jueves, julio 16, 2026
Home Opinión Alexander Luis Ortiz Ocaña ¿Quién fue Humberto Maturana y cuáles son sus aportes científicos?

¿Quién fue Humberto Maturana y cuáles son sus aportes científicos?

Humberto Maturana Romesín es un biólogo, filósofo y epistemólogo chileno, nacido el 14 de septiembre de 1928 en Santiago de Chile. Falleció en la misma ciudad en la que nació el 6 de mayo de 2021.

Maturana en 1947, a los 19 años de edad, al egresar del Liceo Manuel de Salas, se inscribe en el programa de Medicina en la Universidad de Chile. Siete años después, en 1954, la Fundación Rockefeller le otorga una beca para estudiar neurofisiología y anatomía, y de esta forma ingresa al University College of London, y ya en 1958, a los 30 años de edad, se gradúa en la Universidad de Harvard, en Estados Unidos, como Doctor en Biología. En 1960 volvió a la Universidad de Chile, y allí en la Escuela de Medicina en la que había estudiado 11 años atrás, se desempeña como auxiliar en la asignatura Biología.

En 1965, en la Universidad de Chile, Maturana crea un Instituto de Investigaciones Científicas y la Facultad de Ciencias. Unos años más tarde, junto a Jerome Lettvin, científico del Instituto Tecnológico de Massachusetts, fue nominado para el Premio Nobel de Medicina y Fisiología, por cuanto fue el primero en registrar la actividad de una célula direccional de un órgano sensorial, sin embargo no obtuvo este reconocimiento anhelado por cualquier científico.

En 1967, Maturana asistió en Estados Unidos a una conferencia organizada por Evelyn Keller sobre la aplicación del concepto de género en cien­cia. Allí Maturana explicó que los padres tradicionales educan a los niños de tal manera que éstos deben hacer sólo una cosa en cada momento y deben concentrar su atención en eso que están haciendo: hacer compras en la tienda, echar agua a las flores del jardín, limpiar su cuarto o estudiar. En cambio, la niñita es educada en la ampliación de su atención haciendo varias cosas a la vez: cuidar a su hermanito, ayu­dar a la mamá en la cocina, hacer las compras y, de manera simultánea, organizar la casa.

Según Maturana, las mujeres generalmente son educadas en una vida sistémica, una niñita tiene que hacer de manera simultánea­ muchas cosas, y tiene que coordinar y estar atenta a muchas cosas, observando sus interconexiones, y los hombres de manera general somos educados en una vida rígida, dogmática, fragmentada y lineal. Es por ello que los hombres tenemos dificultades para comprender nuestro entorno en forma de sistema porque no nos enseñan desde niños a observar las simultanei­dades, ni atendemos las interconexiones de los procesos, pero él agradece a su madre que lo haya educado como niñita porque aprendió a ha­cer de todo, no como una tarea tediosa, sino como parte legítima de su vida cotidiana, y así aprendió a vivir entre eventos y situaciones interconectadas entre sí en forma de sistema.

A partir de lo anterior, ya para el año 1968 Maturana estaba convencido de que al analizar el funcionamiento del sistema nervioso como una configuración cerrada de configuraciones internas, esto le permitiría comprender los fenómenos perceptivos, y a la vez comprendía que la organización del ser vivo es una configuración dinámica circular cerrada de configuración de procesos que configuraban la misma configuración de configuraciones de procesos que los generaba. Esta es la teoría que en el año 1970 Maturana denominó Autopoiesis.

Maturana reconoce al británico J. Z. Young y al chileno Gustavo Hoecker como sus profesores más influyentes, pero es evidente que fue influenciado también por la fenomenología de Edmund Husserl y por supuesto por el eminente pensador Gregory Bateson con su propuesta ecológica de la mente. También podemos percibir en la obra de Maturana marcadas influencias de Friedrich Nietzsche.

Humberto Maturana y Francisco Varela, quien fuera su discípulo y luego colaborador, afirman que los seres vivos son máquinas autopoiéticas, es decir que se producen y se configuran a sí mismos. Desde este punto de vista, su concepción podría ser considerada como mecanicista, dogmática y determinista, por cuanto no explica ni comprende a los seres vivos desde una mirada teleológica, no obstante se adscribe al criterio de que éstos deben ser comprendidos y argumentados como procesos y relaciones, y no sólo desde sus componentes, propiedades o atributos.

En noviembre de 1968, Heinz von Foerster invita a Maturana para que haga una conferencia sobre neurofisiología del conocimiento en un congreso sobre antropología del conocimiento que se desarrollaría en marzo de 1969 en Chicago. En diciembre de 1968, Maturana decidió comenzar a investigar sobre los procesos que emergen en la actividad cognitiva de los seres vivos. De esta manera considera la cognición como un fenómeno biológico, de ahí que descubre que sus dos actividades académicas no eran contradictorias, sino que ambas se orientaban al conocimiento y la dinámica del ser vivo, y lo caracteriza como un único proceso, por cuanto para Maturana conocimiento y vida son lo mismo.

A partir de esta comprensión se expande su presentación en aquel Simposio y surge el ensayo Biología del conocimiento y el libro El árbol del conocimiento, como una configuración holística y armónica, una mirada novedosa acerca de la naturaleza del conocimiento humano y sobre los seres vivos. En este libro, junto a Rolf Behncke y Francisco Varela, Maturana emprende el reto de develar las condiciones biológicas que garantizan el proceso de aprendizaje humano, el lenguaje, la conciencia y los fenómenos sociales, apoyándose para ello en la ciencia cibernética de segundo orden, que estudia la organización y las relaciones que deben generarse entre los componentes de un sistema para que éste muestre autonomía.

Como ya expresamos, en 1970 Maturana creó y desarrolló junto a Francisco Varela una de las nociones más importantes de las nuevas teorías de sistemas, el concepto de autopoiesis, que fue aplicada de manera extensa en las obras del polémico y controvertido sociólogo alemán Niklas Luhmann, a pesar de las críticas realizadas por el propio Maturana, quien considera que la noción de autopoiesis no debe aplicarse a los sistemas sociales, sino solamente a los sistemas biológicos. Parece que Maturana no está dispuesto a asumir el riesgo que implica el aporte de su neologismo. La noción de autopoiesis en la actualidad se utiliza incluso para caracterizar los sistemas psicológicos.

Desde esta época Maturana asentó los cimientos y comenzó a desarrollar la Biología del Conocimiento, área científica que explica la dinámica de los seres vivos como sistemas autopoiéticos cerrados determinados por su estructura. La autopoiesis explica la singularidad de los seres vivos como sistemas cerrados y a la vez abiertos. Son sistemas cerrados por cuanto configuran configuraciones complejas de redes circulares de producciones moleculares que, mediante sus interacciones, configuran la misma red que las creó y determinan sus límites. Son sistemas abiertos porque intercambian energía y materia con el entorno. Los seres vivos son sistemas capaces de autoproducirse y autoconfigurarse.

En 1990 Maturana recibió el título Doctor Honoris Causa de la Universidad Libre de Bruselas, en Bélgica, y fue designado Hijo Ilustre de la comuna de Ñuñoa, en Chile. En 1992, junto al biólogo Jorge Mpodozis, Maturana esboza y desarrolla la hipótesis de la evolución de las especies mediante la Deriva Natural.

El término Deriva Natural aparece por primera vez en el libro El árbol del conocimiento. Esta noción se refiere a que en la evolución como deriva natural la selección aparece como condiciones de borde que deben ser satisfechas, pero al interior de las cuales el camino genotípico y fenotípico de un organismo se fundamenta en su clausura operativa.

Según Maturana, las mujeres generalmente son educadas en una vida sistémica, una niñita tiene que hacer de manera simultánea­ muchas cosas, y tiene que coordinar y estar atenta a muchas cosas, observando sus interconexiones, y los hombres de manera general somos educados en una vida rígida, dogmática, fragmentada y lineal. Es por ello que los hombres tenemos dificultades para comprender nuestro entorno en forma de sistema porque no nos enseñan desde niños a observar las simultanei­dades, ni atendemos las interconexiones de los procesos

Esta teoría se sustenta en una concepción neutralista por cuanto afirma que los miembros de un linaje cultivan, consolidan y conservan la manera en que realizan su autopoiesis, lo cual es un proceso transgeneracional, en un fenotipo ontogénico o modo de vida específico, cuya innovación genera la diversificación de linajes, derivado de su historia de interacciones. En la educación de un ser humano, si una conversación o red de redes de conversaciones se cultiva y consolida, se configura y se mantiene o establece en la biopraxis humana, ésta se conserva y pasa a formar parte del espacio psíquico humano que es inmanente a él.

En el desarrollo y consolidación de las configuraciones conceptuales aportadas creativamente por Humberto Maturana han participado varios científicos y epistemólogos destacados, dentro de los cuales podemos señalar a su fiel discípulo Francisco Varela, quien esbozó una teoría sobre la evolución orgánica y la organización de los seres vivos; Ximena Dávila (Biología del amor); Rolf Behncke hizo aportes relacionados con la comunicación, la inteligencia, y un criterio de validación; Susana Bloch (teoría de las emociones); Fernando Flores investigó sobre la comunicación y el lenguaje; Rafael Echeverría (Ontología del lenguaje), Gerda Verden-Zöller (fundamentos de lo humano: amor y juego); Gloria Guilloff, estudió la inteligencia humana; Sima Nisis (Educación, formación, enseñanza y aprendizaje).

Para profundizar en sus concepciones recomiendo la lectura del libro Conversaciones con Humberto Maturana: preguntas del psicoterapeuta al Biólogo (Temuco: Universidad de la Frontera), escrito por Maturana & Ludewing.

De los descubrimientos científicos esbozados por Maturana & Varela surgen las siguientes afirmaciones:

  • El lenguaje no trasmite información alguna, no es un sistema de signos y códigos sino un modo de vida humano que se ha conservado a lo largo de la historia de la humanidad.
  • Entre los seres vivos no existen interacciones comunicativas informativas o instructivas, lo que intercambian son afectos, emociones y sentimientos.
  • El crecimiento, desarrollo y configuración del ser vivo no están especificados por el código genético, es decir, los cromosomas y genes, no especifican ni determinan el crecimiento humano, pero influyen en él, configurando los cimientos para el desarrollo y la configuración humana.
  • La conducta no es generada por el sistema nervioso, éste no la causa pero la condiciona, no la especifica ni la determina, pero incide en ella, es su cimiento.
  • El sistema nervioso no controla nada, no emite información alguna, no acumula, ni procesa, ni obtiene nada; es sólo la base fisiológica o cimiento material de la biopraxis humana, como instante o momento concreto de la vida.
  • El cimiento que genera la conducta humana que origina todo sistema socio-cultural no es racional, sino esencialmente emocional.

A partir de lo anterior, como consecuencia de su investigación, dos aspectos primordiales se materializaron en la mente de Maturana. Su vida académica y científica se orientó a buscar respuestas a dos preguntas aparentemente contradictorias: la primera relacionada con la organización de lo vivo, y la segunda relacionada con el fenómeno de la percepción.

El 27 de septiembre de 1994, Maturana recibió el Premio Nacional de Ciencias en Chile, debido a sus invaluables aportes a la epistemología y a sus estudios sobre la percepción visual de los vertebrados, pero sobre todo debido a la creatividad mostrada en su vasta obra y a la fecundidad de sus originales ideas.

El 5 de agosto de 2006 el Laboratorio de Biología del Conocimiento y Neurobiología, de la Universidad de Chile, entidad donde desarrollaban sus investigaciones Maturana, Francisco Varela, Juan Carlos Letelier y Jorge Mpodozis, fue destruido totalmente debido a un inmenso incendio. Maturana se impactó mucho por la pérdida, sin embargo en ese momento expresó que lo principal no se quemó porque lo tiene en su mente y en su corazón, lo cual demuestra la sobriedad, grandeza y dignidad de este notable hombre de ciencias.

A lo lardo de cuatro décadas se ha especulado mucho sobre la relación personal y teórica de Maturana con Gregory Bateson, Heinz von Foerster y Francisco Varela. Muchas de estas especulaciones han resultado ser ciertas y otras han sido desmentidas por el propio Maturana.

Ludewing le preguntó en una ocasión a Maturana por estas relaciones. A continuación transcribo y parafraseo algunos fragmentos de la respuesta de Maturana, con el fin de tener mayor claridad sobre este tema.

Maturana conoce a Bateson después que ya había desarrollado su teoría. A Heinz von Foerster lo conoció en la época en que Maturana era neurofisiólogo y sus relaciones con él comenzaron en el ámbito neurofisiológico. Cuando Maturana lo conoció, von Foerster tenía un laboratorio que se llamaba: Biological Computer Laboratory”, en la Universidad de Illinois.

Aunque Maturana piensa que no le debe a Heinz directamente ningún elemento de su entendimiento, ciertamente sus conversaciones y sus encuentros con él fueron muy valiosos porque le permitieron interactuar con alguien que funcionaba desde el entendimiento de los sistemas. Sin embargo, aunque parezca raro, Maturana nunca conversó con él sobre los sistemas. Heinz von Foerster tenía entendimientos que se parecen a los de Maturana, pero eso no significa que Maturana deriva de él. Más bien podemos interpretarlo como un acoplamiento estructural.

Con respecto a Francisco Varela, él fue alumno de Maturana, entonces hay una cierta dinámica de relación de maestro a discípulo o de maestro a alumno que ha sido un poco deformadora, según Maturana, de las relaciones entre ellos. A Varela parece pesarle un poco que Maturana haya sido su maestro. A Varela le ha pesado el hecho de haber escogido seguir en un área que tiene que ver con algo que Maturana desarrolló. Varela fue una instancia de conversación y de discusión de muchas cosas, pero Maturana no se siente en deuda con él. El desarrollo del pensamiento de Maturana tiene más que ver con toda la historia previa de su formación en Chile cuando aún era estudiante de Medicina, de interacciones con su Profesor en Inglaterra, con J.Z. Young y de su estancia en Estados Unidos y en el M.I.T., particularmente de sus dudas sobre cómo veía que la gente que trabajaba en Inteligencia Artificial quería explicar y manejar o modelar los fenómenos biológicos. Eso fue mucho más importante y sobre todo porque cuando Maturana regresó a Chile, estuvo fundamentalmente solo. Francisco fue su primer alumno de la Facultad de Ciencias, pero Maturana tuvo antes otros alumnos de la Facultad de Medicina y ellos derivaron y siguieron por Medicina.

Maturana investigó muchísimo y desarrolló docencia en la Universidad Andrés Bello y en la Universidad de Chile. Además, fue fundador y profesor del Instituto de Formación Matríztica, donde se desempeñó al lado de su fiel discípula Ximena Dávila Yáñez, con quien desarrolló la episteme relacionada con la Matriz Biológico-Cultural de la Existencia Humana.

En su libro Biología de la cognición y epistemología, publicado por la Universidad de la Frontera (Temuco, Chile) podemos disfrutar, valorar y aquilatar en su justa media su concepción sobre el conocimiento y sobre el conocimiento del conocimiento, así como su basamento biológico.

Una de las ideas más trascendentales de toda la obra científica de Maturana es la metáfora “¡Vivir es conocer!”, sin embargo, como mínimo se perciben en el desarrollo del pensamiento maturaniano cuatro etapas:

1-Neuroanatomía, al trabajar como biólogo en su laboratorio, en el que desarrolló múltiples investigaciones con salamandras, palomas y ranas.

2-Bioepistemología, relacionada con los procesos que desarrolla el ser humano para configurar su mundo a través del lenguaje.

3-Bioética, en la que demuestra que el conocimiento objetivo y la verdad no existen, que ningún ser humano puede pretender adueñarse de la verdad. No existe una verdad absoluta, toda verdad tiene sus límites y es relativa, y por ello no podemos excluir a los que piensan diferente. De ahí que critique el afán por la búsqueda de la objetividad y la verdad, por cuanto es insostenible desde el punto de vista biológico.

4-Bioantropología, en la que se postula el amor como cimiento de la convivencia humana.

No obstante, a pesar de que en esta etapa se aprecia la preocupación de Maturana por el ser humano, podríamos afirmar que un concepto clave en toda su obra es el amar, expuesto como acción, como verbo, no como sustantivo. En el fondo, lo que Maturana quiere hacer es invitarnos a cambiar la mirada. Este es Humberto Maturana Romesín, y éstas son sus principales aportaciones a la comprensión del ser humano. ¡Ni más ni menos!

RELATED ARTICLES

Edumas, Interaseo y comunidad recuperan el parque del barrio La María en Soledad

La Alcaldía de Soledad, en articulación con Edumas, Interaseo y la comunidad, lideró una jornada integral de limpieza y mantenimiento que permitió...

Casos de dengue caen un 76 % en Soledad: Secretaría de Salud alerta por temporada crítica de mosquitos

Soledad logró reducir en un 76 % los casos de dengue gracias a las estrategias de prevención lideradas por la Secretaría de...

La transformación de la calle 25B del barrio Ferrocarril mejora la calidad de vida de cientos de familias en Soledad

La calle cuanta con su sistema de redes de acueductos y alcantarillados renovados. Hoy se ha convertido en un...

LEAVE A REPLY

Please enter your comment!
Please enter your name here

- Advertisment -

Most Popular

Edumas, Interaseo y comunidad recuperan el parque del barrio La María en Soledad

La Alcaldía de Soledad, en articulación con Edumas, Interaseo y la comunidad, lideró una jornada integral de limpieza y mantenimiento que permitió...

Casos de dengue caen un 76 % en Soledad: Secretaría de Salud alerta por temporada crítica de mosquitos

Soledad logró reducir en un 76 % los casos de dengue gracias a las estrategias de prevención lideradas por la Secretaría de...

La transformación de la calle 25B del barrio Ferrocarril mejora la calidad de vida de cientos de familias en Soledad

La calle cuanta con su sistema de redes de acueductos y alcantarillados renovados. Hoy se ha convertido en un...

Más de 300 niños participaron en FestiPaz, el festival que promueve la paz y la convivencia en Soledad

Más de 300 niños y adolescentes de Soledad disfrutaron de FestiPaz, un festival que combinó arte, deporte, música y recreación para promover...

Recent Comments

PEDRO CONRADO CUDRIZ on Diario para mitigar tu ausencia
Julio Lobelo Fernández on Las casas de mi barrio
Liseth Arciniegas on Las casas de mi barrio
PEDRO CONRADO CUDRIZ on Esa necesidad de respirar un aire nuevo
Ricardo Sandoval on Mi ángel y los sueños de lucía
Wencel Antonio Valega on Un breve sumario sobre lo critico
Ricardo Sandoval on Eterno instante de amor
Ricardo Sandoval on Entre instantes y brevedades
Wencel Antonio Valega on Inteligencia artificial y redes sociales
Luis Padilla Drago on Cavilaciones sobre la muerte
Jorge Alfredo Chiquillo Carrillo on Inteligencia artificial y redes sociales
Luis Vslega on La casa de los viejos
Ricardo Sandoval on El arte de tomar apuntes
Victoria Valega R. on La casa de los viejos
Ricardo Sandoval on Hace un mes… todo quedó ahí
Ricardo Sandoval on El fútbol y su filosofía
Milton Gomez on El fútbol y su filosofía
Eduardo Mejia on El fútbol y su filosofía
PEDRO CONRADO CUDRIZ on El hombre rebelde
Ricardo Sandoval on Serendipia y anestesia
Ricardo Sandoval on Aprendiendo a envejecer
Ricardo Sandoval on El hombre rebelde
Carlos E G. Arana on La memoria de la amistad
PEDRO CONRADO CUDRIZ on El suicidio en la literatura
Karen Escorcia on El suicidio en la literatura
Carlos Alberto Justiz Prieto on El legado espiritual de John Newton
Wence Valega on Homenaje al amor
Nelly Valecillos Gómez on El legado espiritual de John Newton
Carlos Alberto Justiz Prieto on Marrugo entre oleajes y versos del Caribe
PEDRO CONRADO CUDRIZ on Cuentan que Willis
Carlos Alberto Justiz Prieto on Los Llinás: la saga continua
Carlos Alberto Justiz Prieto on La práctica de las virtudes a través del tiempo
Wencel Antonio Valega Ruiz on El Burnout un Síndrome que afecta al docente
Santiago Cervantes on Inobasol, testigo mudo de Soledad
Birleidys de la hoz on Inobasol, testigo mudo de Soledad
Nohelia Figueroa on Inobasol, testigo mudo de Soledad
Yaser De la Hoz on Exilios y regresos
María Fernanda Gamero Moreno on Inobasol, reconocimiento y gratitud
Hernando Jose Hernandez Leal on El Burnout un Síndrome que afecta al docente
Carlos Justiz Prieto on Lecciones educativas del pasado
Donaldo Rada Martínez on Inobasol, testigo mudo de Soledad
Donaldo Rada Martínez on Inobasol, testigo mudo de Soledad
PEDRO CONRADO CUDRIZ on Sobre la lectura y la escritura
Martha Cabana Jamette on Los Llinás: la saga continua
Jorge Enrique Barrios Peña on Lecciones educativas del pasado
Wencel Antonio Valega on Lecciones educativas del pasado
PEDRO CONRADO CUDRIZ on Inobasol, reconocimiento y gratitud
PEDRO CONRADO CUDRIZ on Sobre el hablar y escuchar
PEDRO CONRADO CUDRIZ on  ¿Quién soy? Después del trabajo
PEDRO CONRADO CUDRIZ on El arte de ver las cosas
Emperatriz on Travesía de la lectura
PEDRO CONRADO CUDRIZ on El castigo de Falcao
Wencel Antonio Valega Ruiz on El castigo de Falcao
Pedro Conrado Cúdriz on Travesía de la lectura
Wencel Antonio Valega Ruiz on Entre la verdad y la posverdad
Wencel Antonio Valega on Todos tenemos nuestro sambenito
PEDRO CONRADO CUDRIZ on Una semblanza de papá
Wencel Antonio Valega Ruiz on Procusto: la envidia que limita
Boris Enrique De la Hoz cárcamo on Procusto: la envidia que limita
Wencel Antonio Valega on Ha partido el último moralista
PEDRO CONRADO CUDRIZ on Caminantes
mario Escorcia García on Ha partido el último moralista
Carlos Alberto Justiz Prieto on Hacia una educación con calidad
Wencel Antonio Valega on Hacia una educación con calidad
Jorge Alfredo Chiquillo Carrillo on Hacia una educación con calidad
Monica Coronado on En el día del maestro
jose luis valega navarro on Evocando a mamá
PEDRO CONRADO CUDRIZ on ¿Para qué nos reunimos?
Alexander de Jesús Vega Lugo on La educación y su crisis
wencel antonio valega ruiz on La educación y su crisis
Janeth Saker Garcia on La educación y su crisis
Jorge Enrique Barrios Peña on La educación y su crisis
Roque Vizcaino Barros on ¿Por qué siempre hablamos de libros?
Pedro E Conrado Cúdriz on ¿Por qué siempre hablamos de libros?
Jorge Isaac Consuegra Palma on El complejo oficio de ser maestro
wencel antonio valega ruiz on El hombre un ser con capacidad de paz
Álvaro Pérez Cardozo on La ética de la razón cordial
Wencel Antonio Valega on La ética de la razón cordial
Pedro Conrado Cúdriz on Fotografía
Janeth Saker Garcia on Justicia: hacemos lo que debemos
Wencel Antonio Valega on Modernidad y democracia
Mercedes sandoval on Justicia: hacemos lo que debemos
Rodolfo Hernández Pulgar on Perspectivas sobre el amor
Luis Escobar Camargo on Perspectivas sobre el amor
Larrys Fontalvo Rodríguez on Apuntes de Educación Física I
Pedro Conrado Cúdriz on Apuntes de Educación Física I
Emperatriz Salazar on El negro Hooker 
Wencel Antonio Valega on Coeficiente
Wencel Antonio Valega on Coeficiente
Alejandro Solano Gutiérrez de Piñeres on Coeficiente
Pedro Conrado Cúdriz on Coeficiente
wencel antonio valega ruiz on Vicisitudes de un maestro de escuela
Manuel Pianeta on Tristeza de Carnaval
Pedro Conrado on Tristeza de Carnaval
MANUEL PIANETA CALVO on Inobasol, testigo mudo de Soledad
Rafael De Jesus Torres Huertas on Inobasol, testigo mudo de Soledad
JOSE MACHADO YEPES on Inobasol, testigo mudo de Soledad
Sagrario Vargas, on Clínica bautista. Añoranzas
Carlos Alberto Justiz Prieto on Pedagogía para la paz
Nairo José Cavieles Rojas, Ph.D. on Pedagogía para la paz
Pedro Conrado Cúdriz on Agonía en el parque
Xiomara Escobar on Pedagogía para la paz
Jatzen Ricardo Guzmán Cusis on Pedagogía para la paz
Buenaventura Russeau on Pedagogía para la paz
Pedro Conrado Cúdriz on Poemas De Invierno
PEDRO CONRADO CUDRIZ on WhatsApeando
PEDRO CONRADO CUDRIZ on Sofía quiere ser
PEDRO CONRADO CUDRIZ on El hombre del semáforo
Mabel Luz Fuentes Pantoja on Zaqui, siempre titular
Carlos E G. Arana on Halloween con Edgar Allan Poe
Yaneth Caña on Maestras de infancia
wencel antonio valega ruiz on Maestras de infancia
Mabel Luz Fuentes Pantoja on Maestras de infancia
César Augusto Lamadrid Martínez. on Fermín Zurbarán. Un grande de la cirugía 
PEDRO E CONRADO CUDRIZ on Sin rencores
Duperlis Salcedo on Andar en malos pasos
Wencel Valega on La empatía en la literatura
PEDRO E CONRADO CUDRIZ on La empatía en la literatura
Ademir on Sobre la amistad
Douglas Maza G. on ¿Qué hay de la biblioteca?
Duperlis Salcedo on Sobre la amistad
jose luis valega navarro on Zacarías en prosa y poesía
Pedro Conrado Cudriz on Diario de viaje
Mabel Luz Fuentes Pantoja on Retratos
Raul "cuco" on Retratos
Nicolás Javier Corena Guerra on Inobasol, sagrado manantial
Mauricio Díaz on Inobasol, sagrado manantial
Alirys Jaraba Gutiérrez on Inobasol, sagrado manantial
Edwin José Sandoval Africano on Inobasol, sagrado manantial
Edwin José Sandoval Africano on Inobasol, sagrado manantial
PEDRO E CONRADO CUDRIZ on La ingenuidad de la nostalgia
Duperlis Salcedo on El vendedor de camisetas
Luis Valega on Homenaje a papá 
Luis Caicedo on Homenaje a papá 
Duperlis Salcedo on Homenaje a papá 
PEDRO E CONRADO CUDRIZ on Homenaje a papá 
Alirys Jaraba Gutiérrez on Adiós al Boni Martínez
PEDRO E CONRADO CUDRIZ on Salvavidas
PEDRO E CONRADO CUDRIZ on Naty
Duperlis Salcedo on Nostalgia de ciudad
Libardo Rafael De Oro on Nostalgia de ciudad
Pedro Conrado Cudriz on Juegos de la memoria
Nadin castro mejia on Apuntes de viaje
PEDRO CONRADO CÚDRIZ on Educación perruna
Libardo Rafael De Oro on Educación perruna
Pedro Conrado Cúdriz on Viacrucis de un maestro
Manuel Julián pianeta on Inicio de un periplo
Jose Rodriguez Acosta. on Fútbol de mujeres
Rafael Barceló rodriguez on Fútbol, Respeto y Pasión en Madrid
Manuel Julián pianeta on Gutiérrez
Ismael on Ritual de amor
Jorge Isaac Consuegra Palma on Evocando Maestros
Ismael Arzuza on Diario de un abuelo
Katherine Cepeda on Diario de un abuelo
Victoria Valega R. on Amada Soledad
Manuel Julián pianeta on El amor de Lucas
Hola on Un día normal
Manuel Julián pianeta on Amada Soledad
Maseralix Barcelo oviedo on Amada Soledad
Diana Marcela Camacho pardo on Si tú me olvidas
Martha Valega. on Calle soledeña
Francisco Alfredo Pacheco Amador on La cama y el libro
Wencel Valega on La cama y el libro
Alejandro Solano Gutiérrez de Piñeres on El mandato de la reina
José Manuel Villarreal Gravini on El Pelé que conocí
Josefa miranda castro on El Pelé que conocí
Roque Vizcaino Barros. on ¿Por dónde anda, Marcelino?
Libardo Rafael De Oro on Deporte y política en Colombia
Margarita Matta on El Agua Potable, Un Derecho
José Manuel Villarreal Gravini on Cuestionado Mundial de Fútbol de Qatar
José Manuel Villarreal Gravini on Cuestionado Mundial de Fútbol de Qatar
Javier Reales on La aventura de jubilarse
Santiago Ruiz Buitrago on Sentimiento caribe
javier jiménez on De putas y prostitutas
Mabel Janet Flórez Fernández on El drama de escribir ensayos en la universidad
Mabel Janet Flórez Fernández on El drama de escribir ensayos en la universidad
Laureano Salas Marquez on Sobre partidas y regresos
Einstein on En un lugar de Europa
Ademir Santiago on Casa de la memoria
Alejandro Solano Gutiérrez de Piñeres on Ser hombre
Osvaldo Cáliz Peña on Don de la inconformidad
Martha Isabel Calderón on ¿Recibir amor o darlo? el amor propio
Alejandro Solano Gutiérrez de Piñeres on El hombre
Alexander Ortiz Ocaña on Configuración del cerebro fetal
Aldemar Guerra Castillo on En un lugar de Europa
Nadin castro mejia on En un lugar de Europa
rodolfo cano on Equivalentes suicidas
Heriberto Vargas viloria on Jubiloso ochentón
Nicolàs. Hernández on De la alegría de leer y escribir
Luis Valega on Homenaje a las palabras
Alejandro Solano Gutiérrez de Piñeres on Homenaje a las palabras
Ricardo Sevilla Mercado on Homenaje a las palabras
CARLOS ENRIQUE GONZALEZ ARANA on Homenaje a las palabras
Francisco Arzuza on Ser abuelo en el siglo XXI
Pedro Conrado Cudriz on Ser abuelo en el siglo XXI
Francisco Alfredo Pacheco Amador on Infancia y vejez: ambas deben ser consentidas
Roque Vizcaino Barros. on Viajando en búsqueda de mi identidad
Joel Marchena Cantillo on Cuando la plaza de soledad era una fiesta
Juan Sandoval Alvarino. on Cuando la plaza de soledad era una fiesta
Antonio Campo Peña on Viajando en búsqueda de mi identidad
Rafael Villarreal Noriega on Viajando en búsqueda de mi identidad
Francisco Alfredo Pacheco Amador on Las redes sociales no son periodismo
Milagro on Ídolos de barro
Margarita Rosa Matta Gómez on ¿Tiene Usted fiebre?
Francisco Alfredo Pacheco Amador on Silencios y soledades nutren de amor el vivir bien
Octavio Augusto De La Hoz Ordóñez on No digas todo lo que sabes
Francisco Alfredo Pacheco Amador on La amistad amorosa
Nairoby Rodríguez on El Turco Farid
Silvia Valencia Martínez on Lecciones de la pandemia
Max R. Peña on Fumar pasó de moda
NELSON MANUEL ORTIZ SANTOS on Propuestas para dar el salto 2: La Mentalidad
Teobaldo Coronado Hurtado on Propuestas para dar el salto 2: La Mentalidad
William Baca Orozco. on Todos tenemos voz
Esther Gonzalez Pabon on Ludopatía: adicción al juego
Francisco Alfredo Pacheco Amador on Democracias y li-be-rt-ad-es
Paul Jesus Marchena Cantillo on Dos rescates, una recompensa
Teobaldo Coronado Hurtado on Las muertes de cada día no tienen madre.
Yunelis Lopez Vargas on Un trabajador de la Salud
Isabel Baca Ruiz on Un trabajador de la Salud
Betty Cantillo de Gill on La Respiración
Marcos Gill on La Respiración
Wencel Valega on La Respiración
Ricardo Iglesias on La Respiración
Isabel Baca Ruiz on La Respiración
Sandra Márquez on NO Hay Picos, Hay Pandemia
Rosario Morales on NO Hay Picos, Hay Pandemia
Roberto González on QUÉ OCURRE EN NUESTRA ALMA MATER?
Esther Sofía Pereira Lopez on QUÉ OCURRE EN NUESTRA ALMA MATER?
Marta Donado Villarreal on Un Dolor De Cabeza
Armando Puello on Un Dolor De Cabeza
Jaime Rosales on Un Dolor De Cabeza
Silvia fabregas on Un Dolor De Cabeza
Alvaro Fabregas on Un Dolor De Cabeza
Isabel Baca Ruiz on Un Dolor De Cabeza
César Augusto Lamadrid Martínez on EL LIBRO DE PAPEL VS EL LIBRO DIGITAL.
Sandra Marquez on Ojo con sus ojos (II Parte)
Esther Sofia Pereira López on DE NIETOS Y ABUELOS
Teobaldo Coronado Hurtado on DE NIETOS Y ABUELOS
Diana Crespo Rodriguez on El propósito de la vida es vivir
Wilfrido Gómez on INSPIRACIÓN
Luis Espinoza Figueroa on INSPIRACIÓN
Erly Charles Paternina Hernández on INSPIRACIÓN
Jaime rosales on INSPIRACIÓN
Rafa nigrinis on El imperio de los sentidos
GREGORIO GREGORY on Dónde están mis juguetes?
Erly Charles Paternina Hernández on El imperio de los sentidos
Yexica Africano Navarto on Dónde están mis juguetes?
Milton Gomez Cardozo on Intimidad vs información (Final)
Milton Gomez Cardozo on Informacion vs intimidad (parte 2 )
Erly Charles Paternina Hernández on El arte del ganador
José Alvarado Nieto on El debut
Erly Charles Paternina Hernández on Fútbol de veteranos
Esther Sofia Pereira López on Periodismo con paredón
Agustin Garizábalo on El debut
Agustin Garizábalo on El debut
Agustin Garizábalo on El debut
Agustin Garizábalo on El debut
Agustin Garizábalo on El debut
salomon David castro aguas on El debut
Laura Barceló on El debut
William on El debut
Rosana Zambrano on El Páncreas y sus enfermedades
Dreynner Barraza Rosales on El Páncreas y sus enfermedades
Álvaro López Martínez on El debut
Álvaro López Martínez on El debut
Estebana Reyes Rangel on El debut
Gloria sofia fabregas Villate on El Páncreas y sus enfermedades
Rafael Enrique Surmay Herrera on El otro discurso, muy personal (3)
Carlos paternina acosta on El otro discurso, muy personal (3)
Agustín Garizabalo on El otro discurso, más personal (2)
Erly Charles Paternina Hernández on El otro discurso, más personal (2)
Fernando A Charris Almarales. on El otro discurso, más personal (2)
Erly Charles Paternina Hernández on El otro discurso, más personal
Rafael Enrique Surmay Herrera on El otro discurso, más personal
Erly Charles Paternina Hernández on El discurso y el método (5)
Erly Charles Paternina Hernández on El discurso y el método (4)
Mauricio javier Bustillo Marmol on El discurso y el método (3)
Jabib vergara delgado on El discurso y el método (4)
RICARDO GARIZABALO on El discurso y el método (4)
Jesús Orozco on El discurso y el método (4)
olmar Calderón Dávila on El discurso y el método (4)
Estebana Reyes Rangel on El discurso y el método (4)
Agustin Garizabalo almarales on El discurso y el método (4)
Leslie E. Smith on El discurso y el método (4)
Amparo urzola on ¿Tiene usted tos?
Jacquelín Isabel Martínez Navarro on Nuestro gran reto
Dra Masi on Nuestro gran reto
Eucaris Laguna on Nuestro gran reto
Yomaira Escorcia Barcelo on Nuestro gran reto
Reinaldo Rodríguez Garcia on El discurso y el método (3)
Isabel Baca Ruiz on Nuestro gran reto
Erly Charles Paternina Hernández on El discurso y el método (3)
Pablo Emilio Martinez Aparicio on El discurso y el método (3)
Erly Charles Paternina Hernández on El discurso y el método (2)
Agustin Garizábalo on Pequeñas infidencias (5)
Agustin Garizábalo on Pequeñas infidencias (5)
Agustin Garizábalo on Pequeñas infidencias (5)
Agustin Garizábalo on Pequeñas infidencias (5)
Alexander Luis Ortiz Ocaña on El éxito y la felicidad, según Jesús,
Erly Charles Paternina Hernández on Por fortuna se equivocan
Dreynner Barraza Rosales on Por fortuna se equivocan
Estebana Reyes Rangel on Por fortuna se equivocan
Rafael Enrique Surmay Herrera on Por fortuna se equivocan
Luis Maza Torregroza on El Laboratorio Clínico
olmar Calderón Dávila on Pequeñas Infidencias (6)
Erly Charles Paternina Hernández on Pequeñas Infidencias (6)
Ricardo Solano Orozco on El Laboratorio Clínico
Gilberto Marenco Better on Pequeñas infidencias (5)
Erly Charles Paternina Hernández on Pequeñas infidencias (5)
Elias Ruiz De La Victoria on Pequeñas infidencias (5)
Jaime rosales on Pequeñas infidencias (5)
Milton Gomez Cardozo on El silencio o el escándalo
Yadira Ruiz on ¿Tiene usted tos?
Sandra MarqueZ on Las Enfermedades Mentales
Alonso Pérez on Pequeñas infidencias (4)
Ivet Vergara on Las Enfermedades Mentales
Estebana Reyes Rangel on Pequeñas infidencias (4)
Erly Charles Paternina Hernández on Pequeñas infidencias (4)
Esther Sofia Pereira López on Soledad, aislamiento y vejez
Alfonso.Rodriguez Cruz on Soledad, aislamiento y vejez
Estebana Reyes Rangel on Pequeñas infidencias (3)
Xiomara Albis on Soledad, aislamiento y vejez
Milton Gomez Cardozo on Soledad, aislamiento y vejez
José Alvarado Nieto on Administrador de pasiones
Orlando Moscote Rojano on ¿Tiene usted tos?
Marcos Gill on ¿Tiene usted tos?
Roberto sarabia Durán on Pequeñas infidencias (2)
Sandra Marquez Sandoval on ¿Tiene usted tos?
Jairo Diz fabregas on Pequeñas infidencias
Adolfo Cotes. on Pequeñas infidencias
jose pachon niño on Pequeñas infidencias
Alexander Luis Ortiz Ocaña on Cómo alcanzar la felicidad infinita
Teobaldo Coronado on ¿Amor familiar o amor materno?
Teobaldo Coronado on ¿Amor familiar o amor materno?
Yomaira De las Salas Baca on Alcalde Pumarejo Decrete Cero Carnaval 2021
DONICEL PACHECO B. on Feliz día papá
Erly Charles Paternina Hernández on La grandeza de las cosas simples
IVIS GONZALEZ on El sistema inmunológico
Mirian Gonzalez on El sistema inmunológico
Ricardo Solano Orozco on El sistema inmunológico
Sandra Márquez Sandoval on El sistema inmunológico
Gladys Flórez Páez on Crítica: Redes vs Medios
Osiris Fabregas Zambrano on El sistema inmunológico
Esther Sofia Pereira López on Crítica: Redes vs Medios
Esther Sofia Pereira López on Crítica: Redes vs Medios
Roberto sarabia Durán on Pedagogía de la compasión
Adolfo Guerrero Sarmiento on Pedagogía de la compasión
Nancy Torres on Pedagogía de la compasión
Meibel Tatis on Los Hijos De Hipócrates
Alfonso De La Hoz O on Los Hijos De Hipócrates
Roberto sarabia Durán on Y si no alcanzas tus sueños…¿qué?
Erly Charles Paternina Hernández on Y si no alcanzas tus sueños…¿qué?
Teobaldo Coronado Hurtado on Periodismo y corrupción
CARLOS E. LLANOS GOENAGA on Competir sin jugar
Alexander Luis Ortiz Ocaña on El rol del maestro en medio de la pandemia
DIDIER ALFONSO LUNA GONZALEZ. on Competir sin jugar
Margarita Dorado Agrda on El rol del maestro en medio de la pandemia
EDUARDO E. ALMARALES MANGA on Competir sin jugar
Álvaro López Martínez on Competir sin jugar
Teobaldo Coronado Hurtado on Un diario sin lectores (Parte 3)
Blacky Arévalo Herrera on Competir sin jugar
Gyna Niebles Barceló on ¡Feliz día, Maestros!
Erly Charles Paternina Hernández on Fútbol Covid
Leoneth guerrero on Fútbol Covid
Carlos Alberto Figueroa Otero on Fútbol Covid
JUAN ANTONIO PABON ARRIETA on Fútbol Covid
Mr. Leslie E. Smith on Fútbol Covid
Alfredo Aurela on Fútbol Covid
Jesús Orozco charris on Fútbol Covid
Alonso Pérez on Cuando los ídolos hablan
MARTA CECILIA RICAURTE GUERRERO on En defensa del “Gran pacto social por Soledad”
Silvestre Maestre Martinez on ¿Y qué pasará con el fútbol local?
FAUSTO PEREZ VILLAREAL on ¿Y qué pasará con el fútbol local?
Yomara Estrada Perez on ¿Y qué pasará con el fútbol local?
Luis Hernando Cepeda Espitia on ¿Y qué pasará con el fútbol local?
Alfonso Silva Navarro on ¿Y qué pasará con el fútbol local?
Pedro Daniel Muñoz Alvis on ¿Y qué pasará con el fútbol local?
Adalberto Herrera Avila on Cuando se les caen las caretas
GUILLERMO LEON ROMERO CARDONA8 el maestro del futbol) on De Caimanes y Boricuas
William Pertuz Pedroza on Cuando se les caen las caretas
William Pertuz Pedroza on Cuando se les caen las caretas
César Agudelo on Una pasión heredada por amor
Andres Ibarguen on De Caimanes y Boricuas
Javier Ferrer Africano on Ecos de la pandemia
Efraindelahoz on Ecos de la pandemia
Carlos Torres Paredes. on Ecos de la pandemia
Sandra Marquez Sandoval on Ecos de la pandemia