El conversatorio de periodistas en “El Huerto” sobre periodismo

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Gaspar Hernández Caamayo.

“Ahora los periodistas poco importan, la fama está en los presentadores. Los presentadores leen un libreto, NO HACEN REPORTERÍA, no van a la realidad, y los llaman periodistas. LA INFORMACIÓN ESTÁ BASADA EN EL DIRECTO, donde los reporteros informan REPITIENDO A SUS FUENTES, o sea, SIN REPORTERÍA, o sea, SIN PERIODISMO, y se comportan como presentadores”. Ómar Rincón. El Tiempo.30/5/22._________________

El restaurante “El Huerto”, después del fallecimiento de “Mañe” Herrera, se ha convertido en un lugar de culto, no sólo a su memoria, sino a la tenacidad de Alcirita Devia, la viuda, al cultivarlo para la cofradía de comensales en dietética sana, y conservarlo como espacio para el diálogo nutricio y decente de alimentos culturales  en una ciudad desnutrida de espectáculos artísticos e inteligentes. 

Con esa percepción asistí, el sábado antes de la sorpresiva primera vuelta, al conversatorio que sobre periodismo con periodistas celebró, teniendo como invitados al cronista Juan Gossaín, al poeta Gustavo Tatis y al joven comunicador Jorge Sarmiento, quien suplió al padre, “El Buho”, Rafael Sarmiento. La sala central de “El Huerto” estuvo repleta, de extremo a extremo, de colegas y de una audiencia adulta, pues Gossaín es aún un periodista de culto en Barranquilla. Y se está convirtiendo en un pontífice, casi medieval,  de la palabra hablada y escrita. 

Imagen proporcionada por el autor de la columna.

Fui interesado de participar, ya que el conversatorio fue convocado con el interrogante: ¿a dónde sé fue el periodismo colombiano?. Presumí que podría “tirar una palomita” sobre la apreciación a esa nostálgica pregunta e incluirla, como reflexión, en la actualización de un libro que redacto a partir de la lectura, ius-filosófica, del artículo 20 constitucional, cuyo título será: “de la libertad de prensa al derecho a la información“. Así preparado con una libreta improvisada de reportero y libre de todo apremio, me encontré entre rostros conocidos. Es decir,  volví al oficio que me dio nombre y prestigio, amén de alimentos para mis tres hijos: el periodismo de “cargaladrillos”.

Tomé nota de cada uno de los discursos calurosos de los tres conversadores de “El Huerto”, como si me esperaran en una sala de redacción, para elaborar una noticia: ¿qué dijo Gossaín?. De los tres discursos el que me gusto fue el dé “El Buhito”, por fresco y reflejo de una buena formación universitaria y profesional. O mejor, de buena cuna. Aunque sólo comentaré las frases del Papa Juan y del poeta de El Universal, por ser las que quise controvertir, fracasadamente, pues la moderadora nunca me concedió la palabra, no sé si por la ceguera que produjo el calor del mediodía en la sala olorosa a café del campo. Gossaín, en plan de historiador, dijo sobre el interrogante planteado que:

“las redes sociales había traído, al periodismo colombiano, la manipulación creando una hecatombe pues se pasó a mentir en vez de decir la verdad, ya que las autoridades públicas dejaron de ser fuentes para ellos mismos redactar, desde los “smart phone”, la noticia de su interés, por lo que había que volver a la ética. Y propuso colocar un letrero, de pared, en cualquier medio periodístico: ¡la verdad por encima de todo!

Imagen proporcionada por el autor de la columna.

“Se garantiza a toda persona la libertad de expresar y difundir su pensamiento y opiniones, la de informar y recibir información veraz e imparcial, y la de fundar medios masivos de comunicación. Estos son libres y tienen responsabilidad social. Se garantiza el derecho a la rectificación en condiciones de equidad. No habrá censura”.

Por su parte, el poeta Tatis coincidió, reverencialmente, con el Papa Juan, en lo de la ética, pero con estética para referirse al talento del periodista en redactar bellamente una historia, ya que los celulares han convertido a todo ciudadano en medio y fin del periodismo, haciendo fotografía en caliente y cronista del instante. Puros whatsappeadores. Ja!. Ja!.

Es evidente que he hecho “una apretadísima síntesis” de los planteamientos, casi retóricos del venerable Juan y el profético Gustavo, resaltando palabras o conceptos como: redes, manipulación, mentira, verdad, ética, estética y ciudadano. Para olvidar hecatombe, por ser expresión de pura ficción y falaz.

Entonces, mi contra-argumento que no  esgrimí en el cultivado huerto, a lo expuesto por los invitados “cartageneros“; ambos vinieron y regresaron a La Heroica, es el siguiente:

Ninguno reconoció la existencia, en Colombia, de una nueva Constitución Política que re-configuró el ejercicio periodístico y sus consecuencias, ya que durante la vigencia de la Carta Magna de 1886, la redactada por poetas como 

Núñez y Caro, estuvo vigente por más de un siglo, el artículo 42 que consagró la libertad de prensa con responsabilidad. Amén de estar hoy inserto, el periodismo, en los avatares de la sociedad de las comunicaciones y/o de la información. Como prohibida la censura.

La norma constitucional vigente, desde hace 3 décadas, consagra:

“Se garantiza a toda persona la libertad de expresar y difundir su pensamiento y opiniones, la de informar y recibir información veraz e imparcial, y la de fundar medios masivos de comunicación.

Estos son libres y tienen responsabilidad social. Se garantiza el derecho a la rectificación en condiciones de equidad. No habrá censura”.

Mientras la del siglo pasado, que nunca fue reformada, tenía este tenor:

“La prensa es libre en tiempo de paz; pero responsable  con arreglo a las leyes, cuando atente a la honra de las personas, al orden social o a la tranquilidad pública. Ninguna empresa editorial de periódicos podrá, sin permiso del gobierno, revivir subvención de otros gobiernos ni de compañías extranjeras”.

Si se comparan encontraremos, a no dudarlo, un avance mayor en cuestiones de libertades. Libertades cuyos titulares no son sólo los miembros del gremio de periodistas, sino de cada persona. Y al ejercerse, obvio, producen una “hecatombe” en una democracia no ilustrada y en un oficio acostumbrado a ejercerse como privilegio de unos pocos: los del gremio.

Por eso, al entender histórico, Gossaín se equivoca al culpar a la irrupción de las redes sociales por el fenómeno exponencial de la manipulación de las noticias y/o informaciones emitidas por los medios de comunicación social, o sea el periodismo convencional, el que se practicó en Colombia hace 50 años, por eso los nostálgicos de “otros tiempos fueron mejores“, estén proclamando el regreso a la ética, como si ésta se hubiese fugado del oficio “más bello del mundo”, al decir de Albert Camus, el hombre de combat.

Y se equivoca porque la manipulación de la noticia no nació desde el surgimiento, reciente, de las redes, sino desde que en Colombia se legisló confundiendo noticias con información. Me refiero a la creación de las oficinas de prensa de las entidades estatales, convertidas en salas de redacción de noticias “amañadas” como consumación del incestuoso matrimonio entre el cuarto poder (ficticio) y el poder político del gobierno de turno (real). Nació “la cuña”, “la varilla”, “el amiguismo con la fuente” y “el facilismo”. Es mejor recibir un boletín de prensa que salir a reportear los hechos ¿O no?

Tales oficinas y los periodistas en las nóminas de los gobiernos fue creación de la Ley 51 de 1.975, llamada ley de prensa, que carnetizó o concedió tarjeta profesional a quién deseara ser periodista. Esta ley fue declarada inconstitucional por la Corte Constitucional mediante la sabia sentencia del difunto magistrado Carlos Gaviria Díaz que reivindicó la libertad de expresión como una de las libertades públicas en una democracia constitucional, es decir sin exclusiones.

La ética.

“El clásico de los periodistas: Le dicen uno una cosa y terminan diciendo otra. Yo lo que dije es que desearía volver al periodismo es para ser reportero (…)”

Gabo, en 1971, al entrevistar a Neruda en París celebrando, comiendo y conversando, el Nobel de Literatura del poeta.____________________________________

He decidido a citar a García Marquéz para reseñar el siguiente aspecto de las repuestas de Tatis (El Poeta) y Gossaín (El Cronista), de exigir que el periodismo debe regresar a la ética. Me imagino del oficio que, según los convocantes al conversatorio, suponen está pérdido al preguntar: “¿a dónde se fue el periodismo colombiano?”.

Según lo expresado, es decir, el llamado a “volver a la ética” es, interpreto, que ésta también se ha perdido. No se sabe a dónde se fue. Igual que el periodismo. Tal interrogante como sus respuestas son un falso dilema. Un subterfugio retórico para cautivar auditorio. Ni la ética ni el periodismo se han perdido. Seguro están extraviados. Solo que la realidad colombiana, y, global, han cambiado de manera acelerada por la revolución tecnológica y, entre nosotros, de la economía y cultura del narcotráfico

Además, que ética no hay solo una, la de la bondad, de lo bueno, de la verdad. También existe ética en la maldad, en el delito, en la mentira, como bien lo ha enseñado Adela Cortina en su libro:”hasta en un pueblo de demonios, ética pública y privada”.

Entonces, creo que lo que los colegas intuyen nostálgicamente es que la grabadora y el celular, reemplazaron aceleradamente la libreta de apuntes y la Olivetti, y por ende el cerebro del periodista que smartphone en mano prefiere grabar que escuchar y pensar. Sé ha acabado la reportaría esa que añoraba Gabo. Volver a la ética es volver a ser reportero, ante que caja de resonancia del poderoso de turno.

Tendré que volver a el huerto a saludar a Alcirita y beber jugo de zanahoria. ¿Será que hallare el periodismo bueno o el buen periodismo?

La próxima: el derecho a la privacidad o las lecciones de Shakira.

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