jueves, julio 16, 2026
Home Opinión Alexander Luis Ortiz Ocaña Vivir sin expectativas ¿insensatez o necesidad psicológica?

Vivir sin expectativas ¿insensatez o necesidad psicológica?

En su devenir histórico, el ser humano siempre ha condicionado su cotidianidad a los sueños y anhelos. Siempre estamos decidiendo nuestras próximas acciones a partir de propósitos e intenciones. Nos encanta planear. Y sufrimos mucho cuando estos planes no se cumplen. O por lo menos, sentimos dolor, inconformidad, malestar. La planeación y las expectativas son nocivas si no se cumplen.

Para no sentir disgusto e incomodidad ante las incertidumbres de la vida, debemos vivir sin expectativas, simplemente vivir la vida viviendo. Y disfrutarlo.

Cuando nos planteamos expectativas, sufrimos si no las cumplimos y sentimos dolor. En cambio, si vives sin expectativas, sin condiciones, sin supuestos, sin prejuicios y sin a prioris, siempre eres feliz.

No se trata de vivir y andar a ciegas, se trata de andar y vivir. Solo eso. Fluir. Las expectativas son nocivas. Vivimos con expectativas, eso es cierto, y por eso sufrimos, sentimos dolor y no somos felices. Por eso sugiero vivir sin expectativas, para vivir bien, para tener una vida en plenitud.

Hablo de un estado ideal, vivir solo por el deseo de vivir, sin más. Eso es lo único que tenemos, la vida. Porque al plantearnos expectativas condicionamos nuestro vivir, y no vivimos porque nos concentramos en las expectativas. Si se cumplen somos felices, pero si no se cumplen sufrimos.

Es una reflexión que hago sin supuestos, sin fundamentos, sin teorías, solo mirando mi propia vida y la de los demás. Es mejor vivir el proceso sin esperar resultados. Es mejor vivir, fluir, sin esperar nada a cambio.

Nadie nos obliga a hacer las cosas que hacemos. Siempre tenemos la posibilidad de hacer lo contrario o algo diferente. Esto es lo que nos diferencia de los animales no humanos: la capacidad y posibilidad de reflexionar, hablar, optar y decidir. Cada vez que hablamos configuramos nuestro mundo. La palabra transforma.

No hacer planes, ahí está la vida plena. Debemos vivir la vida como quisiéramos vivirla. Listo, no más. Sin expectativas ni supuestos.

He observado que los seres humanos hacemos planes, nos planteamos expectativas, y luego hacemos exactamente lo contrario para cumplirlas, no hacemos lo que debemos hacer. Absurdo. Y entonces atribuimos el fracaso a factores ajenos a nuestro vivir. Solo podemos ser felices y vivir una vida en plenitud viviendo como queremos vivir en nuestra cotidianidad, en nuestras biopraxis.

Cuando hacemos planes, y no se cumplen, sufrimos. Debemos vivir la vida en plenitud, viviendo la vida en plenitud. La cotidianidad humana no tiene propósitos, ni objetivos ni intenciones. Las biopraxis humanas no son teleológicas. Sencillamente vivimos la vida viviendo en una afluencia natural que emerge momento a momento, sin pasado y sin futuro, solo en el presente. Pero al formular expectativas entonces nos causamos dolor y sufrimiento a nosotros mismos, por su no cumplimiento. En cambio si hago en cada instante lo que deseo hacer y vivo la vida como deseo vivirla, sin expectativas, entonces fluyo en una vida armónica, plena y coherente, soy feliz de manera constante, infinita y perpetua. Vivo en plenitud.

La resiliencia es una cualidad humana que observa otra persona o uno mismo, cuando se adapta a un cambio, también observado, pero no tiene existencia ontológica, no es una cosa, no podemos reificarla. El ser humano no es que tenga resiliencia, sencillamente actúa de manera resiliente

No es andar sin dirección, es andar en la dirección que queremos andar. Solo eso, hacer lo que queremos hacer, gozar y disfrutar de eso que estamos haciendo, configurar una vida en plenitud, armónica y coherente con nuestras biopraxis cotidianas.

Nosotros los seres humanos decimos que queremos una cosa y hacemos otra, y luego sufrimos porque no cumplimos lo que dijimos que queríamos, pero sucede que no lo cumplimos porque no hacemos lo que debimos hacer. Lo que yo propongo para resolver esta contradicción es hacer diariamente, a cada hora, en cada minuto, en cada momento, en cada instante, lo que deseamos hacer, y de esa manera no hay forma de incumplir con una expectativa, porque no hay propósito ni intención: solo vivir la vida como deseo vivirla y hacer lo que deseo hacer. ¿Cuál es el propósito de la vida? Vivirla, no hay otro. La vida humana no es teleológica, somos felices viviendo, solo eso. La plenitud de la vida se alcanza viviendo.

Mucha gente no está de acuerdo con este planteamiento. Es bueno que no estemos de acuerdo. Si todos los seres humanos estuviésemos de acuerdo la vida fuese aburridísima. El no consenso es una cualidad de los seres humanos. No podemos vivir en el consenso. Mi argumento no es ontológico, porque entiendo que no existe una realidad fáctica independiente de nuestra conciencia, voluntad y biopraxis. Mi argumento es epistemológico. Así somos, así vivimos, así existimos, así nos autoconfiguramos.

Yo vivo así. Solo vivo. Nada más. No me creo expectativas. No pienso en el resultado, me concentro en el proceso en todo lo que hago. Claro, hay veces que las acciones de otras personas interfieren mi vivir espontáneo, y se pierde la armonía y coherencia de mi vivir. Pero siempre que no haya perturbación de mi vivir espontáneo, estoy viviendo a plenitud, en armonía y coherencia, sin propósitos, sin intenciones, sin objetivos, sin expectativas; solo haciendo a cada momento lo que deseo hacer, viviendo en cada instante como deseo vivir la vida. Y lo hago para no sentir dolor y sufrimiento por el incumplimiento de esas expectativas. Solo sufro y siento dolor cuando otra persona interfiere y perturba mi vivir y hacer espontáneo.

La resiliencia es una cualidad humana que observa otra persona o uno mismo, cuando se adapta a un cambio, también observado, pero no tiene existencia ontológica, no es una cosa, no podemos reificarla. El ser humano no es que tenga resiliencia, sencillamente actúa de manera resiliente, y eso tiene que ver con su modo de vivir la vida: resilienciar. Todos deberíamos resilienciar nuestros actos cotidianos.

La vida es energía y tiene ciclos que se cumplen bajo límites biológicos, los propósitos hacen parte de las configuraciones conceptuales, ya que estas pretenden dar sentido a la vida. Las configuraciones conceptuales están de la mano de la educación y ésta es inevitable desde la convivencia. Queramos o no, configuramos y reconfiguramos en relación a las vivencias y las personas y circunstancias de que se compone nuestro ciclo vital.

Un observador externo, que puedes ser tú mismo, observa que el vivir se orienta a una intención o propósito, pero eso es imposible, porque somos seres vivos autoconfigurativos cerrados, y para nuestro cerebro, y para el sistema nervioso en general, no hay mundo externo ni objetivos. Las configuraciones biogenéticas se despliegan en el vivir y ese es su único propósito, pero un observador externo, que puedes ser tú mismo, observa intenciones en esa afluencia del ser humano, pero en realidad no hay intenciones: solo vivir y nada más.

Como ser vivo humano que estás siendo, vives tu vivir en el conversar y el único propósito de tu vivir es vivir, no hay otro. Hay quien dice: Vivo consciente en un nivel en el que escojo configuraciones y deconstruyo a usanza de emociones cada día más claras en virtud de la búsqueda y afianzamiento de una emoción a la que he llamado “no emoción”. Pero no se percata que esa no-emoción es una emoción, lo que logras lo haces por deseo, lo quieres hacer, tu sustrato es emocional. La razón es una invención conceptual humana. Somos emociones.

Pero tú no vives como te dé la gana, vives como te dé la gana hasta donde te permita tu configuración de configuraciones biogenéticas, neuropsicológicas y socioculturales. El vivir como te da la gana tiene un límite. Y el límite es tu propia configuración, que puedes reconfigurar, pero la nueva configuración que configuras, sigue limitándote, y así ad Infinitum.

La única forma de acceder a ti mismo es mediante la reflexión. Re-flexión. Volver a flexionar, repetir la flexión. Cada vez que reflexionas tienes la opción de la autotransformación, cultivando, consolidando, reconfigurando y conservando lo que desees conservar en tu vivir. Puede ser y debe ser lo que desees.

Tú no existes, no eres real, ontológicamente hablando. Lo único que reconfiguras son tus propios modelos conceptuales y configuraciones epistémicas que has configurado sobre ti mismo. Y es así porque eres un ser vivo determinado por tus configuraciones biológicas y neuropsicológicas; y no tienes acceso a esas configuraciones. Solo accedes con tus emociones, tu conversar y tu reflexionar, a tus configuraciones conceptuales comprensivas. Eres un signo, un concepto.

Como ser vivo cerrado no puedes reconfigurar tus configuraciones internas biogenéticas y neuronales. Solo puedes influirlas, potenciarlas, estimularlas, más no especificarlas, ni determinarlas. Influyes pero no determinas. Te autoestimulas, te perturbas a ti mismo, pero no puedes especificarte ni modificarte ni determinarte.

Tu cerebro, y toda la configuración biogenética y neuronal, es autoconfigurativo, no distingue tu operar, simplemente opera para mantener la vida. Tus acciones operacionales y relacionales no determinan ni especifican lo que sucede en esas configuraciones. No es una limitación nuestra ni algo malo o negativo, es sencillamente nuestra constitución biológica como seres vivos.

Hablo con la configuración conceptual que he configurado sobre ti, pero es imposible hablar contigo mismo. Los seres humanos no conversamos ni comunicamos, solo la conversación conversa, solo la comunicación comunica.

La operación que reproduce la configuración social que configuramos tú y yo, es el conversar. Por lo tanto, tú y yo como configuración biogenética y neuronal, no conversamos ni nos comunicamos. Porque somos configuraciones cerradas. Somos el entorno de las configuraciones lingüísticas, sociales y conversacionales que somos. La configuración bio-genética-neuronal se entrelaza o configura con la configuración sociocultural. Eso es lo que nos da la armonía y coherencia en el vivir cotidiano.

La única forma de acceder a ti mismo es mediante la reflexión. Re-flexión. Volver a flexionar, repetir la flexión. Cada vez que reflexionas tienes la opción de la autotransformación, cultivando, consolidando, reconfigurando y conservando lo que desees conservar en tu vivir. Puede ser y debe ser lo que desees.

Las expectativas nos detienen, nos retienen, no nos dejan avanzar. Y si persistimos en ellas los resultados te levantan o terminan acabándote, destruyéndote, si tu capacidad de resiliencia es débil o careces de ella.

Porque esas configuraciones biológicas y genéticas pueden ser poderosamente negativas, negándote la oportunidad de dejar fluir tu vida. Si por el contrario, son positivas, ellas permitirán un mundo de emociones transformadoras, creadoras, que irremediablemente transformarán la vida de cualquier persona haciendo de ella un paraíso diario, logrando vencer las afectaciones externas, impidiendo que ellas disminuyan tu potencial y tus energías, actuando como anticuerpos, para atacar el daño y que éste no se prolongue, porque de alguna manera afectan tu vida.

Alguien me propuso que los sueños son valiosos, pero poniendo “los pies en la tierra”, pero en ese caso no se asume que recibiré un golpe y debo estar preparado para él. Es menos doloroso configurar el fracaso antes de que ocurra. Es cierto que para algunas personas los sueños son las ganas de ser feliz, aunque no se cumplan. Para algunas personas, soñar es configurar en su mente la felicidad, su cuerpo y alma vibran con sólo soñar, independientemente de su resultado. En este caso, ese sueño no tiene expectativas.

Nuestra realidad es el vivir. Realidad y vivir son lo mismo. La realidad de cada quien es su vivir. Los humanos vivimos en el lenguaje, en el conversar. El lenguaje no es un sistema de signos o una herramienta que utilizamos, el lenguaje es un modo de vivir. Nuestra realidad es el conversar. Vivir es conversar y conversar es vivir. De ahí que si queremos tener una vida diferente, debemos configurarla, crear una nueva cultura mediante el conversar, porque lo único que existe realmente es lo que conversamos. Los seres humanos somos lenguaje. Somos un signo.

RELATED ARTICLES

Edumas, Interaseo y comunidad recuperan el parque del barrio La María en Soledad

La Alcaldía de Soledad, en articulación con Edumas, Interaseo y la comunidad, lideró una jornada integral de limpieza y mantenimiento que permitió...

Casos de dengue caen un 76 % en Soledad: Secretaría de Salud alerta por temporada crítica de mosquitos

Soledad logró reducir en un 76 % los casos de dengue gracias a las estrategias de prevención lideradas por la Secretaría de...

La transformación de la calle 25B del barrio Ferrocarril mejora la calidad de vida de cientos de familias en Soledad

La calle cuanta con su sistema de redes de acueductos y alcantarillados renovados. Hoy se ha convertido en un...

LEAVE A REPLY

Please enter your comment!
Please enter your name here

- Advertisment -

Most Popular

Edumas, Interaseo y comunidad recuperan el parque del barrio La María en Soledad

La Alcaldía de Soledad, en articulación con Edumas, Interaseo y la comunidad, lideró una jornada integral de limpieza y mantenimiento que permitió...

Casos de dengue caen un 76 % en Soledad: Secretaría de Salud alerta por temporada crítica de mosquitos

Soledad logró reducir en un 76 % los casos de dengue gracias a las estrategias de prevención lideradas por la Secretaría de...

La transformación de la calle 25B del barrio Ferrocarril mejora la calidad de vida de cientos de familias en Soledad

La calle cuanta con su sistema de redes de acueductos y alcantarillados renovados. Hoy se ha convertido en un...

Más de 300 niños participaron en FestiPaz, el festival que promueve la paz y la convivencia en Soledad

Más de 300 niños y adolescentes de Soledad disfrutaron de FestiPaz, un festival que combinó arte, deporte, música y recreación para promover...

Recent Comments

PEDRO CONRADO CUDRIZ on Diario para mitigar tu ausencia
Julio Lobelo Fernández on Las casas de mi barrio
Liseth Arciniegas on Las casas de mi barrio
PEDRO CONRADO CUDRIZ on Esa necesidad de respirar un aire nuevo
Ricardo Sandoval on Mi ángel y los sueños de lucía
Wencel Antonio Valega on Un breve sumario sobre lo critico
Ricardo Sandoval on Eterno instante de amor
Ricardo Sandoval on Entre instantes y brevedades
Wencel Antonio Valega on Inteligencia artificial y redes sociales
Luis Padilla Drago on Cavilaciones sobre la muerte
Jorge Alfredo Chiquillo Carrillo on Inteligencia artificial y redes sociales
Luis Vslega on La casa de los viejos
Ricardo Sandoval on El arte de tomar apuntes
Victoria Valega R. on La casa de los viejos
Ricardo Sandoval on Hace un mes… todo quedó ahí
Ricardo Sandoval on El fútbol y su filosofía
Milton Gomez on El fútbol y su filosofía
Eduardo Mejia on El fútbol y su filosofía
PEDRO CONRADO CUDRIZ on El hombre rebelde
Ricardo Sandoval on Serendipia y anestesia
Ricardo Sandoval on Aprendiendo a envejecer
Ricardo Sandoval on El hombre rebelde
Carlos E G. Arana on La memoria de la amistad
PEDRO CONRADO CUDRIZ on El suicidio en la literatura
Karen Escorcia on El suicidio en la literatura
Carlos Alberto Justiz Prieto on El legado espiritual de John Newton
Wence Valega on Homenaje al amor
Nelly Valecillos Gómez on El legado espiritual de John Newton
Carlos Alberto Justiz Prieto on Marrugo entre oleajes y versos del Caribe
PEDRO CONRADO CUDRIZ on Cuentan que Willis
Carlos Alberto Justiz Prieto on Los Llinás: la saga continua
Carlos Alberto Justiz Prieto on La práctica de las virtudes a través del tiempo
Wencel Antonio Valega Ruiz on El Burnout un Síndrome que afecta al docente
Santiago Cervantes on Inobasol, testigo mudo de Soledad
Birleidys de la hoz on Inobasol, testigo mudo de Soledad
Nohelia Figueroa on Inobasol, testigo mudo de Soledad
Yaser De la Hoz on Exilios y regresos
María Fernanda Gamero Moreno on Inobasol, reconocimiento y gratitud
Hernando Jose Hernandez Leal on El Burnout un Síndrome que afecta al docente
Carlos Justiz Prieto on Lecciones educativas del pasado
Donaldo Rada Martínez on Inobasol, testigo mudo de Soledad
Donaldo Rada Martínez on Inobasol, testigo mudo de Soledad
PEDRO CONRADO CUDRIZ on Sobre la lectura y la escritura
Martha Cabana Jamette on Los Llinás: la saga continua
Jorge Enrique Barrios Peña on Lecciones educativas del pasado
Wencel Antonio Valega on Lecciones educativas del pasado
PEDRO CONRADO CUDRIZ on Inobasol, reconocimiento y gratitud
PEDRO CONRADO CUDRIZ on Sobre el hablar y escuchar
PEDRO CONRADO CUDRIZ on  ¿Quién soy? Después del trabajo
PEDRO CONRADO CUDRIZ on El arte de ver las cosas
Emperatriz on Travesía de la lectura
PEDRO CONRADO CUDRIZ on El castigo de Falcao
Wencel Antonio Valega Ruiz on El castigo de Falcao
Pedro Conrado Cúdriz on Travesía de la lectura
Wencel Antonio Valega Ruiz on Entre la verdad y la posverdad
Wencel Antonio Valega on Todos tenemos nuestro sambenito
PEDRO CONRADO CUDRIZ on Una semblanza de papá
Wencel Antonio Valega Ruiz on Procusto: la envidia que limita
Boris Enrique De la Hoz cárcamo on Procusto: la envidia que limita
Wencel Antonio Valega on Ha partido el último moralista
PEDRO CONRADO CUDRIZ on Caminantes
mario Escorcia García on Ha partido el último moralista
Carlos Alberto Justiz Prieto on Hacia una educación con calidad
Wencel Antonio Valega on Hacia una educación con calidad
Jorge Alfredo Chiquillo Carrillo on Hacia una educación con calidad
Monica Coronado on En el día del maestro
jose luis valega navarro on Evocando a mamá
PEDRO CONRADO CUDRIZ on ¿Para qué nos reunimos?
Alexander de Jesús Vega Lugo on La educación y su crisis
wencel antonio valega ruiz on La educación y su crisis
Janeth Saker Garcia on La educación y su crisis
Jorge Enrique Barrios Peña on La educación y su crisis
Roque Vizcaino Barros on ¿Por qué siempre hablamos de libros?
Pedro E Conrado Cúdriz on ¿Por qué siempre hablamos de libros?
Jorge Isaac Consuegra Palma on El complejo oficio de ser maestro
wencel antonio valega ruiz on El hombre un ser con capacidad de paz
Álvaro Pérez Cardozo on La ética de la razón cordial
Wencel Antonio Valega on La ética de la razón cordial
Pedro Conrado Cúdriz on Fotografía
Janeth Saker Garcia on Justicia: hacemos lo que debemos
Wencel Antonio Valega on Modernidad y democracia
Mercedes sandoval on Justicia: hacemos lo que debemos
Rodolfo Hernández Pulgar on Perspectivas sobre el amor
Luis Escobar Camargo on Perspectivas sobre el amor
Larrys Fontalvo Rodríguez on Apuntes de Educación Física I
Pedro Conrado Cúdriz on Apuntes de Educación Física I
Emperatriz Salazar on El negro Hooker 
Wencel Antonio Valega on Coeficiente
Wencel Antonio Valega on Coeficiente
Alejandro Solano Gutiérrez de Piñeres on Coeficiente
Pedro Conrado Cúdriz on Coeficiente
wencel antonio valega ruiz on Vicisitudes de un maestro de escuela
Manuel Pianeta on Tristeza de Carnaval
Pedro Conrado on Tristeza de Carnaval
MANUEL PIANETA CALVO on Inobasol, testigo mudo de Soledad
Rafael De Jesus Torres Huertas on Inobasol, testigo mudo de Soledad
JOSE MACHADO YEPES on Inobasol, testigo mudo de Soledad
Sagrario Vargas, on Clínica bautista. Añoranzas
Carlos Alberto Justiz Prieto on Pedagogía para la paz
Nairo José Cavieles Rojas, Ph.D. on Pedagogía para la paz
Pedro Conrado Cúdriz on Agonía en el parque
Xiomara Escobar on Pedagogía para la paz
Jatzen Ricardo Guzmán Cusis on Pedagogía para la paz
Buenaventura Russeau on Pedagogía para la paz
Pedro Conrado Cúdriz on Poemas De Invierno
PEDRO CONRADO CUDRIZ on WhatsApeando
PEDRO CONRADO CUDRIZ on Sofía quiere ser
PEDRO CONRADO CUDRIZ on El hombre del semáforo
Mabel Luz Fuentes Pantoja on Zaqui, siempre titular
Carlos E G. Arana on Halloween con Edgar Allan Poe
Yaneth Caña on Maestras de infancia
wencel antonio valega ruiz on Maestras de infancia
Mabel Luz Fuentes Pantoja on Maestras de infancia
César Augusto Lamadrid Martínez. on Fermín Zurbarán. Un grande de la cirugía 
PEDRO E CONRADO CUDRIZ on Sin rencores
Duperlis Salcedo on Andar en malos pasos
Wencel Valega on La empatía en la literatura
PEDRO E CONRADO CUDRIZ on La empatía en la literatura
Ademir on Sobre la amistad
Douglas Maza G. on ¿Qué hay de la biblioteca?
Duperlis Salcedo on Sobre la amistad
jose luis valega navarro on Zacarías en prosa y poesía
Pedro Conrado Cudriz on Diario de viaje
Mabel Luz Fuentes Pantoja on Retratos
Raul "cuco" on Retratos
Nicolás Javier Corena Guerra on Inobasol, sagrado manantial
Mauricio Díaz on Inobasol, sagrado manantial
Alirys Jaraba Gutiérrez on Inobasol, sagrado manantial
Edwin José Sandoval Africano on Inobasol, sagrado manantial
Edwin José Sandoval Africano on Inobasol, sagrado manantial
PEDRO E CONRADO CUDRIZ on La ingenuidad de la nostalgia
Duperlis Salcedo on El vendedor de camisetas
Luis Valega on Homenaje a papá 
Luis Caicedo on Homenaje a papá 
Duperlis Salcedo on Homenaje a papá 
PEDRO E CONRADO CUDRIZ on Homenaje a papá 
Alirys Jaraba Gutiérrez on Adiós al Boni Martínez
PEDRO E CONRADO CUDRIZ on Salvavidas
PEDRO E CONRADO CUDRIZ on Naty
Duperlis Salcedo on Nostalgia de ciudad
Libardo Rafael De Oro on Nostalgia de ciudad
Pedro Conrado Cudriz on Juegos de la memoria
Nadin castro mejia on Apuntes de viaje
PEDRO CONRADO CÚDRIZ on Educación perruna
Libardo Rafael De Oro on Educación perruna
Pedro Conrado Cúdriz on Viacrucis de un maestro
Manuel Julián pianeta on Inicio de un periplo
Jose Rodriguez Acosta. on Fútbol de mujeres
Rafael Barceló rodriguez on Fútbol, Respeto y Pasión en Madrid
Manuel Julián pianeta on Gutiérrez
Ismael on Ritual de amor
Jorge Isaac Consuegra Palma on Evocando Maestros
Ismael Arzuza on Diario de un abuelo
Katherine Cepeda on Diario de un abuelo
Victoria Valega R. on Amada Soledad
Manuel Julián pianeta on El amor de Lucas
Hola on Un día normal
Manuel Julián pianeta on Amada Soledad
Maseralix Barcelo oviedo on Amada Soledad
Diana Marcela Camacho pardo on Si tú me olvidas
Martha Valega. on Calle soledeña
Francisco Alfredo Pacheco Amador on La cama y el libro
Wencel Valega on La cama y el libro
Alejandro Solano Gutiérrez de Piñeres on El mandato de la reina
José Manuel Villarreal Gravini on El Pelé que conocí
Josefa miranda castro on El Pelé que conocí
Roque Vizcaino Barros. on ¿Por dónde anda, Marcelino?
Libardo Rafael De Oro on Deporte y política en Colombia
Margarita Matta on El Agua Potable, Un Derecho
José Manuel Villarreal Gravini on Cuestionado Mundial de Fútbol de Qatar
José Manuel Villarreal Gravini on Cuestionado Mundial de Fútbol de Qatar
Javier Reales on La aventura de jubilarse
Santiago Ruiz Buitrago on Sentimiento caribe
javier jiménez on De putas y prostitutas
Mabel Janet Flórez Fernández on El drama de escribir ensayos en la universidad
Mabel Janet Flórez Fernández on El drama de escribir ensayos en la universidad
Laureano Salas Marquez on Sobre partidas y regresos
Einstein on En un lugar de Europa
Ademir Santiago on Casa de la memoria
Alejandro Solano Gutiérrez de Piñeres on Ser hombre
Osvaldo Cáliz Peña on Don de la inconformidad
Martha Isabel Calderón on ¿Recibir amor o darlo? el amor propio
Alejandro Solano Gutiérrez de Piñeres on El hombre
Alexander Ortiz Ocaña on Configuración del cerebro fetal
Aldemar Guerra Castillo on En un lugar de Europa
Nadin castro mejia on En un lugar de Europa
rodolfo cano on Equivalentes suicidas
Heriberto Vargas viloria on Jubiloso ochentón
Nicolàs. Hernández on De la alegría de leer y escribir
Luis Valega on Homenaje a las palabras
Alejandro Solano Gutiérrez de Piñeres on Homenaje a las palabras
Ricardo Sevilla Mercado on Homenaje a las palabras
CARLOS ENRIQUE GONZALEZ ARANA on Homenaje a las palabras
Francisco Arzuza on Ser abuelo en el siglo XXI
Pedro Conrado Cudriz on Ser abuelo en el siglo XXI
Francisco Alfredo Pacheco Amador on Infancia y vejez: ambas deben ser consentidas
Roque Vizcaino Barros. on Viajando en búsqueda de mi identidad
Joel Marchena Cantillo on Cuando la plaza de soledad era una fiesta
Juan Sandoval Alvarino. on Cuando la plaza de soledad era una fiesta
Antonio Campo Peña on Viajando en búsqueda de mi identidad
Rafael Villarreal Noriega on Viajando en búsqueda de mi identidad
Francisco Alfredo Pacheco Amador on Las redes sociales no son periodismo
Milagro on Ídolos de barro
Margarita Rosa Matta Gómez on ¿Tiene Usted fiebre?
Francisco Alfredo Pacheco Amador on Silencios y soledades nutren de amor el vivir bien
Octavio Augusto De La Hoz Ordóñez on No digas todo lo que sabes
Francisco Alfredo Pacheco Amador on La amistad amorosa
Nairoby Rodríguez on El Turco Farid
Silvia Valencia Martínez on Lecciones de la pandemia
Max R. Peña on Fumar pasó de moda
NELSON MANUEL ORTIZ SANTOS on Propuestas para dar el salto 2: La Mentalidad
Teobaldo Coronado Hurtado on Propuestas para dar el salto 2: La Mentalidad
William Baca Orozco. on Todos tenemos voz
Esther Gonzalez Pabon on Ludopatía: adicción al juego
Francisco Alfredo Pacheco Amador on Democracias y li-be-rt-ad-es
Paul Jesus Marchena Cantillo on Dos rescates, una recompensa
Teobaldo Coronado Hurtado on Las muertes de cada día no tienen madre.
Yunelis Lopez Vargas on Un trabajador de la Salud
Isabel Baca Ruiz on Un trabajador de la Salud
Betty Cantillo de Gill on La Respiración
Marcos Gill on La Respiración
Wencel Valega on La Respiración
Ricardo Iglesias on La Respiración
Isabel Baca Ruiz on La Respiración
Sandra Márquez on NO Hay Picos, Hay Pandemia
Rosario Morales on NO Hay Picos, Hay Pandemia
Roberto González on QUÉ OCURRE EN NUESTRA ALMA MATER?
Esther Sofía Pereira Lopez on QUÉ OCURRE EN NUESTRA ALMA MATER?
Marta Donado Villarreal on Un Dolor De Cabeza
Armando Puello on Un Dolor De Cabeza
Jaime Rosales on Un Dolor De Cabeza
Silvia fabregas on Un Dolor De Cabeza
Alvaro Fabregas on Un Dolor De Cabeza
Isabel Baca Ruiz on Un Dolor De Cabeza
César Augusto Lamadrid Martínez on EL LIBRO DE PAPEL VS EL LIBRO DIGITAL.
Sandra Marquez on Ojo con sus ojos (II Parte)
Esther Sofia Pereira López on DE NIETOS Y ABUELOS
Teobaldo Coronado Hurtado on DE NIETOS Y ABUELOS
Diana Crespo Rodriguez on El propósito de la vida es vivir
Wilfrido Gómez on INSPIRACIÓN
Luis Espinoza Figueroa on INSPIRACIÓN
Erly Charles Paternina Hernández on INSPIRACIÓN
Jaime rosales on INSPIRACIÓN
Rafa nigrinis on El imperio de los sentidos
GREGORIO GREGORY on Dónde están mis juguetes?
Erly Charles Paternina Hernández on El imperio de los sentidos
Yexica Africano Navarto on Dónde están mis juguetes?
Milton Gomez Cardozo on Intimidad vs información (Final)
Milton Gomez Cardozo on Informacion vs intimidad (parte 2 )
Erly Charles Paternina Hernández on El arte del ganador
José Alvarado Nieto on El debut
Erly Charles Paternina Hernández on Fútbol de veteranos
Esther Sofia Pereira López on Periodismo con paredón
Agustin Garizábalo on El debut
Agustin Garizábalo on El debut
Agustin Garizábalo on El debut
Agustin Garizábalo on El debut
Agustin Garizábalo on El debut
salomon David castro aguas on El debut
Laura Barceló on El debut
William on El debut
Rosana Zambrano on El Páncreas y sus enfermedades
Dreynner Barraza Rosales on El Páncreas y sus enfermedades
Álvaro López Martínez on El debut
Álvaro López Martínez on El debut
Estebana Reyes Rangel on El debut
Gloria sofia fabregas Villate on El Páncreas y sus enfermedades
Rafael Enrique Surmay Herrera on El otro discurso, muy personal (3)
Carlos paternina acosta on El otro discurso, muy personal (3)
Agustín Garizabalo on El otro discurso, más personal (2)
Erly Charles Paternina Hernández on El otro discurso, más personal (2)
Fernando A Charris Almarales. on El otro discurso, más personal (2)
Erly Charles Paternina Hernández on El otro discurso, más personal
Rafael Enrique Surmay Herrera on El otro discurso, más personal
Erly Charles Paternina Hernández on El discurso y el método (5)
Erly Charles Paternina Hernández on El discurso y el método (4)
Mauricio javier Bustillo Marmol on El discurso y el método (3)
Jabib vergara delgado on El discurso y el método (4)
RICARDO GARIZABALO on El discurso y el método (4)
Jesús Orozco on El discurso y el método (4)
olmar Calderón Dávila on El discurso y el método (4)
Estebana Reyes Rangel on El discurso y el método (4)
Agustin Garizabalo almarales on El discurso y el método (4)
Leslie E. Smith on El discurso y el método (4)
Amparo urzola on ¿Tiene usted tos?
Jacquelín Isabel Martínez Navarro on Nuestro gran reto
Dra Masi on Nuestro gran reto
Eucaris Laguna on Nuestro gran reto
Yomaira Escorcia Barcelo on Nuestro gran reto
Reinaldo Rodríguez Garcia on El discurso y el método (3)
Isabel Baca Ruiz on Nuestro gran reto
Erly Charles Paternina Hernández on El discurso y el método (3)
Pablo Emilio Martinez Aparicio on El discurso y el método (3)
Erly Charles Paternina Hernández on El discurso y el método (2)
Agustin Garizábalo on Pequeñas infidencias (5)
Agustin Garizábalo on Pequeñas infidencias (5)
Agustin Garizábalo on Pequeñas infidencias (5)
Agustin Garizábalo on Pequeñas infidencias (5)
Alexander Luis Ortiz Ocaña on El éxito y la felicidad, según Jesús,
Erly Charles Paternina Hernández on Por fortuna se equivocan
Dreynner Barraza Rosales on Por fortuna se equivocan
Estebana Reyes Rangel on Por fortuna se equivocan
Rafael Enrique Surmay Herrera on Por fortuna se equivocan
Luis Maza Torregroza on El Laboratorio Clínico
olmar Calderón Dávila on Pequeñas Infidencias (6)
Erly Charles Paternina Hernández on Pequeñas Infidencias (6)
Ricardo Solano Orozco on El Laboratorio Clínico
Gilberto Marenco Better on Pequeñas infidencias (5)
Erly Charles Paternina Hernández on Pequeñas infidencias (5)
Elias Ruiz De La Victoria on Pequeñas infidencias (5)
Jaime rosales on Pequeñas infidencias (5)
Milton Gomez Cardozo on El silencio o el escándalo
Yadira Ruiz on ¿Tiene usted tos?
Sandra MarqueZ on Las Enfermedades Mentales
Alonso Pérez on Pequeñas infidencias (4)
Ivet Vergara on Las Enfermedades Mentales
Estebana Reyes Rangel on Pequeñas infidencias (4)
Erly Charles Paternina Hernández on Pequeñas infidencias (4)
Esther Sofia Pereira López on Soledad, aislamiento y vejez
Alfonso.Rodriguez Cruz on Soledad, aislamiento y vejez
Estebana Reyes Rangel on Pequeñas infidencias (3)
Xiomara Albis on Soledad, aislamiento y vejez
Milton Gomez Cardozo on Soledad, aislamiento y vejez
José Alvarado Nieto on Administrador de pasiones
Orlando Moscote Rojano on ¿Tiene usted tos?
Marcos Gill on ¿Tiene usted tos?
Roberto sarabia Durán on Pequeñas infidencias (2)
Sandra Marquez Sandoval on ¿Tiene usted tos?
Jairo Diz fabregas on Pequeñas infidencias
Adolfo Cotes. on Pequeñas infidencias
jose pachon niño on Pequeñas infidencias
Alexander Luis Ortiz Ocaña on Cómo alcanzar la felicidad infinita
Teobaldo Coronado on ¿Amor familiar o amor materno?
Teobaldo Coronado on ¿Amor familiar o amor materno?
Yomaira De las Salas Baca on Alcalde Pumarejo Decrete Cero Carnaval 2021
DONICEL PACHECO B. on Feliz día papá
Erly Charles Paternina Hernández on La grandeza de las cosas simples
IVIS GONZALEZ on El sistema inmunológico
Mirian Gonzalez on El sistema inmunológico
Ricardo Solano Orozco on El sistema inmunológico
Sandra Márquez Sandoval on El sistema inmunológico
Gladys Flórez Páez on Crítica: Redes vs Medios
Osiris Fabregas Zambrano on El sistema inmunológico
Esther Sofia Pereira López on Crítica: Redes vs Medios
Esther Sofia Pereira López on Crítica: Redes vs Medios
Roberto sarabia Durán on Pedagogía de la compasión
Adolfo Guerrero Sarmiento on Pedagogía de la compasión
Nancy Torres on Pedagogía de la compasión
Meibel Tatis on Los Hijos De Hipócrates
Alfonso De La Hoz O on Los Hijos De Hipócrates
Roberto sarabia Durán on Y si no alcanzas tus sueños…¿qué?
Erly Charles Paternina Hernández on Y si no alcanzas tus sueños…¿qué?
Teobaldo Coronado Hurtado on Periodismo y corrupción
CARLOS E. LLANOS GOENAGA on Competir sin jugar
Alexander Luis Ortiz Ocaña on El rol del maestro en medio de la pandemia
DIDIER ALFONSO LUNA GONZALEZ. on Competir sin jugar
Margarita Dorado Agrda on El rol del maestro en medio de la pandemia
EDUARDO E. ALMARALES MANGA on Competir sin jugar
Álvaro López Martínez on Competir sin jugar
Teobaldo Coronado Hurtado on Un diario sin lectores (Parte 3)
Blacky Arévalo Herrera on Competir sin jugar
Gyna Niebles Barceló on ¡Feliz día, Maestros!
Erly Charles Paternina Hernández on Fútbol Covid
Leoneth guerrero on Fútbol Covid
Carlos Alberto Figueroa Otero on Fútbol Covid
JUAN ANTONIO PABON ARRIETA on Fútbol Covid
Mr. Leslie E. Smith on Fútbol Covid
Alfredo Aurela on Fútbol Covid
Jesús Orozco charris on Fútbol Covid
Alonso Pérez on Cuando los ídolos hablan
MARTA CECILIA RICAURTE GUERRERO on En defensa del “Gran pacto social por Soledad”
Silvestre Maestre Martinez on ¿Y qué pasará con el fútbol local?
FAUSTO PEREZ VILLAREAL on ¿Y qué pasará con el fútbol local?
Yomara Estrada Perez on ¿Y qué pasará con el fútbol local?
Luis Hernando Cepeda Espitia on ¿Y qué pasará con el fútbol local?
Alfonso Silva Navarro on ¿Y qué pasará con el fútbol local?
Pedro Daniel Muñoz Alvis on ¿Y qué pasará con el fútbol local?
Adalberto Herrera Avila on Cuando se les caen las caretas
GUILLERMO LEON ROMERO CARDONA8 el maestro del futbol) on De Caimanes y Boricuas
William Pertuz Pedroza on Cuando se les caen las caretas
William Pertuz Pedroza on Cuando se les caen las caretas
César Agudelo on Una pasión heredada por amor
Andres Ibarguen on De Caimanes y Boricuas
Javier Ferrer Africano on Ecos de la pandemia
Efraindelahoz on Ecos de la pandemia
Carlos Torres Paredes. on Ecos de la pandemia
Sandra Marquez Sandoval on Ecos de la pandemia