jueves, julio 16, 2026

Apuntes de viaje

1.

Todo viaje es una aventura, aunque sea planeado es placentero dejar abierto un espacio a la espontaneidad y la incertidumbre. Un viaje con certezas es aburridor. Aunque se planifique hay que permitirse algunos saldos en el tiempo y la imaginación para lo inesperado. Probablemente no nos demos cuenta en su momento, pero le corresponde a la memoria y el juicio evaluar las experiencias vividas, recorriendo los recuerdos vividos después de un largo periplo. Porque lo incierto desborda los límites y se enriquece con los imprevistos. Perder una conexión, no saber qué hacer en una ciudad extraña; encontrar un libro en una librería norteamericana en lengua castellana; pleitear con una aerolínea la forma descarada de su indiferencia e intransigencia al desconocer los derechos de los viajeros. Reconocer un amigo, o estudiante, con más de veinte años de ausencia que cuenta que conoció la muerte y regresó de ella porque su hora no estaba prevista y aún tenía vida para rato, aunque la vitalidad y entusiasmo de su garbo la desmintieran los pasos cansados que arrastraba en su andar por todo el Aeropuerto Internacional de Miami.

2.

El vuelo está retrasado. Hemos llegado justo para realizar el cheking, dejar el equipaje y pasar por inmigración. Llegamos justo a la sala de espera, puerta 8; vemos Miami, también un aviso que prende y apaga en inglés, Delayed. Sí. El vuelo se retrasó y nadie responde, son las 2:30 pm. A través de las ventanas, el cielo azul de un enero soleado se muestra causando nostalgia de playa, sol y mar en los turistas gringos y colombianos que por estos días regresan a su país de origen, a su país de trabajo. Nos espera un frío fuerte, intenso, como no se ha dado en años, dice alguien en español, observando el pedazo de verano que se filtra por el marco de la ventana. El vuelo está para la seis y treinta sin confirmar, me responde una funcionaria. La pantalla de la puerta 8 continua con la palabra Miami y el Delayed titilando alegre, sin esperanzas de que termine de espabilar. Al final, se perdió la conexión en Miami, debido a los fuertes vientos y nevadas extremas, bajas temperaturas y tormentas peligrosas. Toca esperar. En la sala de espera nadie se ofusca por el retraso del vuelo ni comen su merienda de la tarde. Sin embargo, coinciden en una foto perfecta, como si posaran. Totalmente relajados, viejos, adultos, jóvenes y niños, dejan que el tiempo transcurra embebidos en el mundo digital. El total silencio es profanado por el llamado hacia otros itinerarios y destinos. La mayoría que viaja a Miami espera tranquilo paseándose por las redes. Celular en mano se encuentran sumergidos en el mundo digital. No sonríen, si sonríen; Serios unos más que otros; lectura atenta y ávida y dedos rápidos para responder; oídos atentos, agudizados, a la escucha de las notas de voces y voces que responden en susurros para no molestar a los pasajeros en espera que duermen. Transferencias silenciosas que se envían y otras que se reciben con sonrisas de bienvenidas. Voces apagadas, silencios evidentes y profundos, ojos enfocados en las pantallas. Algún pasajero se levanta ansioso preguntando por las claves de wifi. De vez en cuando el relámpago de un flash capta el instante personal y una selfi atrapa el entusiasmo colectivo del grupo para la posteridad.

Eso observo y capto las veces que suspendo la lectura, Recuento de Poemas 1950 – 1993, de Jaime Sabines, en la paciente espera.

3.

El cansancio de un viaje que dura más de diez horas se hace insoportable con el paso del tiempo. Viajando hacia Carolina del Norte, ciudad de Charlotte, la fatiga se acumula; las rodillas se resienten, el estrés descansa todo su peso en los hombros. Los tiempos de espera, buscar las puertas de salidas, recoger los equipajes; asumir con cierto nerviosismo la conexión inalcanzable. Todo se ha acumulado. Puede parecer una banalidad, pero la fatiga me ha derrotado, no quiero pensar ni hacer esfuerzos mentales. Veo una película durante el vuelo, El Equalizer 3, – El Justiciero 3 – con Denzel Washington, una película banal para muchos, sin embargo, capta mi atención sin mucho esfuerzo. Herido por una bala, Roberto – Denzel Washington – es salvado por un policía, Gio, que lo recoge, y curado por un médico, Enzo, que al despertar el herido le pregunta algo así como: ¿acaso hemos salvado a un hombre bueno o malo? No sé, responde Roberto, todavía bajo los efectos de sedantes y analgésicos. Llama la atención la vocación del médico, su entrega y discreción, anteponiéndose al dilema sobre la bondad o maldad del herido, dejando entrever el temor escondido ante la incertidumbre de quién es el herido. Roberto se cura, pero su historial de asesino del gobierno es una sombra que le da vueltas y le quita el sueño, sin embargo, emerge su lado bueno fortalecido por el cariño de la gente de la isla, en el sur de Italia, la amabilidad y el buen trato para con él, comportamientos que lo obligan a encauzar su instinto hacia una buena causa, defender la isla de la mafia italiana que quiere apoderarse de ella y perturbar la tranquilidad con la extorsión y el narcotráfico.

entramos a una Bibliopub, una casa típica, con cuartos inmensos, que al abrir sus puertas nos recibe con el aroma de los libros; en el cuarto del fondo hay una zona de café y licores para los lectores que la visitan; en el cuarto de la izquierda, mesas para escribir, leer y conversar; en el cuarto de la derecha, en un rincón, hay dispuestas unas sillas donde se conversa sobre libros y se sostienen largas tertulias, siempre bajo el aroma del café.

La historia que todos sobrellevamos en la existencia está llena de generosidad y benevolencia, también de baches e imperfecciones al confrontarnos con la diversidad de entornos, el trato con la gente, las oportunidades que se nos presentan y los dilemas a que nos someten las circunstancias, de donde emergen una serie de virtudes, valores, actitudes y defectos. En tal sentido, somos la historia que construimos. No justifico la muerte de nadie, ni la aplaudo, pero ¿quién tiene derecho para ultrajar a otros, o ejercer la manipulación de las conciencias a través de actos irracionales, que favorecen a unos pocos y perjudican a la inmensa mayoría?  Hemos llegado a Charlotte.

4.

Hemos pasado la tarde en Ellicott City, estado de Maryland. Nos encontramos en el centro de la ciudad bajo una lluvia fina y pertinaz; son las cinco de la tarde y parecen las 7:30 de la noche. Bajo la lluvia el frío es intenso. Ha oscurecido temprano y las vías de acceso a la ciudad se iluminan con los reflectores de los autos que van y vienen por carreteras amplias y estrechas, rápidas y sin huecos; entrar a Ellicott es descubrir una ciudad tranquila en invierno, ubicada en una especie de valle y rodeada de un entramado de colinas y pendientes que tejen las calles y avenidas, cercadas por árboles sin hojas, que vigilan la ciudad con su altura y desnudez. La noche fría nos acoge en esta tarde prematura y entramos a una Bibliopub, una casa típica, con cuartos inmensos, que al abrir sus puertas nos recibe con el aroma de los libros; en el cuarto del fondo hay una zona de café y licores para los lectores que la visitan; en el cuarto de la izquierda, mesas para escribir, leer y conversar; en el cuarto de la derecha, en un rincón, hay dispuestas unas sillas donde se conversa sobre libros y se sostienen largas tertulias, siempre bajo el aroma del café. En el resto de los espacios hay estantes dispuestos con libros de cocina, literatura infantil y juvenil, las obras en inglés de Jane Austen, Oscar Wilde, Edgar Allan Poe, los hermanos Grimm y Andersen, las meditaciones de Marco Aurelio. Bibliopub, es una palabra inventada – que se volvió costumbre entre los visitantes – y no se encuentra su significado si se busca en la lengua de Shakespeare, sin embargo, los lectores que la visitan tienen la posibilidad del goce de comprar un buen libro, después de haber sido hojeado, revisado y discutido bajo el calor de una humeante taza de café, o un vaso de vino. Todos leen, conversan y toman café. Nadie hace uso de su celular. Extraño, pero es algo que se ha perdido en esta aldea global en los últimos tiempos.

5.

Leo unos versos de Mario Benedetti, poeta uruguayo: “Hay quienes imaginan el olvido/ como un deposito desierto”. Y pienso que siempre el regreso es una posibilidad que se debe a la memoria. La memoria nos ata a los recuerdos. Los recuerdos se llenan de imágenes, palabras, comportamientos, de silencios también. No podemos des – anclarnos de los recuerdos, tampoco echar en saco roto lo que está vivo en la memoria. Los desmemoriados no existen, simplemente a la memoria le encanta el juego de las escondidas y el desmemoriado lo padece en medio de lapsus de felicidad y el sentimiento de sentirse bien consigo mismo, sin saber que el autoengaño es la burla divertida del inconsciente. El viajero cuenta las horas, días, meses y años de ausencia; nadie percibe el sufrimiento del que viaja por obligación, que se exilia de los sentimientos y se endurece camino al éxito, porque así tiene que ser; no se olvida de los suyos y en las noches sufre la soledad, llora sin que nadie lo vea o le gaste una broma; llora a la vez que sueña y se ilusiona, sabiendo que no hay certezas del regreso. Por su parte, el turista – viajero parte alegre, convencido del regreso. Lo afirma comprando suvenires, pensando e imaginando el rostro de las personas ante los regalos sorpresas; fotografía sitios representativos y se le ocurren tomas al lado de estatuas famosas, escenario de béisbol, o entre la gente, en la Quinta Avenida de Nueva York. Anticipa su regreso exhibiendo las fotos en Instagram, y de vez en cuando abre su celular para ver las ocurrencias y comentarios de amigos y conocidos.

La partida del terruño y el desligue de los afectos no es igual para todos y en los juegos de la memoria el viajero parte por caminos inciertos, aunque el propósito sea trabajo, o turismo. Lo cierto es que los recuerdos amarran, recurriendo la memoria al flash back y ya no valdrán los lapsus inconscientes, simplemente porque la memoria late despacio y debajo del olvido, sin embargo, aunque se piense que es total vaciedad y cosecha de la nada, “el olvido está lleno de memoria”, apunta el poeta uruguayo.  Termino la lectura del poema y medito.

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  1. Excelente mi hermano siempre te he admirado por tu capacidad para escribir y dejar volar la imaginación por ese maravilloso escrito excelente mi hermano

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