jueves, julio 16, 2026
Home Opinión Teobaldo Coronado Mecanización de la clínica

Mecanización de la clínica

La evidencia demuestra que no existe, en la actualidad, un parejo discurrir, justo equilibrio técnico – humanístico, en la cotidiana labor médico asistencial debido al avasallador poder de la ciencia y su voraz, tecnología. Lo que conlleva una deshumanización en la prestación del servicio de salud en que lo humano es descuidado, subestimado para privilegiar la endiosada máquina, la maquinaria sistematizada de hoy en día.

La tendencia que se logra vislumbrar, en verdad preocupante, radica en que el ser bondadoso que debe residir en el alma de todo médico está siendo dominada por la prepotencia, la vanagloria de un ser tecno – científico, de un tecnócrata. Modelo profesional que ha ido abriéndose paso y, ante el cual, no podemos permanecer indiferentes para evitar queden reducidos, los practicantes de la medicina, a lo que el profesor Lokovics llamó: “Barbaros científicamente preparados, que constituyen el tipo más peligroso de ser humano que hay en la actualidad” [i].

Casos clínicos. Ilustro con un caso de la consulta diaria.

El paciente tiene una distensión en la rodilla. Un ortopedista, en que prevalece la formación clínica, prescribirá: hielo, analgésicos e inmovilización temporal. Esperará tiempo prudencial para ordenar exámenes de verificación diagnóstica correspondientes.

Otro ortopedista, con predominante alineación tecnológica, mandará, de una, resonancia y artroscopia para luego dar inicio al tratamiento, el cual, casi siempre, terminará en lo mismo: hielo, analgésicos y reposo.

La discusión de estos ejemplos es probable lleve a un debate bizantino sobre cuál de las dos conductas es acertada. Definir cuál de los dos especialistas decide lo más indicado, lo correcto.

Exhibicionismo científico. De arraigada formación clínica mi mensaje pretende, en esta reflexión crítica sobre la actual praxis, llamar la atención del estamento médico para que no incurra en la torpeza de extraviar la rica dimensión humana del ejercicio profesional en aras de la moda o un posible afán de “Exhibicionismo científico”. Mediante el uso exagerado de alternativas paraclínicas y costosos estudios complementarios quitándole prioridad a la esencia de la auténtica razón de ser del médico: la sabia aplicación de su inteligencia y destrezas para la obtención de una impresión clínica sustentada en el interrogatorio y el examen físico, es decir, en el contacto íntimo, interpersonal con el paciente. En el diligenciamiento juicioso y serio de la historia clínica.

La pereza intelectual aunada a la, cada vez en aumento, incapacidad clínica convierten el recurso paraclínico en un fin que invierte el rol protagónico del paciente, transformado así, sin suerte, en un medio manipulable. En primer lugar, del sofisticado y ambicioso mercado de equipos e instrumental hospitalario que maltrata inmisericorde su endeble economía. En segundo lugar, del mismo profesional de la salud que pretende encubrir mediante el recurso paraclínico sus falencias ante una probable culpabilidad por omisión.

El enfermo es una persona

Cuando el “ser enfermo” queda convertido, indignamente, en medio, en objeto; pierde su condición sagrada de persona, a causa de una medicina incorrectamente practicada, mal entendida.  El enfermo es una persona, sujeto de derechos ante la sociedad, que ni la ancianidad, ni su incapacidad o invalidez, ni la enfermedad misma pueden prescindirle.

El servidor de la salud no debe centrar su preocupación únicamente en la enfermedad como consecuencia de una alteración orgánica o biológica.  Por ende, pendiente,  tan solo,  de resultados radiológicos o de laboratorio, en lo interesante de la histopatología del gran tumor, de lo importante que es para la estadística la recopilación de datos preventivos, terapéuticos y diagnósticos;  con olvido de que los placas radiográficas, el resultado de la biopsia y demás laboratorios, en suma la grave anomalía patológica que  aqueja su cuerpo, pertenecen a un ser total que también tiene alma, con sus angustias, sentimientos y pesares; siempre esperanzado.

No puede el médico quedarse ensimismado, en la curiosidad científica de unos avances maravillosos, espectaculares, sin ver y mirar con ojos compasivos el corazón sufriente de los que esperan desesperados su ayuda y consuelo. “Es la ciencia la que debe estar al servicio del hombre y no el hombre al swrvicio de la ciencia”. (ii)

Sacralidad del cuerpo. El respeto a la dignidad de la persona, en la medida que entraña aceptación, comprensión y silencio de sus pensamientos, creencias y afectos, considera a su cuerpo, en su integridad y desnudez, en su pudor y quebranto, como algo en extremo sagrado.

Cierto es, que en el quehacer científico el cuerpo, en el conjunto de sus partes anatómicas, es motivo de nuestra observación y estudio. Desde una perspectiva psicológica objeto a escudriñar como reservorio que es de las cosas del espíritu, deposito sublime en donde el alma humana tiene alojada lo más entrañable de su misterioso e indescifrable mundo. Motivo suficiente para contemplar con infinito respeto, a la luz de la ciencia o a la luz de la fe, en actitud reverente, la sacralidad del cuerpo humano como recinto de la vida.

Mal uso de la tecnología

Un colega inscrito, a ultranza, en un prototipo mecanicista, despersonalizado, asume, ni más ni menos, el juego fácil de un adivino. Sin esfuerzo alguno, de su parte, espera que imágenes, informes, cifras, trazados e interconsultas con todos los especialistas, habidos y por haber, resuelvan el problema de su incompetencia clínica.

Conturba tener que decirlo, pero, abundan los cirujanos, simples operadores de resultados ecográficos y de TAC; como es de suponer realizando intervenciones al azar, con frecuencia innecesarias y fallidas. “Agueitotomías” llamamos los anestesiólogos, de la costa caribe colombiana, a las laparotomías sin hallazgo alguno, en donde el cirujano se va en “blanco”, por un error diagnóstico.

El mal uso de la maquinaria biotecnológica, con consiguiente despilfarro pecuniario, no solo incrementa costos hospitalarios, lo más grave, desde el punto de vista ético: rompe la comunicación, la indispensable comunicación interpersonal médico paciente. De esta ruptura de la comunicación, con las implicaciones que trae consigo, nacen, en su inmensa mayoría, los conflictos ético-legales a que se ven enfrentados los profesionales de la salud.

Mecanización de la clínica. La mecanización de la clínica con su arsenal de instrumentos y equipos interrumpe el dialogo amistoso. Sinnúmero de aparatos con sus diferentes ruidos nos han hecho perder la virtud del saber escuchar. El celular de cada uno, el teléfono fijo, el computador, el ruido acondicionado, la música ambiental, más todos los timbre y alarmas que queramos imaginar y siempre de apuros, como si andar de prisa nos hiciera más importantes, no permiten un encuentro sosegado, grato, indispensable a una cordial relación médico paciente. Obvio, estas condiciones son poco propicias para una clara y completa información al paciente sobre su enfermedad, diagnóstico, tratamiento, riesgos, complicaciones, y pronóstico, claves para el requisito ético legal, del “Consentimiento informado”, anexo importante de la historia clínica que debe ser diligenciado por el mismo médico.

Sociedad de consumo

La sociedad de consumo que nos aliena con sus bagatelas, con su publicidad asfixiante, ha impuesto la filosofía del “Tener”. Consecuencia de ello padecemos la esclavitud de lo que imponga la moda, del último modelo.

Cuando el “ser enfermo” queda convertido, indignamente, en medio, en objeto; pierde su condición sagrada de persona, a causa de una medicina incorrectamente practicada, mal entendida.  El enfermo es una persona, sujeto de derechos ante la sociedad, que ni la ancianidad, ni su incapacidad o invalidez, ni la enfermedad misma pueden prescindirle.

Competencia personal. En el médico se refleja en vanidosa competencia entre colegas, en carrera loca, por ostentar vestimenta y prendas de marca, camionetas cuatro puertas, residir en estrato seis; en fin, mostrar un modus vivendi suntuoso que, en la misma medida, demanda estresantes e ingentes rendimientos monetarios de “nuevo rico”.

Competencia profesional. En la práctica profesional, haciendo alarde de “exhibicionismo científico”, convierte en dogma la más reciente técnica aparecida en el “Journal” de su especialidad; de este modo presentarse como de avanzada en el uso de equipos e instrumental médico y formulando medicamentos de “última generación” para complacencia y usufructo de la codiciosa   industria farmacéutica.

Entre individuos pensantes, inteligentes, racionales, como se supone son los médicos, es ilusorio, ingenuo, creer que valemos por las cosas que tenemos y no por lo que somos. Al parecer, nuestra valía personal y profesional la hemos centrado en el “tener y hacer” más que en el “ser”.

Imagen del médico

De médicos, según Escardó, llamados a ser “hombres de primera clase, que ejercitan como tales, el menester médico” [iii] hemos pasado, es triste reconocerlo, a una clasificación de tercera. Todo, por dejar atrás el cultivo de virtudes y valores que en verdad nos enaltecen y permiten alcanzar una real dimensión intelectual, científica y humanística. De la humildad en el trato, alta sensibilidad y silenciosa espiritualidad que conlleva la sublime acción sanadora. El mágico encanto de “Curar algunas veces, aliviar en ocasiones y siempre consolar”.

Medicina a la defensiva. Haber perdido el inigualable modelo de distinción personal, que tradicionalmente ha caracterizado al médico, de incomparable calidad humana, rico en afecto, ternura, solidaridad y respeto nos ha colocado en entredicho y contribuido con creces al comportamiento prevenido, hostil, de la comunidad. Es lo que algunos llaman “Medicina a la defensiva”. Ahora el profesional médico no es visto, antaño lo era, como el amigo de la casa, el médico de la familia, el personaje más querido del pueblo.

Tercerización. A este detrimento de la imagen médica contribuye, también, es justo señalarlo, la consiguiente transformación y crisis de la sociedad en general, la burocratización y tercerización de las condiciones de trabajo, que han quitado a la medicina la condición nobilísima de profesión liberal. Al tener en su mayoría los médicos la condición de empleados públicos, funcionarios de la seguridad social o servidores, subcontratados, mal pagados, de los monopolios nacionales y multinacionales del negocio de la salud.

Conciencia gremial

Aceptar pasivos que la profesión, después del lugar destacado que siempre ocupó, sea en la actualidad vilipendiada y humillada es un lastre que pesa sobre nuestra propia conciencia gremial.

Dirigente gremial de mil batallas, en el pasado, me produce mucha tristeza la dejadez, la carencia actual de mística reivindicatoria del colectivo médico, evidente en la falta de unidad. Dispersos, cada uno por su cuenta, la consolidación, como grupo fuerte de presión, no se ve, no se siente. Las asociaciones médicas, que nos representan, no han logrado cumplir una lucha efectiva, que se deje escuchar, en la defensa de sus más caros intereses. No hay quorum para la toma de decisiones. Las riendas de nuestro destino están en manos de otros, ajenos a la profesión.

Fe del carbonero. Así las cosas, el estatus digno, honorable, que ostentábamos ha tocado fondo. Perdimos credibilidad, la vieja y reconocida “Fe del carbonero” de que alardeaban los pacientes sobre su médico es un mito.

La gente, los medios de opinión pública nos tratan sin clemencia, no permiten, ni perdonan la derrota frente a la enfermedad y la muerte.

La resignación, el cumplimiento de la voluntad divina no tienen asidero, perdieron vigencia con la desacralización de la sociedad.

Los familiares exigen explicaciones en veces con violencia, quieren respuestas concretas a unas conductas, a unos procedimientos sin éxito. No admiten equivocaciones. Aturdidos no entienden que tanto el enfermo como el médico, son igualmente frágiles e imperfectos.

Omnipotencia tecnológica

Largas jornadas de desvelo, de consagración, de servicio, quedan sin reconocimiento por la deslumbrante omnipotencia que proyectamos, apoyados en una tecnología de infinita capacidad alucinante. Esa omnipotencia y suficiencia técnico – instrumental tiene su precio que toca reparar, indemnizar. Los dolientes y sus familiares tienen exactamente definido que los aparatos, los equipos, no se equivocan, ni responden por obligaciones, contractuales ni extracontractuales.

La solución. ¡Doctores! Abramos los ojos. Es en nosotros mismos en donde podemos encontrar la solución. La pericia, habilidad, prudencia, diligencia, sumo cuidado y saber mucha medicina son ingredientes de la responsabilidad médica que se dan la mano con la ética y con la ley.

En tanto seamos menos médicos por manifiesta ineptitud clínica, mientras no toquemos los pacientes en el cálido y dulce encuentro personal, a mayor apego a la deslumbrante e idolatrada máquina más cerca estaremos de una demanda.

El cuidado y atención al paciente no puede quedar subordinado al cuidado y atención que pongamos a la bendita máquina, a sabiendas de que esta no es infalible; es imprescindible establecer un justo equilibrio entre los dos.  

Conclusión

Es probable no falte, “de todo hay en la viña del señor”, el soberbio y joven colega que considere retrograda, anacrónica la tesis por mi expuesta en este escrito. Pertenezco, a Dios gracias, a una generación de galenos que, no obstante haber sido formados con una marcada estructura clínica, pudimos adaptarnos a los revolucionarios adelantos científicos de la época presente. Fue con mucha solvencia que, por ejemplo, en el campo de mi especialidad, la anestesiología, pude utilizar las modernas máquinas de anestesia computarizadas y demás medios utilizados en su práctica: ventiladores, video laringoscopios, ecógrafos para anestesia regional, bombas de infusión, oxímetros, electrocardiógrafos, capnógrafos, etc. Sin por ello desconectarme del humano contacto físico, personal con el paciente no solo en quirófanos, sino también en Unidades de cuidado intensivo, UCI.

¿Cuál, entonces, la estrategia por seguir?

Lo que la gente busca, quiere encontrar, en su médico es:  

“Un SER HOMBRE, UN SER BUENO, dentro de un SER CIENTIFICO. Es el objetivo, el anhelo desesperado, ansioso de los otros, de los demás, en la persona del SER ENFERMO”. [iv]

Concluyo con las dicientes palabras del maestro, orgullo de España Dr. Gregorio Marañón: “Solo se es dignamente médico con la idea clavada en el corazón de que trabajamos con instrumentos imperfectos y con remedios de utilidad insegura, pero con la conciencia cierta de que hasta donde no puede llegar el saber, llega siempre el amor… Generosidad absoluta es lo que hace respetable la actitud del médico”. [v]


(I) Herzka J, 1985, Medicina dialogística. Revista Hexágono, Roche, Vol. 6, número 15, p.10.

(ii) Kieffer G, La Evolución de la Ética, Bioética, Alhambra, Madrid. 1983, p.26

(IIi) Escardo F, El Alma del Médico, En Revista Médica de Caldas, Volumen 1, número 4, 1998, p.11i]

(iv)Coronado Hurtado T, Ser Médico, Magazín Científico, Editorial Universidad del Norte, Barranquilla, agosto-setiembre 1991, p. 5

(V) Citado por Pedro Laín y Entralgo en Marañón y la Medicina, Revista de Occidente, Madrid, 1962, p. 26-27

RELATED ARTICLES

Edumas, Interaseo y comunidad recuperan el parque del barrio La María en Soledad

La Alcaldía de Soledad, en articulación con Edumas, Interaseo y la comunidad, lideró una jornada integral de limpieza y mantenimiento que permitió...

Casos de dengue caen un 76 % en Soledad: Secretaría de Salud alerta por temporada crítica de mosquitos

Soledad logró reducir en un 76 % los casos de dengue gracias a las estrategias de prevención lideradas por la Secretaría de...

La transformación de la calle 25B del barrio Ferrocarril mejora la calidad de vida de cientos de familias en Soledad

La calle cuanta con su sistema de redes de acueductos y alcantarillados renovados. Hoy se ha convertido en un...

LEAVE A REPLY

Please enter your comment!
Please enter your name here

- Advertisment -

Most Popular

Edumas, Interaseo y comunidad recuperan el parque del barrio La María en Soledad

La Alcaldía de Soledad, en articulación con Edumas, Interaseo y la comunidad, lideró una jornada integral de limpieza y mantenimiento que permitió...

Casos de dengue caen un 76 % en Soledad: Secretaría de Salud alerta por temporada crítica de mosquitos

Soledad logró reducir en un 76 % los casos de dengue gracias a las estrategias de prevención lideradas por la Secretaría de...

La transformación de la calle 25B del barrio Ferrocarril mejora la calidad de vida de cientos de familias en Soledad

La calle cuanta con su sistema de redes de acueductos y alcantarillados renovados. Hoy se ha convertido en un...

Más de 300 niños participaron en FestiPaz, el festival que promueve la paz y la convivencia en Soledad

Más de 300 niños y adolescentes de Soledad disfrutaron de FestiPaz, un festival que combinó arte, deporte, música y recreación para promover...

Recent Comments

PEDRO CONRADO CUDRIZ on Diario para mitigar tu ausencia
Julio Lobelo Fernández on Las casas de mi barrio
Liseth Arciniegas on Las casas de mi barrio
PEDRO CONRADO CUDRIZ on Esa necesidad de respirar un aire nuevo
Ricardo Sandoval on Mi ángel y los sueños de lucía
Wencel Antonio Valega on Un breve sumario sobre lo critico
Ricardo Sandoval on Eterno instante de amor
Ricardo Sandoval on Entre instantes y brevedades
Wencel Antonio Valega on Inteligencia artificial y redes sociales
Luis Padilla Drago on Cavilaciones sobre la muerte
Jorge Alfredo Chiquillo Carrillo on Inteligencia artificial y redes sociales
Luis Vslega on La casa de los viejos
Ricardo Sandoval on El arte de tomar apuntes
Victoria Valega R. on La casa de los viejos
Ricardo Sandoval on Hace un mes… todo quedó ahí
Ricardo Sandoval on El fútbol y su filosofía
Milton Gomez on El fútbol y su filosofía
Eduardo Mejia on El fútbol y su filosofía
PEDRO CONRADO CUDRIZ on El hombre rebelde
Ricardo Sandoval on Serendipia y anestesia
Ricardo Sandoval on Aprendiendo a envejecer
Ricardo Sandoval on El hombre rebelde
Carlos E G. Arana on La memoria de la amistad
PEDRO CONRADO CUDRIZ on El suicidio en la literatura
Karen Escorcia on El suicidio en la literatura
Carlos Alberto Justiz Prieto on El legado espiritual de John Newton
Wence Valega on Homenaje al amor
Nelly Valecillos Gómez on El legado espiritual de John Newton
Carlos Alberto Justiz Prieto on Marrugo entre oleajes y versos del Caribe
PEDRO CONRADO CUDRIZ on Cuentan que Willis
Carlos Alberto Justiz Prieto on Los Llinás: la saga continua
Carlos Alberto Justiz Prieto on La práctica de las virtudes a través del tiempo
Wencel Antonio Valega Ruiz on El Burnout un Síndrome que afecta al docente
Santiago Cervantes on Inobasol, testigo mudo de Soledad
Birleidys de la hoz on Inobasol, testigo mudo de Soledad
Nohelia Figueroa on Inobasol, testigo mudo de Soledad
Yaser De la Hoz on Exilios y regresos
María Fernanda Gamero Moreno on Inobasol, reconocimiento y gratitud
Hernando Jose Hernandez Leal on El Burnout un Síndrome que afecta al docente
Carlos Justiz Prieto on Lecciones educativas del pasado
Donaldo Rada Martínez on Inobasol, testigo mudo de Soledad
Donaldo Rada Martínez on Inobasol, testigo mudo de Soledad
PEDRO CONRADO CUDRIZ on Sobre la lectura y la escritura
Martha Cabana Jamette on Los Llinás: la saga continua
Jorge Enrique Barrios Peña on Lecciones educativas del pasado
Wencel Antonio Valega on Lecciones educativas del pasado
PEDRO CONRADO CUDRIZ on Inobasol, reconocimiento y gratitud
PEDRO CONRADO CUDRIZ on Sobre el hablar y escuchar
PEDRO CONRADO CUDRIZ on  ¿Quién soy? Después del trabajo
PEDRO CONRADO CUDRIZ on El arte de ver las cosas
Emperatriz on Travesía de la lectura
PEDRO CONRADO CUDRIZ on El castigo de Falcao
Wencel Antonio Valega Ruiz on El castigo de Falcao
Pedro Conrado Cúdriz on Travesía de la lectura
Wencel Antonio Valega Ruiz on Entre la verdad y la posverdad
Wencel Antonio Valega on Todos tenemos nuestro sambenito
PEDRO CONRADO CUDRIZ on Una semblanza de papá
Wencel Antonio Valega Ruiz on Procusto: la envidia que limita
Boris Enrique De la Hoz cárcamo on Procusto: la envidia que limita
Wencel Antonio Valega on Ha partido el último moralista
PEDRO CONRADO CUDRIZ on Caminantes
mario Escorcia García on Ha partido el último moralista
Carlos Alberto Justiz Prieto on Hacia una educación con calidad
Wencel Antonio Valega on Hacia una educación con calidad
Jorge Alfredo Chiquillo Carrillo on Hacia una educación con calidad
Monica Coronado on En el día del maestro
jose luis valega navarro on Evocando a mamá
PEDRO CONRADO CUDRIZ on ¿Para qué nos reunimos?
Alexander de Jesús Vega Lugo on La educación y su crisis
wencel antonio valega ruiz on La educación y su crisis
Janeth Saker Garcia on La educación y su crisis
Jorge Enrique Barrios Peña on La educación y su crisis
Roque Vizcaino Barros on ¿Por qué siempre hablamos de libros?
Pedro E Conrado Cúdriz on ¿Por qué siempre hablamos de libros?
Jorge Isaac Consuegra Palma on El complejo oficio de ser maestro
wencel antonio valega ruiz on El hombre un ser con capacidad de paz
Álvaro Pérez Cardozo on La ética de la razón cordial
Wencel Antonio Valega on La ética de la razón cordial
Pedro Conrado Cúdriz on Fotografía
Janeth Saker Garcia on Justicia: hacemos lo que debemos
Wencel Antonio Valega on Modernidad y democracia
Mercedes sandoval on Justicia: hacemos lo que debemos
Rodolfo Hernández Pulgar on Perspectivas sobre el amor
Luis Escobar Camargo on Perspectivas sobre el amor
Larrys Fontalvo Rodríguez on Apuntes de Educación Física I
Pedro Conrado Cúdriz on Apuntes de Educación Física I
Emperatriz Salazar on El negro Hooker 
Wencel Antonio Valega on Coeficiente
Wencel Antonio Valega on Coeficiente
Alejandro Solano Gutiérrez de Piñeres on Coeficiente
Pedro Conrado Cúdriz on Coeficiente
wencel antonio valega ruiz on Vicisitudes de un maestro de escuela
Manuel Pianeta on Tristeza de Carnaval
Pedro Conrado on Tristeza de Carnaval
MANUEL PIANETA CALVO on Inobasol, testigo mudo de Soledad
Rafael De Jesus Torres Huertas on Inobasol, testigo mudo de Soledad
JOSE MACHADO YEPES on Inobasol, testigo mudo de Soledad
Sagrario Vargas, on Clínica bautista. Añoranzas
Carlos Alberto Justiz Prieto on Pedagogía para la paz
Nairo José Cavieles Rojas, Ph.D. on Pedagogía para la paz
Pedro Conrado Cúdriz on Agonía en el parque
Xiomara Escobar on Pedagogía para la paz
Jatzen Ricardo Guzmán Cusis on Pedagogía para la paz
Buenaventura Russeau on Pedagogía para la paz
Pedro Conrado Cúdriz on Poemas De Invierno
PEDRO CONRADO CUDRIZ on WhatsApeando
PEDRO CONRADO CUDRIZ on Sofía quiere ser
PEDRO CONRADO CUDRIZ on El hombre del semáforo
Mabel Luz Fuentes Pantoja on Zaqui, siempre titular
Carlos E G. Arana on Halloween con Edgar Allan Poe
Yaneth Caña on Maestras de infancia
wencel antonio valega ruiz on Maestras de infancia
Mabel Luz Fuentes Pantoja on Maestras de infancia
César Augusto Lamadrid Martínez. on Fermín Zurbarán. Un grande de la cirugía 
PEDRO E CONRADO CUDRIZ on Sin rencores
Duperlis Salcedo on Andar en malos pasos
Wencel Valega on La empatía en la literatura
PEDRO E CONRADO CUDRIZ on La empatía en la literatura
Ademir on Sobre la amistad
Douglas Maza G. on ¿Qué hay de la biblioteca?
Duperlis Salcedo on Sobre la amistad
jose luis valega navarro on Zacarías en prosa y poesía
Pedro Conrado Cudriz on Diario de viaje
Mabel Luz Fuentes Pantoja on Retratos
Raul "cuco" on Retratos
Nicolás Javier Corena Guerra on Inobasol, sagrado manantial
Mauricio Díaz on Inobasol, sagrado manantial
Alirys Jaraba Gutiérrez on Inobasol, sagrado manantial
Edwin José Sandoval Africano on Inobasol, sagrado manantial
Edwin José Sandoval Africano on Inobasol, sagrado manantial
PEDRO E CONRADO CUDRIZ on La ingenuidad de la nostalgia
Duperlis Salcedo on El vendedor de camisetas
Luis Valega on Homenaje a papá 
Luis Caicedo on Homenaje a papá 
Duperlis Salcedo on Homenaje a papá 
PEDRO E CONRADO CUDRIZ on Homenaje a papá 
Alirys Jaraba Gutiérrez on Adiós al Boni Martínez
PEDRO E CONRADO CUDRIZ on Salvavidas
PEDRO E CONRADO CUDRIZ on Naty
Duperlis Salcedo on Nostalgia de ciudad
Libardo Rafael De Oro on Nostalgia de ciudad
Pedro Conrado Cudriz on Juegos de la memoria
Nadin castro mejia on Apuntes de viaje
PEDRO CONRADO CÚDRIZ on Educación perruna
Libardo Rafael De Oro on Educación perruna
Pedro Conrado Cúdriz on Viacrucis de un maestro
Manuel Julián pianeta on Inicio de un periplo
Jose Rodriguez Acosta. on Fútbol de mujeres
Rafael Barceló rodriguez on Fútbol, Respeto y Pasión en Madrid
Manuel Julián pianeta on Gutiérrez
Ismael on Ritual de amor
Jorge Isaac Consuegra Palma on Evocando Maestros
Ismael Arzuza on Diario de un abuelo
Katherine Cepeda on Diario de un abuelo
Victoria Valega R. on Amada Soledad
Manuel Julián pianeta on El amor de Lucas
Hola on Un día normal
Manuel Julián pianeta on Amada Soledad
Maseralix Barcelo oviedo on Amada Soledad
Diana Marcela Camacho pardo on Si tú me olvidas
Martha Valega. on Calle soledeña
Francisco Alfredo Pacheco Amador on La cama y el libro
Wencel Valega on La cama y el libro
Alejandro Solano Gutiérrez de Piñeres on El mandato de la reina
José Manuel Villarreal Gravini on El Pelé que conocí
Josefa miranda castro on El Pelé que conocí
Roque Vizcaino Barros. on ¿Por dónde anda, Marcelino?
Libardo Rafael De Oro on Deporte y política en Colombia
Margarita Matta on El Agua Potable, Un Derecho
José Manuel Villarreal Gravini on Cuestionado Mundial de Fútbol de Qatar
José Manuel Villarreal Gravini on Cuestionado Mundial de Fútbol de Qatar
Javier Reales on La aventura de jubilarse
Santiago Ruiz Buitrago on Sentimiento caribe
javier jiménez on De putas y prostitutas
Mabel Janet Flórez Fernández on El drama de escribir ensayos en la universidad
Mabel Janet Flórez Fernández on El drama de escribir ensayos en la universidad
Laureano Salas Marquez on Sobre partidas y regresos
Einstein on En un lugar de Europa
Ademir Santiago on Casa de la memoria
Alejandro Solano Gutiérrez de Piñeres on Ser hombre
Osvaldo Cáliz Peña on Don de la inconformidad
Martha Isabel Calderón on ¿Recibir amor o darlo? el amor propio
Alejandro Solano Gutiérrez de Piñeres on El hombre
Alexander Ortiz Ocaña on Configuración del cerebro fetal
Aldemar Guerra Castillo on En un lugar de Europa
Nadin castro mejia on En un lugar de Europa
rodolfo cano on Equivalentes suicidas
Heriberto Vargas viloria on Jubiloso ochentón
Nicolàs. Hernández on De la alegría de leer y escribir
Luis Valega on Homenaje a las palabras
Alejandro Solano Gutiérrez de Piñeres on Homenaje a las palabras
Ricardo Sevilla Mercado on Homenaje a las palabras
CARLOS ENRIQUE GONZALEZ ARANA on Homenaje a las palabras
Francisco Arzuza on Ser abuelo en el siglo XXI
Pedro Conrado Cudriz on Ser abuelo en el siglo XXI
Francisco Alfredo Pacheco Amador on Infancia y vejez: ambas deben ser consentidas
Roque Vizcaino Barros. on Viajando en búsqueda de mi identidad
Joel Marchena Cantillo on Cuando la plaza de soledad era una fiesta
Juan Sandoval Alvarino. on Cuando la plaza de soledad era una fiesta
Antonio Campo Peña on Viajando en búsqueda de mi identidad
Rafael Villarreal Noriega on Viajando en búsqueda de mi identidad
Francisco Alfredo Pacheco Amador on Las redes sociales no son periodismo
Milagro on Ídolos de barro
Margarita Rosa Matta Gómez on ¿Tiene Usted fiebre?
Francisco Alfredo Pacheco Amador on Silencios y soledades nutren de amor el vivir bien
Octavio Augusto De La Hoz Ordóñez on No digas todo lo que sabes
Francisco Alfredo Pacheco Amador on La amistad amorosa
Nairoby Rodríguez on El Turco Farid
Silvia Valencia Martínez on Lecciones de la pandemia
Max R. Peña on Fumar pasó de moda
NELSON MANUEL ORTIZ SANTOS on Propuestas para dar el salto 2: La Mentalidad
Teobaldo Coronado Hurtado on Propuestas para dar el salto 2: La Mentalidad
William Baca Orozco. on Todos tenemos voz
Esther Gonzalez Pabon on Ludopatía: adicción al juego
Francisco Alfredo Pacheco Amador on Democracias y li-be-rt-ad-es
Paul Jesus Marchena Cantillo on Dos rescates, una recompensa
Teobaldo Coronado Hurtado on Las muertes de cada día no tienen madre.
Yunelis Lopez Vargas on Un trabajador de la Salud
Isabel Baca Ruiz on Un trabajador de la Salud
Betty Cantillo de Gill on La Respiración
Marcos Gill on La Respiración
Wencel Valega on La Respiración
Ricardo Iglesias on La Respiración
Isabel Baca Ruiz on La Respiración
Sandra Márquez on NO Hay Picos, Hay Pandemia
Rosario Morales on NO Hay Picos, Hay Pandemia
Roberto González on QUÉ OCURRE EN NUESTRA ALMA MATER?
Esther Sofía Pereira Lopez on QUÉ OCURRE EN NUESTRA ALMA MATER?
Marta Donado Villarreal on Un Dolor De Cabeza
Armando Puello on Un Dolor De Cabeza
Jaime Rosales on Un Dolor De Cabeza
Silvia fabregas on Un Dolor De Cabeza
Alvaro Fabregas on Un Dolor De Cabeza
Isabel Baca Ruiz on Un Dolor De Cabeza
César Augusto Lamadrid Martínez on EL LIBRO DE PAPEL VS EL LIBRO DIGITAL.
Sandra Marquez on Ojo con sus ojos (II Parte)
Esther Sofia Pereira López on DE NIETOS Y ABUELOS
Teobaldo Coronado Hurtado on DE NIETOS Y ABUELOS
Diana Crespo Rodriguez on El propósito de la vida es vivir
Wilfrido Gómez on INSPIRACIÓN
Luis Espinoza Figueroa on INSPIRACIÓN
Erly Charles Paternina Hernández on INSPIRACIÓN
Jaime rosales on INSPIRACIÓN
Rafa nigrinis on El imperio de los sentidos
GREGORIO GREGORY on Dónde están mis juguetes?
Erly Charles Paternina Hernández on El imperio de los sentidos
Yexica Africano Navarto on Dónde están mis juguetes?
Milton Gomez Cardozo on Intimidad vs información (Final)
Milton Gomez Cardozo on Informacion vs intimidad (parte 2 )
Erly Charles Paternina Hernández on El arte del ganador
José Alvarado Nieto on El debut
Erly Charles Paternina Hernández on Fútbol de veteranos
Esther Sofia Pereira López on Periodismo con paredón
Agustin Garizábalo on El debut
Agustin Garizábalo on El debut
Agustin Garizábalo on El debut
Agustin Garizábalo on El debut
Agustin Garizábalo on El debut
salomon David castro aguas on El debut
Laura Barceló on El debut
William on El debut
Rosana Zambrano on El Páncreas y sus enfermedades
Dreynner Barraza Rosales on El Páncreas y sus enfermedades
Álvaro López Martínez on El debut
Álvaro López Martínez on El debut
Estebana Reyes Rangel on El debut
Gloria sofia fabregas Villate on El Páncreas y sus enfermedades
Rafael Enrique Surmay Herrera on El otro discurso, muy personal (3)
Carlos paternina acosta on El otro discurso, muy personal (3)
Agustín Garizabalo on El otro discurso, más personal (2)
Erly Charles Paternina Hernández on El otro discurso, más personal (2)
Fernando A Charris Almarales. on El otro discurso, más personal (2)
Erly Charles Paternina Hernández on El otro discurso, más personal
Rafael Enrique Surmay Herrera on El otro discurso, más personal
Erly Charles Paternina Hernández on El discurso y el método (5)
Erly Charles Paternina Hernández on El discurso y el método (4)
Mauricio javier Bustillo Marmol on El discurso y el método (3)
Jabib vergara delgado on El discurso y el método (4)
RICARDO GARIZABALO on El discurso y el método (4)
Jesús Orozco on El discurso y el método (4)
olmar Calderón Dávila on El discurso y el método (4)
Estebana Reyes Rangel on El discurso y el método (4)
Agustin Garizabalo almarales on El discurso y el método (4)
Leslie E. Smith on El discurso y el método (4)
Amparo urzola on ¿Tiene usted tos?
Jacquelín Isabel Martínez Navarro on Nuestro gran reto
Dra Masi on Nuestro gran reto
Eucaris Laguna on Nuestro gran reto
Yomaira Escorcia Barcelo on Nuestro gran reto
Reinaldo Rodríguez Garcia on El discurso y el método (3)
Isabel Baca Ruiz on Nuestro gran reto
Erly Charles Paternina Hernández on El discurso y el método (3)
Pablo Emilio Martinez Aparicio on El discurso y el método (3)
Erly Charles Paternina Hernández on El discurso y el método (2)
Agustin Garizábalo on Pequeñas infidencias (5)
Agustin Garizábalo on Pequeñas infidencias (5)
Agustin Garizábalo on Pequeñas infidencias (5)
Agustin Garizábalo on Pequeñas infidencias (5)
Alexander Luis Ortiz Ocaña on El éxito y la felicidad, según Jesús,
Erly Charles Paternina Hernández on Por fortuna se equivocan
Dreynner Barraza Rosales on Por fortuna se equivocan
Estebana Reyes Rangel on Por fortuna se equivocan
Rafael Enrique Surmay Herrera on Por fortuna se equivocan
Luis Maza Torregroza on El Laboratorio Clínico
olmar Calderón Dávila on Pequeñas Infidencias (6)
Erly Charles Paternina Hernández on Pequeñas Infidencias (6)
Ricardo Solano Orozco on El Laboratorio Clínico
Gilberto Marenco Better on Pequeñas infidencias (5)
Erly Charles Paternina Hernández on Pequeñas infidencias (5)
Elias Ruiz De La Victoria on Pequeñas infidencias (5)
Jaime rosales on Pequeñas infidencias (5)
Milton Gomez Cardozo on El silencio o el escándalo
Yadira Ruiz on ¿Tiene usted tos?
Sandra MarqueZ on Las Enfermedades Mentales
Alonso Pérez on Pequeñas infidencias (4)
Ivet Vergara on Las Enfermedades Mentales
Estebana Reyes Rangel on Pequeñas infidencias (4)
Erly Charles Paternina Hernández on Pequeñas infidencias (4)
Esther Sofia Pereira López on Soledad, aislamiento y vejez
Alfonso.Rodriguez Cruz on Soledad, aislamiento y vejez
Estebana Reyes Rangel on Pequeñas infidencias (3)
Xiomara Albis on Soledad, aislamiento y vejez
Milton Gomez Cardozo on Soledad, aislamiento y vejez
José Alvarado Nieto on Administrador de pasiones
Orlando Moscote Rojano on ¿Tiene usted tos?
Marcos Gill on ¿Tiene usted tos?
Roberto sarabia Durán on Pequeñas infidencias (2)
Sandra Marquez Sandoval on ¿Tiene usted tos?
Jairo Diz fabregas on Pequeñas infidencias
Adolfo Cotes. on Pequeñas infidencias
jose pachon niño on Pequeñas infidencias
Alexander Luis Ortiz Ocaña on Cómo alcanzar la felicidad infinita
Teobaldo Coronado on ¿Amor familiar o amor materno?
Teobaldo Coronado on ¿Amor familiar o amor materno?
Yomaira De las Salas Baca on Alcalde Pumarejo Decrete Cero Carnaval 2021
DONICEL PACHECO B. on Feliz día papá
Erly Charles Paternina Hernández on La grandeza de las cosas simples
IVIS GONZALEZ on El sistema inmunológico
Mirian Gonzalez on El sistema inmunológico
Ricardo Solano Orozco on El sistema inmunológico
Sandra Márquez Sandoval on El sistema inmunológico
Gladys Flórez Páez on Crítica: Redes vs Medios
Osiris Fabregas Zambrano on El sistema inmunológico
Esther Sofia Pereira López on Crítica: Redes vs Medios
Esther Sofia Pereira López on Crítica: Redes vs Medios
Roberto sarabia Durán on Pedagogía de la compasión
Adolfo Guerrero Sarmiento on Pedagogía de la compasión
Nancy Torres on Pedagogía de la compasión
Meibel Tatis on Los Hijos De Hipócrates
Alfonso De La Hoz O on Los Hijos De Hipócrates
Roberto sarabia Durán on Y si no alcanzas tus sueños…¿qué?
Erly Charles Paternina Hernández on Y si no alcanzas tus sueños…¿qué?
Teobaldo Coronado Hurtado on Periodismo y corrupción
CARLOS E. LLANOS GOENAGA on Competir sin jugar
Alexander Luis Ortiz Ocaña on El rol del maestro en medio de la pandemia
DIDIER ALFONSO LUNA GONZALEZ. on Competir sin jugar
Margarita Dorado Agrda on El rol del maestro en medio de la pandemia
EDUARDO E. ALMARALES MANGA on Competir sin jugar
Álvaro López Martínez on Competir sin jugar
Teobaldo Coronado Hurtado on Un diario sin lectores (Parte 3)
Blacky Arévalo Herrera on Competir sin jugar
Gyna Niebles Barceló on ¡Feliz día, Maestros!
Erly Charles Paternina Hernández on Fútbol Covid
Leoneth guerrero on Fútbol Covid
Carlos Alberto Figueroa Otero on Fútbol Covid
JUAN ANTONIO PABON ARRIETA on Fútbol Covid
Mr. Leslie E. Smith on Fútbol Covid
Alfredo Aurela on Fútbol Covid
Jesús Orozco charris on Fútbol Covid
Alonso Pérez on Cuando los ídolos hablan
MARTA CECILIA RICAURTE GUERRERO on En defensa del “Gran pacto social por Soledad”
Silvestre Maestre Martinez on ¿Y qué pasará con el fútbol local?
FAUSTO PEREZ VILLAREAL on ¿Y qué pasará con el fútbol local?
Yomara Estrada Perez on ¿Y qué pasará con el fútbol local?
Luis Hernando Cepeda Espitia on ¿Y qué pasará con el fútbol local?
Alfonso Silva Navarro on ¿Y qué pasará con el fútbol local?
Pedro Daniel Muñoz Alvis on ¿Y qué pasará con el fútbol local?
Adalberto Herrera Avila on Cuando se les caen las caretas
GUILLERMO LEON ROMERO CARDONA8 el maestro del futbol) on De Caimanes y Boricuas
William Pertuz Pedroza on Cuando se les caen las caretas
William Pertuz Pedroza on Cuando se les caen las caretas
César Agudelo on Una pasión heredada por amor
Andres Ibarguen on De Caimanes y Boricuas
Javier Ferrer Africano on Ecos de la pandemia
Efraindelahoz on Ecos de la pandemia
Carlos Torres Paredes. on Ecos de la pandemia
Sandra Marquez Sandoval on Ecos de la pandemia