La Cultura Ciudadana en el Malecón

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-Gaspar hernández

De pensionado vivo el  sueño cumplido: contemplar desde un balcón el cauce final del río grande de la magdalena, así lo reseñan los libros escolares de geografía nacional, cuando llega desde    cordilleras a detenerse en las olas del Mar Caribe, mare nosstro. Lo veo desde el alba hasta oscurecer. La dicha es mayor porque  mis ojos de miel  llegan a ver, sin cata-lejos, al Magdalena, su descanso en Los tajamares de bocas de cenizas, abrazando  encrespadas aguas marinas y saludando el espejo soleado de La Ciénaga de Mallorquín. Dios y vida me dieron la mejor visión aérea de mi Barranquilla: Puerta de Oro de Colombia.

Contemplo, día y noche, entrar y salir barcos cargados de contenedores con mercancías del mundo y para el mundo entero. Así  entre el Río, el Mar, la Ciénaga y un bosque verdíamarillo. Duermo y despierto en este sueño barranquillero del que vivo  disfrutando el cielo de atardeceres. El de los arreboles  que cantó Joe Arroyo,  ídolo que inmortalizó el son: “…que lo sepa todo el mundo…en Barranquilla me quedo!!”.

Por eso, cada vez que observo  el brillo del sol naciente y de la luna de auroras sobre las aguas incansables y bailarinas del Magdalena, evoco a Heraclito de Efeso, en mis lentos pasos por El Malecón del Río, en  tiempos de “tapaboca” y “lavado de manos”, y siento como crece, en las entrañas del abuelo, un declarado y orgulloso amor por la Barranquilla de  inmigrantes  y faldas repletas de brisas.

De ahi que crea, como muchos, que la obra pública del malecón del río, aún inconclusa, deba terminarse. Concluirse  como está proyectada. O soñada. pero lo más importante: debe cuidarse por propios y por extraños. Ese Malecón, lo grito, no lo podemos acabar por desidia o maltrato. Me explico: 

1. El Malecón. Es un espacio que no teníamos. Una ventana oculta. Una vitrina comercial, fenicia, escondida en el egoísmo portuario-empresarial. Y al develarse, con la inauguración y uso del Centro de Convenciones “Puerta de Oro”, se descubrió la ciudad que todos los barranquilleros llevamos en nuestros corazones de porteños y marineros. De vaporinos. Una ciudad de cara al río y abierta al mar. Una ciudad de mundo. Del mundo

En ese sentido, El malecón del río es un espacio para mostrar lo que somos los barranquilleros: Gente decente y laboriosa. Hermosa. No conozco barranquillera fea. Y tengo mi propia galería de admiraciones. Otro día hablare de la belleza de la mujer killera (me lo recuerdan, por favor). He allí, este cándido(a lo Voltaire), optimista llamado a la cultura ciudadana desde y en ese sitio que me llena de orgullo infinito cada vez que lo piso y camino. Camino contemplando el río, el cielo y a la gente. Es ese el esparcimiento del cuerpo y del espíritu de un killero. O no?

En El malecón observo que el ñero auténtico se exhibe como lo que es: Apasionado y arrebatao, no por algo hacemos, gozamos y vivimos EL MEJOR CARNAVAL DEL MUNDO. Sino pregúntenle a la Unesco.

Pero ocurre que así como somos un pueblo de bacanes, en la definición de Nelsón Pinedo:” El bacán es un mán chévere”( ver documental LA BACANERIA del difunto Hugo González). También tenemos unos cultores del espantajopismo. O sea, del perrateo. Que por exhibirse no piensa en el otro y dañan o atropellan las cosas públicas, que no son sólo de él o ellos o ellas,  sino de todos y todas.

En columna anterior, donde quise expresar mi encantamiento por la existencia de El Malecón del Río, algunos lectores de solo/proposiciones.com manifestaron su entusiasmo, hasta el punto que un colega de apellidos  CURA y A-MAR, la colgó solidariamente en su twitter y la propagó como verdolaga en las redes sociales, de las que no soy usuario. Gracias!!. Esos lectores pidieron cuidar ese sitio para encontrarnos como Barranquilleros, es decir sin corronchera, sin espantajopismo, sin destruir lo que no teníamos y anhelábamos, soñábamos tener. 

-Imagen aportada por el autor

Y para disfrutar, cuidar, conservar, mantener y continuar la construcción de El Malecón del río debemos hacer gala, en el diario vivir, de cultura ciudadana. Veamos. 

El Malecón es un espacio público. De la esfera pública. Constituido, más o menos, por una calle asfaltada, de doble carril, y señalado espacio para parquear automóviles, que va paralela a la vía 40 y al orilla del rio. Adosada sobre el andén interior otro espacio peatonal. Y entre las barandas del río y esa calle de negro asfalto, se construyó una vía de adoquines y concreto, en medio de la cual se dibujó una doble y amplia ciclo vía, de ida y venida, también de asfalto perfectamente delimitada. O sea, espacios peatonales amplios para caminar contemplativamente o hacerlo hablando, ahora con tapabocas muchas veces mal usados. Los usan cubriendo barbilla. Y no boca y nariz, como manda la regla de bioseguridad.

Entre baranda y calle se edificaron, entre otras, las siguientes obras públicas:

Pabellon de cristal,

– Parque temático,

– Plaza de las luces,

– Parque nátivo,

– Zona deportiva (para futbol, basket, voleybol, tenis de mesa y otros),

– Plaza para asados al aire libre,

– Parque del agua,

– Parque de las mascotas,

– Jardineras y plazas,

– Sanitarios (bien dotados y aseado. gratuitos) y

– Manglares del río (ahí se puede desayunar o compartir sintiendo el sol y las brisas de la Sierra Nevada de Santa Marta, de la Isla de Salamanca y del Río. Pura naturaleza.

un recolector solar, que a determinada hora del día se abre formando UN ROSA. Ahí se pueden recargar teléfonos móviles.

Además, existen sitios para dejar parqueadas bicicletas, basureros en todas los senderos, piletas de agua fría, una baranda muy segura a todo lo largo del Río. Y hay un pequeño atracadero de nave fluvial para pasear y navegar,  hablar “paja” y disfrutar el paisaje. Todo natural.

-Imagen aportada por el autor

Todos esos servicios públicos están distribuidos desde el tramo del límite del Barrio Siape  (calle 80) hasta la entrada por la Avenida Hamburgo (calle 72). De ahí en adelante se está construyendo el corredor portuario que conducirá hasta el puente pumarejo.

Hay de todito, para un tranquilo, meditado, dialogado y divertido esparcimiento. Y no he referido que esta El caimán del Rio, ese lugar también encantado dá para una crónica gastronómica. Estoy esperando invitación familiar para almorzar a  orilla del Río con bocachico, bolloéyuca, ensalada de repollo-cebolla roja y tomate maduro, patacones crujientes y aguaépanela con jugo de limones amarillos: ¡BANQUETE! Otro sueño. Si se cumple lo cuento. Prometido.

Toda esa zona para la convivencia ciudadana tiene, aproximadamente, 10 mil metros cuadrados de completo espacio público. No tiene El Malecón del Río ni pista de atletismo, ni velódromo, ni patinodromo, ni lugar para entrenamientos de equipos de futbol. o sea, es lo que entiendo, El Malecon es para compartir con el río y toda su naturaleza complementaria. Así lo leí en una valla que dice así: “Amar la naturaleza es amar la vida” colocada sobre un jardín de tarulla o batatilla florecida con su morado de primavera.

Pero, entonces?. Aquí asoma el pero!. Pero, el espantajopismo que asfixia a más de un barranquillero, lo han convertido temporalmente en patinodromo con patines y con “canguros”, en velodromo para realizar circuito ciclístico y cerrar tanto la Vía 40 (zona industrial), como en “pista” de corredores y calentamiento físico de equipo entero de futbolistas “pantalleros”. Cuando eso sucede, presumo con autorización de los administradores, El Gran Malecón se convierte EN UN CALLEJÓN donde todo el espacio para caminar se reduce, se cierra o clausura. ¿o acaso ese es el uso adecuado del malecón del río?.

-Imagen aportada por el autor

Entiendan o comprendan: Ese sitio no está dotado para esas prácticas deportivas, muchas veces improvisadas, mal planeadas y no suficientemente comunicadas a la población de una ciudad que merece conservar, como su mejor pulmón nuestro malecón. Donde he visto perros correr como galgos o amarrados al tallo de árboles, mientras sus dueños hacen “fittnes”, “ciclistas” pedaleando entre peatones y no por la ciclo vía y peatones en grupos de “urracas” paseando por la ciclo vía. Vehículos mal parqueados y con las puertas “espernancadas”. Botellas de cervezas o agua “tiradas” en cualquier lado, existiendo basureros; igual que tapabocas y desperdicios. Mobiliario roto y sucio, sin mantenimiento alguno como si fuera un lugar abandonado.

-Imagen aportada por el autor

Son pequeños detalles ( ahí está el detalle!, diría Cantinfla ) que me indican que hay que fomentar, por parte de la Alcaldía Distrital, una permanente y visible campaña de cultura ciudadana para el uso y el disfrute del malecón del río. y no para su abuso y mal uso.

A Barranquilla toda obra de infraestructura,  El Malecón lo es, le queda pequeña. “chiquita”, dice el otro. Muchas veces porque se diseñan con la mentalidad reducida de seguir creyendo que aún seguimos siendo las Barrancas de San Nicolas. Un villorio. Y no una gran ciudad. Todavía pensamos que somos un pueblo grande. Y no hemos aprendido a valorar lo que somos: La capital del caribe colombiano y antillano. La ciudad pionera que permitió, tal cual como en forma magistral lo detalla el escritor Pedro Gómez Valderrama en su novela “La Otra Raya del Tigre”, que un piano llegara al altiplano. 

Propongo que desde el mismo Malecón, el Distrito desde dependencias competentes, como salud, cultura, educación y/o medio ambiente, debe crear o incrementar una fuerte y permanente campaña pedagógica de educación ciudadana. Bien visible. Ahí hay espacios estratégicos como para exhibir videos didácticos, vallas con mensajes del valor de la naturaleza y del cuidado de lo que nos engrandece como ciudad, como ciudadanos. Y hasta una campaña sonora para escuchar tantas y tantas melodías que cantan lo bello de Barranquilla, como aquella que dice así: “Llegue a ti cuando tenía mis 14 primaveras. Tomé la resolución…que lo sepa todo el mundo en Barranquilla me quedooooooooo!!”. 

Por eso, culturalmente debemos cuidar los espacios y servicios que se nos brindan en el malecón del río. Ese no debe ser el lugar para el perrateo, para exhibir nuestro “espantajopismo” de mediocres que solo demuestra una mala educación ciudadana. hay que mantener siempre limpio y nuevo nuestro malecón. 

No podemos permitir que sus instalaciones las destruyan los insensatos de siempre o que se oxiden por desidia burocrática. El Malecón del río es nuestro rostro más barranquillero para mostrar al mundo entero. Entonces, conservémoslo como se cuidan las cosas que queremos y nos producen orgullo sano y legítimo.

No al espantajopismo. Si a lo Barranquillero!

El Malecón del río es un patrimonio público de Barranquilla. No nos puede provocar destruirlo por ignorancia y arribismo.

Propongo que desde el mismo Malecón, el Distrito desde dependencias competentes, como salud, cultura, educación y/o medio ambiente, debe crear o incrementar una fuerte y permanente campaña pedagógica de educación ciudadana. Bien visible. Ahí hay espacios estratégicos como para exhibir videos didácticos, vallas con mensajes del valor de la naturaleza y del cuidado de lo que nos engrandece como ciudad, como ciudadanos. Y hasta una campaña sonora para escuchar tantas y tantas melodías que cantan lo bello de Barranquilla, como aquella que dice así: “Llegue a ti cuando tenía mis 14 primaveras. Tomé la resolución…que lo sepa todo el mundo en Barranquilla me quedooooooooo!!”. 

-Imagen aportada por el autor

LA PRÓXIMA: POR CAMINOS DE MACONDO A LAS CALLES DE LA HABANA VIEJA.

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