jueves, julio 16, 2026
Home Opinión Wencel Antonio Valega Ruiz El profesor de educación física

El profesor de educación física[1]

 “La misión de la educación física, es ayudar a cada persona

a desarrollar todo su potencial y a convertirse en una persona

completa, y no en una herramienta de la economía”.

 (Comisión de las Comunidades Europeas, 1995).

Al hablar del profesor de educación física necesariamente hay que hacerlo también sobre esta área, o asignatura fundamental del currículo, que se edifica epistemológicamente a partir de los saberes de las ciencias humanas y básicas. Ahondar en su actuación y el deber ser en relación con sus competencias, como uno de los actores principales del proceso de desarrollo motor, no hay que desligarlo del interés y la motivación que conlleva esta ciencia del movimiento. En nuestro medio, el maestro de educación física, en general, padece carencias, que debe superar con ingenio y creatividad; es el héroe que se adapta a las circunstancias – y no es que no le importe y sea un conformista – construyendo recursos que no tiene, transformando escenarios no convencionales, soportando las inclemencias de las altas temperaturas, consecuencias del cambio climático; poniendo en práctica una didáctica que lo ayude a organizar una clase de cuarenta y más estudiantes durante una y dos horas.

El 8 de octubre se celebró el Día del profesor de educación física, un profesional animador de procesos en un área que hace sinergia en la actualidad, especialmente en este siglo XXI, donde la fatiga física ha dado paso a las fatigas nerviosas, producto del estrés que dejan las altas exigencias laborales en los adultos y académicas en los estudiantes, desde el preescolar hasta la universidad. A diario, los docentes de Educación Física, al interior de las instituciones educativas, celebran la vida a través del ejercicio de la motricidad humana, comprometida en el juego, la recreación y los deportes, en los patios de recreo, en una cancha deportiva, o en una calle adaptada a tales menesteres, haciéndola lúdica y agradable.

El profesor de educación física, se apoya en las ciencias de la actividad física y el deporte, en estudios profundos sobre la persona humana en su dimensión corporal, que comprende anatomía, fisiología y motricidad humana; además, sociología, antropología, psicología, en el contexto de la acción psicomotriz. Se obliga a entender la cultura, la sociedad intervenida en la escuela, las necesidades y aspiraciones humanas que tienen que ver con lo lúdico – recreativo, o en las exigencias deportivas asumidas por el talento.

El profesor de educación física profesionalmente tiene la responsabilidad social de estar al tanto de los avances de su área, en el entorno cultural y científico, en las lecturas científicas, humanísticas y pedagógicas que lo lleven a una reflexión ética, permitiéndole comprender los diferentes estadios del desarrollo humano: niñez, adolescencia, juventud, adultez y vejez. Se resalta que su praxis se sustenta en bases sólidas, que responden a tres categorías presentes en el informe escolar: educación física, recreación y deporte.

Sin embargo, el profesor de educación física – remitiéndonos a la época homérica y apoyado en una visión humanística desde la universidad – no debe dejar de estudiar la Ilíada y la Odisea, dos textos, que ilustran sobre las competencias deportivas: carroza, jabalina, disco y natación. En la educación griega, además de la elocuencia estaba el aprendizaje y sentido de la hazaña, afirmación dicha por Fénix a Aquiles, siendo este uno de sus mejores discípulos en la infancia. Aquiles en un pasaje de la Ilíada, es contundente al preferir una vida corta y gloriosa antes que una vida eterna y sin hazañas en el Hades, reflejando con ello un ideal de formación. Desde el deporte se promueve un cuerpo sano y hermoso en la juventud griega, se tiempla el carácter durante las competencias; más que una finalidad física e higiénica, se procura el sentido ético y estético, como caminos para desarrollar una fuerza moral. En la educación del hombre homérico es relevante la educación filológica, el cultivo de la lengua, retórica y la elocuencia (el profesor de educación física no necesita gritar, sólo hablar claro y preciso, muy atento a evitar decir expresiones vulgares y soeces). En conclusión, la educación de la época homérica resalta el honor, la competencia, el deporte, el ocio, la hazaña y la gloria, aspectos todavía arraigados a la praxis de la educación física y el deporte.

A través de su praxis, el maestro va descubriendo una práctica con sentido. Se afianza su capacidad conceptual con respecto a su liderazgo en la orientación pedagógica de sus clases, por ejemplo, asumiéndose, consciente o inconscientemente, como un profesor autocrático, permisivo, o democrático; conociendo y aplicando el uso de una didáctica que favorezca la motivación y el aprendizaje en los estudiantes. Hace uso de técnicas conductuales, o heurísticas, de acuerdo a los temas sugeridos y las poblaciones intervenidas.

Este maestro de la motricidad humana, en palabras de Manuel Sergio, está llamado a ser un investigador no solamente de su realidad, sino también de su área de conocimiento desde una perspectiva epistémica. Desde hace tiempo se discute desde las regiones, por ser Colombia un país diverso, sobre la necesidad de un currículo pertinente, para la Costa Caribe colombiana, que nos diferencie de currículos con visión más del interior del país y cercano a la montaña. La cercanía del mar, el biotipo del costeño y su actitud ante la vida, son factores concluyentes para una educación física más nuestra que responda a nuestra identidad cultural.

En Colombia, el Ministerio de Educación Nacional, MEN, desde el nivel central, año 1977 – 1978, propuso un currículo de educación física, más pensado desde el escritorio que de la experimentación e investigación de la realidad. Con esa propuesta se uniformó el país con este cuerpo de conocimiento. Por otra parte, la Universidad Surcolombiana, en el Huila, diseñó e implementó un currículo del área a través de la investigación e implementación, que ha sido copiado por muchos, pero también desconocido por una gran mayoría. Con relación a este aspecto, las universidades costeñas, que ofrecen esta carrera profesional, se han demorado en la incursión de un proceso de investigación que tenga en cuenta las características de los pueblos costeños: cultura, escenarios y actitud ante la vida, hábitos de tiempo libre, la evolución de cuerpo hacia la corporeidad y sus posibilidades de trascendencia; ello implicaría compromisos y apoyo institucional, logístico y financiero, y un equipo de investigadores.

Por otra parte, sobre este tema curricular, el profesor chileno, Carlos Veliz, nos llamaba la atención al cuestionar la diversidad de programas que existían en nuestro medio, que cada profesor ejecutaba, sin ningún tipo de supervisión y control, lo cual todavía es explícito en nuestro medio. En conclusión, cada profesor desarrolla su propia propuesta curricular, constituyéndose más en una debilidad que una fortaleza hacia la construcción de una política pública en materia de educación física, recreación y deporte escolar.

La sola experiencia deportiva de las personas que ejercen como profesores de educación física no es suficiente. Pero si a su experiencia se le suma la preocupación por una formación académica, consolidará su preparación humana y profesional. Desde esta perspectiva comprenderá que no puede repetir con sus dirigidos lo que alguna vez hicieron con él; además, la formación académica es una exigencia de responsabilidad que permitirá orientar los procesos de intervención con los estudiantes, o los usuarios.

La sola experiencia deportiva de las personas que ejercen como profesores de educación física no es suficiente. Pero si a su experiencia se le suma la preocupación por una formación académica, consolidará su preparación humana y profesional. Desde esta perspectiva comprenderá que no puede repetir con sus dirigidos lo que alguna vez hicieron con él; además, la formación académica es una exigencia de responsabilidad que permitirá orientar los procesos de intervención con los estudiantes, o los usuarios. En este sentido, debe poseer un vasto conocimiento en psicología, nutrición, primeros auxilios, ética; inteligencia kinésico – motriz. emocional, interpersonal; tener el dominio de técnicas y métodos de enseñanza; hábitos de lectura para trascender más allá de los textos profesionales y cultivar valores estéticos y espirituales. Tendrá que asumir y asumirse como un educador a través del profundo conocimiento sobre la motricidad humana y sus diferentes manifestaciones epistemológicas. El tránsito por la motricidad en preescolar le posibilitará un abordaje sobre aspectos que tienen que ver con la especialización y la técnica deportiva y así mostrar un mejor desempeño en la enseñanza de los deportes. Por ejemplo, la praxis orientada del caminar, correr, saltar, lanzar y patear, lleva al estudiante a trascender en su motricidad y a la consolidación de patronos maduros de movimiento implicados en la mayoría de los deportes y sus diversas ejecuciones técnicas.

Por otra parte, el espectro del área le permite incursionar por una serie de actividades físicas, lúdicas y deportivas, teniendo en cuenta el currículo establecido, las características de la población y el entorno. El bagaje experiencial, incidirá en su toma de decisiones para escoger a futuro una especialización, como parte de su desarrollo profesional. Por lo general, un estudiante universitario incursiona en el deporte del fútbol y se olvida de otros deportes que requieren su orientación; deportes como el patinaje, el hockey patín, el tenis, padecen la carencia de entrenadores con formación profesional, tanto en los procesos de iniciación como los de rendimiento. Este profesional enfrenta hoy día la falta de espacios y escenarios físicos en las comunidades e instituciones educativas, lo que le obliga a hacer uso de recursos creativos y sacarles provecho a los espacios reducidos. En palabras de Héctor Peralta, profesor de educación física, maestro de la Universidad Pedagógica de Colombia: “la falta de espacios y recursos no es la excusa para dejar de enseñar una práctica con sentido en esta área de la motricidad humana”, en ese sentido el maestro tiene que hacer uso de su creatividad y recursos didácticos.

El profesor de educación física en su desempeño cotidiano exhibe públicamente su actuación docente. La clase en sí misma es una experiencia pedagógica visible, expuesta a la mirada de los demás, sea en la cancha, la calle, o el patio de la escuela. La clase al aire libre es un acontecimiento teatral que se aborda con responsabilidad pedagógica, donde se manifiestan la alegría de los estudiantes, el espíritu agonístico en los juegos, la necesidad de reconocimiento a través de las tareas motrices logradas. La gente que observa, expertos y profanos, con el paso del tiempo emiten sus juicios y opiniones, y eso tiene que ver con la dinámica de la clase, el buen trato en los procesos de socialización y el cumplimiento de las tareas motrices y lúdicas. Esto la diferencia de las otras áreas del currículo, por eso salir del aula y moverse hacia otros espacios constituye un factor de motivación.

En lo que concierne a esta área hay que decir que históricamente su praxis ha sido influenciada por militares y deportistas con experiencias que querían enseñar. Esta influencia ha incidido tanto, que Muska Mosston, profesor alemán, escribió algunos libros sobre didáctica de la educación física, donde argumenta su hipótesis metodológica: del comando a la creatividad. Lamentablemente la observación y la práctica en esta área de conocimiento muestra lo difícil que les cuesta a los profesores ser conscientes de su actuación, sobre todo cuando se ha trabajado con más frecuencia en una visión deportivista. Un ejemplo de ello se observa en los métodos utilizados en los gimnasios y en las famosas clases de aeróbicos. Aunque esto último es comprensible por las exigencias de los usuarios y los modelos propuestos por la sociedad de consumo al publicitar en imágenes el cuerpo que muchos desean sueñan y desean tener. “Clase de educación física que no me exija, no sirve”, acostumbran a decir estudiantes de once grado y usuarios que van al gimnasio con la conciencia del estereotipo del rendimiento.

En este milenio, el profesor de educación física tiene que enfatizar su formación profesional y humana en: estar convencido de su vocación y gusto en lo que concierne a la educación física, la recreación y el deporte; ser un practicante habitual de actividades físicas, recreativas y deportivas, sin importar si es de rendimiento o no; mostrar actitud y entusiasmo por el conocimiento pedagógico y científico en su historia, presente y en prospectiva; preocuparse por desarrollar sus competencias comunicativas: hablar (haciendo uso correcto del lenguaje y ser muy didáctico en sus explicaciones), escuchar (hacer uso de una escucha activa, atendiendo situaciones de los estudiantes y usuarios), leer (hábitos de lecturas académicas y literarias) y escribir (la escritura es un proceso reflexivo desde donde se puede pensar la praxis).

La educación física se reconoce como un área fundamental en la cotidianidad de los centros educativos. La ley 181, ley del deporte, resalta su legalidad jurídica, junto a la recreación y el deporte. En la ley 115, el literal b, artículo 14, establece el proyecto pedagógico del tiempo libre a implementarse con satisfactores como el juego, deporte y recreación en el tiempo extraescolar de los estudiantes a través de prácticas y eventos recreodeportivos. Si este proyecto no cuenta con espacios suficientes para el deporte y la recreación, sería incompleto. En este caso, le toca gestionar al profesor con su liderazgo y reflexionar en torno a su importancia frente a otras áreas del currículo.

Uno de los retos a enfrentar de la educación física en este siglo tiene que ver con el sedentarismo y sus secuelas, la creación de hábitos para afrontar creativamente el tiempo libre por la gente y el sentido de la vida; además, la promoción de una cultura física que procure la salud y el bienestar en las personas y su familia. Eso se requiere una política pública en educación física, recreación y deporte, que contemple escenarios propicios en barrios y ciudades saludables; con ofertas amplias de programas que satisfagan la motricidad humana a todos los niveles de población y en los dos tipos de deportes: deporte esparcimiento y deporte rendimiento; con profesionales expertos en su condición de animadores socioculturales, que animen y motiven hacia una práctica saludable.

Por último, en general, las aspiraciones de los profesores de educación física apuntan hacia el deporte de rendimiento y muy pocos le apuestan a su incursión en los procesos psicomotrices de los niños. En ese ideal de búsqueda de preferencias por un deporte, terminan convertidos en monitores deportivos, entrenadores, técnicos deportivos, tanto a nivel recreativo como en el deporte de rendimiento; incluso, hay que discernir que la educación física en su praxis es diferente a la del deporte de rendimiento; se forman como pedagogos de un área del currículo y tienen que afrontar que “el ser entrenador” de un deporte exige dedicación, estudio y liderazgo, sobre todo por las altas exigencias del deporte consumista.

Al final, el área de educación física está enfocada en el movimiento y la influencia del contexto físico, como lo resalta el Manifiesto Mundial sobre esta área. Por su parte, Parlebas, sostiene que la práctica del área se enmarca en el concepto de conducta motriz, que vendría a ser su objeto de estudio. Parafraseando a Blázquez, este la caracteriza como un área escolar, donde se enseñan contenidos obligatorios para educar a través del movimiento, y el estudiante tenga la experiencia de conocer, ejercitarse, desarrollar actitudes, valores y normas, que le permitan alcanzar la competencia motriz, según su edad, a partir de una didáctica específica, no deportiva, y así contribuir a su desarrollo integral.

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