jueves, julio 16, 2026
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¿Qué haremos en vacaciones?

Qué hacer en vacaciones, es la pregunta que han hecho las generaciones desde que existe el mundo de la escuela y el trabajo, sin embargo, mucho antes, en la comunidad primitiva, hombres y mujeres añoraban, después de la obligada supervivencia, un tiempo que estimulara el descanso y comunicación del grupo en torno a una fogata, alargando las noches, gracias al descubrimiento del fuego; parafraseando a Aníbal Ponce, en su libro Educación y lucha de clases, dignificando ese tiempo como ocio fecundo. Antiguamente la percepción de un tiempo total era vivida por los seres humanos en una simbiosis donde confluían sin discriminar trabajo – recreo, negocio – ocio, actividades trabajosas y actividades felicitarias. Actualmente, trabajo y estudio han sido escindidos de vacaciones, ocio, tiempo libre, esparcimiento, recreación. Cuando se acercan las vacaciones escolares, a mitad y fin de año, surge la pregunta: ¿qué haremos en vacaciones? No hay única respuesta y tiene que ver con algunos interrogantes: ¿tiene sentido las vacaciones para niños y jóvenes?, ¿qué rol desempeña la familia?, ¿cómo aborda la escuela el problema del tiempo libre y recreación, y qué tanto se cumple la legislación existente?, ¿se cuenta con una política de recreación, local, regional, nacional? Dar respuestas a estos interrogantes, es el propósito de este ensayo.

¿Qué tanto te gusta columpiarte
y tocar en el aire el azul del cielo?
¡Es de las cosas más emocionantes
que un niño puede hacer en el mundo entero![1]

Preguntarse por el sentido de las vacaciones en niños y jóvenes, invita a reflexionar sobre el mundo de la escuela y la vida misma. Entender a partir de las vivencias escolares, familiares y comunitarias, el disfrute de un tiempo libre cuando se tiene a disposición ese tiempo; el compartir los espacios de recreación en familia, disfrutando las alternativas brindadas; gozar de un entorno seguro, con opciones para potenciar el talento y las habilidades culturales, deportivas y sociales. En ese espacio de recreo, los talentos se descubren cuando hay opciones de desarrollo. Los niños en el juego experimentan, conocen, socializan, manipulan, ganan, pierden. Los jóvenes realizan deportes al aire libre, pertenecen a un club, bailan, cantan, hacen teatro, fogatas, comparten con sus pares en campamentos. Las carencias de espacios y oportunidades los devuelven a una vida solitaria, que estimula el sedentarismo, genera frustración, aburrimiento y un sin sentido. Estas carencias repercuten en el talento y la vocación recreativa – concepto propuesto por Ortega y Gasset, en su ensayo Sobre la Diversión – del estudiante, no tan importante para la escuela, políticos y gobiernos. Niños y jóvenes requieren del acompañamiento familiar, la comunidad y el estado, entendiendo que:

“El objeto del arte de vivir no es de tal o cual quehacer, sino el “quehacer” de la vida misma el proceso de desarrollar lo que el ser humano es potencialmente”[2].

En lo que concierne a la familia, esta se desenvuelve en entornos diversos que la influyen, permitiéndoles incorporar unas prácticas socioculturales en espacios habituales de la vida comunitaria para el esparcimiento y recreación de los habitantes. Hay comunidades que cuentan con espacios sociales para el deporte, la recreación y la cultura, asequibles a los niveles de población; pero también hay otras con carencias y, desde la autogestión comunitaria, se proponen prácticas que demuestran autonomía y critica a los gobiernos locales. En sí misma, la familia y comunidad, en su relación con el entorno, autoproponen sus prácticas recreativas. El art. 7o. de la ley 115/94, reconoce a la familia como núcleo responsable de la educación integral de los hijos, incluyendo educarlos en la recreación.

La escuela tiene el compromiso de educar a niños y jóvenes en la recreación, así establece la Constitución del 91, en el art. 44, la recreación como derecho fundamental. Promover el deporte – educativo –  en la formación integral, preservando y desarrollar la salud, en el art. 52. El art. 67, promueve la formación de la persona como un derecho, en: “… la práctica del trabajo y la recreación, para el mejoramiento cultural, científico, tecnológico y para la protección del ambiente”. Por último, además del artículo 7º de la ley 115/94, se legitima un enfoque pedagógico en el art. 14, literal b, en el contexto escolar a través de proyectos pedagógicos. Esto implica apoyo estatal y gestión de la escuela con programas para niños y jóvenes, estableciendo horarios y consiguiendo recursos; con una política de inclusión para las discapacidades existentes en la población escolar, entendiendo que:

“El sistema ser humano no funciona correctamente si sólo se satisfacen sus necesidades materiales y no aquellas necesidades y aptitudes que le son propias, específicamente humanas, como el amor, la ternura, la razón y la alegría”[3].

Es válido preguntarse si el estado ha considerado el bienestar de las personas desde una política de recreación y esparcimiento. Una política fortalecida con recursos, programas y escenarios para las distintas comunidades y poblaciones; que se manifieste en infraestructuras y espacios de recreo, deportivos y culturales, gimnasios en los barrios, programas, animadores recreativos y deportivos, vacaciones recreativas. Entender que ante las carencias de la escuela – falta de recursos, escenarios y programas – niños y jóvenes tienen el derecho a mostrar su talento y valorar el tiempo de calidad durante las prácticas recreativas en vacaciones. Surge la pregunta, ¿en qué momento, niños y jóvenes desarrollan su talento o vocación recreativa, si la escuela, comunidad y estado niegan el desarrollo de sus potencialidades? La construcción de una política convoca la participación y encuentro del Estado con los diferentes actores de las comunidades; una política que opere y oriente los recursos para el bienestar, concretándose en programas, espacios y liderazgo. Una política que se interrogue: ¿qué vamos a hacer?, ¿cuándo lo hacemos?, ¿dónde los hacemos?, ¿Cuánto es el presupuesto?, ¿qué necesidades de ocio y recreación tienen las poblaciones escolares de niños y jóvenes; también adultos y viejos en los barrios? Interrogantes precedidos de una reflexión en torno al ciudadano que se requiere: ¿cuál es el valor educativo y recreativo y cómo la política promueve una cultura recreativa para el bienestar y la salud?

“La satisfacción con la vida, las áreas de satisfacción y la calidad de vida, son conceptos que hacen sinergia con el tiempo libre y la recreación. Las prácticas de ocio, deportivas y culturales afectan los juicios de las personas sobre cómo considerar la propia vida en su totalidad; tener acceso a estas áreas de satisfacción tienen un impacto subjetivo de satisfacción en las comunidades. Los últimos estudios de calidad de vida incluyen estas áreas de satisfacción en su desarrollo humano”[4].

Todos hemos disfrutado alguna vez de las vacaciones, ¿qué haremos en vacaciones?, pero detrás de esa pregunta ingenua hay una serie de actores comprometidos, Estado, Escuela, Familia, Comunidad, Entornos. Promoviendo ciudades amables que evidencien un sentimiento de acogida en los ámbitos de desarrollo, generando identidad y pertenencia, en lo laboral – empresarial, y también en esa otra faceta de la vida que permite convivir en espacios lúdicos, que inviten al descanso, la conversación, diversión y el desarrollo personal, descubriendo el talento y la experiencia de una vocación recreativa. Las vacaciones tienen sentido si los gobiernos se preocupan porque las ciudades del Caribe valgan la pena vivirlas – a diferencia de la ciudad de Orán, que nos muestra Camus, en su novela La Peste –. La escuela está obligada a gestionar los recursos pertinentes, promoviendo actitudes más allá del estudio y la academia, a través de talleres exploradores de la sensibilidad de los estudiantes en “áreas consideradas menos importantes”, que “sacan la cara” por las instituciones: música, teatro, arte, danza, deportes, clubes de lectura y escritura creativa, enriquecen el currículo escolar integralmente, basados en la legislación que justifica los proyectos pedagógicos. Las familias, orientadas desde la escuela, tienen el compromiso de educar en la recreación de los hijos. Por su parte, las comunidades dinamizan y autogestionan el bienestar en los barrios y veredas, comprendiendo la importancia del disfrute de alternativas de recreación, generadoras de valores y actitudes que favorecen la convivencia y responsabilidad social. Finalmente, al discutir este tema, hay que pensar en entornos saludables y seguros que estimulen el desarrollo de potencialidades.

Sin importar los discursos, niños y jóvenes, se toman un respiro en el mes de junio con alegría. Con sus recursos lúdicos vividos en los entornos cotidianos, familiares, escolares, desde sus intereses y necesidades y los guiños publicitarios de la sociedad de consumo, se toman las vacaciones en su qué hacer. Con ese respaldo, la libertad del ocio a su disposición en las vacaciones se asume, desde la perspectiva dumazediana, como un tiempo para el descanso, que mitiga la fatiga física y nerviosa; un espacio social para la diversión, que libere del aburrimiento a niños y jóvenes, apartándolo de él, y entusiasmándolos ante nuevos desafíos; un tiempo que los acerque a nuevos saberes y la sospecha de encontrarle sentido a la existencia a través del descubrimiento de una vocación recreativa, de la que no  se era consciente.

Una alegría pensada y sentida en estas últimas tardes de junio, como bien escribe la poetisa Meira Delmar:

“Hoy parece diciembre”. Y no. No es ningún diciembre adelantado que se nos viene encima con su vaho de nostalgias y de dulzura. Es nada más y nada menos que la cercanía del día de San Juan, su resplandor de oro y plata, su encantamiento. En ese instante sabemos que una vez más nos visita el Veranillo, como un ángel escapado de allá arriba por corto tiempo[5].


[1] Stevenson, Robert Louis. Poema de Verano para niños.

[2] FROMM, Eric. La atracción de la vida. La vida misma es un arte. ¿Quién soy, si soy lo que tengo? Paidós. Barcelona? 2.000. Pág. 79

[3] ibíd. Pág. 34

[4] VÁSQUEZ Carmelo y HERVÁS, Gonzalo (Coords.) La ciencia del Bienestar. Fundamentos de una psicología positiva. Alianza Editorial. 2023. Pág. 19 – 21.

[5] DELMAR, Meira. Poesía y prosa. Poema: Otra vez el veranillo. Universidad del Norte. 2ª edición. Barranquilla.  2018. Pág. 721 – 723

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  1. El estado si ha considerado el bienestar de las personas desde una política de recreación y esparcimiento. Una política fortalecida con recursos, programas y escenarios para las distintas comunidades y poblaciones; que se manifieste en infraestructuras y espacios de recreo, deportivos y culturales, a través del programa de tutorías en formación integral PTAFI, de hecho varias instituciones han sido focalizadas por el MEN con el centro de interés recreación y deportes. IE INOBASOL es una de ellas.

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