jueves, julio 16, 2026
Home Opinión Wencel Antonio Valega Ruiz Inobasol, sagrado manantial

Inobasol, sagrado manantial

Sólo la escuela brindaba esas alegrías…

Y, sin lugar a dudas, lo que tan apasionadamente

amaban en ella era

aquello que no encontraban en sus propias casas…

ALBERT CAMUS. El primer hombre.

La institución Educativa de Soledad está de pláceme por estos días de agosto. Hace setenta y tres años, en 1951, se sintió la inquietud de crecer en el municipio de Soledad, apuntándole al reto de la educación y la formación humana de una población enfocada y limitada al trabajo artesanal de la pesca, el cultivo y la ganadería. Como un faro lleno de luz y los pies puestos en la tierra brota INOBASOL para iluminar la vida de los pobladores en la década del cincuenta del siglo pasado. Acompañando su nacimiento, las campanas de la iglesia aplaudieron la postura de las primeras piedras sobre la que se erigió nuestra institución educativa en el centro de la plaza. Desde los primeros cursos que iniciaron los estudiantes, entendieron que la iglesia, además de la religión invitaba a la interiorización consciente de la vida espiritual. También se encontraba el teatro Olimpia como un espacio lúdico y cultural, invitando al esparcimiento y la reflexión crítica, donde se usufructuaba el tiempo libre de la noche ante la pantalla. La trayectoria de Inobasol por los derroteros de la educación marcó una identidad propia, dejando sentir su voz de protesta, madura y experta, en la letra del himno que se canta en cada fiesta de la escuela, escrita por el matemático Buenaventura Mendoza y los arreglos musicales del músico Jorge Consuegra, ambos, docentes de la institución. Sobre el himno inobasolista cabalga la vida y la esperanza de generaciones presentes y futuras.

Naciste con un curso, después tuviste dos…

INOBASOL es el sagrado manantial que brotó como un géiser, invitando a la contemplación, a bañarse en sus aguas y sumergirse en la experiencia del conocimiento, ofreciendo una actitud de acogida sin discriminación. Emergió de la humildad, pero con la firmeza en cada paso que daba a medida que crecía. Fue pionero en la educación secundaria en el departamento esperando con sus brazos abiertos a los que deseaban aprender los saberes, que venían de otros municipios: Barranquilla, Malambo, Sabanalarga, Santo Tomás, Puerto Colombia.

Inobasol, sagrado manantial…

INOBASOL no se amilanó ni tampoco se cohibió por sus carencias. La gente que llegaba encontraba su sonrisa abierta, el pálpito de un corazón apasionado que contagiaba a medida que su fama se extendía por todo el territorio del Atlántico. Creció a paso lento, pero más crecieron los estudiantes que llegaban en romería cada mañana. Nunca se reparó en sus mutilaciones físicas, así nació: patio pequeño donde se prohibía correr, recreos sin carreras, pero rico en conversaciones; aunque el espacio hace falta, no ha sido impedimento para que los soledeños y el resto de los atlanticenses se contagien de su entusiasmo.

Tiene sangre de un pueblo que vio el libertador.

Sin canchas deportivas y espacios suficientes para los recreos ha sido cuna de hombres honestos y sinceros; soñadores y persistentes; tolerantes y entusiasmados ante la maravillosa posibilidad de estudiar y avanzar en el proceso existencial de autorrealización humana. Creció sin laboratorios, sin sala de espera, sin timbre que anunciara la entrada o la salida, sólo el tañido de la campana de bronce repiqueteando como expresión de una época medieval detenida en el tiempo. Los estudiantes esperaban los agudos campanazos sentados en las gradas de la iglesia por las mañanas y en los recreos salían de la escuela para merendar – no existía la tienda escolar – y conversar por los alrededores. A nadie se obligaba a entrar, pero la mayoría regresaba a las aulas. En los rostros curiosos y alegres la esperanza se sentía en las horas de lectura en la pequeña biblioteca; en el fresco de los pasillos, pequeños grupos discutían sobre la resolución de problemas matemáticos.

INOBASOL es el sagrado manantial que brotó como un géiser, invitando a la contemplación, a bañarse en sus aguas y sumergirse en la experiencia del conocimiento, ofreciendo una actitud de acogida sin discriminación. Emergió de la humildad, pero con la firmeza en cada paso que daba a medida que crecía.

La esperanza del hombre de Soledad

Aunque es la misma estructura de hace años, en su interior se aprovecha cada espacio ante la demanda de la población deseosa de estudiar. La fachada sigue siendo igual, a excepción de los ventanales remplazados por calados, por dentro y por fuera. Inobasol es un viejo sabio que afronta el mundo globalizado con prudencia y mesura. Sin embargo, vive y experimenta el fenómeno de la autopoiesis, renovándose, manteniéndose. Es consciente de la indiferencia de los gobiernos, pero le basta su dignidad y su pecho henchido de orgullo para continuar su labor con la frente en alto.

Con orgullo y valor soy de ti.

Tus entrañas me dan amor total

El verde y el blanco son los colores estandartes de Inobasol. El verde contiene la esperanza de un mundo nuevo, un futuro optimista de sueños que invitan a ser perseguidos sin desfallecer. El blanco establece la promesa de la paz a través de una educación comprometida con las historias matriculadas cada año, comprensiva con la realidad circundante y promotora del entusiasmo y amor al conocimiento, como se hacía en la schole griega, y contribuir a la formación humana y el control de los instintos. Lo anterior cobra fuerza porque aquel soledeño pacifico se ha extinguido, el que le cantaba a la vida con actitud biofila y sincera ya no existe; aquel cuya ingenuidad estuvo demarcada por los límites de la conformidad y la creencia de que Soledad era la totalidad del mundo que le había tocado vivir.

La redención de un sueño cual nuestro salvador.

Verde y blanco constituyen su color.

Muchos egresados agradecidos, de esos que se fueron, pero que siempre están de regreso, nos visitan con alegría. Inobasol significó mucho en sus vidas, lo llevan consigo arraigado en el corazón y la memoria. Basta vernos años después para interrogarnos con la primera pregunta en la que todos parecen coincidir: ¿cómo está el colegio, profe? Sintieron que Inobasol fue para ellos un mundo de relaciones, un lugar donde aprendieron a tolerarse entre sí y también tolerar sus carencias físicas de escenarios y espacios de bienestar para la vida escolar. Entonces se desbordan en anécdotas, trayendo al presente las viejas alegrías que los marcaron, las risas que resuenan en los recuerdos, las enseñanzas y las decepciones que sintieron porque siempre tuvieron la conciencia de que la existencia tiene baches y altibajos que superar. También los rostros que nos visitan cuentan los dramas vividos con los fracasos y las andanzas de compañeros por los itinerarios de la aldea global, que aceptaron el desafío de trascender hacia el futuro tecnológico vaticinado por Marshall Mcluhan y la interiorización de una conciencia de ciudadanía mundial. Al final, surge la esperanza y el entusiasmo, sobreponiéndose a las tristezas, cuando cantan a coro:

Inobasol, sagrado manantial.

Luz del señor no deje de brillar.

Sin vacilar por siempre oirás mi voz.

Inobasol contigo hasta el final.

En el siglo XXI, en la nueva centuria que vivimos, Inobasol se mantiene envejecido en su infraestructura, pero rejuvenece con su alma alegre y juvenil. No es su condición física, es su estado de ánimo, es su voz interior latiendo con la fuerza de los miles de sueños que nacen en sus aulas cada día, de risas inocentes que resuenan en las paredes de los salones, de voces que desean ser escuchadas en la cotidianidad escolar, que con el paso de los días es más difícil en el contexto que se vive. Allí está Inobasol en el centro de la Plaza de Soledad, luce su dignidad, altivez y orgullo con los pocos recursos que el gobierno destina; a su lado, una iglesia que pierde su belleza y pulcritud ante una restauración que avergüenza y una vida espiritual resquebrajada; un teatro Olimpia cuya ausencia atestigua una cultura derrotada por la racionalidad económica, la desidia de los dirigentes y la indiferencia de la población.

El cultivo de humilde labrador.

La limpieza y la pureza de la paz.

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6 COMMENTS

  1. Soy egresado de la promoción 93, a mucho orgullo, son desmeeitar a los profesores de hoy, pienso que tuve durante los 6 años de mi básica secundaria a los mejores.
    Profesor Bonet, Villa, Greco, Valega, Mendoza, manitas, seño vilma, Ivonn, luisa, rosalba galán, profesor Rodríguez, se me escapa el nombre del de matemáticas que murió hace poco, y otros más que se me escapa en el momento, pero el que sabe de historia sabrán cuáles son los otros que estuvieron en esa época en el colegio dictando clases.

    Felicito a la institución y sus profesores, cuando me pregunta el nombre de l institución de bachiller donde estudie. LO DIGO CON ORGULLO, SON DEL COLEGIO DE BACHILLERATO MASCULINO DE SOELDAD. así se identificaba en esos tiempos..

  2. ah me acuerdo profesor fabregas que ya no está con nosotros, a esposa que también ductaba clases de español

  3. Felicitaciones mi apreciado maestro, Wencel. Tienes la vivencia y la bendición de haber sido estudiante y ahora un excelente maestro de Educación física, en el Sagrado Manantial. Orgullo inobasolista 💪❤️👌

  4. ORGULLOSOS DE SER EGRESADOS PROMOCION 90 ANTIGUO CODESOL GRANDES PROFESORES FORMADORES DE PRINCIPIOS VALORES ETICA HONESTIDAD Y SOBRE TODO UNIÓN
    GRANDE MI INOBASOL

  5. Con la exquisita pluma de un buen cronista se recompone una parte interesante de la educación pública en el Atlántico.

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