jueves, julio 16, 2026
Home Opinión Alexander Vega Lugo Vicisitudes de un maestro de escuela

Vicisitudes de un maestro de escuela

Ego vox clamantis in deserto”. (Soy la voz que clama en el desierto).

Reflexiones iniciales.

¿Para qué educar hoy? ¿Qué sentido tiene educar en una época de vacío espiritual generalizado y de espaldas de todo aquello que nos hace humanos? ¿Qué significa ser maestro en tiempos del nihilismo y la posmodernidad? ¿Es la educación reductible al simple desarrollo de habilidades y destrezas de pensamiento? ¿Existe algo promisorio en materia de educación, más allá del discurso educativo basado en competencias? ¿Tiene norte la educación actual? ¿Se ha convertido la educación en un rito vacío, lleno de interminables formalidades que en nada contribuyen a la formación del ser? ¿Qué educación resulta posible? ¿Por qué los maestros han desaparecido de las grandes discusiones académicas y pedagógicas? ¿Es posible formar una nueva generación de maestros con una perspectiva alternativa en materia de educación? ¿Es posible concebir al maestro de hoy como un intelectual de la educación? ¿Cuál es el sentido de ser maestros en la contemporaneidad? ¿Qué posibilidades tiene el magisterio colombiano de repensar la educación? ¿Qué contribuciones pueden hacer los maestros desde sus prácticas educativas y formativas orientadas a mejorar la convivencia? ¿Qué tan buenos lectores son los maestros de hoy? ¿Cuántos libros leen frecuentemente? ¿Sobre qué cosa escriben? ¿Qué cosa les angustian? ¿Viven con gran pasión su vocación magisterial? ¿Qué circunstancias determinan la crisis de maestros en la actualidad? ¿Encarnan algún ideal de vida los maestros hoy? ¿Cómo es la vida familiar y personal de los maestros; cómo es su mundo de la vida? ¿Cuál es el grado de salud mental, emocional y física de los actuales educadores? ¿Hay insania al interior del magisterio? ¿Hay corrupción en el magisterio nacional? ¿Cuáles son sus experiencias políticas? ¿Cómo viven sus cuerpos su experiencia de formadores? ¿Son los maestros personas felices que disfrutan de su oficio y vocación? ¿Cómo disfrutan sus ratos de ocio? ¿A pesar de todo, vale la pena seguir siendo maestro? ¿Es cierto que, la labor del maestro queda reducida a la ejecución de tareas rutinarias e instrumentales que niegan la posibilidad de desplegar su propia creatividad? ¿El actual modelo educativo estimula y potencia el autoconocimiento tanto de educadores como de estudiantes? ¿Cuál será el futuro de la educación, de los maestros y de las escuelas? ¿Qué significa educar para la vida? ¿La noción de competencias, cómo se articula con la categoría de conocimientos?  ¿Qué impide que los maestros sean reconocidos y, sobre todo, respetados por la sociedad? ¿Qué podemos aprender de la tradición pedagógica tanto de Occidente como de Oriente, para reinventar la educación? ¿De qué crisis se habla cuando se habla de educación? ¿Qué es aquello que está en crisis? ¿Qué tan política es la práctica de la educación? ¿Es posible formar ciudadanos al margen de la política? ¿Qué es eso de la educación tradicional? ¿Qué es la escuela tradicional? ¿Cuándo nació, cuando expiró? ¿Qué ha pasado con el concepto de formación? ¿El concepto de formación ha sido desplazado por el de competencias? ¿Cómo se puede articular la dimensión estética y ética con la educación? ¿Son los maestros simples administradores de currículos? ¿Qué papel juegan los conocimientos en la formación de los estudiantes? ¿En el actual modelo educativo, es válida la disyuntiva entre competencias o conocimientos? ¿Hay adoctrinamiento en las escuelas? La actual pedagogía caracterizó a la educación tradicional como aquella que se limitaba a “transmitir conocimientos”, experiencia definida por Paulo Freire como educación bancaria. ¿Podemos afirmar, en consideración de lo anterior, que la nueva pedagogía “transmite competencias”? ¿Sólo es posible educar en el horizonte de la política? ¿Es posible educar más allá del horizonte de lo político? ¿Los maestros de hoy necesitan ser reeducados? ¿Hay maestros incultos? ¿Es la educación un simple reflejo de la economía, de las fuerzas del mercado? ¿Es la educación una experiencia de contracultura? ¿Quiénes son los grandes pensadores colombianos que reflexionan sobre educación? ¿Quiénes son los grandes maestros del mundo que piensan los complejos temas educativos? ¿Qué tan posible es la adopción de un modelo educativo propio y no una mera copia foránea del mismo? ¿Por qué tanto desprecio por las humanidades?

Testimonio de vida:

La experiencia de ser maestro se ha tornado en la actualidad un asunto de gran complejidad. Quienes pertenecemos al gremio de educadores padecemos, en nuestra cotidianidad, todo tipo de vicisitudes que dificultan la noble tarea de educar.  ¿Qué ha fallado? ¿Por qué en las escuelas y en la sociedad en general, se tiene la percepción de que hemos perdido el sentido de la educación? Pero también de lo humano. ¿La muerte del hombre, como sucedáneo de la muerte de Dios?

Parece imponerse una extraña y misteriosa razón, una indiferencia generalizada que obstaculiza cualquier intento de cercanía, de encuentro, de apertura, de diálogo entre maestros y educandos. Es que, indudablemente, vivimos en un mundo sórdido, de distancias, exclusiones y separaciones.

Desde el momento mismo en el cual llegamos a la escuela, experimentamos el sumergirnos en un contexto bullicioso, potencialmente agresivo y en muchas ocasiones violento. Lo intempestivo nos abruma. Cada día se cierne sobre el maestro una lista interminable de tareas y exigencias, casi siempre de naturaleza burocrática, que terminan por negarle al educador un tiempo precioso de su necesaria libertad para desplegar todas sus capacidades como formador de niños y de jóvenes, quienes son víctimas al igual que sus maestros, de un sistema alienante que niega el sueño de la libertad de millares de seres humanos. Es el sujeto ausente del cual nos habla Massimo Borghessi, filósofo italiano, en una obra homónima cuyo contenido debería ser leído por todo maestro en la actualidad. ¿Por qué no se rebelan los maestros? ¿Por qué tanto malestar entre educadores? ¿Tiene entonces sentido la escuela de hoy, a pesar de sí misma? ¿Será que la escuela y los maestros estamos sumergidos en el horizonte de lo absurdo?

En este paisaje humano, descubrimos un escenario lleno de una variada gama de emociones y actitudes, algunas de ellas negativas que reflejan cuán sombría puede ser la condición humana; otras, nobles y sublimes que alientan la esperanza.  En mi experiencia como maestro de escuela pública he vivido situaciones buenas y malas al interior de mi comunidad educativa. Sobre este asunto, deseo compartirlas porque pienso que refleja un sentir generalizado de quienes hoy ejercemos el oficio de ser educador. ¿Cuál es el sentido de ser maestro en tiempos de incertidumbre? ¿Acaso el encarnar la esperanza?

Estudié en la universidad pública y gradué como licenciado en educación con énfasis en Ciencias Sociales en el año de 1992. Reconozco que fueron pocos los buenos maestros que tuve. Pero esos pocos fueron suficientes para depositar en mi corazón esa pasión por educar y contribuir a formar a jóvenes con quienes habitualmente interactúo.  He trabajado muy duro en instituciones educativas, tanto públicas como privadas, éstas últimas se distinguen habitualmente por ser altamente organizadas, disciplinadas y limpias. De ellas se aprende mucho y, sobre todo, a ser organizado en nuestras prácticas docentes.

Debo reconocer que la exigencia es mayor y existe una preocupación -casi obsesiva- por mostrar resultados en la aplicación de pruebas estandarizadas y avanzar en virtud de planes de mejoramiento. Pero, ¿En qué falla la escuela privada? Un aspecto que siempre me ha parecido problemático en ella es la ausencia de libertad de expresión: prácticamente en las instituciones educativas privadas difícilmente un maestro puede expresar en forma libre su manera de entender el universo educativo. ¡Cuidado con manifestar algún pensamiento crítico! Cuando hice uso de ese derecho, no me renovaron el contrato de trabajo. Mis palabras fueron escuchadas como incómodas ante los directivos… Allí se cumple lo afirmado por Nicolás Gómez Dávila, filósofo colombiano, en uno de sus escolios: “El diálogo sincero termina en pelotera”.

Sus vidas parecen transitar por una paralizante condición, por una especie de perturbadora inercia existencial. Vivimos una educación light tal como lo sostienen algunos pensadores, como G. Lipovetsky en una obra titulada De la ligereza: todo es efímero, banal, desechable, vacío.

Los procesos de control hacia la labor docente no sólo son una frecuente práctica al interior de las escuelas privadas; con los últimos cambios introducidos en educación, el sector oficial también ejerce una fuerte presión a sus maestros, del Estatuto 1278, y aplica un instrumento a su favor: este tiene que ver con la evaluación desempeño, experiencia que en muchísimas ocasiones es una formalidad que no refleja realmente el grado de compromiso y de vocación magisterial. Vigilar y castigar, en el mejor sentido de Michel Foucault.

Sobre este asunto, es decir, de la instrumentalización de la labor del maestro, vale la pena recordar los aportes a su comprensión en las investigaciones y trabajos de Alberto Martínez Boom, un prestigioso educador colombiano, que hizo parte de una de las más interesantes aventuras intelectuales y formativas del país en tiempos recientes: el Movimiento Pedagógico. Esta experiencia la lideró en su momento FECODE, siendo su Revista Educación y Cultura -publicada desde la década de los años 80´s del siglo pasado- su principal órgano de difusión de esas nuevas ideas.

Un movimiento que aglutinó a valientes maestros que investigaron sobre las prácticas pedagógicas, la historia de la educación en Colombia, y el significado de ser maestros en épocas de incertidumbre, de hegemonía del pensamiento neoliberal y de condición posmoderna, al decir de J. Lyotard.

Después de la convocatoria de un concurso docente, pude ser admitido como maestro del estado colombiano. Presenté un examen de competencias y lo aprobé. Tengo aproximadamente 19 años de estar nombrado y ejerzo la docencia en el municipio de Soledad de Colombia. Allí intento enseñar algo de Historia de Colombia y Filosofía. No es fácil enseñar disciplinas humanísticas en un mundo donde hay un arrogante predominio de lo técnico: todo se ha instrumentalizado, hay una especie de orden te

cnolátrico (la palabra no es originalmente mía, es del fallecido escritor Ernesto Sábato). Hay un repudio a los ideales ilustrados, se estigmatiza a la razón, se desprestigia lo intelectual y se cambia impunemente por lo banal, lo efímero, lo mediocre. Son otros los valores los que imperan en esta época de confusión; es el anuncio del nihilismo que tanto inspiró a F. Nietzsche escribir sus textos filosóficos.

Sobre la devaluación y crisis de lo intelectual -como una constante de nuestros tiempos- es un asunto que también ha interesado a los filósofos entre ellos Martín Heidegger, quien se refiere a este complejo asunto en sus escritos sobre la pregunta de la técnica. Vale la pena leer su conferencia Gelassenheit (Serenidad), donde distingue cómo el saber calculador se ha impuesto en nuestra época por encima del saber meditativo.

En Colombia, y haciendo eco de las ideas anteriores, Danilo Cruz Vélez, influido por el filósofo anterior, comenta en el último capítulo de su libro Tabula rasa, al que tituló “El ocaso de los intelectuales en la era de la técnica”, una serie de reflexiones que iluminan nuestra conciencia ante esta compleja problemática de la contemporaneidad. La figura del maestro, así como la del intelectual, como arquetipo de una persona sabia, culta, íntegra, hace rato que está desprestigiada.

En estos tiempos son otros los modelos que privilegia la sociedad que resultan más atractivos para la mayor parte de la población: modelos, personajes de la farándula, mediocres influencers o políticos inescrupulosos que acostumbran a dilapidar los bienes del estado. ¿Inversión de valores? Es comprensible entonces cómo algunos educadores de gran trayectoria en el universo magisterial, como es el caso del profesor Francisco Cajiao, insiste en la necesidad de la formación de un maestro culto, capaz de inspirar en sus condiscípulos ese fuego que despierta un generoso interés por el conocimiento.

Trabajo en una comunidad bastante pobre y deprimida socialmente, de niños y jóvenes que vienen -en su gran mayoría de familias disfuncionales- con retos grandes en materia de convivencia, como también para alcanzar un satisfactorio nivel de desarrollo intelectual y moral. En sus casas casi nunca hay libros o bibliotecas. La indiferencia de la mayoría de los estudiantes y de sus familias ante la misión de la escuela es, en verdad, perturbadora, desalentadora. Lo que más les gusta es que no haya clases y son contados los jóvenes que logran ascender, superando asertivamente ese medio sórdido, agresivo, violento, donde parece estar ausente la esperanza. Ejemplos admirables de resiliencia.

En un día de trabajo cualquiera los maestros de escuelas públicas nos enfrentamos a una gran incertidumbre. Hay momentos en que son tan frecuentes los conflictos en materia de convivencia escolar que ese factor interrumpe las clases, y los temas y experiencias de aprendizaje preparados por el maestro pasa a un segundo plano. Mi escuela tiene un local viejo y un diseño obsoleto que en nada estimula o hace atractivo el aprendizaje.

En alguna ocasión, con un grupo de estudiantes en una clase de historia de Colombia donde trabajaba el tema de la influencia del pensamiento ilustrado en la formación de una conciencia independentista en las élites criollas de lo que era el Nuevo Reino de Granada, invité a los estudiantes a pasar a un salón que está en mejores condiciones en el segundo piso: tiene aire acondicionado, hay conexión a la Web, audio y videobeam, elementos importantes para dar una buena clase. Sin embargo, ocurrieron situaciones de indisciplina que me indignaron de tal manera que tuve que cancelar el tema que había preparado.

Sin ethos, no es posible construir una comunidad de aprendizaje, ni educación para la libertad, al decir de Paulo Freire. Sin jóvenes que no quieran aprender es imposible hablar de procesos de formación de un pensamiento crítico que es uno de los objetivos sustanciales, de cuando uno toma un curso de Historia.

Es deplorable observar en muchos grupos humanos una incapacidad para escuchar. El filósofo coreano Byung Chul Han, en su texto, La expulsión de lo distinto, -publicado por Herder en 2017- a propósito del tema, afirma lo siguiente: “Hoy perdemos cada vez más la capacidad de escuchar. Lo que hace difícil escuchar es sobre todo la creciente focalización en el ego, el progresivo narcisismo de la sociedad”.

El ejemplo anterior nos obliga a repensar el tema de la disciplina. La filósofa española, Victoria Camps, en su libro titulado Creer en la educación. La asignatura pendiente, destaca la importancia de recuperar la disciplina y el esfuerzo individual como valores o virtudes para alcanzar una educación que contribuya a sacar lo mejor de cada uno de nosotros. Pero nada de eso se ve reflejado en las instituciones educativas… mucho menos en las escuelas públicas.

Parece entonces que a un elevado número de estudiantes no les interesa hacer un esfuerzo que les permita conjurar ese mundo de miseria, donde florecen todo tipo de carencias materiales y espirituales en que se encuentran inmersos. Sus vidas parecen transitar por una paralizante condición, por una especie de perturbadora inercia existencial. Vivimos una educación light tal como lo sostienen algunos pensadores, como G. Lipovetsky en una obra titulada De la ligereza: todo es efímero, banal, desechable, vacío.

Pero no los culpo ni se los reprocho a ellos. Soy consciente que hay grandes talentos y potencialidades creadoras en muchos jóvenes. Pero pienso que la sociedad adultocéntrica no supo configurar un sistema educativo inclusivo donde predominen virtudes y valores capaces de formar mejores seres humanos. Han fallado los políticos que jamás tuvieron una voluntad para jalonar una política pública que sea garante del derecho universal a la educación en estas latitudes. Esto es en verdad algo perturbador. Hemos fallados algunos maestros cuando no somos capaces de ser ejemplos de vida.

Pese a lo anterior, no todo en el ámbito educativo y pedagógico está perdido. Siempre he sostenido que la sublime labor de un maestro se encuentra situada en el horizonte de la esperanza que hace posible la formación de mejores seres humanos. De hecho, existe una fecunda tradición sobre el tema de la esperanza en la obra de autores de diferentes tradiciones filosóficas y humanísticas: Ernst Bloch (marxista); Paulo Freire (pedagogía liberadora); Byung Chul Han (esperanza como forma de vida) y, por supuesto, en el cristianismo con su mensaje de salvación también ofrece la posibilidad de la esperanza en el seguimiento de la figura de Jesucristo (Sal 9: 18; 14: 6; 39: 7) (Col 1:5).

En síntesis, a pesar de los complejos desafíos que se viven al interior de las escuelas e instituciones educativas y de las casi interminables exigencias que recae en los maestros vale la pena abrazar la esperanza como aquel horizonte de encuentro, de diálogo, de intercambio de ideas, reflexiones, de cultivo del pensamiento crítico, de ejercicio de la ciudadanía, del cuidado de sí mismo y de los demás, de tal manera que sea posible contribuir a la formación de personas autónomas y, sobre todo, libres. 

RELATED ARTICLES

Edumas, Interaseo y comunidad recuperan el parque del barrio La María en Soledad

La Alcaldía de Soledad, en articulación con Edumas, Interaseo y la comunidad, lideró una jornada integral de limpieza y mantenimiento que permitió...

Casos de dengue caen un 76 % en Soledad: Secretaría de Salud alerta por temporada crítica de mosquitos

Soledad logró reducir en un 76 % los casos de dengue gracias a las estrategias de prevención lideradas por la Secretaría de...

La transformación de la calle 25B del barrio Ferrocarril mejora la calidad de vida de cientos de familias en Soledad

La calle cuanta con su sistema de redes de acueductos y alcantarillados renovados. Hoy se ha convertido en un...

2 COMMENTS

  1. “¿A pesar de todo, vale la pena seguir siendo maestro?”. Este interrogante abierto es una ruptura a la discusión para fortalecer la esperanza de aquellos maestros con vocación. Apreciado maestro, este breve ensayo sobre la realidad educativa a nivel local, regional y nacional, es la preocupación de un sujeto consciente que expresa las angustias de un magisterio, a veces indiferente, a veces poco comprometido, otras veces sustentado en el ejercicio docente de hombres y mujeres, que se mantienen sólidos, y sin perder la esperanza, hacen que los procesos avances, así sea muy lento, sobre todo ante el poco apoyo estatal, que languidece, como aquellos ríos decrépitos y casi extinguidos que siguen su curso muertos en vida hacia un mar que les espera con los brazos abiertos en sus últimos días. Este es un texto que reconoce los errores en un ejercicio de autocrítica, pero que también expresa un alto grado de asertividad, que responde a ese interrogante que llamó mi atención. Vale la pena seguir siendo maestro a partir de un sujeto que no vea la docencia como un relleno, si no como ese espacio vocacional que le permitirá transitar por el camino del optimismo en el día a día y la esperanza, como esa visión de que nuestros estudiantes puedan superar la adversidad de la cual no son responsables. Buena reflexión.

LEAVE A REPLY

Please enter your comment!
Please enter your name here

- Advertisment -

Most Popular

Edumas, Interaseo y comunidad recuperan el parque del barrio La María en Soledad

La Alcaldía de Soledad, en articulación con Edumas, Interaseo y la comunidad, lideró una jornada integral de limpieza y mantenimiento que permitió...

Casos de dengue caen un 76 % en Soledad: Secretaría de Salud alerta por temporada crítica de mosquitos

Soledad logró reducir en un 76 % los casos de dengue gracias a las estrategias de prevención lideradas por la Secretaría de...

La transformación de la calle 25B del barrio Ferrocarril mejora la calidad de vida de cientos de familias en Soledad

La calle cuanta con su sistema de redes de acueductos y alcantarillados renovados. Hoy se ha convertido en un...

Más de 300 niños participaron en FestiPaz, el festival que promueve la paz y la convivencia en Soledad

Más de 300 niños y adolescentes de Soledad disfrutaron de FestiPaz, un festival que combinó arte, deporte, música y recreación para promover...

Recent Comments

PEDRO CONRADO CUDRIZ on Diario para mitigar tu ausencia
Julio Lobelo Fernández on Las casas de mi barrio
Liseth Arciniegas on Las casas de mi barrio
PEDRO CONRADO CUDRIZ on Esa necesidad de respirar un aire nuevo
Ricardo Sandoval on Mi ángel y los sueños de lucía
Wencel Antonio Valega on Un breve sumario sobre lo critico
Ricardo Sandoval on Eterno instante de amor
Ricardo Sandoval on Entre instantes y brevedades
Wencel Antonio Valega on Inteligencia artificial y redes sociales
Luis Padilla Drago on Cavilaciones sobre la muerte
Jorge Alfredo Chiquillo Carrillo on Inteligencia artificial y redes sociales
Luis Vslega on La casa de los viejos
Ricardo Sandoval on El arte de tomar apuntes
Victoria Valega R. on La casa de los viejos
Ricardo Sandoval on Hace un mes… todo quedó ahí
Ricardo Sandoval on El fútbol y su filosofía
Milton Gomez on El fútbol y su filosofía
Eduardo Mejia on El fútbol y su filosofía
PEDRO CONRADO CUDRIZ on El hombre rebelde
Ricardo Sandoval on Serendipia y anestesia
Ricardo Sandoval on Aprendiendo a envejecer
Ricardo Sandoval on El hombre rebelde
Carlos E G. Arana on La memoria de la amistad
PEDRO CONRADO CUDRIZ on El suicidio en la literatura
Karen Escorcia on El suicidio en la literatura
Carlos Alberto Justiz Prieto on El legado espiritual de John Newton
Wence Valega on Homenaje al amor
Nelly Valecillos Gómez on El legado espiritual de John Newton
Carlos Alberto Justiz Prieto on Marrugo entre oleajes y versos del Caribe
PEDRO CONRADO CUDRIZ on Cuentan que Willis
Carlos Alberto Justiz Prieto on Los Llinás: la saga continua
Carlos Alberto Justiz Prieto on La práctica de las virtudes a través del tiempo
Wencel Antonio Valega Ruiz on El Burnout un Síndrome que afecta al docente
Santiago Cervantes on Inobasol, testigo mudo de Soledad
Birleidys de la hoz on Inobasol, testigo mudo de Soledad
Nohelia Figueroa on Inobasol, testigo mudo de Soledad
Yaser De la Hoz on Exilios y regresos
María Fernanda Gamero Moreno on Inobasol, reconocimiento y gratitud
Hernando Jose Hernandez Leal on El Burnout un Síndrome que afecta al docente
Carlos Justiz Prieto on Lecciones educativas del pasado
Donaldo Rada Martínez on Inobasol, testigo mudo de Soledad
Donaldo Rada Martínez on Inobasol, testigo mudo de Soledad
PEDRO CONRADO CUDRIZ on Sobre la lectura y la escritura
Martha Cabana Jamette on Los Llinás: la saga continua
Jorge Enrique Barrios Peña on Lecciones educativas del pasado
Wencel Antonio Valega on Lecciones educativas del pasado
PEDRO CONRADO CUDRIZ on Inobasol, reconocimiento y gratitud
PEDRO CONRADO CUDRIZ on Sobre el hablar y escuchar
PEDRO CONRADO CUDRIZ on  ¿Quién soy? Después del trabajo
PEDRO CONRADO CUDRIZ on El arte de ver las cosas
Emperatriz on Travesía de la lectura
PEDRO CONRADO CUDRIZ on El castigo de Falcao
Wencel Antonio Valega Ruiz on El castigo de Falcao
Pedro Conrado Cúdriz on Travesía de la lectura
Wencel Antonio Valega Ruiz on Entre la verdad y la posverdad
Wencel Antonio Valega on Todos tenemos nuestro sambenito
PEDRO CONRADO CUDRIZ on Una semblanza de papá
Wencel Antonio Valega Ruiz on Procusto: la envidia que limita
Boris Enrique De la Hoz cárcamo on Procusto: la envidia que limita
Wencel Antonio Valega on Ha partido el último moralista
PEDRO CONRADO CUDRIZ on Caminantes
mario Escorcia García on Ha partido el último moralista
Carlos Alberto Justiz Prieto on Hacia una educación con calidad
Wencel Antonio Valega on Hacia una educación con calidad
Jorge Alfredo Chiquillo Carrillo on Hacia una educación con calidad
Monica Coronado on En el día del maestro
jose luis valega navarro on Evocando a mamá
PEDRO CONRADO CUDRIZ on ¿Para qué nos reunimos?
Alexander de Jesús Vega Lugo on La educación y su crisis
wencel antonio valega ruiz on La educación y su crisis
Janeth Saker Garcia on La educación y su crisis
Jorge Enrique Barrios Peña on La educación y su crisis
Roque Vizcaino Barros on ¿Por qué siempre hablamos de libros?
Pedro E Conrado Cúdriz on ¿Por qué siempre hablamos de libros?
Jorge Isaac Consuegra Palma on El complejo oficio de ser maestro
wencel antonio valega ruiz on El hombre un ser con capacidad de paz
Álvaro Pérez Cardozo on La ética de la razón cordial
Wencel Antonio Valega on La ética de la razón cordial
Pedro Conrado Cúdriz on Fotografía
Janeth Saker Garcia on Justicia: hacemos lo que debemos
Wencel Antonio Valega on Modernidad y democracia
Mercedes sandoval on Justicia: hacemos lo que debemos
Rodolfo Hernández Pulgar on Perspectivas sobre el amor
Luis Escobar Camargo on Perspectivas sobre el amor
Larrys Fontalvo Rodríguez on Apuntes de Educación Física I
Pedro Conrado Cúdriz on Apuntes de Educación Física I
Emperatriz Salazar on El negro Hooker 
Wencel Antonio Valega on Coeficiente
Wencel Antonio Valega on Coeficiente
Alejandro Solano Gutiérrez de Piñeres on Coeficiente
Pedro Conrado Cúdriz on Coeficiente
wencel antonio valega ruiz on Vicisitudes de un maestro de escuela
Manuel Pianeta on Tristeza de Carnaval
Pedro Conrado on Tristeza de Carnaval
MANUEL PIANETA CALVO on Inobasol, testigo mudo de Soledad
Rafael De Jesus Torres Huertas on Inobasol, testigo mudo de Soledad
JOSE MACHADO YEPES on Inobasol, testigo mudo de Soledad
Sagrario Vargas, on Clínica bautista. Añoranzas
Carlos Alberto Justiz Prieto on Pedagogía para la paz
Nairo José Cavieles Rojas, Ph.D. on Pedagogía para la paz
Pedro Conrado Cúdriz on Agonía en el parque
Xiomara Escobar on Pedagogía para la paz
Jatzen Ricardo Guzmán Cusis on Pedagogía para la paz
Buenaventura Russeau on Pedagogía para la paz
Pedro Conrado Cúdriz on Poemas De Invierno
PEDRO CONRADO CUDRIZ on WhatsApeando
PEDRO CONRADO CUDRIZ on Sofía quiere ser
PEDRO CONRADO CUDRIZ on El hombre del semáforo
Mabel Luz Fuentes Pantoja on Zaqui, siempre titular
Carlos E G. Arana on Halloween con Edgar Allan Poe
Yaneth Caña on Maestras de infancia
wencel antonio valega ruiz on Maestras de infancia
Mabel Luz Fuentes Pantoja on Maestras de infancia
César Augusto Lamadrid Martínez. on Fermín Zurbarán. Un grande de la cirugía 
PEDRO E CONRADO CUDRIZ on Sin rencores
Duperlis Salcedo on Andar en malos pasos
Wencel Valega on La empatía en la literatura
PEDRO E CONRADO CUDRIZ on La empatía en la literatura
Ademir on Sobre la amistad
Douglas Maza G. on ¿Qué hay de la biblioteca?
Duperlis Salcedo on Sobre la amistad
jose luis valega navarro on Zacarías en prosa y poesía
Pedro Conrado Cudriz on Diario de viaje
Mabel Luz Fuentes Pantoja on Retratos
Raul "cuco" on Retratos
Nicolás Javier Corena Guerra on Inobasol, sagrado manantial
Mauricio Díaz on Inobasol, sagrado manantial
Alirys Jaraba Gutiérrez on Inobasol, sagrado manantial
Edwin José Sandoval Africano on Inobasol, sagrado manantial
Edwin José Sandoval Africano on Inobasol, sagrado manantial
PEDRO E CONRADO CUDRIZ on La ingenuidad de la nostalgia
Duperlis Salcedo on El vendedor de camisetas
Luis Valega on Homenaje a papá 
Luis Caicedo on Homenaje a papá 
Duperlis Salcedo on Homenaje a papá 
PEDRO E CONRADO CUDRIZ on Homenaje a papá 
Alirys Jaraba Gutiérrez on Adiós al Boni Martínez
PEDRO E CONRADO CUDRIZ on Salvavidas
PEDRO E CONRADO CUDRIZ on Naty
Duperlis Salcedo on Nostalgia de ciudad
Libardo Rafael De Oro on Nostalgia de ciudad
Pedro Conrado Cudriz on Juegos de la memoria
Nadin castro mejia on Apuntes de viaje
PEDRO CONRADO CÚDRIZ on Educación perruna
Libardo Rafael De Oro on Educación perruna
Pedro Conrado Cúdriz on Viacrucis de un maestro
Manuel Julián pianeta on Inicio de un periplo
Jose Rodriguez Acosta. on Fútbol de mujeres
Rafael Barceló rodriguez on Fútbol, Respeto y Pasión en Madrid
Manuel Julián pianeta on Gutiérrez
Ismael on Ritual de amor
Jorge Isaac Consuegra Palma on Evocando Maestros
Ismael Arzuza on Diario de un abuelo
Katherine Cepeda on Diario de un abuelo
Victoria Valega R. on Amada Soledad
Manuel Julián pianeta on El amor de Lucas
Hola on Un día normal
Manuel Julián pianeta on Amada Soledad
Maseralix Barcelo oviedo on Amada Soledad
Diana Marcela Camacho pardo on Si tú me olvidas
Martha Valega. on Calle soledeña
Francisco Alfredo Pacheco Amador on La cama y el libro
Wencel Valega on La cama y el libro
Alejandro Solano Gutiérrez de Piñeres on El mandato de la reina
José Manuel Villarreal Gravini on El Pelé que conocí
Josefa miranda castro on El Pelé que conocí
Roque Vizcaino Barros. on ¿Por dónde anda, Marcelino?
Libardo Rafael De Oro on Deporte y política en Colombia
Margarita Matta on El Agua Potable, Un Derecho
José Manuel Villarreal Gravini on Cuestionado Mundial de Fútbol de Qatar
José Manuel Villarreal Gravini on Cuestionado Mundial de Fútbol de Qatar
Javier Reales on La aventura de jubilarse
Santiago Ruiz Buitrago on Sentimiento caribe
javier jiménez on De putas y prostitutas
Mabel Janet Flórez Fernández on El drama de escribir ensayos en la universidad
Mabel Janet Flórez Fernández on El drama de escribir ensayos en la universidad
Laureano Salas Marquez on Sobre partidas y regresos
Einstein on En un lugar de Europa
Ademir Santiago on Casa de la memoria
Alejandro Solano Gutiérrez de Piñeres on Ser hombre
Osvaldo Cáliz Peña on Don de la inconformidad
Martha Isabel Calderón on ¿Recibir amor o darlo? el amor propio
Alejandro Solano Gutiérrez de Piñeres on El hombre
Alexander Ortiz Ocaña on Configuración del cerebro fetal
Aldemar Guerra Castillo on En un lugar de Europa
Nadin castro mejia on En un lugar de Europa
rodolfo cano on Equivalentes suicidas
Heriberto Vargas viloria on Jubiloso ochentón
Nicolàs. Hernández on De la alegría de leer y escribir
Luis Valega on Homenaje a las palabras
Alejandro Solano Gutiérrez de Piñeres on Homenaje a las palabras
Ricardo Sevilla Mercado on Homenaje a las palabras
CARLOS ENRIQUE GONZALEZ ARANA on Homenaje a las palabras
Francisco Arzuza on Ser abuelo en el siglo XXI
Pedro Conrado Cudriz on Ser abuelo en el siglo XXI
Francisco Alfredo Pacheco Amador on Infancia y vejez: ambas deben ser consentidas
Roque Vizcaino Barros. on Viajando en búsqueda de mi identidad
Joel Marchena Cantillo on Cuando la plaza de soledad era una fiesta
Juan Sandoval Alvarino. on Cuando la plaza de soledad era una fiesta
Antonio Campo Peña on Viajando en búsqueda de mi identidad
Rafael Villarreal Noriega on Viajando en búsqueda de mi identidad
Francisco Alfredo Pacheco Amador on Las redes sociales no son periodismo
Milagro on Ídolos de barro
Margarita Rosa Matta Gómez on ¿Tiene Usted fiebre?
Francisco Alfredo Pacheco Amador on Silencios y soledades nutren de amor el vivir bien
Octavio Augusto De La Hoz Ordóñez on No digas todo lo que sabes
Francisco Alfredo Pacheco Amador on La amistad amorosa
Nairoby Rodríguez on El Turco Farid
Silvia Valencia Martínez on Lecciones de la pandemia
Max R. Peña on Fumar pasó de moda
NELSON MANUEL ORTIZ SANTOS on Propuestas para dar el salto 2: La Mentalidad
Teobaldo Coronado Hurtado on Propuestas para dar el salto 2: La Mentalidad
William Baca Orozco. on Todos tenemos voz
Esther Gonzalez Pabon on Ludopatía: adicción al juego
Francisco Alfredo Pacheco Amador on Democracias y li-be-rt-ad-es
Paul Jesus Marchena Cantillo on Dos rescates, una recompensa
Teobaldo Coronado Hurtado on Las muertes de cada día no tienen madre.
Yunelis Lopez Vargas on Un trabajador de la Salud
Isabel Baca Ruiz on Un trabajador de la Salud
Betty Cantillo de Gill on La Respiración
Marcos Gill on La Respiración
Wencel Valega on La Respiración
Ricardo Iglesias on La Respiración
Isabel Baca Ruiz on La Respiración
Sandra Márquez on NO Hay Picos, Hay Pandemia
Rosario Morales on NO Hay Picos, Hay Pandemia
Roberto González on QUÉ OCURRE EN NUESTRA ALMA MATER?
Esther Sofía Pereira Lopez on QUÉ OCURRE EN NUESTRA ALMA MATER?
Marta Donado Villarreal on Un Dolor De Cabeza
Armando Puello on Un Dolor De Cabeza
Jaime Rosales on Un Dolor De Cabeza
Silvia fabregas on Un Dolor De Cabeza
Alvaro Fabregas on Un Dolor De Cabeza
Isabel Baca Ruiz on Un Dolor De Cabeza
César Augusto Lamadrid Martínez on EL LIBRO DE PAPEL VS EL LIBRO DIGITAL.
Sandra Marquez on Ojo con sus ojos (II Parte)
Esther Sofia Pereira López on DE NIETOS Y ABUELOS
Teobaldo Coronado Hurtado on DE NIETOS Y ABUELOS
Diana Crespo Rodriguez on El propósito de la vida es vivir
Wilfrido Gómez on INSPIRACIÓN
Luis Espinoza Figueroa on INSPIRACIÓN
Erly Charles Paternina Hernández on INSPIRACIÓN
Jaime rosales on INSPIRACIÓN
Rafa nigrinis on El imperio de los sentidos
GREGORIO GREGORY on Dónde están mis juguetes?
Erly Charles Paternina Hernández on El imperio de los sentidos
Yexica Africano Navarto on Dónde están mis juguetes?
Milton Gomez Cardozo on Intimidad vs información (Final)
Milton Gomez Cardozo on Informacion vs intimidad (parte 2 )
Erly Charles Paternina Hernández on El arte del ganador
José Alvarado Nieto on El debut
Erly Charles Paternina Hernández on Fútbol de veteranos
Esther Sofia Pereira López on Periodismo con paredón
Agustin Garizábalo on El debut
Agustin Garizábalo on El debut
Agustin Garizábalo on El debut
Agustin Garizábalo on El debut
Agustin Garizábalo on El debut
salomon David castro aguas on El debut
Laura Barceló on El debut
William on El debut
Rosana Zambrano on El Páncreas y sus enfermedades
Dreynner Barraza Rosales on El Páncreas y sus enfermedades
Álvaro López Martínez on El debut
Álvaro López Martínez on El debut
Estebana Reyes Rangel on El debut
Gloria sofia fabregas Villate on El Páncreas y sus enfermedades
Rafael Enrique Surmay Herrera on El otro discurso, muy personal (3)
Carlos paternina acosta on El otro discurso, muy personal (3)
Agustín Garizabalo on El otro discurso, más personal (2)
Erly Charles Paternina Hernández on El otro discurso, más personal (2)
Fernando A Charris Almarales. on El otro discurso, más personal (2)
Erly Charles Paternina Hernández on El otro discurso, más personal
Rafael Enrique Surmay Herrera on El otro discurso, más personal
Erly Charles Paternina Hernández on El discurso y el método (5)
Erly Charles Paternina Hernández on El discurso y el método (4)
Mauricio javier Bustillo Marmol on El discurso y el método (3)
Jabib vergara delgado on El discurso y el método (4)
RICARDO GARIZABALO on El discurso y el método (4)
Jesús Orozco on El discurso y el método (4)
olmar Calderón Dávila on El discurso y el método (4)
Estebana Reyes Rangel on El discurso y el método (4)
Agustin Garizabalo almarales on El discurso y el método (4)
Leslie E. Smith on El discurso y el método (4)
Amparo urzola on ¿Tiene usted tos?
Jacquelín Isabel Martínez Navarro on Nuestro gran reto
Dra Masi on Nuestro gran reto
Eucaris Laguna on Nuestro gran reto
Yomaira Escorcia Barcelo on Nuestro gran reto
Reinaldo Rodríguez Garcia on El discurso y el método (3)
Isabel Baca Ruiz on Nuestro gran reto
Erly Charles Paternina Hernández on El discurso y el método (3)
Pablo Emilio Martinez Aparicio on El discurso y el método (3)
Erly Charles Paternina Hernández on El discurso y el método (2)
Agustin Garizábalo on Pequeñas infidencias (5)
Agustin Garizábalo on Pequeñas infidencias (5)
Agustin Garizábalo on Pequeñas infidencias (5)
Agustin Garizábalo on Pequeñas infidencias (5)
Alexander Luis Ortiz Ocaña on El éxito y la felicidad, según Jesús,
Erly Charles Paternina Hernández on Por fortuna se equivocan
Dreynner Barraza Rosales on Por fortuna se equivocan
Estebana Reyes Rangel on Por fortuna se equivocan
Rafael Enrique Surmay Herrera on Por fortuna se equivocan
Luis Maza Torregroza on El Laboratorio Clínico
olmar Calderón Dávila on Pequeñas Infidencias (6)
Erly Charles Paternina Hernández on Pequeñas Infidencias (6)
Ricardo Solano Orozco on El Laboratorio Clínico
Gilberto Marenco Better on Pequeñas infidencias (5)
Erly Charles Paternina Hernández on Pequeñas infidencias (5)
Elias Ruiz De La Victoria on Pequeñas infidencias (5)
Jaime rosales on Pequeñas infidencias (5)
Milton Gomez Cardozo on El silencio o el escándalo
Yadira Ruiz on ¿Tiene usted tos?
Sandra MarqueZ on Las Enfermedades Mentales
Alonso Pérez on Pequeñas infidencias (4)
Ivet Vergara on Las Enfermedades Mentales
Estebana Reyes Rangel on Pequeñas infidencias (4)
Erly Charles Paternina Hernández on Pequeñas infidencias (4)
Esther Sofia Pereira López on Soledad, aislamiento y vejez
Alfonso.Rodriguez Cruz on Soledad, aislamiento y vejez
Estebana Reyes Rangel on Pequeñas infidencias (3)
Xiomara Albis on Soledad, aislamiento y vejez
Milton Gomez Cardozo on Soledad, aislamiento y vejez
José Alvarado Nieto on Administrador de pasiones
Orlando Moscote Rojano on ¿Tiene usted tos?
Marcos Gill on ¿Tiene usted tos?
Roberto sarabia Durán on Pequeñas infidencias (2)
Sandra Marquez Sandoval on ¿Tiene usted tos?
Jairo Diz fabregas on Pequeñas infidencias
Adolfo Cotes. on Pequeñas infidencias
jose pachon niño on Pequeñas infidencias
Alexander Luis Ortiz Ocaña on Cómo alcanzar la felicidad infinita
Teobaldo Coronado on ¿Amor familiar o amor materno?
Teobaldo Coronado on ¿Amor familiar o amor materno?
Yomaira De las Salas Baca on Alcalde Pumarejo Decrete Cero Carnaval 2021
DONICEL PACHECO B. on Feliz día papá
Erly Charles Paternina Hernández on La grandeza de las cosas simples
IVIS GONZALEZ on El sistema inmunológico
Mirian Gonzalez on El sistema inmunológico
Ricardo Solano Orozco on El sistema inmunológico
Sandra Márquez Sandoval on El sistema inmunológico
Gladys Flórez Páez on Crítica: Redes vs Medios
Osiris Fabregas Zambrano on El sistema inmunológico
Esther Sofia Pereira López on Crítica: Redes vs Medios
Esther Sofia Pereira López on Crítica: Redes vs Medios
Roberto sarabia Durán on Pedagogía de la compasión
Adolfo Guerrero Sarmiento on Pedagogía de la compasión
Nancy Torres on Pedagogía de la compasión
Meibel Tatis on Los Hijos De Hipócrates
Alfonso De La Hoz O on Los Hijos De Hipócrates
Roberto sarabia Durán on Y si no alcanzas tus sueños…¿qué?
Erly Charles Paternina Hernández on Y si no alcanzas tus sueños…¿qué?
Teobaldo Coronado Hurtado on Periodismo y corrupción
CARLOS E. LLANOS GOENAGA on Competir sin jugar
Alexander Luis Ortiz Ocaña on El rol del maestro en medio de la pandemia
DIDIER ALFONSO LUNA GONZALEZ. on Competir sin jugar
Margarita Dorado Agrda on El rol del maestro en medio de la pandemia
EDUARDO E. ALMARALES MANGA on Competir sin jugar
Álvaro López Martínez on Competir sin jugar
Teobaldo Coronado Hurtado on Un diario sin lectores (Parte 3)
Blacky Arévalo Herrera on Competir sin jugar
Gyna Niebles Barceló on ¡Feliz día, Maestros!
Erly Charles Paternina Hernández on Fútbol Covid
Leoneth guerrero on Fútbol Covid
Carlos Alberto Figueroa Otero on Fútbol Covid
JUAN ANTONIO PABON ARRIETA on Fútbol Covid
Mr. Leslie E. Smith on Fútbol Covid
Alfredo Aurela on Fútbol Covid
Jesús Orozco charris on Fútbol Covid
Alonso Pérez on Cuando los ídolos hablan
MARTA CECILIA RICAURTE GUERRERO on En defensa del “Gran pacto social por Soledad”
Silvestre Maestre Martinez on ¿Y qué pasará con el fútbol local?
FAUSTO PEREZ VILLAREAL on ¿Y qué pasará con el fútbol local?
Yomara Estrada Perez on ¿Y qué pasará con el fútbol local?
Luis Hernando Cepeda Espitia on ¿Y qué pasará con el fútbol local?
Alfonso Silva Navarro on ¿Y qué pasará con el fútbol local?
Pedro Daniel Muñoz Alvis on ¿Y qué pasará con el fútbol local?
Adalberto Herrera Avila on Cuando se les caen las caretas
GUILLERMO LEON ROMERO CARDONA8 el maestro del futbol) on De Caimanes y Boricuas
William Pertuz Pedroza on Cuando se les caen las caretas
William Pertuz Pedroza on Cuando se les caen las caretas
César Agudelo on Una pasión heredada por amor
Andres Ibarguen on De Caimanes y Boricuas
Javier Ferrer Africano on Ecos de la pandemia
Efraindelahoz on Ecos de la pandemia
Carlos Torres Paredes. on Ecos de la pandemia
Sandra Marquez Sandoval on Ecos de la pandemia