jueves, julio 16, 2026
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El periódico de ayer o “una palabra tuya bastará para sanarme”: vacuna covid-19

“Sólo el tiempo produce inmunidad a vacunados”, M.D. Jesús Hernández Palma.

“Sí, fue entonces cuando leí mis primeros periódicos, sujetándolos ante cara con los brazos abiertos, como los espías de los dibujos animados”. Irene Vallejo, columnista del El País de España.  

Fui, desde la adolescencia del bachillerato, coleccionista de revistas que entonces compraba en las ventas de libros “de segunda” que existían en  andenes y esquinas del antiguo Paseo Bolívar, pues carecía de recursos, como de la confianza, para entrar a librería, de las pocas,  situada en el centro  de Barranquilla, costumbre que adquirí, en la juventud de mayoría de edad,  cuando comencé a ganarme unos pesos como profesor y  era universitario. Estudiar y trabajar: no recuerdo haber hecho cosa diferente para vivir como vivo: pensionado vitalicio y abuelo com-plácido. Leer ha sido la clave para vivir poéticamente como enseña  Edgar Morin o cómo lo imaginó Platón, en su “República”: aislado, por rebelde, por no tragar entero y ser peligroso. Los poetas no son del círculo del poder platónico: ellos iluminan para salir indemne de la caverna de la ignorancia y el miedo. La poesía es la guía de la alegría, ya que siempre adivina la verdad y crea imaginativamente la realidad.

Así que, volviendo al inicio, tuve colecciones de revistas de toda naturaleza, desde históricas como de vanidades y, sobre todo, periodísticas. Algunas las empasté y las consultaba para “preparar” las clases que orienté durante muchísimos años de vida en la educación. El día que Colpensiones  reconoció la pensión vitalicia de vejez leí, silenciosamente, la decisión  y dije: ” ¡No estudio más para “dar clase”. Leeré y estudiaré por el placer de vivir la vida que me correspondió! La que quiero bien vivir!”. Entonces,  despoje de las colecciones de revistas y de otras vanidades.

Paralelamente a ese culto por las revistas, que son una mezclas de libros y cine fijo, ya tenía la atracción – nunca fatal – por los periódicos cuyos nombres escuchaba, siendo niño,  pregonar por calles de  barrios populares donde viví en familia comunal. En la mía, Ma. Caamaño compraba “Diario del Caribe“, del que fui  reportero judicial asalariado y  sindicalista. La abuela Ma. Isabel leía El Heraldo.  Ella me enteró que habían publicado un poema, con nota laudatoria del director de entonces,  Juan B. Fernández R. quien, generosamente, abrió la página editorial del diario e inicié, siendo estudiante de la Universidad del Atlántico, la actividad de columnista. En el Alma Mater edité, en mimeógrafo, una revista literaria.

Así que soy lector de periódicos, de los que he sido suscriptor. Por ello no he dejado de ser coleccionista de: “el periódico de ayer“. Confieso que en estos tiempos de pocas noticias impresas buenas (la totalidad la entregan de inmediato las redes sociales y los medios periodísticos digitales y radiales), conservo un “pila” de periódicos “viejos”  a lo  pensionado. No he renunciado a seguir leyendo los periódicos, aunque no me en-canten como los de antes: esos que se compraban con el pan y la leche para el café o lo metían por debajo de la puerta casera. Nostalgia barranquillera.

Por qué los quiero sí vivo en la “espuma de los acontecimientos”, la que emana, como ola, de la pantalla del celular, última gama, o de la televisión me pregunto? Ese por qué, socrático, es el “Leiv Motiv” de la reflexión que comparto con ustedes lectores del portal solo/proposiciones.com

Conservo y recorto páginas del “periódico de ayer” porque:

1. Me gusta el olor a níspero maduro y ron blanco de caña del papel periódico impreso. Tengo el olfato sano.

2. Me  ensució las manos con la tinta impresa del periódico, la que deja huellas indiscutibles para lavarse con agua y jabón. Tengo el tacto sano. 

3. Tengo los ojos abiertos sobre las páginas del periódico para escoger la línea pedagógica de columnistas preferidos. No leo todo. Sólo lo que es de mi interés, para tener  mirada crítica sobre lo reciente. Tengo la vista sana.

4. Leo los diarios despierto, sentado, escuchando la música que me en-canta: el latin-jazz a lo Arturo Sandoval (mejor trompeta del mundo caribe), Paquito Rivera (mejor saxo-clarinete del mundo caribe), Chucho Valdez (mejor piano del mundo caribe), los sones y boleros cubanos de siempre y los acordeones eternos de Alejo Durán. Además el embrujo de El Cigala.  Tengo el oído sano.

5. Saboreo las palabras escritas, sin prisa. Palparlas mentalmente. Moderarlas. Degustar sus significados. Su origen. Valorarlas. Me fascinan cuando seducen diariamente en “el periódico de ayer”. Las sub-rayo, resalto. No son palabras sueltan. Están escritas para contar y despertar. Tengo EL gusto sano. 

Leer enseña a hablar. O no?

Es que aprender a hablar evita romper vitrinas, incendiar vehículos ajenos, destruir el mobiliario urbano, usar “capucha” para alegar ciudadanía, asumir la violencia como cultura moderna. Prefiero la rebeldía de la risa, la carcajada del carnaval con la “marimondá” puesta. Prefiero a charlot  antes que a robocot. ¡ lo que es ser abuelo !.  

Entonces, “el periódico de ayer” al que dejo reposar encima del sofá de cueroévaca, “marinar” como un ceviche, ese, me proporciona el placer de lo reciente. No de lo inmediato. Y lo puedo usar didácticamente para lo que decido escribir en las columnas. El periódico de ayer no lo uso ni para madurar nísperos ni aguacates, ni para limpiar vidrios o necesidades

Leo “el periódico de ayer” y lo conservo para tener mis cinco o más sentidos sanos y desnudos, es decir ejercitados. Satisfechos. Fascinados. Ensimismados por un mundo siempre libre u ocioso, jubiloso, soñar para vivir. O vivir soñando en una realidad que duele. ¿Dónde está el lector si “tirapiedra”, rompe emisoras, revistas y censura?

En ese sentido quiero indicar que no podemos actuar como el hombre promedio que, según Leonardo Da Vincí: “mira sin ver, oye sin oír, toca sin sentir, come sin saborear, se mueve sin ninguna conciencia física, inhala sin percibir olores y fragancia y habla sin pensar” (ver Michael, gelb. inteligencia genial. 1.999. Editorial Norma). O sea, hay que intentar descubrir nuestro genio inteligente que nos ayude a superar el temor que nos infunde la peste, razón para no leer tantas y tantas noticias mortíferas de frente. es sano leer el periódico, pero el de ayer, el pasado en presente, y así descansa la mente de vivir muriendo con tantas muertes contadas, inventariadas.

Al cultivar la conducta del hombre promedio, dibujado por Da Vinci, genio de genios, dañamos y después dialogamos. No es mejor ¿pensar antes que ofender. Dañar. Destruir?

De ahí que resulte verdaderamente condenable el deseo corrupto, politiquero, de buscar dividendos con la aplicación de las vacunas contra el covid-19. Esa política pública de vacunación no se le puede meter zancadillas ni de partidos políticos, ni de gobernantes, ni de privados. De nadie. Todos, desde niños hasta ancianos, tenemos el sagrado derecho de vivir sanos: ¡v a c u n a d o s!

Unos versos de la canción el periódico de ayer, célebre en la inmortal voz de HÉCTOR, cuyo compositor es Catalino Alonso, dicen:

“Y para que leer, un periódico de ayer.

Qué te pasa estas llorando,

Tienes alma de papel.

Y como el papel aguanta todo, así mismo te traté.

Analízate tu historia y 

Así podrás comprender”.

Comprender. Comprensión lectora, es lo que necesitamos para no seguir “destruyendo” lo que no hemos construido: P A Z.

La vacuna sanadora.

El sol no sabe del virus que nos contamina y mata “melancólicamente”. La luna tampoco. Ellos, como amos del día y de la noche, lo combaten y nos protegen. El sol, con sus ardientes rayos, nos proporciona vitaminas que nos inmunizan. Y la luna, con su luz tranquila y coqueta, nos pone a dormir, a descansar, y esa es otra manera de vencer al virus, que al provocar miedo genera STRESS y ese también mata.

Pero en estos tiempos de dificultades para la salud humana, somos los humanos los que estamos obligados a estar sano y salvarnos. Por eso, copio o parafraseo el verso bíblico: “una palabra tuya bastará para sanarnos“. Esa palabra mágica es la vacuna contra el covid-19

Lo cierto es que es mágica. En el sentido de lo increíble que hayamos logrado, los humanos, encontrar una cura o sanidad para controlar la muerte masiva, GLOBAL, que nos amenaza. es decir, no somos tan “animales“, somos también “dioses“, como lo ha explicado, delicadamente, el historiador Yuval Noah Harari. Lo que nos sana contra el virus es, inexorablemente, la vacuna. Y ella, es resultado de nuestra inteligencia, de nuestras capacidades humanas: s o l i d a r í a s.

De ahí que resulte verdaderamente condenable el deseo corrupto, politiquero, de buscar dividendos con la aplicación de las vacunas contra el covid-19. Esa política pública de vacunación no se le puede meter zancadillas ni de partidos políticos, ni de gobernantes, ni de privados. De nadie. Todos, desde niños hasta ancianos, tenemos el sagrado derecho de vivir sanos: ¡vacunados!

En particular, recibí las dos dosis de la vacuna alemana pfizer, en mi cuadra la llaman “la pará muerto” – con ella no habrá más difuntos, por su alta efectividad -. Pero ocurre, que ello no es suficiente. O sea, no se puede desubicarse bajo la retórica simple de: “¡ estoy vacunado!. Nada de brazos cruzados. ¿por qué?

Para buscar una respuesta, sencilla y sólida, le pregunté, vía chat, al médico colombiano Dr. Jesús María Hernández Palma, cardiólogo titular del Hospital Municipal “Dr. Ignacio Pirovano”,  como de la Clínica “Los Virreyes”, del Sanatorio ” San Justo” y Fellow de Electrofisiología Cardiaca del Hospital “José Ma. Ramos Mejía”, entidades prestadoras de Salud en la Ciudad Autónoma de Buenos Aíres (Argentina), quien envió el siguiente comentario:

Médicos barranquillero, Dres:
Jhonny López y Jesús Hernández Palma

Los médicos barranquillero, Dres. Jhonny López y Jesús Hernández Palma, luego de exitosa intervención quirúrgica en hospital “Ignacio Piravano”de Buenos Aires Ciudad Capital

” ¿Por qué hay que seguir con el autocuidado posterior a la vacuna?.

La respuesta es: tiempo. Nuestro organismo necesita TIEMPO para poder generar una respuesta inmune adecuada, o sea, tener la capacidad, primero, de reconocer el virus. Y, luego, producir anticuerpos para combatirlo.

Esta respuesta tarda mínimo dos semanas.

Ahora, con el coronavirus, la mayoría de vacunas que están aplicando requieren de dos dosis y un intervalo de 20 días entre dosís, para lograr la eficacia esperada.

Así que si sumamos se necesita mes y medio para que alguien vacunado se considere inmunizado: tiempo.

Después de esto faltara mayor tiempo todavía para que los vacunados volvamos a la “normalidad. Ya que las vacunas demuestran EFECTIVIDAD ante el desarrollo de la enfermedad. más no se ha demostrado que los vacunados no trasmitan el virus.

Por ello, solo regresaremos a la “normalidad” cuando se logre la inmunidad colectiva, lo cual no  sólo es importante lograrlo, porque las vacunas no evitan la trasmisión del virus, sino porque hay personas que ni siquiera pueden vacunarse. Y la manera de protegerlas es llegando a esa mínima cobertura de inmunización.

Aunque tengamos las dos dosis de la vacuna, debemos esperar lograr la inmunidad colectiva y así contener la pandemia definitivamente”.

Es pertinente decir que el Dr. Hernández Palma es mi hijo. Y ya habla, además de killero, ruso, pues está vacunado por LA SPUTNIK. 

Mucho cuidado. Todavía no estamos salvados!. Amén.

La próxima: democracias y libertades.

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