jueves, julio 16, 2026
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Riesgo médico y prudencia

Hasta un necio pasa por sabio si guarda silencio;

se le considera prudente si cierra la boca”. Proverbios 17:18

La vida humana es una aventura sometida a interminables situaciones de riesgos que ponen en peligro su conservación y supervivencia. El hombre, por lo tanto, existe en permanente lucha para no sucumbir ante el mayor riesgo que lo acecha cada día: el de la muerte y sus “factores desencadenantes”.

“Es el hombre un ser para la muerte”[i] según conocida expresión del filósofo alemán Martin Heidegger. Sentencia tan real como dramática que enuncia la inexorable verdad sobre la vida. Existir, pero también, morir. La muerte es su contingencia inevitable. La conciencia de esta contingencia, con su amarga parábola de dolor y sufrimiento, obligan al ser humano a buscar los mecanismos de su Naturaleza instintiva como la ayuda de su fuerza racional, instrumentos de defensa, para enfrentarla en sus factores desencadenantes más comunes a saber:

1.   Fragilidad y finitud de su estructura psicobiológica.

2.   Diversos elementos agresivos en el entorno natural en que se mueve.

3.   El mismo hombre en lo que Hobbes denominó “El hombre es un lobo para el hombre”, homo homini lupus en latín, para referirse a que el estado natural del hombre lleva a una la lucha continua contra sus semejantes.

4.   La violencia que desencadena la tecnología y la ciencia que al mismo tiempo que facilitan condiciones de vida mejor, paradójicamente, atentan contra su propia integridad y el medio que lo rodea.

Riesgo médico.  La palabra riesgos deriva de riscos que significa piedra o peñón. En sentido semántico o iliterario cuando aludimos al “riesgo” estamos haciendo un llamado de atención a los probables peñones que pueden obstaculizar, hacer daño a las actividades y proyectos; en especial, a nuestro proyecto de vida.

Cuando hablamos de riesgos hacemos referencia a los peligros o distintas amenazas que acechan la salud, integridad, felicidad y vida de la persona como probabilidad siempre dañina. Es imposible la supresión total de los riesgos porque ello implicaría retrotraer la actividad humana a sus primitivas etapas de desarrollo, o al desconocimiento de la condición contingente del hombre.

En la práctica médica profesional el concepto de riesgo se considera al conjunto de reacciones o resultados desfavorables, inmediatos o tardíos de imposible o difícil previsión al prescribir o efectuar un tratamiento o procedimiento clínico. La posibilidad que siempre existe de morbilidad (complicaciones) y mortalidad (muerte) a consecuencia de la incertidumbre del actuar asistencial. La medicina es la ciencia de la incertidumbre.

La acepción jurídica de riesgo, aplicable al acto médico dentro del contrato consensual que se da en la relación médico paciente, tiene validez plena cuando las consecuencias perjudiciales o el daño sobrepasan el “riesgo previsto”[ii].

“El médico cumple la advertencia del riesgo previsto con el aviso que en forma prudente, haga a su paciente, familiares o allegados con respecto a los efectos adversos que, en su concepto, dentro del campo de la práctica médica, pueden llegar a producirse como consecuencia del tratamiento o procedimiento médico”. Ley 23 de 1981, articulo 16, inciso segundo.

“El médico quedará exonerado de hacer la advertencia del riesgo previsto en los siguientes casos:

a) Cuando el estado mental del paciente y la ausencia de parientes o allegados se lo impidan;

b) Cuando exista urgencia o emergencia para llevar a cabo el tratamiento o procedimiento médico”. ARTÍCULO 11. Ley 23 de 1981.

ARTÍCULO 12. El médico dejará constancia en la historia clínica del hecho de la advertencia del riesgo previsto o de la imposibilidad de hacerla.

En mi experiencia, magistrado del Tribunal de Ética Médica del Atlántico durante diez años, fueron frecuentes los casos en que hubo que elevar pliego de cargos y sancionar a médicos por no diligenciar el anexo de la historia clínica correspondiente al “Consentimiento informado”, en donde se hace,  formalmente,  la advertencia de los riesgos inherentes al proceder diagnostico – terapéutico. 

Discurso ético sobre el riego. El objetivo central de la ética es el desarrollo pleno del hombre, alcanzar la meta anhelada de la felicidad. Señala el camino para la obtención de la buena vida como bienestar socio económico junto a una vida buena como bienestar moral resultado de una existencia virtuosa. No podemos esperar una buena vida, el bienestar, o una buena vida, la vida ética, si no nos empeñamos en la conquista simultanea del bienestar socioeconómico por un lado y de las virtudes morales por el otro.

Es común observar en personas de apreciable conocimiento tecnológico o mayor inteligencia cognitiva, pobre inteligencia emocional, escaso comportamiento racional, lejos de una conducta correcta, de acuerdo con una prudente postura ética. Lo que de alguna forma daría explicación al lamentable fenómeno de la corrupción en círculos de alta formación académica o intelectual del que se supone son depositarios

El discurso ético sobre el riesgo tiene aplicación práctica en la promoción y búsqueda de un comportamiento prudente, asimilable a una “ética de la prevención” que conduzca a la responsabilidad moral por la dignificación y salvaguardia de la vida humana. Es una ética inspirada en el natural “Instinto de conservación”.

Por conciencia ética entiendo el instinto de conservación racional forjado en la primaria noción del respeto a la vida humana y en contra de todo lo que atente contra ella, de lo que le produzca daño. La realidad, experimentada en el decurso de la historia, muestra una actitud ambigua del hombre en cumplimiento de este imperativo. Son patentes las agresiones contra todas las formas de vida por la inexistencia de una conciencia ética, de una “ética por la supervivencia” como define Potter la misión de la Bioética.  

Es común observar en personas de apreciable conocimiento tecnológico o mayor inteligencia cognitiva, pobre inteligencia emocional, escaso comportamiento racional, lejos de una conducta correcta, de acuerdo con una prudente postura ética. Lo que de alguna forma daría explicación al lamentable fenómeno de la corrupción en círculos de alta formación académica o intelectual del que se supone son depositarios, sobre todo,  los que dirigen los destinos de la sociedad, de la nación: la elite gobernante.

El hombre prudente

De lo que se trata no es de simplemente tener una vida, sino de saber vivir, de vivir bien, en cuanto que la vida es buena.

A la ética, ciencia del “deber ser”, según Kant, le preocupa no tanto la forma degradada como podríamos vivir sino la forma virtuosa como debemos llevar la existencia. De allí su sentido crítico, su contenido crítico, su función critica de lo que somos ahora, para encontrar al hombre que debemos ser. 

En “El Discreto” (1646) Baltasar Gracián, describe cómo tiene que ser el hombre: prudente, sagaz, inteligente, dotado de buen gusto y buena educación; un completo caballero, en suma.[iii]

Aristóteles consideraba que: “El bien del hombre es una actividad de acuerdo con la virtud y si las virtudes son varias, de acuerdo con la mejor y más perfecta y además en una vida entera”. ¿Qué es la virtud? se pregunta: “La virtud es el hábito que le permite al hombre realizar bien sus obras buscando el punto medio entre excesos y defectos”.[iv]

Si observamos bien el origen de los males que nos aquejan encontramos que es la boca la vía por donde comienzan; descomedidos en el comer, beber e ingerir lo prohibido Y es la lengua, también, causa de las mayores perturbaciones al hablar más de lo que debemos escuchar, por no ser amos de nuestros silencios.  “El hombre bueno, del buen tesoro de su corazón saca lo bueno; y el hombre malo, del mal tesoro de su corazón saca lo malo; porque de la abundancia del corazón habla la boca. S. Lucas 6:45 

Desde la antigüedad griega se ha considerado a la prudencia la mayor de todas las virtudes morales. Aristóteles, por ejemplo, sostiene “Que la virtud por excelencia no se da sin prudencia”, refiriéndose, tal vez, a la virtud de la justicia.[v] Algunos afirman que toda virtud es una especia de prudencia. Cicerón afirmaba que: “Si la medicina es el arte de curar, la prudencia es el arte de saber vivir.[vi]

Baltasar Gracián en sus aforismos sobre el “Arte de la prudencia” agrega: “La prudencia entendida como este arte practico, útil para todo, debe extenderse a parcelas que otros reservan para el azar: porque no hay más buena ni mala suerte que la prudencia o la imprudencia. El Control sobre uno mismo, los demás y las circunstancias debe extenderse hasta donde sea posible, uno mismo se labra su propia suerte. La preparación de la prudencia capacita también para vencer lo inesperado con improvisaciones, mejor aún con reflexión”.[vii]

La práctica de la prudencia entendida en términos de una “Ética del cuidado” conduce a un mínimo posible de errores o equivocaciones en nuestro accionar ante los innumerables factores de riesgo que nos acechan, de esta manera previene o evita el daño que podamos ocasionar con acciones imprudentes.

Jurídicamente, la conducta prudente deducida de la suma diligencia y  cuidado, pericia y conocimiento del reglamento reducen a un mínimo posible, permitido por el conglomerado social, acciones riesgosas que derivan  en la producción de daño o perjuicio, a la acción lesiva sobre la salud, integridad física y la vida.

Para caracterizar,  de la mejor manera, al hombre prudente, modelo de irreprochable conducta que habría de servir como parámetro para juzgamiento de la conducta humana, se ha recurrido a la suma de las siguientes características: “atento, interesado, concienzudo, comprensivo, experimentado, juicioso, diligente, del mismo circulo de actividades del autor”. [viii].

Ataraxia o equanimitas en el médico. El hombre prudente, según Epicuro, logra la quietud del espíritu o “ataraxia” a través del conocimiento, despojándose del temor a los dioses y a la muerte”[ix]. En el médico presente,  este estado de ataraxia,  en lo que Sir William Osler, padre de la medicina interna, definió como la “equanimitas o imperturbabilidad”. Según Osler la ecuanimidad es  virtud que deben tener los profesionales de la medicina y la definió como: “Compostura y presencia de ánimo en toda clase de circunstancias: Calma frente a la borrasca. Claridad de juicio en momentos de mayor peligro. La inmutabilidad, la impasibilidad, o para emplear un viejo y expresivo vocablo, la flema, no perder la cabeza”.[x]


[i] Heidegger M, 1951, El Ser y el Tiempo, FCE, México, p.226

[ii]   Reyes Alvarado, Imputación Objetiva, Temis Bogotá, 1994, p. 90.

[iii]   https://es.wikipedia.org/wiki/El_Discreto.

[iv] Aristóteles, 1995, Ética Nicomáquea, Gredos, Madrid, p. 142

[v] Aristóteles, Ibid., p. 277

[vi] Cicerón. 1973, Los Oficios, Jackson, México, p. 165

[vii] Gracián B, El arte de la Prudencia, Temas de Hoy, Madrid, 1998, p. 33 – 34

[viii] Reyes Alvarado Yesid, op.cit, p. 110

[ix] Diccionario filosófico abreviado · 1959:160-161

[x] Ricardo Rueda-González, MD.  Revista Medicina –de la Academia Nacional- 2003; 25: No.2

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