¡Mediocridad, vía de  la felicidad!

Lo mediocre una dietética

Es innegable la naturaleza de Derecho Fundamental que, desde la modernidad, identifica a la libertad de expresar pensamientos y opiniones. Lo que hay que discutir, en un Estado Social de Derecho fundado en “el respeto de la dignidad humana”, es si esta libertad es ajena al componente ético de los planteamientos deontológicos de responsabilidad que formuló Max Weber, sociólogo alemán.

Esta fórmula mixta, de derecho y de deber, es la acogida, a mi entender, por el artículo 20 de la Constitución Política Colombiana y los más recientes fallos en Tutelas de nuestra Corte Constitucional para garantizar, no solo el ejercicio periodístico, sino la libre circulación de opiniones tanto en los medios tradicionales de comunicación como en las redes sociales; así mismos en las esquinas.

Ello porque la norma citada alude tanto al Derecho de toda persona a expresarse, pero con la responsabilidad social que se deriva de tal ejercicio, tanto ciudadano como profesional. Es importante advertir que esta norma política genera una serie de conflictos en relación al contexto en que se aplique. los periodistas “creen” que solo ellos, en su oficio, pueden ejercer la libertad de expresión.

Y quien no lo es, profesionalmente considerado, también asume que, como ciudadano, está envestido no sólo del derecho, sino de la garantía de su ejercicio, aunque sea para despotricar sin atenerse a ninguna responsabilidad. Esas posturas conllevan que en vez de diálogo, lo que a diario consumimos los usuarios de medios y redes, sean polémicas y trifulcas de “bordillo a bordillo”.

Al respecto, vale la pena compartir lo expresado por Edgar Morin cuando, en recientes página, dice:

“¿Cómo protegerse contra las falsas informaciones que ahora se denominan Fake News? La experiencia me ha demostrado que el peligro de estar mal informado es enorme cuando no dispones de varias fuentes no de opiniones diferentes sobre un mismo acontecimiento. Son estas pluralidad las que necesitamos para formarnos una opinión y a menudo -no siempre- evitar errores”(ver “Lecciones de un siglo de vida”.Pág 99).

Las expuestas consideraciones se originaron al reflexionar en relación a lo afirmado, en un programa televisivo de trasmisión internacional, por un ex-futbolista en trance de “opinador”, que calificó, sin rubor alguno, la décima estrella del equipo de fútbol profesional Atlético Junior de Barranquilla como mediocre, días después de la noche del 13 de diciembre pasado, cuando “los tiburones” derrotaron, desde la regla de los penaltis, al “poderoso de la montaña”, en estadio lleno, coronándose campeones.

La salud, como la virtud y la felicidad, exigen hacer las cosas sin prisa ni excesos. No se trata de un ascetismo, que en sí misma sería un exceso, sino una suerte de “dietética”, de régimen de lo mediocre.

Los interrogantes que surgieron, al avivarse la polémica por las reacciones de defensa del título de parte de Junioristas, fueron: ¿sabrá el ex-futbolista qué es mediocridad? O ¿sólo cree que mediocre tiene una definición? Cómo aún conservo la memoria calidad de mis lecturas académicas, decidí buscar en mi nueva y pequeña biblioteca submarina uno de mis libros más apreciados, bajo el recuerdo que en él obtendría la respuesta pedagógica: “la historia más bella de la felicidad”(Anagrama).

Los autores del libro son tres destacados profesores franceses, los historiadores Jean Delumeau y Arlette Farge y el filósofo André Comte-Sponville. Es un delicioso viaje, en tres actos, por: los orígenes de la sabiduría, la invención del paraíso y el sueño de los modernos. Así que después de saborear, en familia, un par de wiskis y un buen bocado de pernil, libro en mano me sumergí a “bucear” la cita que me rondaba aquella noche de navidad.

La halle sin dificultad, pues acostumbro a dejar huellas en lo que leo por placer. Es que recuerdo todo lo que me produce placer: la buena comida, el buen dormir, la buena bebida y el buen sexo. una mediocre vida epicúrea. La cita es un poco extensa. Pero la comparto para que se entienda, de una vez por todas, por qué desde el 13 de diciembre los barranquilleros estamos en Carnaval. Hela aquí:

“La felicidad reside en lo mediocre, en el medio. Numerosos tratados de salud o de medicina aconsejan a los hombres a “manejarse”, a levantarse con suavidad, a andar con lentitud, etcétera. La “mediocridad” se opone al entusiasmo de las pasiones, a sus excesos; constituye una condena de la vida turbulenta y tumultuosa que exacerba los deseos. La medicina impone de este modo una idea de felicidad, del bienestar, válida para los hombres, los niños y las mujeres. Se impone una normativa médica que conduciría a los hombres a la felicidad. La salud, como la virtud y la felicidad, exigen hacer las cosas sin prisa ni excesos. No se trata de un ascetismo, que en sí misma sería un exceso, sino una suerte de “dietética”, de régimen de lo mediocre. Se recupera y medicaliza la tesis de Aristóteles según la cual la virtud ocupa siempre el justo medio entre dos males: los tratados del cuerpo enseñan entonces prácticas para lograr una felicidad duradera, las del que evita intensidades emotivas, alimentarias y físicas o sexuales demasiado grandes”(pág 108).

Me perdonan, pero el campeón habita Barranquilla. Lo demás es envidia. Favor opinadores aprendan la mediocre y feliz lección.

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