El discurso a la inmortalidad

“¿Puede salvarnos un libro?”. Vargas Llosa.

El hombre es un ser finito. Su gran felicidad es ser consciente que morirá. Un ser para la muerte, explicó Heidegger. Conciencia que lo impulsa al placer de vivir. Por eso resulta extraño, para no decir interesante, sentarse a escribir un discurso para asumir la inmortalidad, un placer más del vivir feliz. Ese es el que imagino disfrutó, en solitario, Mario Vargas Llosa, al sentarse, en su casa de Madrid, a escribir el discurso que leyó, el 9 de febrero pasado, en Paris al aceptar a los 86 años ser un inmortal miembro de la Academia Francesa de la Lengua.

Frente a semejante placer, sentirse inmortal por gracia propia, es que presumo de buena fe que Mario, desde ahora el inmortal, decidió calladamente huir de la lujosa morada donde vivió una aventura con la amante filipina, que no lo dejaba leer en las madrugadas por estar ella de coctel en coctel. Y entonces, se fue a encontrar con otra de sus primeras y principalísima amante: la suicida Emma Bovary. Y volver a leer a su maestro Gustave Flaubert y así escribir el discurso que, durante una hora, leyó en el mismo recinto donde se sentó Voltaire.

Gustave Flaubert

Esta hipótesis mía puede hallar indicio de verdad íntima sabiendo ahora, a cortos días de la fuga, que la compañía que el inmortal prefirió no solo fue la del Rey Emérito de España, sino de su esposa por cerca de 50 años –la madre de sus tres hijos-, a quien otra vez le rindió, al invitarla a la solemne ceremonia, tributo como el que le hizo en aquel discurso que pronunció en Estocolmo, ante otro Rey, al recibir el Premio Nobel de Literatura en 2010. ¿La razón? Ella, la ex-esposa, quien siempre le halagó diciendo: “Mario lo único que tú sabes hacer es escribir“.

Por escribir es que Mario ha llegado a ser El Inmortal, como los bautizó el Cardenal Richelieu, en 1635, a quienes conformarían la Academia Francesa, por él creada, para la defensa de la lengua de Baudelaire y Víctor Hugo. Esto demuestra que escribir, obviamente bien, es caminar hacia la inmortalidad, por lo que el oficio tiene algo de utilidad…lejana, pero útil para vivir pacíficamente con uno mismo. Pregunto: ¿sabe usted escribir amable lector? Al responder piense, por favor, que es oficio de solitarios. Vargas Llosa lo acaba de demostrar. De no huir no habría discurso.

“Libertad para todos y de inmediato. La vida debe ser como la de los libros: plena libertad en todo y para todos, aunque los libros permiten algunos excesos que en la vida serían inadmisibles. (…) de ahí la necesidad de seguir luchando, hasta que el mundo se parezca al de la literatura“.

Cardenal Richelieu

El Discurso. Durante una hora Vargas Llosa leyó, en francés, su discurso suficientemente redactado en la soledad de Madrid “entre sus libros”. Discurso que es un ligero y abrumador recorrido desde los albores del mundo creado por la literatura, amén de un detenido reconocimiento a la novela y a la poesía, como a la filosofía francesa. No fue una disertación improvisada, sino una abierta confesión de una vida dedicada a la ficción. Además de vivir como un personaje de novela: amando a las divinas mujeres.

Y, obvio, un sentido e inclinado discurso al país de la libertad, esa condición única de la condición humana, más allá de la racionalidad cartesiana (también francesa). Enfáticamente lo expresó: “La literatura necesita libertad para existir“. Porque la literatura es la vida. O mejor puntualiza:

“Libertad para todos y de inmediato. La vida debe ser como la de los libros: plena libertad en todo y para todos, aunque los libros permiten algunos excesos que en la vida serían inadmisibles. (…) de ahí la necesidad de seguir luchando, hasta que el mundo se parezca al de la literatura“.

Mario Vargas Llosa

En la prensa se ha comentado que la Academia Francesa al admitir a Vargas Llosa, como otro inmortal, paso por alto su edad y no haber escrito en francés. Quienes eso resaltan olvidan. Primero. Que a los 86 años el nobel es un intelectual lúcido y combativo, tanto que acomete aventuras amorosas. Segundo. Que desde niño aprendió la lengua de Albert Camus y apenas leyó a Flaubert escribió el mejor ensayo sobre la novela de éste: La orgia perpetua. Dos credenciales que demuestran el merecimiento. por algo los franceses se precian de ser inteligentes.

Frase premonitoria. El 16 de marzo de 2016, en el artículo titulado: “mi deuda con Francia“, Vargas Llosa escribió lo siguiente:

“Me matriculé en la Alianza Francesa al mismo tiempo que ingresaba a San Marcos y al terminar el año 1953, gracias a las lecciones de mi magnifica profesora, madame del Solar, ya podía leer en la lengua de Moliére. No leía, devoraba los libros de la pequeña biblioteca de la Alianza que me abría las puertas de un mundo riquísimo de poetas, novelistas y ensayistas que me marcarían para toda la vida y despertaría en mi la pasión -que nunca se ha apagado- por la cultura francesa y el sueño de llegar algún día, para poder ser un escritor de verdad, a vivir en parís“.

Como ven, Mario, el inmortal, logró su sueño: ser escritor y vivir en París. Lo que confirma, una vez más, que la vida es sueño.

En el discurso pronunciado al ocupar el puesto 18, en la Academia Francesa, ocupado recientemente por el filósofo Michel Serres, Vargas Llosa alude a la obra de éste así:”Y de estas obras maestras surgiría el que M. Serres llamó “el libro más grande del mundo“, nuestro el quijote, la primera novela que, al amparo de tantas lenguas, iba a nacer y sería el deleite de la vieja Europa. cervantes en español, Shakespeare en Inglaterra, toda la literatura francesa y, más tarde, el Goethe de Alemania. Estos gigantes sembrarían y poblarían los sueños de nuestra historia futura. una historia que nació gracias a la literatura”.

Evidentemente esta reseña no agota el contenido del discurso, sobre el que volveré muy pronto. Pero la deseo cerrar con las siguientes líneas dedicadas al maestro:

“Así fue que en París me convertí en escritor. Pero lo más importante, quizás, es haber descubierto en Francia a Gustave Glaubert, que ha sido y será siempre mi maestro, desde que me compré un ejemplar de Madame Bovary la tarde de mi llegada en una librería ya desaparecida del Barrio Latino llamada “La Joie de lire”.

“Sin Flaubert, nunca me habría convertido en el escritor que soy, ni habría escrito lo que he escrito. He leído y releído a Flaubert muchas veces, con infinita gratitud, y puedo decir que es gracias a él que me reciben hoy aquí, por lo que obviamente estoy muy agradecido”.

Entonces, Francia ha reconocido a Mario Vargas Llosa, como el auténtico heredero de Gustave Flaubert. Y eso no admite discusión. Gloria inmortal para Mario, el inmortal.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *