Estudiar la creación de mundos literarios

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Gaspar Hernández Caamaño

A la Universidad del Norte, el Ministerio de Educación Nacional, Men,  le aprobó  Registro Calificado para  ofrecer el programa de  Maestría en “Literatura y Escrituras creativas“, primero en Latinoamérica, cuyas inscripciones están abiertas hasta Octubre, para profesionales de diversas disciplinas del saber artístico y humanístico, interesados en aprender los misterios de escribir desde poesía hasta filosofía y otras contadas historias. 

Me enteré de esa nueva formación académica, que se abre en Barranquilla,  leyendo la columna “El aprendizaje del escritor”, publicada en El Heraldo, del profesor Orlando Araujo Fontalvo, que es el coordinador de la Maestría, la cual propone estudiar los vínculos de la literatura, en cuatro líneas de investigación, con: La Cultura, La Filosofía, Los Géneros. Y otra línea de Escrituras Creativas.

Es lógico creer que Uninorte ha abierto una escuela, teórico-práctica, para quienes deseen ser escritores. Eso pensé. Y recordé algunas lecturas sobre ese oficio de hacer palabras con la vida o de dejar la aventura de la vida en palabras. las palabras y las cosas,  dijo Foucault. O hacer cosas con las palabras, recomiendan educadores de la educación para el trabajo (rograma de Pisa). Somos palabras, cantó Octavio Paz. Veamos.

Imagen proporcionada por el autor de la Columna

En “gabo y mercedes, una despedida“(Literatura Random house), el director de cine Rodrigo García, hijo mayor de ambos personajes de cinematográficos fallecimientos, no somos inmortales, cuenta que:

“Hubo un periodo más desagradable hace un par de años. Mi padre estaba plenamente consciente de que la memoria se le esfumaba. Pedía ayuda con insistencia, repitiendo una y otra vez que estaba perdiendo la memoria. El precio de ver a una persona en ese estado de ansiedad y tener que tolerar sus interminables repeticiones una y otra y otra vez es enorme. Decía: “trabajo con mi memoria. La memoria es mi herramienta y mi materia prima. No puedo trabajar sin ella, ayúdenme“, y luego lo repetía de una y otra forma muchas veces por hora y por media tarde. Era extenuante. Con el tiempo pasó. Recobraba algo de tranquilidad y a veces decía:

Estoy perdiendo la memoria, pero por suerte se me olvida que la estoy perdiendo,

-todos me tratan como si fuera un niño. Menos mal que me gusta.

En otro contexto alguna vez dijo:

Nada interesante me ha pasado después de los ocho años” (ver págs. 19 y 29).

Gabo, entonces, fue  escritor con la brillante memoria de un niño. Prodigio de imaginación. Además, nunca abandono al niño que habitaba en él. Así que la memoria fue la caja de herramientas del Nobel. Sin memoria no hay palabra. No hay ser humano.

Philip Roth, escritor gringo, en “¿por qué escribir? (Literatura Randow House),  entrevistó, para el libro, a Primo Levi,  ingeniero químico italiano salvado del infierno de Auschwitz, sobre el tiempo para escribir. Levi respondió:

“Todas estas ocupaciones, en conjunto, son brutalmente incompatibles con la práctica de la literatura, que requiere una cierta tranquilidad de ánimo. De modo  que para mí fue un inmenso alivio cuando alcancé la edad de la jubilación y pude dejar el trabajo, renunciando así a mi alma número uno.”(Ver pág. 240).

“El poeta es un farsante, su fingimiento es tan completo que llega a fingir que el dolor que siente es en verdad dolor. Rubem Fonseca, escritor do Brasil. 

Después de esa experiencia laboral Primo Levi dijo: “Empecé a verle futuro a la literatura”. Jubilado comenzó a ser más escritor. Más lúcido. La memoria del infierno lo convirtió en un creador de otro mundo a perdurar.

Estar jubilado, en júbilo permanente, es una magnifica alternativa para escribir lo que la memoria cultive. O dolores. O alegría. Los cultivos de la vida humana.

Pero cómo negar las semejanzas de la poesía con la realidad diaria sí Platón expulsó a los poetas de su círculo  republicano?. Por qué sería?. Por vagos, infieles, mentirosos. Y obvio, por creadores de otros mundos posibles, los de la poesía. Para resolver ese sortilegio sería bueno leer el ensayo del exmagistrado Carlos Gaviria Diaz, titulado “mito y logos hacia la república de platón” (Luna Libros),  escrito en la Biblioteca Nacional de Argentina,  la que dirigió Jorge Luis Borges, en el Buenos Aires de Agustina, durante el exilio al que tuvo que acudir para salvar la vida de las balas de para-militares. El olvido que seremos.

En plena pandemia, cuando se acercaba a los primeros 100 años de vida, Edgar Morín, sabio francés, impartió en el libro “cambiemos de vía. Lecciones de la Pandemia” (Paidós) la siguiente enseñanza:

“La calidad de vida se traduce por bienestar en el sentido existencial y no material. Implica la calidad de las relaciones con los demás, y la poesía de la participación afectiva y afectuosa.

“Hay que dejar de creer que el objetivo de la política es la felicidad. La política puede y debe eliminar las causas públicas de desdicha (guerra, hambre, persecuciones). No puede crear la felicidad, pero puede favorecer y facilitar la posibilidad de que cada uno viva poéticamente*, es decir, en la autorrealización plena y la comunión”.

*Morin apunta: “El estado prosaico y el estado poético son nuestras dos polaridades, y son tan necesarias la una como la otra: si no existiera la prosa, no existiría la poesía. La una nos pone en situación utilitaria y funcional, y su finalidad es utilitaria y funcional. La otra puede ir ligada a finalidades amorosas, fraternales, pero también tiene su finalidad propia en sí misma: Vivir poéticamente es vivir para vivir”(ver págs. 82 y 83).

Recordando esas lecturas y anhelando volver a otras sobre el oficio de escribir, del que Borges, Cortazar, Vargas Llosa, otros tantos, han dejado tremendas enseñanzas, me dije: ¡y si me matriculo en esa maestría !. Yo también quise ser escritor de academia. Recordé que al terminar el bachillerato en filosofía y letras, así de pomposo eran el diploma que se otorgaba en el pasado siglo, al diligenciar el formulario de inscripción para la inaugurada prueba de estado, el examen del Icfes de entonces, escogí entre las opciones de estudios universitarios el programa de: Poesía y literatura que brindaba, creo, la Universidad del Cauca.

Nunca pude hacer ese examen porque jamás el desaparecido icfes me respondió. Siempre he creído que el cartero no encontró la dirección, sin nomenclatura, de nuestra casa en El Santuario. Así que  quedé esperando. Pero aquel sueño lo desinfló, bien temprano, cuando Ma. Caamaño al enterarse que el hijo mayor quería estudiar poesía y literatura, sentenció: ¡ Ay…!, gasparcito, tú te vas a morir de hambre!.  Así, por físico miedo a pasar “filo”, un amigo me ayudó a matricularme en la Licenciatura en Ciencias Sociales y Económicas de la Facultad de Educación de la Universidad del Atlántico dizque porque “yo era poeta!”, pues él, siendo Secretario General de la Universidad había publicado un poema mío en la revista que dirigía en la Casa de Cultura del Valle-Upar. ¡Cosas de la vida! ¡Mamá!

Como puedo comprender estoy en condiciones de aspirar a ser alumno matriculado en esa maestría en literatura y escrituras creativas que ofrece la Uninorte, institución de la que soy egresado, igual que mis hijos. Ello porque quien aspire ingresar debe, necesariamente, cumplir con los siguientes requisitos:

1. Presentar una carta de intención.

– donde declare y justifique su interés por ese estudio,

– escoger una de las líneas de investigación que ofrece el programa,

– esbozar la propuesta del proyecto investigativo a desarrollar durante la Maestría.

– Además, hacer una breve reflexión sobre su experiencia de lector y escritor relevante como para ser admitido.

2. Luego someterse a una entrevista.

O sea, la cosa no es soplar y hacer botella. O creer que yo soy y aquí estoy. Y listo. No. Hay que cumplir los requisitos que la academia pide. Por eso, sigo calentando el brazo. Las inscripciones siguen abiertas hasta Octubre, mes clave para mí y para el coronel a quien nadie le escribió, reconociéndole su condición de guerrero. Al menos, estoy jubilado y aún recibo cartas de amor y vitaliciamente una pensión estatal por vejez. ¿Podría escribir cartas de amor?. No sé. Claro, no hay poeta que no sea mentiroso

Vivir para escribir. Gusto de leer memorias y biografías de políticos célebres y escritores o artistas famosos. Fue en deleite tener en la biblioteca de amores perdidos: confieso que he vivido de Neruda y vivir para contarla de Gabo. Ambos textos son la más elocuente evidencia que para escribir hay que vivir. Por ello decidí volver a las palabras que el centenario Edgar Morín pronunció, hace pocos meses, en una entrevista concedida a la radio francesa. En esa oportunidad, el sabio vivo dijo:

“Para mí, el problema de la felicidad es subordinado a lo que llamo “el problema de la poesía en la vida“. O sea, la vida, como la veo, es polarizado entre la prosa, o sea las cosas que hacemos por obligación, que no nos interesan para vivir. y la poesía, las cosas que nos hacen florecer, que nos hacen amar, comunicarnos. y eso es lo más importante. Así que digo que el verdadero problema no es la felicidad. es la cuestión de lo que me hago. Porque la felicidad depende de una multitud de condiciones. Diría incluso que la felicidad es frágil, porque por ejemplo en el amor de una persona, si esa persona muere o se va, se va de la felicidad a la infelicidad. O sea, en otras palabras, no se puede soñar con la felicidad continua para la humanidad. Es imposible porque la felicidad repito depende de una suma de condiciones.

Imagen proporcionada por el autor de la Columna

Por otro lado, lo que nos hace decir, se puede intentar poner todo en favor de cada uno vivir poéticamente su vida. Y si vive poéticamente encuentras momentos de éxtasis, momentos de poesía, de alegría. Y es eso en mi opinión, lo más importante, la poesía de la vida. Es más importante que la felicidad”.(mayúsculas mías).

Intentemos, entonces, vivir poéticamente…leyendo y escribiendo sobre la aventura de estar vivos. Y felices. Así nos crean, a los poetas, mentirosos, pero memoriosos.

La próxima:¿por qué la prevalencia del derecho a la expresión libre de su opinión del niño en Colombia?

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