jueves, julio 16, 2026
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Los médicos también sufren

                                             Introducción

Por mis seniles peripecias de salud, ya retirado del ejercicio profesional, de consultorio en consultorio y de clínica en clínica ando.  Hacen siete años, 2017, motivado por esta incomoda, sufrida andanza, publiqué por diferentes medios una nota que titulé “Los médicos también se enferman”. Entre otras cosas decía que: “… Cuando la patología que lo aflige es mental o adictiva, admitirla y acudir en busca de ayuda se convierte en problema mucho más grave por el rechazo social que trae consigo, aun en el mismo gremio, lo más delicado. Situación que desde el punto de vista laboral puede estar relacionada con el conocido ‘Síndrome de Desgaste Profesional, Burnout’ caracterizado por depresión, soledad, sentimiento de fracaso y pérdida de autoestima… Tienen razón quienes pregonan que todo estudiante de medicina antes de graduarse debería hacer un curso de enfermo; para que aprenda a comprender y tratar su padecer y sufrir… Lo triste es así. Los médicos también se enferman.

La lamentable tragedia del suicidio de la doctora Catalina Gutiérrez, el pasado 17 de julio, residente de cirugía en el Hospital San Ignacio de Bogotá, es prueba contundente que revela el callado drama que sufren los consagrados practicantes de la medicina desde el comienzo de sus estudios. 

Triste realidad es que “Los médicos también sufren”.

El médico nunca deja de ser estudiante

Desde el mismo primer día de clases en la universidad, primíparos, comienza “Mi Cristo a padecer” como decían las abuelas.  Se lanza el abnegado estudiante a una prueba de obstáculos, tal cual compitiera en una pista atlética, que no termina sino el día en que llega el momento de abandonar tan dura y, tantas veces, incomprendida y sufrida competencia.

Cierto es, que el medico nunca deja de ser estudiante, el ejercicio de la profesión le exige una preparación técnica y científica que lo obliga a estar en educación médica continuada a través de especializaciones, subespecializaciones y costosos cursos, seminarios, simposios y congresos.

Abandono del Estado

El Estado con sus reformas y sus leyes busca, ante todo, proteger el derecho de los pacientes, de la gente en general.  Al profesional de la salud, históricamente, le han desconocido los suyos y, antes, por el contrario, se le hostiga con reglamentaciones e imposiciones que en vez de favorecerlo atentan contra su dignidad y autonomía profesional. Padece el médico, además, el desdén y la ingratitud de la sociedad que no le perdona el más mínimo error para llevarlo ante los jueces en busca de una indemnización con demandas que en su mayoría son pendencieras.

Mientras la tan cacareada humanización de los servicios de salud propende por la calidad de la atención en el paciente, al médico se le da un trato infame, humillante, por empresas e instituciones prestadoras del servicio de salud, atentatorio contra su calidad de vida, contra su integridad física y mental. Sufrimiento que se proyecta, como es obvio, a su entorno familiar.

Doctora Catalina Gutiérrez. Mártir de la medicina

La doctora Catalina Gutiérrez Zuluaga es una mártir de la profesión médica, de la medicina, que pone al descubierto, con su temprano sacrificio, las miserias que carcomen los fundamentos institucionales, docente – asistenciales, de la organización médica. Al fin y al cabo, son seres humanos de carne y hueso los depositarios de estas repugnantes miserias. ¡Humano es errar! Testigo fui, magistrado del Tribunal de Ética Médica del Atlántico, de los equívocos éticos y legales que se dan en cumplimiento de su labor. Señalaría, entre otros, la falta de lealtad entre colegas en donde el que tiene más poder atropella, persigue, al que no ostenta ninguno.

Hospital humanizado

Una de las características de un Hospital Humanizado” es el “Trabajo en Equipo”, sustentado en el reconocimiento y respeto de una “jerarquía” entre sus miembros. Al justo reconocimiento del papel que cada uno cumple dentro de su campo, de su especialidad y al respeto como personas, sujetos de derechos, que son sus integrantes. Jerarquía que arranca desde el estudiante, pasando por el interno, residente, instructor, profesor en sus distintas categorías, jefe de servicio, coordinador, director de hospital o decano de la facultad de medicina.

El desgarrador suplicio de la doctora Catalina Gutiérrez Zuluaga no ha sido en vano, la conmoción que ha producido ha llevado, por lo menos, al Ministro de Salud a recordar a las prestadoras de salud el cumplimiento de la ley 1917 de 2018. La circular de la cartera comienza señalando que “los residentes deben tener un apoyo de sostenimiento educativo mensual no inferior a tres salarios mínimos…

Lamentablemente, se da al interior de la labor médica, jerarquizada, como en cualquier otra actividad, con el mismo modelo, llámese: militar o eclesial para poner un ejemplo, los mismos desbordes de autoridad que mancillan el honor de sus practicantes. Que parece ser lo ocurrido en el siniestro de nuestra difunta residente.

La jerarquía se hace necesaria para poner orden y establecer responsabilidades, no para avasallar al más débil o de menor nivel académico y laboral. El de mayor rango debe ser un ejemplo de honestidad, disciplina, cumplimiento y humanidad para los demás miembros del equipo.

Mal crónico

El caso de la doctora Catalina, pone al descubierto un mal que no es de ahora, un mal crónico que tiene antecedentes conocidos y padecidos por muchos profesionales de la salud, a lo largo de su formación en universidades y hospitales que con el inusitado despliegue que tienen las redes sociales, ahora, alcanza a impactar como nunca en comparación a acontecimientos parecidos, sucedidos en tiempos pasados. He aquí uno de los beneficios que ofrece este medio cibernético que como cualquier medio de información cuando no se usa bien, racionalmente, enciende pasiones peligrosas que en vez de contribuir con la verdad crean incertidumbre y zozobra. Generan violencia.

He observado en el actual episodio de la doctora Gutiérrez pronunciamientos que manifiestan más odio que comprensión; más pasión que uso de la razón, en especial por personal de la salud que caen con su actitud pendenciera en la misma postura inhumana de los que provocaron la irreparable pérdida de la colega de 25 años, residente de cirugía.

Es así como a raíz de este lamentable suceso se ha llegado a mancillar una institución tan respetable y querida para los colombianos como la Universidad Javeriana. Institución con una tradición docente que es orgullo del país y que no puede ser deshonrada por un hecho que igual puede suceder y ha sucedido en cualquier institución de educación superior. Uno cualquiera de sus docentes, indigno como es, no puede enlodar la imagen y buen nombre de una mayoría que cumple su magisterio con buenas intenciones, integridad moral y que pretenden ser maestros de verdad, formadores de sus alumnos, más que unos deshumanizados profesores.

La ominosa campaña contra la Javeriana me ha hecho recordar la terrible vergüenza vivida en los carnavales de Barranquilla de 1992.  Sufrí en carne propia, con profundo dolor, la afrenta y estigmatización, docente de la Universidad Libre, por el bochornoso episodio de los indigentes que fueron asesinados a trancazos en un laboratorio de la sede centro. El prestigio y buen nombre de La Libre fue puesto en la picota publica, sus integrantes sufrimos el horror de quienes, injustamente, nos calificaban de criminales y asesinos. A Dios gracias el claustro unilibrista brilla hoy en día, con luz propia, después de aquella oscura, pesada y larga noche. El noble y ejemplar empeño de sus diferentes estamentos lo han logrado en buena hora.

En la Universidad Javeriana, como en la Universidad Libre, la justicia, los jueces tiene la última palabra y el gobierno tomará las medidas que regulen los abusos y excesos que se dan en los actuales programas de pregrado y posgrado.  

Las universidades y las instituciones de salud deben crear condiciones de trabajo dignas y desarrollar iniciativas que promuevan la reducción del estrés, mejor calidad de vida, reflexión personal y auto protección. Es obligación institucional crear estas condiciones para el beneficio de todos.

Declaración de la Asociación Médica Mundial

La Declaración sobre el Bienestar de los Médicos, Adoptada por la 66ª Asamblea General de la Asociación Médica Mundial, AMM, en Moscú, Rusia, octubre 2015, señala que: “Los médicos y los estudiantes de medicina en todas las etapas de sus carreras están expuestos a experiencias positivas y también a una variedad de factores estresantes y lesiones en el trabajo. La profesión médica debe tratar de identificar y revisar las políticas y prácticas que contribuyen a estos factores estresantes y colaborar con las Asociaciones Médicas Nacionales, AMNs para elaborar políticas y prácticas que la protejan. Como todos los seres humanos, los médicos tienen enfermedades y también tienen obligaciones familiares y otros compromisos fuera de sus vidas profesionales que deben ser consideradas”.

Colofón

El desgarrador suplicio de la doctora Catalina Gutiérrez Zuluaga no ha sido en vano, la conmoción que ha producido ha llevado, por lo menos, al Ministro de Salud a recordar a las prestadoras de salud el cumplimiento de la ley 1917 de 2018. La circular de la cartera comienza señalando que “los residentes deben tener un apoyo de sostenimiento educativo mensual no inferior a tres salarios mínimos… Salvo en los casos de emergencia establecidos en la norma para los prestadores de servicios de salud, la dedicación del residente en dichos prestadores no podrá superar las 12 horas por turno y las 66 horas por semana, las cuales para todos los efectos deberán incluir las actividades académicas, de prestación de servicios de salud e investigativas”.

Además,  insiste en que los turnos deberán garantizar la recuperación física y mental de los estudiantes. Cosa que, según las denuncias, no se está cumpliendo.

Ya es hora de que las asociaciones científicas, el gremio médico despierte, muestra su casta luchadora en  defensa de un justo reconocimiento por su labor en pro de la sociedad y de su dignidad, venida a menos, como profesionales de la salud.

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