De Caimanes y Boricuas

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Agustín Garizábalo.

El pasado 16 de enero falleció en la ciudad de Bogota, el gran Efrain Caiman Sánchez ¿Cuántos homenajes en vida recibió este querido personaje?

Si alguien hubiese salido a caminar por la calle 72 de Barranquilla con el “Caimán” Sánchez, se habría dado cuenta de inmediato que se trataba de un personaje de marca mayor. Con una autoestima envidiable, se sabía reconocido y respetado, e incluso, a los jóvenes –que como es normal no están enterados de nada– él mismo se encargaba de saludarlos, alzando su brazo derecho y gritándoles “¡qui’hubo, campeón!”.

¿Cuántos homenajes en vida recibió Efraín “Caimán” Sánchez? Entre muchas otras distinciones, figuró en Mil protagonistas del siglo XX, libro editado en 1992 por The Sunday Times, en Londres. Y, como es de dominio público, fue subcampeón de la Copa América en 1975, primer logro de importancia de un seleccionado de fútbol en una época en la que los únicos deportistas que habían ganado algo eran ‘Cochise’ Rodríguez y Kid Pámbelé, «el hombre que nos enseñó a ganar a los colombianos», como dijo Juan Gossaín.

En el estadero de música LOS HERMANOS JIMÉNEZ. Foto tomada en Soledad Atlántico.

De otro lado, si alguien hubiese salido a caminar por la calle 30 con José “Boricua” Zárate, un exfutbolista sesentón, maltrecho y con una prótesis reemplazando su pierna izquierda, días antes de su muerte –el 24 de agosto de 2013–, con seguridad se hubiese asombrado de ver la forma en que pasaba desapercibido para los demás. Agotado, con la mirada perdida, el ‘Boricua’, quien adquirió ese sobrenombre por un bar de salsa que quedaba cerca a su casa, treinta años atrás había aparecido profusamente en las páginas deportivas de los diarios mientras ejercía como defensa central de los equipos profesionales Junior, Medellín y Cúcuta.

“Boricua” Zárate y “Caimán” Sánchez coinciden en que, barranquilleros y fallecidos ambos, participaron en la mencionada Copa América –nada menos–, el primero como jugador titular –al lado de Miguel Escobar– y el otro como director técnico..

“Caimán” Sánchez era un gran roble milenario que se mantenía imbatible ante la furia de los huracanes tardíos, porque conservaba su vitalidad, su lucidez, su don de señor; al lado de su familia, donde encontró siempre su mayor fuerza y apoyo, envejeció con elegancia. “Boricua” Zarate, pese a su nobleza personal, terminó olvidado y desamparado por todo y por todos, como un niño grande que nunca dejara de usar pantalones cortos. Solo la mano caritativa de su hermana Isabel supo de las penurias por las que tuvo que pasar cuando fue abandonado, quedó desempleado y sufrió la amputación de una pierna.

Acompañando a la Escuela Barranquillera en Bogotá – Torneo Compensar. Foto tomada en Soledad-Atlántico.

Su nombre hizo carrera en contravía por aquella frase que no se cansaban de repetir los periodistas de la época: «No me la deje ahí, ‘Boricua’, no me la deje ahí». Y es que “Boricua” no era precisamente un dechado de virtudes técnicas. Cada tanto escachaba una pelota y esta, dando pequeños botes, quedaba por ahí rodando huérfana en el área, ¡qué peligro! El locutor Pastor Londoño Pasos se inventó entonces aquella descripción lapidaria: «No me la deje ahí…».

Un día, un amigo de confianza del “Caimán” Sánchez le preguntó aterrorizado: «Efra, ¿qué te pasa? ¿Por qué si el “Boricua” es tan limitado técnicamente insistes en darnos esas angustias?» La respuesta de “Caimán” fue tan ingenua como contundente: «Ah, porque él es muy de buenas». Eso mismo les decía a los periodistas en las ruedas de prensa y reforzaba esa aseveración con el siguiente argumento:            « ¿Cuándo ha habido un gol por culpa de “Boricua” Zárate? ¡A ver, díganme! Es cierto que a veces se equivoca y la deja por ahí, pero entonces el arquero viene y tapa el tiro; o pega en el palo o el delantero contrario la tira por encima. En cambio, si pongo a otro defensa central, un solo descuido y no las meten».

Charla en el Instituto de deportes de Soledad compartiendo con el autor de la nota.

Pero una mala noche, disputando el partido de vuelta ante Perú (en el cual con un empate Colombia se convertía en campeón de la Copa América) metieron un centro al área y “Boricua” se quedó petrificado solo viendo pasar el balón («¡No me la deje ahí, ‘Boricua’…!»). La pelota cayó a sus espaldas y apareció Juan Carlos Oblitas, un hábil delantero peruano, quien realizó un ‘taquito’ insospechado, con tan mala suerte que fue a golpear justo en la pierna más torpe del ‘Boricua’ y la desvió hacia la red, anotando un autogol. Colombia perdió después el título continental en un partido extra en Caracas.

Llegar por primera vez a una final fue considerado entonces una hazaña, porque ningún seleccionado colombiano había alcanzado nunca esas instancias. Pero, ¡oh, paradoja!, “Caimán” Sánchez quedará en la historia como el primer técnico local con un logro importante, y el “Boricua” Zárate también será recordado como el gran tipo “de buenas’” cuya suerte cambió precisamente el día en que menos debía.

Agustin Garizábalo
Nacido en Soledad (Atlántico). amplia experiencia en Pedagogía Deportiva, especialidad en el fútbol de formación, manejo de grupo de trabajo e idoneidad en la selección y proyección de talentos deportivos. Hace veinte años es Cazatalentos oficial de la Asociación Deportivo Cali en todo el país. Ha contribuido en el descubrimiento, formación y desarrollo de las carreras futbolísticas de jugadores como Luis Fernando Muriel, Juan Guillermo Cuadrado, Gustavo Cuéllar, Rafael Santos Borré y Freddy Montero, entre otros. Columnista del periódico El Heraldo de Barranquilla, Revista Récord, Revista LA LIGA, Revista del Deportivo Cali Es un analista del fútbol en todos sus aspectos, especialmente en los pedagógicos y sociológicos.

2 COMENTARIOS

  1. Gran escrito del profe Garizabalo, excelente redaccion, se transporta uno a la fecha y el sitio al seguir la lectura, gracias.

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