jueves, julio 16, 2026
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El equipo quirúrgico

Día del instrumentador quirúrgico

Introducción

Al celebrarse el próximo 25 de octubre el día del INSTRUMENTADOR QUIRÚRGICO he querido reflexionar, en esta ocasión, sobre la labor primordial que cumple el grupo de profesionales que constituyen el “Equipo Quirúrgico” al tiempo que destacar el rol que cumplen los instrumentadores en el éxito definitivo de cada una de las cirugías a realizar en el área de operaciones de un hospital.

No obstante que en otros países el DIA DEL INSTRUMENTADOR QUIRÚRGICO está agendado para el   19 de septiembre en Colombia se celebra el 25 de octubre para conmemorar el egreso en 1954 de la primera promoción de estos trabajadores de la salud de la Escuela de Instrumentación Quirúrgica del Hospital San Juan de Dios en Bogotá.

La ley 784 de diciembre 23 de2002 reglamentó el ejercicio de la Instrumentación Quirúrgica, otorgándole a los instrumentadores la coordinación de las salas de cirugía, manejo de centrales de esterilización y de equipos de alta tecnología como máquinas de perfusión, láser y endoscopias de todas las entidades de salud del país.

Los que ejercen este oficio están agremiados en la Asociación Colombiana de Instrumentadores Quirúrgicos Profesionales ACITEQ

El equipo quirúrgico

¡Qué reunión tan esplendida! Anestesiólogos, cirujanos, instrumentadoras y la presencia tierna, callada, siempre abnegada de las enfermeras. Aunados, en un haz de voluntades, para consolidar solidarios, una cuadrilla de valerosos gladiadores en el ruedo turbulento y ensangrentado de los quirófanos. Aferrados, con fervor, del amor al oficio para ofrendar lo más excelso de si, en cada cirugía, para cada paciente, que busca ansioso una vida mejor o prolongar, al menos, su precaria existencia.

Por algo, desde la edad medioeval, en la Escuela de Salerno se definía a la cirugía como “Esa destreza que la muerte no ama”. i

Es el personal quirúrgico suma expresión de cómo aglutinados, en distintas disciplinas, podemos hacer lo mejor y más conveniente por nuestros enfermos dentro del esquema ideal de “Trabajo en Equipo”, característica básica de un hospital, en verdad, humanizado.

No existe en la actividad médica hospitalaria aglutinación de profesionales de la salud tan sincrónica, tan afín, tan entrañablemente unida como la del equipo quirúrgico. Al arte y la ciencia de la cirugía, que los congrega en comunión prodigiosa de inquietudes, conocimientos y sinsabores, se suma una ligazón de afectos que permiten blandir con coraje el temple de su carácter en momentos críticos y difíciles en donde la salud y la vida corren inminente riesgo. Es una entrega sin límites, dada por la vocación de servicio a la gente; arma noble con la que estamos dispuestos a luchar contra la fiereza desesperante de la angustia, la enfermedad y el sufrimiento.

Es un trabajo, en todo momento, dispendioso y arduo, motivado por el constante deseo de ofrecer alivio, mucho valor, vencer la soledad, irradiar optimismo, comunicar fe y consuelo. Animados de estas vivencias buscan la manera de contrarrestar el frío y rigidez de la técnica, el alejamiento de los seres queridos y, con frecuencia, la esperanza perdida por la incertidumbre que trae consigo el humano saber médico y la misma fragilidad de la persona enferma.

Sobre las bases de un profundo humanismo, se mueve, debe moverse la acción a cumplir en el paciente que, confiado y deslumbrado por la brillantez de las cielíticas, llega confuso al extraño ambiente del cuarto de operaciones en el encuentro con cada uno de sus integrantes.

El anestesiólogo. Mientras el anestesiólogo cumple la “obra divina de aliviar el dolor”, Divinum opus sedare dolorem est, y en silencioso, sereno, quehacer clínico monitorea el trance vital del paciente, el cirujano opera.

El cirujano. Toca al audaz hombre del bisturí cumplir el mandato señalado por Ambrosio Paré, padre de la cirugía de:

“Eliminar lo superfluo, Restaurar lo que se ha dislocado, Separar lo que se ha unido, Reunir lo que se ha dividido  Reparar los defectos de la naturaleza”. ii

No es posible entender esta misión en forma dispersa, cada uno por su lado, como en ocasiones la hemos llevado a la práctica, divorciando responsabilidades, dentro de un falso profesionalismo, de una “especialitis” egoísta, desleal, escasa de colegaje; de que cada uno se defienda como pueda.

Somos bastante insensibles si asumimos que la ternura, la compasión, el cariño, la empatía con el paciente: oír sus suplicas, atender sus quejas, comprenderlo, aceptarlo, tolerarlo son actitudes o funciones que solo competen a enfermeras y monjas, asunto exclusivo de mujeres.

No permitamos que lleguen a ser más importante el instrumental quirúrgico, los equipos médicos por muy sofisticados y costosos que sean, mucho menos el televisor y el delicioso tinto que en el “vestier” nos espera.

Superstición científica. Hay que evitar la tentación de caer en un excesivo profesionalismo, de los médicos en particular. Es necesario romper la chocante barrera de un cientificismo paranoico que no permite ver más allá del último artículo publicado en el “Journal” de la especialidad, en la teoría de moda, en un afán exhibicionista, de saberlo todo, que Laín Entralgo califica de “Superstición Científica” iii. Actitud perniciosa que en vez de acercar crea distancias, interrumpe el colegaje amistoso, desdibuja la realidad de nuestras condiciones laborales y por añadidura trae como consecuencia perjuicios asistenciales. Al respecto son ilustrativas las palabras de Gregorio Marañón, con relación a la vanidad científica. “Cada cosa que los médicos sabemos, hemos de procurar saberla lo más exactamente que nos sea dado; pero, a conciencia de su posible valor provisional. Y el vacío que queda entre la imperfección de la verdad que poseemos y la perfección de la verdad que deseamos hay que intentar rellenarlo con entusiasmo y buena fe y sobre todo con una dosis copiosísima de modestia”. Grandioso mensaje del ilustre sabio español. Resume toda una lección de la necesaria mística, del indispensable entusiasmo que debe animar la complicada acción asistencial de los quirófanos.

La enfermera. La enfermera profesional en su papel con énfasis en lo administrativo y las auxiliares de enfermería en su encomiable labor asistencial son vigilantes celosas del actuar de cada uno de los integrantes del equipo. Atentas a sus requerimientos y necesidades cuidan, como ninguno, con paciencia apostólica la integridad y comodidad del paciente. Su presencia rectora, humanizadora, es garantía del desarrollo exitoso en el área de quirófanos.

El instrumentador quirúrgico

Para el resultado exitoso de su gestión operatoria el cirujano cuenta con el soporte listeriano del Instrumentador quirúrgico. Severo vigilante en el cumplimiento de los protocolos de asepsia y antisepsia quirúrgica en base a su experticia en los procesos de esterilización.  Minucioso estratega de la logística de las salas de cirugía para la bioseguridad y saneamiento ambiental necesarios al bienestar del paciente y del personal involucrado con las salas de operación.

Instrumentadoras en Barranquilla. Primeras instrumentadoras quirúrgicas, con título de técnicas, llegaron a Barranquilla en 1975 para la apertura del Hospital de los Andes del Seguro social. Habían sido formadas en los hospitales San Juan de Dios y San José de la ciudad de Bogotá. Recuerdo con cariño, en esta fecha especial del Dia de la Instrumentadora Quirúrgica, a las compañeras de la UPI: María Teresa Pinzón (jefe) Clara Inés Martínez, Nancy Montoya, Rosa Cecilia Vargas, María Helena Díaz, Edelmira González, Aura María Rojas, María Cristina Ruiz, Nelly Marti, Carmen Martin, Celmira Bayona, Alejandra Sánchez, María Consuelo Castro, Mariela Gómez Rúgeles.

Mas adelante, comienzo de los 80, se fueron incorporando al Hospital del ISS técnicas instrumentadoras egresadas de la Universidad de Cartagena entre las que recuerdo a: Eljadys Acevedo, Martha Novoa, Martha Sanabria, Jacqueline O’Brien, Janeth Pico, Janeth Arias, Lidia Simancas y Piedad Camacho.

En 1993 este grupo de instrumentadoras, tanto las de origen capitalino como las cartageneras, son fundadoras de la Facultad de Instrumentación Quirúrgica de la Universidad Libre, pionera en la capital del Atlántico, en condición de alumnas para la convalidación de su título como profesionales. Bajo la coordinación de Rosa Cecilia Vargas fui escogido por ellas mismas, con anuencia de la Universidad, para dictarles las cátedras de Farmacología, Ética profesional, Anestesiología y Reanimación.

En Barranquilla además de la Facultad de la Universidad Libre funciona la Facultad de Instrumentación de la Corporación Instituto de Artes y Ciencias CUC, que otorga el título de Técnico Profesional en Instrumentación Quirúrgica.

Conclusión

El objetivo es laborar conscientes de constituir un fraternal y diligente equipo quirúrgico, un colectivo responsable, encantado de servir con generosidad a alguien que necesita, que espera nuestra ayuda: el paciente.

Cada uno en su campo debe ser fiel exponente de lo que sabe y de lo que sabe hacer dentro del mayor rigor profesional. Su trabajo enmarcarlo en el compromiso contraído con el paciente y con la institución.  Impregnado de compasión y mucha humildad, dos virtudes sin las cuales no es dable superar el egoísmo que en ocasiones obnubila nuestras mentes y, por otro lado, soportar las ingratitudes, el escaso reconocimiento, que tantas veces recibimos en recompensa por nuestra inapreciable labor asistencial.

Mis congratulaciones en este día a los nuevos y viejos instrumentadores quirúrgicos con los que siempre, compañeros en los rigurosos ajetreos de los quirófanos, he tenido una cordial relación de amistad y mutuo respeto.  

teobaldocoronado83@gmail.com

i Martí Ibáñez Félix, 1963, Epopeya del Escalpelo, En Revista MD, New York, Vol. 1, No 8, P. 9

ii Laín Entralgo, P. (1963). Historia de la medicina moderna y contemporánea. 2ª ed., Madrid, Editorial Científico-técnica, ´p. 134

iii Marañón Gregorio Citado por: Laín Entralgo,1982, Diagnóstico Médico, Salvat Editores, p. 175

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