jueves, julio 16, 2026
Home Opinión Wencel Antonio Valega Ruiz Inobasol, testigo mudo de Soledad

Inobasol, testigo mudo de Soledad

La Institución Educativa de Soledad, Inobasol, es un viejo y solitario edificio que se ha quedado atrapado la nostalgia y los recuerdos. En su interior, rebosa de una vitalidad que ha contagiado a niños y jóvenes a lo largo de los años. Nada ha cambiado en él. Sus seis salones de antaño hoy son once; su fachada se impone al abandono y, en un gesto de dignidad, mantiene su porte orgulloso ante el asombro de quienes desconocen su historia. En su memoria habitan recuerdos de los días de puertas abiertas y los campanazos medievales que anunciaban la hora de entrada, salida, clases y recreos. Tampoco olvida las falsas promesas, las mentiras y las burlas de ciertos gobernantes. Esto último es solo un pensamiento que se guarda sin tantos aspavientos, recordado a veces, incluso perdonado, pero no olvidado.

“Inobasol se sintió aludido por los nombres que adoptó a lo largo de los años. Los estudiantes lo nombraron como Codesol, haciendo alusión a Colegio de Soledad; El Masculino, porque durante años prevaleció el imaginario de ser un espacio solo para hombres, sin mujeres; y El Bachillerato, porque acogía solo a estudiantes de 1º a 6º de bachillerato, hoy 6º a 11º. Nombres que siempre fueron rumores y se asentaron en el colectivo de la comunidad educativa. Pero, hoy día, Inobasol extiende su nombre por la American Bar, un lugar inexistente hoy día, en la sede 18; también su vigor y energía le alcanzan para establecer su territorio en el barrio Salcedo, aledaño a la Cruz de Mayo. La sede La Loma fue un apéndice arrancado de sus entrañas con pretextos y desinformación, cuya pérdida puso a prueba su estoicismo. Consciente de su desgarro sufre la pérdida sin demostrarlo. Pero la vida sigue su curso, y el olvido, en su complicidad, persiste.

A pesar de sus nombres sucesivos, no cambia su actitud de perro viejo y sabio, llámese como se le llame sigue siendo el mismo en cuerpo y alma, a pesar de las componendas y las promesas hechas por alcaldes municipales y vicepresidentes. Inobasol se cansó y se volvió escéptico e incrédulo con el paso de los años.

En Inobasol, es el apocope cariñoso con que lo conocen y llaman, ha sido observador del empuje de la gente, de alegrarse con las campanas anunciando la pascua, la navidad, y de entristecerse con el repiqueteo de las muertes imprevistas. En su memoria, los recuerdos de la calle contemplada y en sus oídos retenidos se encuentran los bang –bang de las películas de vaqueros que nunca pudo ver, pero que contaban y repetían los insomnes espectadores a la salida, sentándose en el piso de su casa hasta que llegaba la madrugada. Pensándolo bien siempre ha sido el testigo mudo que nadie consulta, el rostro severo y grave, lleno de prudencia y secretos. Sumido en su condición anónima pasaba desapercibido. Durante mucho tiempo sintió en carne propia que la esperanza tenía un sentido, sobre todo cuando la Plaza principal estaba sin pavimentar y se convertía en el escenario propicio para los partidos de bola de trapo, a altas horas de la noche.

Dos vidas coexisten en el ámbito de Inobasol. La vida de su alegría interna y acogedora y el regocijo espiritual de los estados de ánimos de los estudiantes; el contagio de su tránsito por las aulas y el esfuerzo y los sueños que se cuentan y circulan, y los que se quedan en el alma, transmitidos por las miradas ensoñadoras. Durante el día, su corazón palpitante se llena de emociones; su mirada observa y escruta. Su fuerza sólida de soldado viejo carga sobre sus hombros el entusiasmo de las carreras por las escaleras y los pasillos de los jóvenes. Las vocecillas alegres y resonantes de los adolescentes le levantan el ánimo cada día, gratificándole la esperanza. Qué emoción compartir la vida alegre de los jóvenes y pasar desapercibido en medio de la indiferencia y el anonimato; de brindarles el refugio de los saberes, escucharles hablar de los fracasos y verles los saltos de alegría cuando les llega la victoria.

Inobasol rememora su Soledad, con más de setenta años de existencia, aquella Soledad ingenua y bucólica, con sus calles destapadas por donde pasaba el ganado traído por el río de la Isla de Cabicas. Considerada una de las instituciones más antigua del departamento del Atlántico, ubicada al lado de la iglesia, San Antonio de Padua, en medio de la prudencia y porte señorial digno, Inobasol es testigo de una Soledad escindida: una antigua Soledad y una nueva Soledad.

Inobasol rememora su Soledad, con más de setenta años de existencia, aquella Soledad ingenua y bucólica, con sus calles destapadas por donde pasaba el ganado traído por el río de la Isla de Cabicas. Considerada una de las instituciones más antigua del departamento del Atlántico, ubicada al lado de la iglesia, San Antonio de Padua, en medio de la prudencia y porte señorial

Una antigua Soledad que recreaba su vida nocturna y de fines de semana en el Teatro Olimpia, donde se proyectaban películas mexicanas y cine vespertino, que comenzaba a las cinco y media de la tarde. Frente al teatro, los vendedores de fritos y guarapo; diagonal al teatro estaban los Billares de Santa Elena. A un lado del teatro, la Biblioteca Municipal Melchor Caro, abierta a niños y jóvenes, hasta las nueve de la noche, en la pacifica Soledad de entonces: De vez en cuando las persecuciones que se rodaban en las películas distraían a los lectores que se sobresaltaban con las retahílas de balas. En el centro de la plaza, estaba la Cámara de Comercio de Soledad. El templo religioso era una estación de paso para pecadores y arrepentidos. Las campanas anunciaban la misa, la fiesta y el lúgubre sonido que avisaba en el pueblo los entierros con su romería, siendo un distractor para los estudiantes en sus clases, tanto en la tarde como en la mañana.

Nunca vio Inobasol la Caseta, Rey Soy, que se encontraba cerca, abierta solo en los días de carnavales, pero desde su espacio propio escuchaba la música carnavalera. Jamás vio el parque con sus dos viejos cañones de independencia y la estatua del Libertador, en su caballo, con espada en mano. Tampoco percibió el Palacio municipal, conocido como La Alcaldía, en la que se encontraba el cuartel general de policía, las oficinas judiciales y, en el patio, los calabozos con los presos de delitos menores y forasteros de dudosa reputación. De oídas solo escuchó hablar del Mercado Público Municipal, limpio y agradable, frente al río o el “Caño” con sus aguas raudas fluyendo hacia el Magdalena.

Todo es distinto en la nueva Soledad, pero yo sigo aquí, parece afirmar Inobasol, que permanece firme con su edificación envejecida y su reducido patio, donde los estudiantes se amontonan durante los recreos. Impávido quedó Inobasol al ver arrasados por una arquitectura violenta y desoladora a la Cámara de Comercio, los Billares de Santa Elena. Del teatro quedó el recuerdo de su fachada, la biblioteca cerró las puertas al público, al conocimiento y la cultura. La zona residencial se deshizo y las casas residenciales se vendieron o fueron cedidas en alquiler a Empresas de Salud, farmacias, almacenes y campañas de los partidos políticos en épocas electorales, quedando Inobasol convertido en centro de votación; sus propietarios se marcharon, sin un adiós. Más allá del centro del pueblo, en la periferia, el pueblo raso se debate en el miedo y la violencia, la inseguridad y el caos. El mercado se convirtió en un lugar inseguro y mal cuidado, mientras el río languidece azotado por la sequía y fuertes veranos, esperando la catástrofe de un planeta que agoniza a causa de la razón humana en su intento de sometimiento a la naturaleza. El pequeño parque dejó de ser un estorbo y fue demolido junto con la estatua legendaria del Libertador; el departamento construyó en su lugar un parque inmenso – criticado, por cierto, – que no invita a disfrutarlo en el día, y en las mañanas amanece convertido en un cagadero de perros callejeros. El Palacio Municipal es ahora el Museo Bolivariano. La depredación de la memoria y la pérdida de una identidad cultural quedaron subyugadas a los intereses de la clase política. Cómo un ícono severo, la iglesia padece en sus paredes la piel desgarrada de sus paredes mal restauradas. En la nueva Soledad, el viejo centro desapareció y aparecieron otros, a causa de la explosión demográfica y el crecimiento urbanístico.

Por otra parte, la antigua American Bar, estación de partidas y llegadas hacia los pueblos del Atlántico y destino final de los visitantes de Soledad, de la cual Inobasol supo de oídas anécdotas de billaristas y cuentos de amoríos secretos y amargas despedidas, pero que nunca conoció. Estación de paso, esparcimiento de los parroquianos; única distracción de los jugadores de billar, bebedores de cerveza y los espectadores ociosos, en los tiempos sin televisión, desapareció, y su esquina la tomó el comercio surtido con una variedad de almacenes y misceláneas.

Como viejo sabio, Inobasol sabe que los tiempos cambiaron y se resigna a la soledad de las noches inseguras y solitarias. Es consciente del exilio de los jóvenes que se fueron y nunca volvieron; atento escucha las historias sobre victorias y fracasos de los ausentes que un día estuvieron en sus claustros; del ejercicio de la ciudadanía de la gran mayoría y el atrevimiento de otros que optaron por la odisea de una vida desafiante. De aquellos que olvidaron las lágrimas derramadas en su seno, las promesas, los juramentos y los pactos enterrados en el piso del patio durante los efímeros recreos. Sabe de múltiples relatos guardados como un bello recuerdo en la nostálgica memoria. Está convencido que el destino de los hijos es volar alto a costa de abandonar a los padres. No importa que no regresen, pero que no nieguen su origen y se arredren ante la adversidad.

“Inobasol con sus ropas raídas por el sol, la lluvia y el viento, conserva en tiempo presente la paciencia de la quietud, en esta ciudad de vecinos que se fueron, perdiendo la noche su brillo y alegría en este siglo XXI que apenas avanza. Su cuerpo envejecido hecho de carácter, de duro pedernal, espera a los que llegan y se alegra con los que parten. Es un viejo solitario y amable que cuida el puerto real, viviendo los días, escéptico ante las alharacas de los populistas y mentirosos. Está orgulloso de lo logrado en estos tiempos de incertidumbre, y desde su sabia dignidad, observando el vuelo de los que parten, es como si, en su sabiduría, nos recordara las palabras de Nietzsche: “Cuanto más nos elevamos, más pequeños parecemos a las miradas de los que no saben volar”. Sonríe y lo comprendo, después de vivir casi cincuenta años en sus entrañas, a su lado.

RELATED ARTICLES

Edumas, Interaseo y comunidad recuperan el parque del barrio La María en Soledad

La Alcaldía de Soledad, en articulación con Edumas, Interaseo y la comunidad, lideró una jornada integral de limpieza y mantenimiento que permitió...

Casos de dengue caen un 76 % en Soledad: Secretaría de Salud alerta por temporada crítica de mosquitos

Soledad logró reducir en un 76 % los casos de dengue gracias a las estrategias de prevención lideradas por la Secretaría de...

La transformación de la calle 25B del barrio Ferrocarril mejora la calidad de vida de cientos de familias en Soledad

La calle cuanta con su sistema de redes de acueductos y alcantarillados renovados. Hoy se ha convertido en un...

30 COMMENTS

  1. Excelente descripción de lo valioso que es INOBASOL sagrado manantial de Soledad.

    Me encantaron 2 pequeños fragmentos pues considero que son el gancho que me mantiene entusiasmada día a día para seguir siendo parte de tan bella Institución :

    “Su alegría interna y acogedora y el regocijo espiritual de los estados de ánimos de estudiantes, los sueños que se cuentan y los que se ven en sus miradas ensoñadoras”

    “Durante el día, su corazón palpitante se llena de emociones”

    Felicitaciones profesor Wensel.

  2. Excelente articulo profe Wencel, soy orgullosamente CODESOLISTA, promoción 1988. Hoy, toca recordar a esos grandes formadores, como lucho Fábregas, el eterno Prefecto, Álvaro Fábregas, Octavio Bonet, Nidia Higgins, Donildo Villa, Tedy Maldonado, Vilma Cueto De la Rosa, Daniel Almendrales Casado, Manotas, Ingrid Daut, Rosalba Galán, la seño Angelica, Wencel Valega, la seño Elpidia y la inolvidable Luisa Ruiz. Fueron los mejores años de mi vida, con mis compañeros de clase, Jorge Vélez, Ángel Solano, Gerardo Chaparro, German Quintero, Jorge Pulido, Eliecer Suarez, Nicolás Barrios, entre otros que se me escapan.

  3. En Inobasol, es el apocope cariñoso con que lo conocen y llaman, ha sido observador del empuje de la gente, de alegrarse con las campanas anunciando la pascua, la navidad, y de entristecerse con el repiqueteo de las muertes imprevistas. Inobasol tiene mucha historia y lindos recuerdos en el corazón de todos aquellos que hemos estado ahí. Hay un amor inexplicable de su comunidad educativa hacía él, algunos dicen que por ser pequeño, otros que por su antigüedad y otros dicen que porque es un colegio con mucha historia por contar. Definitivamente Inobasol es un sagrado manantial. Que siempre brille en él la luz, el amor y la bendición para formar seres humanos íntegros, que salgan a ser ejemplo en la sociedad. Mil gracias por tú aporte, maestro Wencel. Bendiciones

    • *Inobasol, mi segundo hogar*

      Me encanta mi colegio, Inobasol. Es como un segundo hogar para mí y mis amigos. Me gusta cómo se siente cuando entro por las puertas y escucho el ruido de los estudiantes charlando y riendo.

      La historia de Inobasol es demasiado cool. Me gusta saber que ha estado aquí por tanto tiempo y que ha visto pasar a tantas generaciones. Me hace sentir que soy parte de algo grande.

      A veces, cuando estoy estresada o triste, me gusta caminar por los pasillos de Inobasol y recordar todos los buenos momentos que he vivido aquí. Me hace sentir mejor y me recuerda que todo va a estar bien.

      Inobasol es más que un colegio, es un lugar donde podemos ser nosotros mismos y hacer amigos para toda la vida. Me siento afortunada de poder estudiar aquí y vivir todas estas experiencias.

    • En Inobasol, es el apocope cariñoso con que lo conocen y llaman, ha sido observador del empuje de la gente, de alegrarse con las campanas anunciando la pascua, la navidad, y de entristecerse con el repiqueteo de las muertes imprevistas. Inobasol tiene mucha historia y lindos recuerdos en el corazón de todos aquellos que hemos estado ahí. Hay un amor inexplicable de su comunidad educativa hacía él, algunos dicen que por ser pequeño, otros que por su antigüedad y otros dicen que porque es un colegio con mucha historia por contar.

  4. Mi.hermano mi admiración hacia ti siempre poeta y soñador de espacios literarios un gran poeta definitivamente mi hermano

    • El texto refleja una mirada nostálgica y crítica sobre la Institución Educativa de Soledad, conocida como Inobasol. Se destaca cómo, a pesar de los cambios de nombre, de sedes y de las dificultades enfrentadas, la institución conserva su esencia, su identidad y su importancia dentro de la comunidad. La narración transmite un tono melancólico, recordando tanto los momentos de grandeza como las pérdidas y promesas incumplidas por parte de los gobernantes. Sin embargo, también resalta la resiliencia del colegio: sigue de pie, orgulloso de su historia y con un espíritu que ha marcado generaciones de estudiantes.

      En conjunto, el comentario deja ver cómo Inobasol es más que un simple edificio: es memoria, tradición, resistencia y símbolo de identidad para Soledad.

    • Me parece un texto muy nostálgico, hablando con toda la realidad de las cosas, sin máscara, el inobasol ah evolucionado con el pasar del tiempo, desde sus instalaciones, uniforme, género entre otras cosas… En fin un texto muy lindo, en el que nos transmite muchos sentimientos, los que hemos estado en la institución desde grado 0 entendemos el gran sentimiento que se siente.

  5. Excelente descripción de inobasol dado al olvido de muchos gobernantes ese espacio reducido en la plaza de soledad .pero lleno de conocimiento para impartir
    Promoción del 1992 Rafael torres

    • Es increíble,es como volver al pasado y recordar todos esos momentos que siempre quedaran en nuestro corazon INOBASOL esta lleno de muchos recuerdos inolvidables.

      • Muy bonita la forma en que se describe a Inobasol un lugar importante para todos nosotros y describe lo que lo bonito que sentimos cada día en el colegio.
        Cada frase nos hace recordar en todo lo que vivimos en los salones y pasillos, en la alegría que compartimos y en los sueños que tenemos como estudiantes.
        Gracias profesor wensel por recordarnos lo valioso que es nuestro colegio.

        • Es increíble una institución educativa con más de setenta años de existencia en Soledad, Atlántico. A lo largo del tiempo, Inobasol ha sido conocido por varios nombres, como Codesol, El Masculino y El Bachillerato, reflejando las percepciones y Realidades con sus propias raídas por el sol, la lluvia y el viento, conserva en tiempo presente la paciencia de la quietud, en esta ciudad de vecinos que se fueron, perdiendo la noche cada frase nos recuerda todo lo que sentimos cada día por la institución

      • Me siento orgullosa y agradecida de pertenecer al Colegio INOBASOL de Soledad, porque aquí no solo aprendo nuevos conocimientos, sino que también crezco como persona al compartir valores, respeto y amistad con mis compañeros y maestros. Este colegio representa para mí un lugar donde puedo soñar con un futuro mejor y sentirme apoyada para alcanzar mis metas.

    • El texto que compartes tiene un fuerte tono nostálgico y reflexivo, en el que se entrelazan la memoria, el paso del tiempo y la transformación social y urbana de Soledad. La figura de Inobasol funciona como un símbolo de la permanencia y la sabiduría del pasado, un personaje-testigo que, pese al desgaste de los años, sigue observando y acogiendo los cambios que lo rodean.

      El tema central parece girar en torno a la inevitable tensión entre memoria y olvido, entre la tradición que se erosiona y la modernidad que impone nuevos espacios, ritmos y valores. La desaparición de lugares como el American Bar refleja esa pérdida de los sitios de encuentro y convivencia comunitaria, sustituidos por comercios impersonales que borran la identidad del pasado.

      Al mismo tiempo, hay una reflexión sobre el destino de los hijos que emigran, de los jóvenes que se marchan en busca de oportunidades, dejando atrás un lugar que ya no tiene el mismo brillo ni vitalidad. La aceptación resignada de Inobasol muestra la sabiduría de reconocer que la vida implica partir, crecer, desafiar lo conocido, aunque duela la ausencia.

      Finalmente, la cita de Nietzsche subraya la importancia de volar alto, a pesar de las críticas o incomprensiones de quienes permanecen en lo bajo. Así, el texto nos invita a pensar en la relación entre el arraigo y el desarraigo, la permanencia y el cambio, la memoria y el olvido, temas universales que atraviesan la experiencia humana frente al paso del tiempo y las transformaciones sociales.

  6. Como exalumno del Profesor Wencel Valega, me siento profundamente honrado de poder reconocer la maestría y el compromiso del autor al reflejar la historia y el legado de la Institución Educativa Inobasol. El relato, que destila una profunda reflexión sobre la memoria colectiva, la transformación social y la resiliencia de la comunidad, no solo honra a la institución, sino también a quienes, como él, se encargan de transmitir valores y conocimientos. La capacidad del Profesor Valega para conectar el pasado y el presente, y dar voz a las historias que residen en los muros de Inobasol, es digna de admiración. Este texto no solo es una evocación de recuerdos, sino un testimonio del impacto perdurable que las enseñanzas y vivencias de la institución dejan en cada uno de nosotros.

    • ¡Me encantó su relato sobre el colegio! Esas anécdotas son fantásticas y me hicieron recordar mis propios tiempos. ¡Gracias por compartir un pedacito de su historia profe!

      • Me pareció un texto bonito que muestra que inobasol no es solo un colegio sino también nuestro segundo hogar, ver qué inobasol ha sido testigo de muy buenos recuerdos y lo bonito que es que sea parte también del mío

    • El texto refleja una mirada nostálgica y crítica sobre la Institución Educativa de Soledad, conocida como Inobasol. Se destaca cómo, a pesar de los cambios de nombre, de sedes y de las dificultades enfrentadas, la institución conserva su esencia, su identidad y su importancia dentro de la comunidad. La narración transmite un tono melancólico, recordando tanto los momentos de grandeza como las pérdidas y promesas incumplidas por parte de los gobernantes. Sin embargo, también resalta la resiliencia del colegio: sigue de pie, orgulloso de su historia y con un espíritu que ha marcado generaciones de estudiantes.

  7. El texto es muy bonito porque muestra cómo Inobasol no es solo un colegio, sino un lugar lleno de recuerdos, sueños y alegrías de los estudiantes, siendo parte importante de la historia de Soledad.

    • Un texto muy educativo y con mucha lógica
      Destaca en el texto, los sueños y aspiraciones de los estudiantes son un reflejo del dinamismo del lugar, mostrando como la educación puede la ser un motor de cambio y esperanza muy lindo texto profe

      • Nuestra institución educativa inobasol es nuestro segundo hogar, es un lugar lleno de recuerdos y sueños bonitos de cada estudiante
        Este relato muestra cómo Inobasol es más que un colegio, es un símbolo de identidad y a pesar de sus desgastes sigue vivo en la memoria de su comunidad, acompañado de su pasado y su presente

    • Inobasol no solo es un colegio es nuestra 2da casa, donde nos enseñan cosas nuevas cada día se refleja la sabiduría , ver el pasado que el inobasol tuvo es muy diferente al de la actualidad empezó siendo un colegio de puro hombres y actualmente está mixto

  8. El texto evoca con tono nostálgico la transformación de Soledad y la pérdida de sus antiguos espacios de encuentro, simbolizados en el American Bar. A través de Inobasol, se refleja la sabiduría del pasado que observa resignado el éxodo de los jóvenes y la llegada de la modernidad. Es una reflexión sobre la memoria, el desarraigo y la necesidad de volar alto sin olvidar el origen.

  9. El pasaje muestra cómo el paso del tiempo borra tradiciones y lugares emblemáticos, mientras la figura de Inobasol representa la memoria viva de una comunidad que se transforma. Más que un lamento, es una invitación a reconocer el valor del origen aun cuando la vida impulse a partir y cambiar.

  10. El texto que compartes tiene un fuerte tono nostálgico y reflexivo, en el que se entrelazan la memoria, el paso del tiempo y la transformación social y urbana de Soledad. La figura de Inobasol funciona como un símbolo de la permanencia y la sabiduría del pasado, un personaje-testigo que, pese al desgaste de los años, sigue observando y acogiendo los cambios que lo rodean.

    El tema central parece girar en torno a la inevitable tensión entre memoria y olvido, entre la tradición que se erosiona y la modernidad que impone nuevos espacios, ritmos y valores. La desaparición de lugares como el American Bar refleja esa pérdida de los sitios de encuentro y convivencia comunitaria, sustituidos por comercios impersonales que borran la identidad del pasado.

    Al mismo tiempo, hay una reflexión sobre el destino de los hijos que emigran, de los jóvenes que se marchan en busca de oportunidades, dejando atrás un lugar que ya no tiene el mismo brillo ni vitalidad. La aceptación resignada de Inobasol muestra la sabiduría de reconocer que la vida implica partir, crecer, desafiar lo conocido, aunque duela la ausencia.

    Finalmente, la cita de Nietzsche subraya la importancia de volar alto, a pesar de las críticas o incomprensiones de quienes permanecen en lo bajo. Así, el texto nos invita a pensar en la relación entre el arraigo y el desarraigo, la permanencia y el cambio, la memoria y el olvido, temas universales que atraviesan la experiencia humana frente al paso del tiempo y las transformaciones sociales.

  11. El texto, titulado “Inobasol, testigo mudo de Soledad”, es un homenaje poético y nostálgico a la Institución Educativa de Soledad (Inobasol) en Colombia, personificada como un testigo anciano y sabio de la historia de su ciudad.
    El autor contrasta la antigua Soledad, descrita como un lugar bucólico y lleno de vida con espacios emblemáticos como teatros y billares, con la nueva Soledad, caótica y despojada de su identidad cultural. El texto lamenta cómo la modernidad ha arrasado con estos lugares y ha llevado a la pérdida de la memoria y el sentido de comunidad.
    A pesar de estos cambios y las promesas incumplidas de los gobernantes, Inobasol se mantiene firme y resiliente. El colegio es retratado como un “sagrado manantial” y un refugio para la esperanza y los sueños de los jóvenes, que encuentra su propósito al educarlos para que puedan “volar alto”.
    En esencia, el texto es una reflexión sobre la nostalgia, la resiliencia de las instituciones educativas y la importancia de no olvidar el pasado, incluso cuando el presente cambia drásticamente.

  12. El pasaje muestra cómo el paso del tiempo borra tradiciones y lugares emblemáticos, mientras la figura de Inobasol representa la memoria viva de una comunidad que se transforma. Más que un lamento, es una invitación a reconocer el valor del origen aun cuando la vida impulse a partir y cambiar.

  13. Me encanta mi colegio, Inobasol. Es como un segundo hogar para mí y mis amigos. Me gusta cómo se siente cuando entro por las puertas y escucho el ruido de los estudiantes charlando y riendo.

    La historia de Inobasol es demasiado cool. Me gusta saber que ha estado aquí por tanto tiempo y que ha visto pasar a tantas generaciones. Me hace sentir que soy parte de algo grande.

    A veces, cuando estoy estresada o triste, me gusta caminar por los pasillos de Inobasol y recordar todos los buenos momentos que he vivido aquí. Me hace sentir mejor y me recuerda que todo va a estar bien.

    Inobasol es más que un colegio, es un lugar donde podemos ser nosotros mismos y hacer amigos para toda la vida. Me siento afortunada de poder estudiar aquí y vivir todas estas experiencias.

  14. Inobasol rememora su Soledad, con más de setenta años de existencia, aquella Soledad ingenua y bucólica, con sus calles destapadas por donde pasaba el ganado traído por el río de la Isla de Cabicas. Considerada una de las instituciones más antigua del departamento del Atlántico, ubicada al lado de la iglesia, San Antonio de Padua, en medio de la prudencia y porte señorial digno, Inobasol es testigo de una Soledad escindida: una antigua Soledad y una nueva Soledad.

  15. Inobasol no solo es un colegio es nuestra 2da casa, donde nos enseñan cosas nuevas cada día y buen respeto hacia los estudiantes Inobasol no es solo un colegio, sino un lugar lleno de recuerdos, sueños y alegrías de los estudiantes.

LEAVE A REPLY

Please enter your comment!
Please enter your name here

- Advertisment -

Most Popular

Edumas, Interaseo y comunidad recuperan el parque del barrio La María en Soledad

La Alcaldía de Soledad, en articulación con Edumas, Interaseo y la comunidad, lideró una jornada integral de limpieza y mantenimiento que permitió...

Casos de dengue caen un 76 % en Soledad: Secretaría de Salud alerta por temporada crítica de mosquitos

Soledad logró reducir en un 76 % los casos de dengue gracias a las estrategias de prevención lideradas por la Secretaría de...

La transformación de la calle 25B del barrio Ferrocarril mejora la calidad de vida de cientos de familias en Soledad

La calle cuanta con su sistema de redes de acueductos y alcantarillados renovados. Hoy se ha convertido en un...

Más de 300 niños participaron en FestiPaz, el festival que promueve la paz y la convivencia en Soledad

Más de 300 niños y adolescentes de Soledad disfrutaron de FestiPaz, un festival que combinó arte, deporte, música y recreación para promover...

Recent Comments

PEDRO CONRADO CUDRIZ on Diario para mitigar tu ausencia
Julio Lobelo Fernández on Las casas de mi barrio
Liseth Arciniegas on Las casas de mi barrio
PEDRO CONRADO CUDRIZ on Esa necesidad de respirar un aire nuevo
Ricardo Sandoval on Mi ángel y los sueños de lucía
Wencel Antonio Valega on Un breve sumario sobre lo critico
Ricardo Sandoval on Eterno instante de amor
Ricardo Sandoval on Entre instantes y brevedades
Wencel Antonio Valega on Inteligencia artificial y redes sociales
Luis Padilla Drago on Cavilaciones sobre la muerte
Jorge Alfredo Chiquillo Carrillo on Inteligencia artificial y redes sociales
Luis Vslega on La casa de los viejos
Ricardo Sandoval on El arte de tomar apuntes
Victoria Valega R. on La casa de los viejos
Ricardo Sandoval on Hace un mes… todo quedó ahí
Ricardo Sandoval on El fútbol y su filosofía
Milton Gomez on El fútbol y su filosofía
Eduardo Mejia on El fútbol y su filosofía
PEDRO CONRADO CUDRIZ on El hombre rebelde
Ricardo Sandoval on Serendipia y anestesia
Ricardo Sandoval on Aprendiendo a envejecer
Ricardo Sandoval on El hombre rebelde
Carlos E G. Arana on La memoria de la amistad
PEDRO CONRADO CUDRIZ on El suicidio en la literatura
Karen Escorcia on El suicidio en la literatura
Carlos Alberto Justiz Prieto on El legado espiritual de John Newton
Wence Valega on Homenaje al amor
Nelly Valecillos Gómez on El legado espiritual de John Newton
Carlos Alberto Justiz Prieto on Marrugo entre oleajes y versos del Caribe
PEDRO CONRADO CUDRIZ on Cuentan que Willis
Carlos Alberto Justiz Prieto on Los Llinás: la saga continua
Carlos Alberto Justiz Prieto on La práctica de las virtudes a través del tiempo
Wencel Antonio Valega Ruiz on El Burnout un Síndrome que afecta al docente
Santiago Cervantes on Inobasol, testigo mudo de Soledad
Birleidys de la hoz on Inobasol, testigo mudo de Soledad
Nohelia Figueroa on Inobasol, testigo mudo de Soledad
Yaser De la Hoz on Exilios y regresos
María Fernanda Gamero Moreno on Inobasol, reconocimiento y gratitud
Hernando Jose Hernandez Leal on El Burnout un Síndrome que afecta al docente
Carlos Justiz Prieto on Lecciones educativas del pasado
Donaldo Rada Martínez on Inobasol, testigo mudo de Soledad
Donaldo Rada Martínez on Inobasol, testigo mudo de Soledad
PEDRO CONRADO CUDRIZ on Sobre la lectura y la escritura
Martha Cabana Jamette on Los Llinás: la saga continua
Jorge Enrique Barrios Peña on Lecciones educativas del pasado
Wencel Antonio Valega on Lecciones educativas del pasado
PEDRO CONRADO CUDRIZ on Inobasol, reconocimiento y gratitud
PEDRO CONRADO CUDRIZ on Sobre el hablar y escuchar
PEDRO CONRADO CUDRIZ on  ¿Quién soy? Después del trabajo
PEDRO CONRADO CUDRIZ on El arte de ver las cosas
Emperatriz on Travesía de la lectura
PEDRO CONRADO CUDRIZ on El castigo de Falcao
Wencel Antonio Valega Ruiz on El castigo de Falcao
Pedro Conrado Cúdriz on Travesía de la lectura
Wencel Antonio Valega Ruiz on Entre la verdad y la posverdad
Wencel Antonio Valega on Todos tenemos nuestro sambenito
PEDRO CONRADO CUDRIZ on Una semblanza de papá
Wencel Antonio Valega Ruiz on Procusto: la envidia que limita
Boris Enrique De la Hoz cárcamo on Procusto: la envidia que limita
Wencel Antonio Valega on Ha partido el último moralista
PEDRO CONRADO CUDRIZ on Caminantes
mario Escorcia García on Ha partido el último moralista
Carlos Alberto Justiz Prieto on Hacia una educación con calidad
Wencel Antonio Valega on Hacia una educación con calidad
Jorge Alfredo Chiquillo Carrillo on Hacia una educación con calidad
Monica Coronado on En el día del maestro
jose luis valega navarro on Evocando a mamá
PEDRO CONRADO CUDRIZ on ¿Para qué nos reunimos?
Alexander de Jesús Vega Lugo on La educación y su crisis
wencel antonio valega ruiz on La educación y su crisis
Janeth Saker Garcia on La educación y su crisis
Jorge Enrique Barrios Peña on La educación y su crisis
Roque Vizcaino Barros on ¿Por qué siempre hablamos de libros?
Pedro E Conrado Cúdriz on ¿Por qué siempre hablamos de libros?
Jorge Isaac Consuegra Palma on El complejo oficio de ser maestro
wencel antonio valega ruiz on El hombre un ser con capacidad de paz
Álvaro Pérez Cardozo on La ética de la razón cordial
Wencel Antonio Valega on La ética de la razón cordial
Pedro Conrado Cúdriz on Fotografía
Janeth Saker Garcia on Justicia: hacemos lo que debemos
Wencel Antonio Valega on Modernidad y democracia
Mercedes sandoval on Justicia: hacemos lo que debemos
Rodolfo Hernández Pulgar on Perspectivas sobre el amor
Luis Escobar Camargo on Perspectivas sobre el amor
Larrys Fontalvo Rodríguez on Apuntes de Educación Física I
Pedro Conrado Cúdriz on Apuntes de Educación Física I
Emperatriz Salazar on El negro Hooker 
Wencel Antonio Valega on Coeficiente
Wencel Antonio Valega on Coeficiente
Alejandro Solano Gutiérrez de Piñeres on Coeficiente
Pedro Conrado Cúdriz on Coeficiente
wencel antonio valega ruiz on Vicisitudes de un maestro de escuela
Manuel Pianeta on Tristeza de Carnaval
Pedro Conrado on Tristeza de Carnaval
MANUEL PIANETA CALVO on Inobasol, testigo mudo de Soledad
Rafael De Jesus Torres Huertas on Inobasol, testigo mudo de Soledad
JOSE MACHADO YEPES on Inobasol, testigo mudo de Soledad
Sagrario Vargas, on Clínica bautista. Añoranzas
Carlos Alberto Justiz Prieto on Pedagogía para la paz
Nairo José Cavieles Rojas, Ph.D. on Pedagogía para la paz
Pedro Conrado Cúdriz on Agonía en el parque
Xiomara Escobar on Pedagogía para la paz
Jatzen Ricardo Guzmán Cusis on Pedagogía para la paz
Buenaventura Russeau on Pedagogía para la paz
Pedro Conrado Cúdriz on Poemas De Invierno
PEDRO CONRADO CUDRIZ on WhatsApeando
PEDRO CONRADO CUDRIZ on Sofía quiere ser
PEDRO CONRADO CUDRIZ on El hombre del semáforo
Mabel Luz Fuentes Pantoja on Zaqui, siempre titular
Carlos E G. Arana on Halloween con Edgar Allan Poe
Yaneth Caña on Maestras de infancia
wencel antonio valega ruiz on Maestras de infancia
Mabel Luz Fuentes Pantoja on Maestras de infancia
César Augusto Lamadrid Martínez. on Fermín Zurbarán. Un grande de la cirugía 
PEDRO E CONRADO CUDRIZ on Sin rencores
Duperlis Salcedo on Andar en malos pasos
Wencel Valega on La empatía en la literatura
PEDRO E CONRADO CUDRIZ on La empatía en la literatura
Ademir on Sobre la amistad
Douglas Maza G. on ¿Qué hay de la biblioteca?
Duperlis Salcedo on Sobre la amistad
jose luis valega navarro on Zacarías en prosa y poesía
Pedro Conrado Cudriz on Diario de viaje
Mabel Luz Fuentes Pantoja on Retratos
Raul "cuco" on Retratos
Nicolás Javier Corena Guerra on Inobasol, sagrado manantial
Mauricio Díaz on Inobasol, sagrado manantial
Alirys Jaraba Gutiérrez on Inobasol, sagrado manantial
Edwin José Sandoval Africano on Inobasol, sagrado manantial
Edwin José Sandoval Africano on Inobasol, sagrado manantial
PEDRO E CONRADO CUDRIZ on La ingenuidad de la nostalgia
Duperlis Salcedo on El vendedor de camisetas
Luis Valega on Homenaje a papá 
Luis Caicedo on Homenaje a papá 
Duperlis Salcedo on Homenaje a papá 
PEDRO E CONRADO CUDRIZ on Homenaje a papá 
Alirys Jaraba Gutiérrez on Adiós al Boni Martínez
PEDRO E CONRADO CUDRIZ on Salvavidas
PEDRO E CONRADO CUDRIZ on Naty
Duperlis Salcedo on Nostalgia de ciudad
Libardo Rafael De Oro on Nostalgia de ciudad
Pedro Conrado Cudriz on Juegos de la memoria
Nadin castro mejia on Apuntes de viaje
PEDRO CONRADO CÚDRIZ on Educación perruna
Libardo Rafael De Oro on Educación perruna
Pedro Conrado Cúdriz on Viacrucis de un maestro
Manuel Julián pianeta on Inicio de un periplo
Jose Rodriguez Acosta. on Fútbol de mujeres
Rafael Barceló rodriguez on Fútbol, Respeto y Pasión en Madrid
Manuel Julián pianeta on Gutiérrez
Ismael on Ritual de amor
Jorge Isaac Consuegra Palma on Evocando Maestros
Ismael Arzuza on Diario de un abuelo
Katherine Cepeda on Diario de un abuelo
Victoria Valega R. on Amada Soledad
Manuel Julián pianeta on El amor de Lucas
Hola on Un día normal
Manuel Julián pianeta on Amada Soledad
Maseralix Barcelo oviedo on Amada Soledad
Diana Marcela Camacho pardo on Si tú me olvidas
Martha Valega. on Calle soledeña
Francisco Alfredo Pacheco Amador on La cama y el libro
Wencel Valega on La cama y el libro
Alejandro Solano Gutiérrez de Piñeres on El mandato de la reina
José Manuel Villarreal Gravini on El Pelé que conocí
Josefa miranda castro on El Pelé que conocí
Roque Vizcaino Barros. on ¿Por dónde anda, Marcelino?
Libardo Rafael De Oro on Deporte y política en Colombia
Margarita Matta on El Agua Potable, Un Derecho
José Manuel Villarreal Gravini on Cuestionado Mundial de Fútbol de Qatar
José Manuel Villarreal Gravini on Cuestionado Mundial de Fútbol de Qatar
Javier Reales on La aventura de jubilarse
Santiago Ruiz Buitrago on Sentimiento caribe
javier jiménez on De putas y prostitutas
Mabel Janet Flórez Fernández on El drama de escribir ensayos en la universidad
Mabel Janet Flórez Fernández on El drama de escribir ensayos en la universidad
Laureano Salas Marquez on Sobre partidas y regresos
Einstein on En un lugar de Europa
Ademir Santiago on Casa de la memoria
Alejandro Solano Gutiérrez de Piñeres on Ser hombre
Osvaldo Cáliz Peña on Don de la inconformidad
Martha Isabel Calderón on ¿Recibir amor o darlo? el amor propio
Alejandro Solano Gutiérrez de Piñeres on El hombre
Alexander Ortiz Ocaña on Configuración del cerebro fetal
Aldemar Guerra Castillo on En un lugar de Europa
Nadin castro mejia on En un lugar de Europa
rodolfo cano on Equivalentes suicidas
Heriberto Vargas viloria on Jubiloso ochentón
Nicolàs. Hernández on De la alegría de leer y escribir
Luis Valega on Homenaje a las palabras
Alejandro Solano Gutiérrez de Piñeres on Homenaje a las palabras
Ricardo Sevilla Mercado on Homenaje a las palabras
CARLOS ENRIQUE GONZALEZ ARANA on Homenaje a las palabras
Francisco Arzuza on Ser abuelo en el siglo XXI
Pedro Conrado Cudriz on Ser abuelo en el siglo XXI
Francisco Alfredo Pacheco Amador on Infancia y vejez: ambas deben ser consentidas
Roque Vizcaino Barros. on Viajando en búsqueda de mi identidad
Joel Marchena Cantillo on Cuando la plaza de soledad era una fiesta
Juan Sandoval Alvarino. on Cuando la plaza de soledad era una fiesta
Antonio Campo Peña on Viajando en búsqueda de mi identidad
Rafael Villarreal Noriega on Viajando en búsqueda de mi identidad
Francisco Alfredo Pacheco Amador on Las redes sociales no son periodismo
Milagro on Ídolos de barro
Margarita Rosa Matta Gómez on ¿Tiene Usted fiebre?
Francisco Alfredo Pacheco Amador on Silencios y soledades nutren de amor el vivir bien
Octavio Augusto De La Hoz Ordóñez on No digas todo lo que sabes
Francisco Alfredo Pacheco Amador on La amistad amorosa
Nairoby Rodríguez on El Turco Farid
Silvia Valencia Martínez on Lecciones de la pandemia
Max R. Peña on Fumar pasó de moda
NELSON MANUEL ORTIZ SANTOS on Propuestas para dar el salto 2: La Mentalidad
Teobaldo Coronado Hurtado on Propuestas para dar el salto 2: La Mentalidad
William Baca Orozco. on Todos tenemos voz
Esther Gonzalez Pabon on Ludopatía: adicción al juego
Francisco Alfredo Pacheco Amador on Democracias y li-be-rt-ad-es
Paul Jesus Marchena Cantillo on Dos rescates, una recompensa
Teobaldo Coronado Hurtado on Las muertes de cada día no tienen madre.
Yunelis Lopez Vargas on Un trabajador de la Salud
Isabel Baca Ruiz on Un trabajador de la Salud
Betty Cantillo de Gill on La Respiración
Marcos Gill on La Respiración
Wencel Valega on La Respiración
Ricardo Iglesias on La Respiración
Isabel Baca Ruiz on La Respiración
Sandra Márquez on NO Hay Picos, Hay Pandemia
Rosario Morales on NO Hay Picos, Hay Pandemia
Roberto González on QUÉ OCURRE EN NUESTRA ALMA MATER?
Esther Sofía Pereira Lopez on QUÉ OCURRE EN NUESTRA ALMA MATER?
Marta Donado Villarreal on Un Dolor De Cabeza
Armando Puello on Un Dolor De Cabeza
Jaime Rosales on Un Dolor De Cabeza
Silvia fabregas on Un Dolor De Cabeza
Alvaro Fabregas on Un Dolor De Cabeza
Isabel Baca Ruiz on Un Dolor De Cabeza
César Augusto Lamadrid Martínez on EL LIBRO DE PAPEL VS EL LIBRO DIGITAL.
Sandra Marquez on Ojo con sus ojos (II Parte)
Esther Sofia Pereira López on DE NIETOS Y ABUELOS
Teobaldo Coronado Hurtado on DE NIETOS Y ABUELOS
Diana Crespo Rodriguez on El propósito de la vida es vivir
Wilfrido Gómez on INSPIRACIÓN
Luis Espinoza Figueroa on INSPIRACIÓN
Erly Charles Paternina Hernández on INSPIRACIÓN
Jaime rosales on INSPIRACIÓN
Rafa nigrinis on El imperio de los sentidos
GREGORIO GREGORY on Dónde están mis juguetes?
Erly Charles Paternina Hernández on El imperio de los sentidos
Yexica Africano Navarto on Dónde están mis juguetes?
Milton Gomez Cardozo on Intimidad vs información (Final)
Milton Gomez Cardozo on Informacion vs intimidad (parte 2 )
Erly Charles Paternina Hernández on El arte del ganador
José Alvarado Nieto on El debut
Erly Charles Paternina Hernández on Fútbol de veteranos
Esther Sofia Pereira López on Periodismo con paredón
Agustin Garizábalo on El debut
Agustin Garizábalo on El debut
Agustin Garizábalo on El debut
Agustin Garizábalo on El debut
Agustin Garizábalo on El debut
salomon David castro aguas on El debut
Laura Barceló on El debut
William on El debut
Rosana Zambrano on El Páncreas y sus enfermedades
Dreynner Barraza Rosales on El Páncreas y sus enfermedades
Álvaro López Martínez on El debut
Álvaro López Martínez on El debut
Estebana Reyes Rangel on El debut
Gloria sofia fabregas Villate on El Páncreas y sus enfermedades
Rafael Enrique Surmay Herrera on El otro discurso, muy personal (3)
Carlos paternina acosta on El otro discurso, muy personal (3)
Agustín Garizabalo on El otro discurso, más personal (2)
Erly Charles Paternina Hernández on El otro discurso, más personal (2)
Fernando A Charris Almarales. on El otro discurso, más personal (2)
Erly Charles Paternina Hernández on El otro discurso, más personal
Rafael Enrique Surmay Herrera on El otro discurso, más personal
Erly Charles Paternina Hernández on El discurso y el método (5)
Erly Charles Paternina Hernández on El discurso y el método (4)
Mauricio javier Bustillo Marmol on El discurso y el método (3)
Jabib vergara delgado on El discurso y el método (4)
RICARDO GARIZABALO on El discurso y el método (4)
Jesús Orozco on El discurso y el método (4)
olmar Calderón Dávila on El discurso y el método (4)
Estebana Reyes Rangel on El discurso y el método (4)
Agustin Garizabalo almarales on El discurso y el método (4)
Leslie E. Smith on El discurso y el método (4)
Amparo urzola on ¿Tiene usted tos?
Jacquelín Isabel Martínez Navarro on Nuestro gran reto
Dra Masi on Nuestro gran reto
Eucaris Laguna on Nuestro gran reto
Yomaira Escorcia Barcelo on Nuestro gran reto
Reinaldo Rodríguez Garcia on El discurso y el método (3)
Isabel Baca Ruiz on Nuestro gran reto
Erly Charles Paternina Hernández on El discurso y el método (3)
Pablo Emilio Martinez Aparicio on El discurso y el método (3)
Erly Charles Paternina Hernández on El discurso y el método (2)
Agustin Garizábalo on Pequeñas infidencias (5)
Agustin Garizábalo on Pequeñas infidencias (5)
Agustin Garizábalo on Pequeñas infidencias (5)
Agustin Garizábalo on Pequeñas infidencias (5)
Alexander Luis Ortiz Ocaña on El éxito y la felicidad, según Jesús,
Erly Charles Paternina Hernández on Por fortuna se equivocan
Dreynner Barraza Rosales on Por fortuna se equivocan
Estebana Reyes Rangel on Por fortuna se equivocan
Rafael Enrique Surmay Herrera on Por fortuna se equivocan
Luis Maza Torregroza on El Laboratorio Clínico
olmar Calderón Dávila on Pequeñas Infidencias (6)
Erly Charles Paternina Hernández on Pequeñas Infidencias (6)
Ricardo Solano Orozco on El Laboratorio Clínico
Gilberto Marenco Better on Pequeñas infidencias (5)
Erly Charles Paternina Hernández on Pequeñas infidencias (5)
Elias Ruiz De La Victoria on Pequeñas infidencias (5)
Jaime rosales on Pequeñas infidencias (5)
Milton Gomez Cardozo on El silencio o el escándalo
Yadira Ruiz on ¿Tiene usted tos?
Sandra MarqueZ on Las Enfermedades Mentales
Alonso Pérez on Pequeñas infidencias (4)
Ivet Vergara on Las Enfermedades Mentales
Estebana Reyes Rangel on Pequeñas infidencias (4)
Erly Charles Paternina Hernández on Pequeñas infidencias (4)
Esther Sofia Pereira López on Soledad, aislamiento y vejez
Alfonso.Rodriguez Cruz on Soledad, aislamiento y vejez
Estebana Reyes Rangel on Pequeñas infidencias (3)
Xiomara Albis on Soledad, aislamiento y vejez
Milton Gomez Cardozo on Soledad, aislamiento y vejez
José Alvarado Nieto on Administrador de pasiones
Orlando Moscote Rojano on ¿Tiene usted tos?
Marcos Gill on ¿Tiene usted tos?
Roberto sarabia Durán on Pequeñas infidencias (2)
Sandra Marquez Sandoval on ¿Tiene usted tos?
Jairo Diz fabregas on Pequeñas infidencias
Adolfo Cotes. on Pequeñas infidencias
jose pachon niño on Pequeñas infidencias
Alexander Luis Ortiz Ocaña on Cómo alcanzar la felicidad infinita
Teobaldo Coronado on ¿Amor familiar o amor materno?
Teobaldo Coronado on ¿Amor familiar o amor materno?
Yomaira De las Salas Baca on Alcalde Pumarejo Decrete Cero Carnaval 2021
DONICEL PACHECO B. on Feliz día papá
Erly Charles Paternina Hernández on La grandeza de las cosas simples
IVIS GONZALEZ on El sistema inmunológico
Mirian Gonzalez on El sistema inmunológico
Ricardo Solano Orozco on El sistema inmunológico
Sandra Márquez Sandoval on El sistema inmunológico
Gladys Flórez Páez on Crítica: Redes vs Medios
Osiris Fabregas Zambrano on El sistema inmunológico
Esther Sofia Pereira López on Crítica: Redes vs Medios
Esther Sofia Pereira López on Crítica: Redes vs Medios
Roberto sarabia Durán on Pedagogía de la compasión
Adolfo Guerrero Sarmiento on Pedagogía de la compasión
Nancy Torres on Pedagogía de la compasión
Meibel Tatis on Los Hijos De Hipócrates
Alfonso De La Hoz O on Los Hijos De Hipócrates
Roberto sarabia Durán on Y si no alcanzas tus sueños…¿qué?
Erly Charles Paternina Hernández on Y si no alcanzas tus sueños…¿qué?
Teobaldo Coronado Hurtado on Periodismo y corrupción
CARLOS E. LLANOS GOENAGA on Competir sin jugar
Alexander Luis Ortiz Ocaña on El rol del maestro en medio de la pandemia
DIDIER ALFONSO LUNA GONZALEZ. on Competir sin jugar
Margarita Dorado Agrda on El rol del maestro en medio de la pandemia
EDUARDO E. ALMARALES MANGA on Competir sin jugar
Álvaro López Martínez on Competir sin jugar
Teobaldo Coronado Hurtado on Un diario sin lectores (Parte 3)
Blacky Arévalo Herrera on Competir sin jugar
Gyna Niebles Barceló on ¡Feliz día, Maestros!
Erly Charles Paternina Hernández on Fútbol Covid
Leoneth guerrero on Fútbol Covid
Carlos Alberto Figueroa Otero on Fútbol Covid
JUAN ANTONIO PABON ARRIETA on Fútbol Covid
Mr. Leslie E. Smith on Fútbol Covid
Alfredo Aurela on Fútbol Covid
Jesús Orozco charris on Fútbol Covid
Alonso Pérez on Cuando los ídolos hablan
MARTA CECILIA RICAURTE GUERRERO on En defensa del “Gran pacto social por Soledad”
Silvestre Maestre Martinez on ¿Y qué pasará con el fútbol local?
FAUSTO PEREZ VILLAREAL on ¿Y qué pasará con el fútbol local?
Yomara Estrada Perez on ¿Y qué pasará con el fútbol local?
Luis Hernando Cepeda Espitia on ¿Y qué pasará con el fútbol local?
Alfonso Silva Navarro on ¿Y qué pasará con el fútbol local?
Pedro Daniel Muñoz Alvis on ¿Y qué pasará con el fútbol local?
Adalberto Herrera Avila on Cuando se les caen las caretas
GUILLERMO LEON ROMERO CARDONA8 el maestro del futbol) on De Caimanes y Boricuas
William Pertuz Pedroza on Cuando se les caen las caretas
William Pertuz Pedroza on Cuando se les caen las caretas
César Agudelo on Una pasión heredada por amor
Andres Ibarguen on De Caimanes y Boricuas
Javier Ferrer Africano on Ecos de la pandemia
Efraindelahoz on Ecos de la pandemia
Carlos Torres Paredes. on Ecos de la pandemia
Sandra Marquez Sandoval on Ecos de la pandemia