ánimo de su mujer, disipaban todo síntoma de fatiga. Sonríe.

Ahora, en contraste con ese pasado bullicioso, el presente se le ofrece como una pausa, un espacio en blanco donde hace balances. Balances de los saldos de vitalidad y cuánto le queda para seguir adelante. Se pregunta si el trabajo lo hizo feliz, si valió la pena tanto esfuerzo. Siempre meditando en el balcón cada mañana.

Las preguntas lo remiten no solo a su experiencia, sino a pensamientos más universales. Se acuerda de las lecturas de Séneca[2] y parafrasea en sus pensamientos. De aquí en adelante, mi vida será solo de instantes y presentes, nada de futuro, ¿para qué?, se interroga. Responde a los saludos de los vecinos de manera automática, sin que le impidan el disfrute matinal, ni la interrupción de sus cavilaciones.

La brisa matinal lo ancla al presente. No hay afán, no hay ruido. Solo él, sus pensamientos, y una inquietud persistente. ¡Qué delicia esta brisa!, habla consigo mismo, entrecerrando los ojos se pregunta: ¿cómo enfrentaré los días venideros cuando mi vida sea solo tiempo libre total, sin tiempos parciales, ni obligaciones, un tiempo a mi entera disposición, de eso no hablan los franceses, me refiero a Robert Boullon[3], en su libro?

El pensamiento del ocio absoluto, antes deseado, ahora se le presenta como un terreno desconocido, incluso desafiante, angustioso e incierto. Sin embargo, – se dice – intentaré recuperar la libertad que me quitó el trabajo, aunque sienta un poco de miedo, quizás en eso tenga razón Eric Fromm en El Miedo a la Libertad[4]. Un miedo confuso, palpable en el cuerpo, también percibido por los demás.

Ante el inminente retiro, los amigos cercanos se impresionan con lo que dice de sí mismo, acaso esta fue la vida que quise y los sueños que deseé; quizás los sueños se cumplieron solo con el trabajo magisterial, pero, ¿acaso fue suficiente? ¿La vida sólo es trabajo? ¿Cuánto tiempo me usufructuó el trabajo y qué saldos me dejó para la familia? ¿De qué momentos me perdí? Como buscando una respuesta, una lectura del pasado aparece en sus recuerdos.

Recuerdo una lectura dominical del periódico diario El Espectador, hace años, en que William Faulkner, viendo la majestuosa ciudad de Manhattan, reflexiona sobre cuántas muertes costó ese progreso y terminaba diciendo que el trabajo, al final, solo traía enfermedades y muerte. No es una queja amarga la que lo envuelve, sino una aceptación serena del curso que ha tomado su vida. Hablaba sin rencor, sin estar molesto, con la serena lucidez que anticipa el ocio creativo y el descanso, sin lamentarse, ni mirar atrás, con la firme convicción de vivir el presente y renunciar a los recuerdos y búsqueda del tiempo perdido, como Proust[5]. De aquí en adelante su vida estaría anclada en una sumatoria de presentes.

Este relato no es una queja ni una celebración. Es el diario sin fechas de un hombre enfrentado a la vastedad del tiempo libre, a la libertad inesperada, al inquietante ocio absoluto. Sentado entre recuerdos y estaciones del año, entre caminatas interiores y árboles en flor, busca resignificar sus días, no con respuestas definitivas, sino con una nueva forma de estar en el mundo: sin prisa, sin deberes, sin espectáculo.

Al mirarse en el espejo, ese pensamiento toma forma concreta, visible. Sus ojos le devuelven el paso del tiempo, sus imperceptibles recaídas. Las cicatrices flácidas de la vejez, la mirada de tenues brillos luchando insistente contra la tristeza, el cabello gris tornándose blanco con los días, el leve temblor de los labios, una expresión que interroga sin saber si es asombro o melancolía, un vacío que no se llena, un estado de quietud y la soledad de los días venideros.

El espejo, como un segundo balcón, le devuelve no el mundo exterior, sino el interior. Eso recuerda sentado en el balcón, viéndose a diario ante él, devolviéndole su propia mirada, su propia tristeza; un testigo mudo que lo contempla y da testimonio de sus miedos, siendo el único sincero que le cuenta la verdad con su silencio reflejada en el alter ego de la imagen, como una sombra que lo inquieta y lo sigue a todas partes, aunque deje de verlo.

Y, aun así, en medio de esa introspección, hay una complicidad con su cuerpo, una tregua silenciosa. Observa su cuerpo en los recovecos de la memoria, acompañándolo a lo largo de su historia en una fuga constante y él fugándose en un gesto de complicidad.

Y entonces llega la pregunta inevitable, la que repiten amigos, familiares, incluso su propia conciencia. Ahora que te llegue el retiro, ¿Qué harás con tanto ocio?, le preguntan. Su respuesta no es inmediata ni convencional. Es una declaración de principios.

Llenarlo de aburrimiento y ejercer la libertad de aburrirme o no, alejándome del entretenimiento publicitado. Reivindicaré el placer de hacer nada y vivir a ratos el recuerdo de un verso de Whitman[6], en estado de inacción. Me alejaré del ocio consumista y tomaré decisiones propias, seré dueño de mi esparcimiento, sin payasos que animen mi alegría.

Recurre a la caminata, convirtiéndola en un ritual, en una forma de meditación. Haré largas caminatas y observaré las riquezas del verano, el otoño, el invierno y la primavera, evocando las lecturas de Thoreau. No serán caminatas dedicadas a la salud del cuerpo, pero si trayectos dedicados al espíritu. La naturaleza, como espejo generoso, le ofrece un diálogo sin prisa. Y en ese peregrinar veraniego, me preguntará, recordándome una frase de Thoreau: “¿Eres virtuoso? Entonces puedes contemplarme”[7], porque la caminata no se enfocará en los latidos del corazón, pero sí en los del espíritu, al contemplar bellezas, fragancias, música, dulzura y alegrías del verano, solo observadas por virtuosos.

Los recuerdos del pasado se enlazan con el presente que se imagina: el otoño vivido, sentido, respirado. Todavía siento en la extensa memoria del cuerpo, el otoño de octubre, caminando en el bosque, alrededor de un lago, en las afueras de Baltimore: con la vista en alto, observo la belleza otoñal de los olmos, “grandes masas de un amarillo amarronado, recién salidas tibias del horno de septiembre, cuelgan por sobre la carretera”[8].

Y aunque el invierno es duro, ofrece un tipo de belleza, más contenida pero igualmente viva. Él no impide caminar, el frío y la nieve proponen caminos diferentes: su blancura y su frío incisivo es un puñal que busca donde clavarse. Pero frío y nieve no son obstáculos para el poeta el goce de un estado de ánimo mesurado: “… aun en invierno mantenemos una alegría moderada y una vida interior serena, no nos falta calidez y melodía”[9].

Y finalmente, la promesa: la primavera, que siempre vuelve, como si fuera la primera vez, avanzando con lentitud, esperada por los habitantes del bosque y los caminantes, con sus colores y su alegría: “Tenemos un encuentro acordado con la primavera. Ella viene a la ventana a despertarme, y yo salgo una o dos horas antes de lo habitual…me despierta con suavidad, como se despierta a un niño pequeño”[10], evoca el poeta en esta nueva estación.

Sin buscar aplausos ni productividad, su andar solitario es una forma de vivir el mundo. De recordar lecturas realizadas caminando las estaciones con sus bellezas particulares, evocando versos y frases que acuden a su memoria. Quienes lo acompañamos, lo recordamos como un animal incierto, aburrido de certezas, inadaptado, imprevisible, gozándose la finitud de la existencia, formándose y deformándose, incansable como un aprendiz. Al final de los largos paseos, viendo nuestra incredulidad, nos dice:  a diferencia del trabajo acumulado de años, ahora siento que no encajo; que estoy extraviado, un poco quizás, inconforme, pero feliz. Lo escuchamos. Nos interroga con una frase – pasaje, usufructuada de Las Olas, de Virginia Wolf: “De todas esas formas, ¿quién soy? Depende mucho de la estancia en que me encuentre”. Una estancia donde resurge a la vida con una nueva forma de ser, dejando atrás al fatigado Homo Faber y explorando el bosque incierto de la existencia como un Homo Ludens extasiado ante la selva mágica descrita por Neruda[11], evocando su infancia y el intento de recuperar el niño perdido que lleva por dentro y que tanta falta le hace.

En el balcón continúan sus evocaciones, sin dejar de preguntarse, ¿quién soy? 

Julio 19. 2025. Wencel Valega Ruiz


[1] BENEDETTI, Mario. La Tregua. Editorial. Alianza Editorial. Barcelona. 2011

[2] SENECA, Lucio Aeneo. La brevedad de la vida. Sin fronteras Grupo Editorial. Colombia. 2024

[3] BOULLON, Robert. Actividades turísticas y recreacionales. Editorial Trillas. 2010

[4] FROMM, Eric. El miedo a la libertad. Paidos. Barcelona. 2008

[5] Proust, Marcel. En busca del tiempo perdido. Alianza Editorial. Barcelona. 2010

[6] WHITMAN, Walt. Hojas de hierba. Espasa libros. Editorial. España. 2019

[7] THOREAU, Henry David. Verano. Artes Gráficas Cofás. Madrid. España. 2022. Pág. 13

[8] THOREAU, Henry David. Otoño. Artes Gráficas Cofás. Madrid. España. 2022. Pág. 59

[9] THOREAU, Henry David. Invierno. Artes Gráficas Cofás. Madrid. España. 2023. Pág. 10

[10] THOREAU, Henry David. Primavera. Artes Gráficas Cofás. Madrid. España. 2023. Pág. 33

[11] NERUDA, Pablo. Confieso que he vivido. El bosque chileno. Seix Barral. Barcelona. 2018

RELATED ARTICLES

Edumas, Interaseo y comunidad recuperan el parque del barrio La María en Soledad

La Alcaldía de Soledad, en articulación con Edumas, Interaseo y la comunidad, lideró una jornada integral de limpieza y mantenimiento que permitió...

Casos de dengue caen un 76 % en Soledad: Secretaría de Salud alerta por temporada crítica de mosquitos

Soledad logró reducir en un 76 % los casos de dengue gracias a las estrategias de prevención lideradas por la Secretaría de...

La transformación de la calle 25B del barrio Ferrocarril mejora la calidad de vida de cientos de familias en Soledad

La calle cuanta con su sistema de redes de acueductos y alcantarillados renovados. Hoy se ha convertido en un...

2 COMMENTS

  1. Interesante interrogante ¿Quién soy? Después del trabajo al que intenta dar respuesta en este articulo, considero que es tema importante a reflexionar sobre todo porque a veces no damos la debida importancia al trabajo que hacemos, también porque podemos caer en el extremo de que el trabajo es lo mas importante de la vida, cuando es una esfera necesaria solamente. El trabajo como sensación de estar ocupado o ser útil a otros, el autor analiza en este articulo como se enfrenta en el mismo, el reto propio del ocio y la desocupación propia de múltiples situaciones como la jubilación o el desempleo.

  2. Qué hacer con tanto ocio? Qué voy hacer con mi vida? Hay tanta gente muerta por quedar en el aire, y desconociendo que hay un vacío creativo. El problema es este, que el trabajo era tristemente el que les daba sentido a sus vida. Dormían pensando en el día siguiente para volar al trabajo. Y ahora en qué pienso o qué hago ahora si nunca me preparé para la nueva vida.
    Se siente un vacío indescifrable y desesperado, hasta que llega la depresión y muere.
    Dónde carajo está la felicidad, se pregunta y el diablo le cuenta al oído: no existe.
    Este texto debería ser discutido largo y tendido por los que están casi listos a jubilarse.

LEAVE A REPLY

Please enter your comment!
Please enter your name here

- Advertisment -

Most Popular

Edumas, Interaseo y comunidad recuperan el parque del barrio La María en Soledad

La Alcaldía de Soledad, en articulación con Edumas, Interaseo y la comunidad, lideró una jornada integral de limpieza y mantenimiento que permitió...

Casos de dengue caen un 76 % en Soledad: Secretaría de Salud alerta por temporada crítica de mosquitos

Soledad logró reducir en un 76 % los casos de dengue gracias a las estrategias de prevención lideradas por la Secretaría de...

La transformación de la calle 25B del barrio Ferrocarril mejora la calidad de vida de cientos de familias en Soledad

La calle cuanta con su sistema de redes de acueductos y alcantarillados renovados. Hoy se ha convertido en un...

Más de 300 niños participaron en FestiPaz, el festival que promueve la paz y la convivencia en Soledad

Más de 300 niños y adolescentes de Soledad disfrutaron de FestiPaz, un festival que combinó arte, deporte, música y recreación para promover...

Recent Comments

PEDRO CONRADO CUDRIZ on Diario para mitigar tu ausencia
Julio Lobelo Fernández on Las casas de mi barrio
Liseth Arciniegas on Las casas de mi barrio
PEDRO CONRADO CUDRIZ on Esa necesidad de respirar un aire nuevo
Ricardo Sandoval on Mi ángel y los sueños de lucía
Wencel Antonio Valega on Un breve sumario sobre lo critico
Ricardo Sandoval on Eterno instante de amor
Ricardo Sandoval on Entre instantes y brevedades
Wencel Antonio Valega on Inteligencia artificial y redes sociales
Luis Padilla Drago on Cavilaciones sobre la muerte
Jorge Alfredo Chiquillo Carrillo on Inteligencia artificial y redes sociales
Luis Vslega on La casa de los viejos
Ricardo Sandoval on El arte de tomar apuntes
Victoria Valega R. on La casa de los viejos
Ricardo Sandoval on Hace un mes… todo quedó ahí
Ricardo Sandoval on El fútbol y su filosofía
Milton Gomez on El fútbol y su filosofía
Eduardo Mejia on El fútbol y su filosofía
PEDRO CONRADO CUDRIZ on El hombre rebelde
Ricardo Sandoval on Serendipia y anestesia
Ricardo Sandoval on Aprendiendo a envejecer
Ricardo Sandoval on El hombre rebelde
Carlos E G. Arana on La memoria de la amistad
PEDRO CONRADO CUDRIZ on El suicidio en la literatura
Karen Escorcia on El suicidio en la literatura
Carlos Alberto Justiz Prieto on El legado espiritual de John Newton
Wence Valega on Homenaje al amor
Nelly Valecillos Gómez on El legado espiritual de John Newton
Carlos Alberto Justiz Prieto on Marrugo entre oleajes y versos del Caribe
PEDRO CONRADO CUDRIZ on Cuentan que Willis
Carlos Alberto Justiz Prieto on Los Llinás: la saga continua
Carlos Alberto Justiz Prieto on La práctica de las virtudes a través del tiempo
Wencel Antonio Valega Ruiz on El Burnout un Síndrome que afecta al docente
Santiago Cervantes on Inobasol, testigo mudo de Soledad
Birleidys de la hoz on Inobasol, testigo mudo de Soledad
Nohelia Figueroa on Inobasol, testigo mudo de Soledad
Yaser De la Hoz on Exilios y regresos
María Fernanda Gamero Moreno on Inobasol, reconocimiento y gratitud
Hernando Jose Hernandez Leal on El Burnout un Síndrome que afecta al docente
Carlos Justiz Prieto on Lecciones educativas del pasado
Donaldo Rada Martínez on Inobasol, testigo mudo de Soledad
Donaldo Rada Martínez on Inobasol, testigo mudo de Soledad
PEDRO CONRADO CUDRIZ on Sobre la lectura y la escritura
Martha Cabana Jamette on Los Llinás: la saga continua
Jorge Enrique Barrios Peña on Lecciones educativas del pasado
Wencel Antonio Valega on Lecciones educativas del pasado
PEDRO CONRADO CUDRIZ on Inobasol, reconocimiento y gratitud
PEDRO CONRADO CUDRIZ on Sobre el hablar y escuchar
PEDRO CONRADO CUDRIZ on  ¿Quién soy? Después del trabajo
PEDRO CONRADO CUDRIZ on El arte de ver las cosas
Emperatriz on Travesía de la lectura
PEDRO CONRADO CUDRIZ on El castigo de Falcao
Wencel Antonio Valega Ruiz on El castigo de Falcao
Pedro Conrado Cúdriz on Travesía de la lectura
Wencel Antonio Valega Ruiz on Entre la verdad y la posverdad
Wencel Antonio Valega on Todos tenemos nuestro sambenito
PEDRO CONRADO CUDRIZ on Una semblanza de papá
Wencel Antonio Valega Ruiz on Procusto: la envidia que limita
Boris Enrique De la Hoz cárcamo on Procusto: la envidia que limita
Wencel Antonio Valega on Ha partido el último moralista
PEDRO CONRADO CUDRIZ on Caminantes
mario Escorcia García on Ha partido el último moralista
Carlos Alberto Justiz Prieto on Hacia una educación con calidad
Wencel Antonio Valega on Hacia una educación con calidad
Jorge Alfredo Chiquillo Carrillo on Hacia una educación con calidad
Monica Coronado on En el día del maestro
jose luis valega navarro on Evocando a mamá
PEDRO CONRADO CUDRIZ on ¿Para qué nos reunimos?
Alexander de Jesús Vega Lugo on La educación y su crisis
wencel antonio valega ruiz on La educación y su crisis
Janeth Saker Garcia on La educación y su crisis
Jorge Enrique Barrios Peña on La educación y su crisis
Roque Vizcaino Barros on ¿Por qué siempre hablamos de libros?
Pedro E Conrado Cúdriz on ¿Por qué siempre hablamos de libros?
Jorge Isaac Consuegra Palma on El complejo oficio de ser maestro
wencel antonio valega ruiz on El hombre un ser con capacidad de paz
Álvaro Pérez Cardozo on La ética de la razón cordial
Wencel Antonio Valega on La ética de la razón cordial
Pedro Conrado Cúdriz on Fotografía
Janeth Saker Garcia on Justicia: hacemos lo que debemos
Wencel Antonio Valega on Modernidad y democracia
Mercedes sandoval on Justicia: hacemos lo que debemos
Rodolfo Hernández Pulgar on Perspectivas sobre el amor
Luis Escobar Camargo on Perspectivas sobre el amor
Larrys Fontalvo Rodríguez on Apuntes de Educación Física I
Pedro Conrado Cúdriz on Apuntes de Educación Física I
Emperatriz Salazar on El negro Hooker 
Wencel Antonio Valega on Coeficiente
Wencel Antonio Valega on Coeficiente
Alejandro Solano Gutiérrez de Piñeres on Coeficiente
Pedro Conrado Cúdriz on Coeficiente
wencel antonio valega ruiz on Vicisitudes de un maestro de escuela
Manuel Pianeta on Tristeza de Carnaval
Pedro Conrado on Tristeza de Carnaval
MANUEL PIANETA CALVO on Inobasol, testigo mudo de Soledad
Rafael De Jesus Torres Huertas on Inobasol, testigo mudo de Soledad
JOSE MACHADO YEPES on Inobasol, testigo mudo de Soledad
Sagrario Vargas, on Clínica bautista. Añoranzas
Carlos Alberto Justiz Prieto on Pedagogía para la paz
Nairo José Cavieles Rojas, Ph.D. on Pedagogía para la paz
Pedro Conrado Cúdriz on Agonía en el parque
Xiomara Escobar on Pedagogía para la paz
Jatzen Ricardo Guzmán Cusis on Pedagogía para la paz
Buenaventura Russeau on Pedagogía para la paz
Pedro Conrado Cúdriz on Poemas De Invierno
PEDRO CONRADO CUDRIZ on WhatsApeando
PEDRO CONRADO CUDRIZ on Sofía quiere ser
PEDRO CONRADO CUDRIZ on El hombre del semáforo
Mabel Luz Fuentes Pantoja on Zaqui, siempre titular
Carlos E G. Arana on Halloween con Edgar Allan Poe
Yaneth Caña on Maestras de infancia
wencel antonio valega ruiz on Maestras de infancia
Mabel Luz Fuentes Pantoja on Maestras de infancia
César Augusto Lamadrid Martínez. on Fermín Zurbarán. Un grande de la cirugía 
PEDRO E CONRADO CUDRIZ on Sin rencores
Duperlis Salcedo on Andar en malos pasos
Wencel Valega on La empatía en la literatura
PEDRO E CONRADO CUDRIZ on La empatía en la literatura
Ademir on Sobre la amistad
Douglas Maza G. on ¿Qué hay de la biblioteca?
Duperlis Salcedo on Sobre la amistad
jose luis valega navarro on Zacarías en prosa y poesía
Pedro Conrado Cudriz on Diario de viaje
Mabel Luz Fuentes Pantoja on Retratos
Raul "cuco" on Retratos
Nicolás Javier Corena Guerra on Inobasol, sagrado manantial
Mauricio Díaz on Inobasol, sagrado manantial
Alirys Jaraba Gutiérrez on Inobasol, sagrado manantial
Edwin José Sandoval Africano on Inobasol, sagrado manantial
Edwin José Sandoval Africano on Inobasol, sagrado manantial
PEDRO E CONRADO CUDRIZ on La ingenuidad de la nostalgia
Duperlis Salcedo on El vendedor de camisetas
Luis Valega on Homenaje a papá 
Luis Caicedo on Homenaje a papá 
Duperlis Salcedo on Homenaje a papá 
PEDRO E CONRADO CUDRIZ on Homenaje a papá 
Alirys Jaraba Gutiérrez on Adiós al Boni Martínez
PEDRO E CONRADO CUDRIZ on Salvavidas
PEDRO E CONRADO CUDRIZ on Naty
Duperlis Salcedo on Nostalgia de ciudad
Libardo Rafael De Oro on Nostalgia de ciudad
Pedro Conrado Cudriz on Juegos de la memoria
Nadin castro mejia on Apuntes de viaje
PEDRO CONRADO CÚDRIZ on Educación perruna
Libardo Rafael De Oro on Educación perruna
Pedro Conrado Cúdriz on Viacrucis de un maestro
Manuel Julián pianeta on Inicio de un periplo
Jose Rodriguez Acosta. on Fútbol de mujeres
Rafael Barceló rodriguez on Fútbol, Respeto y Pasión en Madrid
Manuel Julián pianeta on Gutiérrez
Ismael on Ritual de amor
Jorge Isaac Consuegra Palma on Evocando Maestros
Ismael Arzuza on Diario de un abuelo
Katherine Cepeda on Diario de un abuelo
Victoria Valega R. on Amada Soledad
Manuel Julián pianeta on El amor de Lucas
Hola on Un día normal
Manuel Julián pianeta on Amada Soledad
Maseralix Barcelo oviedo on Amada Soledad
Diana Marcela Camacho pardo on Si tú me olvidas
Martha Valega. on Calle soledeña
Francisco Alfredo Pacheco Amador on La cama y el libro
Wencel Valega on La cama y el libro
Alejandro Solano Gutiérrez de Piñeres on El mandato de la reina
José Manuel Villarreal Gravini on El Pelé que conocí
Josefa miranda castro on El Pelé que conocí
Roque Vizcaino Barros. on ¿Por dónde anda, Marcelino?
Libardo Rafael De Oro on Deporte y política en Colombia
Margarita Matta on El Agua Potable, Un Derecho
José Manuel Villarreal Gravini on Cuestionado Mundial de Fútbol de Qatar
José Manuel Villarreal Gravini on Cuestionado Mundial de Fútbol de Qatar
Javier Reales on La aventura de jubilarse
Santiago Ruiz Buitrago on Sentimiento caribe
javier jiménez on De putas y prostitutas
Mabel Janet Flórez Fernández on El drama de escribir ensayos en la universidad
Mabel Janet Flórez Fernández on El drama de escribir ensayos en la universidad
Laureano Salas Marquez on Sobre partidas y regresos
Einstein on En un lugar de Europa
Ademir Santiago on Casa de la memoria
Alejandro Solano Gutiérrez de Piñeres on Ser hombre
Osvaldo Cáliz Peña on Don de la inconformidad
Martha Isabel Calderón on ¿Recibir amor o darlo? el amor propio
Alejandro Solano Gutiérrez de Piñeres on El hombre
Alexander Ortiz Ocaña on Configuración del cerebro fetal
Aldemar Guerra Castillo on En un lugar de Europa
Nadin castro mejia on En un lugar de Europa
rodolfo cano on Equivalentes suicidas
Heriberto Vargas viloria on Jubiloso ochentón
Nicolàs. Hernández on De la alegría de leer y escribir
Luis Valega on Homenaje a las palabras
Alejandro Solano Gutiérrez de Piñeres on Homenaje a las palabras
Ricardo Sevilla Mercado on Homenaje a las palabras
CARLOS ENRIQUE GONZALEZ ARANA on Homenaje a las palabras
Francisco Arzuza on Ser abuelo en el siglo XXI
Pedro Conrado Cudriz on Ser abuelo en el siglo XXI
Francisco Alfredo Pacheco Amador on Infancia y vejez: ambas deben ser consentidas
Roque Vizcaino Barros. on Viajando en búsqueda de mi identidad
Joel Marchena Cantillo on Cuando la plaza de soledad era una fiesta
Juan Sandoval Alvarino. on Cuando la plaza de soledad era una fiesta
Antonio Campo Peña on Viajando en búsqueda de mi identidad
Rafael Villarreal Noriega on Viajando en búsqueda de mi identidad
Francisco Alfredo Pacheco Amador on Las redes sociales no son periodismo
Milagro on Ídolos de barro
Margarita Rosa Matta Gómez on ¿Tiene Usted fiebre?
Francisco Alfredo Pacheco Amador on Silencios y soledades nutren de amor el vivir bien
Octavio Augusto De La Hoz Ordóñez on No digas todo lo que sabes
Francisco Alfredo Pacheco Amador on La amistad amorosa
Nairoby Rodríguez on El Turco Farid
Silvia Valencia Martínez on Lecciones de la pandemia
Max R. Peña on Fumar pasó de moda
NELSON MANUEL ORTIZ SANTOS on Propuestas para dar el salto 2: La Mentalidad
Teobaldo Coronado Hurtado on Propuestas para dar el salto 2: La Mentalidad
William Baca Orozco. on Todos tenemos voz
Esther Gonzalez Pabon on Ludopatía: adicción al juego
Francisco Alfredo Pacheco Amador on Democracias y li-be-rt-ad-es
Paul Jesus Marchena Cantillo on Dos rescates, una recompensa
Teobaldo Coronado Hurtado on Las muertes de cada día no tienen madre.
Yunelis Lopez Vargas on Un trabajador de la Salud
Isabel Baca Ruiz on Un trabajador de la Salud
Betty Cantillo de Gill on La Respiración
Marcos Gill on La Respiración
Wencel Valega on La Respiración
Ricardo Iglesias on La Respiración
Isabel Baca Ruiz on La Respiración
Sandra Márquez on NO Hay Picos, Hay Pandemia
Rosario Morales on NO Hay Picos, Hay Pandemia
Roberto González on QUÉ OCURRE EN NUESTRA ALMA MATER?
Esther Sofía Pereira Lopez on QUÉ OCURRE EN NUESTRA ALMA MATER?
Marta Donado Villarreal on Un Dolor De Cabeza
Armando Puello on Un Dolor De Cabeza
Jaime Rosales on Un Dolor De Cabeza
Silvia fabregas on Un Dolor De Cabeza
Alvaro Fabregas on Un Dolor De Cabeza
Isabel Baca Ruiz on Un Dolor De Cabeza
César Augusto Lamadrid Martínez on EL LIBRO DE PAPEL VS EL LIBRO DIGITAL.
Sandra Marquez on Ojo con sus ojos (II Parte)
Esther Sofia Pereira López on DE NIETOS Y ABUELOS
Teobaldo Coronado Hurtado on DE NIETOS Y ABUELOS
Diana Crespo Rodriguez on El propósito de la vida es vivir
Wilfrido Gómez on INSPIRACIÓN
Luis Espinoza Figueroa on INSPIRACIÓN
Erly Charles Paternina Hernández on INSPIRACIÓN
Jaime rosales on INSPIRACIÓN
Rafa nigrinis on El imperio de los sentidos
GREGORIO GREGORY on Dónde están mis juguetes?
Erly Charles Paternina Hernández on El imperio de los sentidos
Yexica Africano Navarto on Dónde están mis juguetes?
Milton Gomez Cardozo on Intimidad vs información (Final)
Milton Gomez Cardozo on Informacion vs intimidad (parte 2 )
Erly Charles Paternina Hernández on El arte del ganador
José Alvarado Nieto on El debut
Erly Charles Paternina Hernández on Fútbol de veteranos
Esther Sofia Pereira López on Periodismo con paredón
Agustin Garizábalo on El debut
Agustin Garizábalo on El debut
Agustin Garizábalo on El debut
Agustin Garizábalo on El debut
Agustin Garizábalo on El debut
salomon David castro aguas on El debut
Laura Barceló on El debut
William on El debut
Rosana Zambrano on El Páncreas y sus enfermedades
Dreynner Barraza Rosales on El Páncreas y sus enfermedades
Álvaro López Martínez on El debut
Álvaro López Martínez on El debut
Estebana Reyes Rangel on El debut
Gloria sofia fabregas Villate on El Páncreas y sus enfermedades
Rafael Enrique Surmay Herrera on El otro discurso, muy personal (3)
Carlos paternina acosta on El otro discurso, muy personal (3)
Agustín Garizabalo on El otro discurso, más personal (2)
Erly Charles Paternina Hernández on El otro discurso, más personal (2)
Fernando A Charris Almarales. on El otro discurso, más personal (2)
Erly Charles Paternina Hernández on El otro discurso, más personal
Rafael Enrique Surmay Herrera on El otro discurso, más personal
Erly Charles Paternina Hernández on El discurso y el método (5)
Erly Charles Paternina Hernández on El discurso y el método (4)
Mauricio javier Bustillo Marmol on El discurso y el método (3)
Jabib vergara delgado on El discurso y el método (4)
RICARDO GARIZABALO on El discurso y el método (4)
Jesús Orozco on El discurso y el método (4)
olmar Calderón Dávila on El discurso y el método (4)
Estebana Reyes Rangel on El discurso y el método (4)
Agustin Garizabalo almarales on El discurso y el método (4)
Leslie E. Smith on El discurso y el método (4)
Amparo urzola on ¿Tiene usted tos?
Jacquelín Isabel Martínez Navarro on Nuestro gran reto
Dra Masi on Nuestro gran reto
Eucaris Laguna on Nuestro gran reto
Yomaira Escorcia Barcelo on Nuestro gran reto
Reinaldo Rodríguez Garcia on El discurso y el método (3)
Isabel Baca Ruiz on Nuestro gran reto
Erly Charles Paternina Hernández on El discurso y el método (3)
Pablo Emilio Martinez Aparicio on El discurso y el método (3)
Erly Charles Paternina Hernández on El discurso y el método (2)
Agustin Garizábalo on Pequeñas infidencias (5)
Agustin Garizábalo on Pequeñas infidencias (5)
Agustin Garizábalo on Pequeñas infidencias (5)
Agustin Garizábalo on Pequeñas infidencias (5)
Alexander Luis Ortiz Ocaña on El éxito y la felicidad, según Jesús,
Erly Charles Paternina Hernández on Por fortuna se equivocan
Dreynner Barraza Rosales on Por fortuna se equivocan
Estebana Reyes Rangel on Por fortuna se equivocan
Rafael Enrique Surmay Herrera on Por fortuna se equivocan
Luis Maza Torregroza on El Laboratorio Clínico
olmar Calderón Dávila on Pequeñas Infidencias (6)
Erly Charles Paternina Hernández on Pequeñas Infidencias (6)
Ricardo Solano Orozco on El Laboratorio Clínico
Gilberto Marenco Better on Pequeñas infidencias (5)
Erly Charles Paternina Hernández on Pequeñas infidencias (5)
Elias Ruiz De La Victoria on Pequeñas infidencias (5)
Jaime rosales on Pequeñas infidencias (5)
Milton Gomez Cardozo on El silencio o el escándalo
Yadira Ruiz on ¿Tiene usted tos?
Sandra MarqueZ on Las Enfermedades Mentales
Alonso Pérez on Pequeñas infidencias (4)
Ivet Vergara on Las Enfermedades Mentales
Estebana Reyes Rangel on Pequeñas infidencias (4)
Erly Charles Paternina Hernández on Pequeñas infidencias (4)
Esther Sofia Pereira López on Soledad, aislamiento y vejez
Alfonso.Rodriguez Cruz on Soledad, aislamiento y vejez
Estebana Reyes Rangel on Pequeñas infidencias (3)
Xiomara Albis on Soledad, aislamiento y vejez
Milton Gomez Cardozo on Soledad, aislamiento y vejez
José Alvarado Nieto on Administrador de pasiones
Orlando Moscote Rojano on ¿Tiene usted tos?
Marcos Gill on ¿Tiene usted tos?
Roberto sarabia Durán on Pequeñas infidencias (2)
Sandra Marquez Sandoval on ¿Tiene usted tos?
Jairo Diz fabregas on Pequeñas infidencias
Adolfo Cotes. on Pequeñas infidencias
jose pachon niño on Pequeñas infidencias
Alexander Luis Ortiz Ocaña on Cómo alcanzar la felicidad infinita
Teobaldo Coronado on ¿Amor familiar o amor materno?
Teobaldo Coronado on ¿Amor familiar o amor materno?
Yomaira De las Salas Baca on Alcalde Pumarejo Decrete Cero Carnaval 2021
DONICEL PACHECO B. on Feliz día papá
Erly Charles Paternina Hernández on La grandeza de las cosas simples
IVIS GONZALEZ on El sistema inmunológico
Mirian Gonzalez on El sistema inmunológico
Ricardo Solano Orozco on El sistema inmunológico
Sandra Márquez Sandoval on El sistema inmunológico
Gladys Flórez Páez on Crítica: Redes vs Medios
Osiris Fabregas Zambrano on El sistema inmunológico
Esther Sofia Pereira López on Crítica: Redes vs Medios
Esther Sofia Pereira López on Crítica: Redes vs Medios
Roberto sarabia Durán on Pedagogía de la compasión
Adolfo Guerrero Sarmiento on Pedagogía de la compasión
Nancy Torres on Pedagogía de la compasión
Meibel Tatis on Los Hijos De Hipócrates
Alfonso De La Hoz O on Los Hijos De Hipócrates
Roberto sarabia Durán on Y si no alcanzas tus sueños…¿qué?
Erly Charles Paternina Hernández on Y si no alcanzas tus sueños…¿qué?
Teobaldo Coronado Hurtado on Periodismo y corrupción
CARLOS E. LLANOS GOENAGA on Competir sin jugar
Alexander Luis Ortiz Ocaña on El rol del maestro en medio de la pandemia
DIDIER ALFONSO LUNA GONZALEZ. on Competir sin jugar
Margarita Dorado Agrda on El rol del maestro en medio de la pandemia
EDUARDO E. ALMARALES MANGA on Competir sin jugar
Álvaro López Martínez on Competir sin jugar
Teobaldo Coronado Hurtado on Un diario sin lectores (Parte 3)
Blacky Arévalo Herrera on Competir sin jugar
Gyna Niebles Barceló on ¡Feliz día, Maestros!
Erly Charles Paternina Hernández on Fútbol Covid
Leoneth guerrero on Fútbol Covid
Carlos Alberto Figueroa Otero on Fútbol Covid
JUAN ANTONIO PABON ARRIETA on Fútbol Covid
Mr. Leslie E. Smith on Fútbol Covid
Alfredo Aurela on Fútbol Covid
Jesús Orozco charris on Fútbol Covid
Alonso Pérez on Cuando los ídolos hablan
MARTA CECILIA RICAURTE GUERRERO on En defensa del “Gran pacto social por Soledad”
Silvestre Maestre Martinez on ¿Y qué pasará con el fútbol local?
FAUSTO PEREZ VILLAREAL on ¿Y qué pasará con el fútbol local?
Yomara Estrada Perez on ¿Y qué pasará con el fútbol local?
Luis Hernando Cepeda Espitia on ¿Y qué pasará con el fútbol local?
Alfonso Silva Navarro on ¿Y qué pasará con el fútbol local?
Pedro Daniel Muñoz Alvis on ¿Y qué pasará con el fútbol local?
Adalberto Herrera Avila on Cuando se les caen las caretas
GUILLERMO LEON ROMERO CARDONA8 el maestro del futbol) on De Caimanes y Boricuas
William Pertuz Pedroza on Cuando se les caen las caretas
William Pertuz Pedroza on Cuando se les caen las caretas
César Agudelo on Una pasión heredada por amor
Andres Ibarguen on De Caimanes y Boricuas
Javier Ferrer Africano on Ecos de la pandemia
Efraindelahoz on Ecos de la pandemia
Carlos Torres Paredes. on Ecos de la pandemia
Sandra Marquez Sandoval on Ecos de la pandemia