jueves, julio 16, 2026
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Deporte escolar, ¿Utopía o realidad?

La práctica del deporte en Colombia cuenta con una amplia legislación que deja entrever un sistema débil a la hora de llevarlo a la práctica, especialmente en las instituciones educativas del país de carácter público, que la acatan o no, cumplen o son totalmente indiferentes. El capítulo II de la ley 181, art. 4, reza en torno al deporte como experiencia social que: el deporte, la recreación y el aprovechamiento del tiempo libre, son elementos fundamentales de la educación y factor básico en la formación integral de la persona. Su fomento, desarrollo y práctica son parte integrante del servicio público educativo y constituyen gasto público social, bajo principios como: universalidad (el deporte como derecho de todos, sin excluir), participación comunitaria (educar en la autogestión comunitaria buscando siempre el bienestar común y el desarrollo comunitario), participación ciudadana (promoviendo hábitos saludables a partir de las actividades físicas, recreativas y deportivas), integración funcional (entre lo público y lo privado a través de alianzas y consensos por el deporte y la recreación en las comunidades, favoreciendo el esparcimiento y la competición), democratización (garantizar una práctica deportiva y recreativa con espacios propios para implementar programas) y ética deportiva (desde el deporte educativo habría que promover y consolidar un ethos para direccionar desde esta actividad una moral, una ética, un cuerpo de virtudes donde se exalten las bondades y beneficios del deporte).

Lo anterior se desprende articuladamente de los objetivos de la ley 181, sobre todo el que se refiere a la educación, evidenciado en el capítulo I, art. 3, literal 1: Integrar la educación y las actividades físicas, deportivas y recreativas en el sistema educativo general en todos sus niveles. El propósito de este ensayo es reflexionar en torno al deporte escolar en la educación básica y media. En este sentido, el numeral 7 del mismo artículo en uno de sus apartes resalta: “cuidar la práctica deportiva en la edad escolar, su continuidad y eficiencia”. En este artículo, el numeral 12, deja abierto un espacio enfatizando en: Planificar y programar la construcción de instalaciones deportivas con los equipamientos necesarios, procurando su óptima utilización y uso de los equipos y materiales destinados a la práctica del deporte y la recreación”. Situación que muy poco se cumple en la mayoría de los municipios colombianos cercanos a las ciudades y afectados por la explosión demográfica, por ejemplo, en el municipio de Soledad, y también en sus instituciones educativas, poco preocupadas por el bienestar de los estudiantes en lo que concierne a la práctica deportiva. Teniendo en cuenta lo anterior, habría que preguntarse, qué tanto se ha dinamizado la veeduría en torno al seguimiento que dé cumplimiento a lo indicado en el numeral 13: “Velar porque los municipios expidan normas urbanísticas que incluyan la reserva de espacios suficientes e infraestructuras mínimas para cubrir las necesidades sociales y colectivas de carácter deportivo y recreativo”, sobre todo cuando Soledad hoy comenzó a crecer hacia arriba en algunos sectores.

Por otra parte, la ley ilustra los itinerarios del deporte, su desarrollo y su asertividad de acuerdo a los contextos e intereses de las personas. El título IV, capítulo I, numeral 16, describe las formas manifiestas del deporte. En lo que concierne al problema a analizar, el deporte formativo es la base para edificar, por ejemplo, deporte universitario, deporte competitivo, deporte aficionado. Veamos.

El deporte formativo es un concepto propio y manifiesto dentro del deporte escolar cuya finalidad es contribuir al desarrollo integral de las personas, tanto en la vida de la escuela formal como en los espacios no formales de las escuelas de formación deportiva. Concepto este que muy poco se aplica por parte de los centros educativos, debido a la falta de escenarios, tiempo extraescolar, recursos didácticos y pago de entrenadores. El deporte formativo se gesta en la vida de la escuela formal y, específicamente en el área de educación física; también en la educación no formal, a través de las escuelas de formación deportiva, que los gobiernos municipales y distritales muy poco asumen – quedando evidenciados como proyectos inconclusos – porque hay factores influyentes como la falta de un proyecto sólido de escuela con un equipo técnico y médico de apoyo a los deportistas, el tema de seguridad y la falta de asertividad en la creación de centros de interés deportivo que motivan a las comunidades.

El deporte formativo es una categoría básica para edificar una cultura deportiva en las comunidades y en la región. Sin embargo, la inmediatez de programas y competencias impiden la construcción de hábitos saludables y una formación en valores basados en el respeto al oponente y el reconocimiento de valores deportivos en los otros como deportistas que compiten, que hacen posible el ejercicio de la competencia y la fortaleza para asumir la derrota y festejar la alegría de la victoria sin denigrar del contrario, ni burlarse.

Por estos días, se celebran los Juegos Intercolegiados 2023 en diferentes deportes y la metodología de la competencia muy poco ha cambiado. En los deportes de conjunto como el fútbol, el equipo que menos juega, juega tres (3) partidos, después se hace uso de un sistema de eliminación, muerte súbita, donde los equipos que avanzan terminan jugando 4, 5 o 6 partidos, que es lo que obtiene el equipo campeón. Me surgen una serie de preguntas que siempre han estado latentes y se han manifestado alguna vez: ¿es justo que un equipo juegue tres partidos y termine eliminado? ¿realmente se está favoreciendo el deporte escolar, donde los equipos esperan todo el año para jugar y en dos semanas termina el torneo? ¿Cuánto dinero cuesta el torneo en logística y uniforme para que sólo se jueguen mínimo tres partidos? ¿Se justifica semejante gasto? ¿Realmente se está contribuyendo al desarrollo humano integral desde estas prácticas volátiles y efímeras? ¿Vale la pena entrenar a unos niños durante siete meses al año para que sólo jueguen tres partidos, como si se estuviera en un mundial?

Los niños y jóvenes de Soledad están expectante a que el sistema cambie y las oportunidades aparezcan, pero ello requiere la participación de todos los actores; continuar con las carencias y faltas de opciones deportivas es incrementar la patología social existente y la inconformidad en las comunidades.

En las últimas semanas, las noticias sobre olas de calor a nivel local y mundial son partes de las noticias y, sin embargo, a cada equipo de fútbol solo le entregan 25 de bolsas de agua en el primer tiempo, y el resto del preciado líquido corre por cuenta de los entrenadores, porque muchas veces algunos directivos docentes se niegan a entregar unos auxilios – viáticos para cada juego. ¿Cuánta agua se requiere durante los partidos de fútbol a las 8 am y 10 am? ¿los que dirigen estos torneos, si saben que la falta de hidratación en los niños deportistas puede conllevar a una insuficiencia renal, problemas cardiacos, golpe de calor, según la literatura médica? ¿Se justifica que niños y jóvenes jueguen todos los días sin importar los tiempos de recuperación, debido a la necesidad urgente de los organizadores, sobre todo cuando no son deportistas de rendimiento, pero si en formación y, a veces, con problemas nutricionales?

¿Qué tal si se hace uso del principio que se refiere a la participación comunitaria y tanto organizadores como entrenadores en un ejercicio de concertación se les permita el ejercicio del control y vigilancia, pero pensando en el bienestar de los deportistas? Ese ejercicio de concertación permitiría una conciencia sensible en los procesos y la responsabilidad social hacia todos los que hacen y participan del deporte. Hidratación, horario de partidos, sistemas de eliminación, comunicación a tiempo y asertiva, una mejor logística de qué hacer y a quién acudir, cuando se tenga un problema de lesión de un deportista, reglas de juego clara y consensuadas con los entrenadores por escrito, pago de horas de entrenamiento y dirección de partidos a entrenadores.

El deporte escolar en su papel formativo requiere de espacios físicos suficientes, de quedar inscrito en el Proyecto Pedagógico del tiempo libre, ley 115, art. 14, literal b, de las instituciones educativas públicas o privadas. Para el logro de un desarrollo integral, recordemos a Max Neef con sus categorías existenciales, que bien puede aplicarse a la enseñanza del deporte: disponer de un ESTAR, es decir,  contar con escenarios físicos para la práctica; un HACER, que evidencie las acciones y puesta en marcha de ofertas de programas coherentes con las necesidades y la cultura del entorno; TENER profesores idóneos, estudiosos y conocedores de una filosofía que fundamente una pedagogía de la enseñanza del deporte escolar, buscando un tipo de hombre y deportista a futuro, que viva el esparcimiento, o se discipline en el ejercicio de la competencia y el rendimiento; y, por último, SER, es una categoría difícil de alcanzar, pero donde hay la necesidad de promover un deportista con un desarrollo óptimo, que evidencie su disciplina, autoeficacia y unos valores deportivos, asumiendo el ser deportista a través de la plenitud del ser: “soy futbolista, soy tenista, soy deportista, soy atleta, soy apto”. Ese sería el aporte del deporte escolar, desde la escuela, al desarrollo humano, faltaría conocer la intención de cambio de las organizaciones estatales para dinamizar sus eventos, haciéndolos asequibles, dinámicos y motivantes, y así evitar lo monótono y aburrido en que se ha caído.

El conocimiento científico en torno al deporte escolar desde las ciencias del deporte y la legislación existente en la constitución política, ley 181 de 1985 y ley 115 de 1994, constituyen el camino expedito para ejercitar y visionar  proyectos deportivos a través de las alianzas establecidas entre secretarías de educación y de deporte, las cuales tienen la responsabilidad social de hacer uso de la voluntad política y gestionar unas prácticas deportivas para el buen uso del tiempo libre, o tiempo extraescolar de los estudiantes. Desde ese marco científico – académico y legislativo hay un buen respaldo para pensar el deporte con honestidad y liderazgo. Los niños y jóvenes de Soledad están expectante a que el sistema cambie y las oportunidades aparezcan, pero ello requiere la participación de todos los actores; continuar con las carencias y faltas de opciones deportivas es incrementar la patología social existente y la inconformidad en las comunidades.

¿Qué haces en tu tiempo libre? ¿Cuáles son tus preferencias deportivas? ¿Qué deporte te gustaría practicar? ¿Por qué no juegas en el parque de tu barrio? Son preguntas que hago con frecuencia a los jóvenes y sus respuestas son paréntesis vacíos, donde se anidan la incertidumbre, la frustración, la inacción, la insatisfacción y el miedo de no poder usufructuar lúdicamente el parque de su barrio por temor a drogadictos y delincuentes que se lo han tomado en muchos barrios del municipio. Siendo el deporte un factor de bienestar y felicidad, su ausencia constituye un lastre que deja secuelas en el desarrollo humano de niños y jóvenes como la falta de hábitos saludables, sedentarismo, obesidad y otras patologías.

Amanecerá y veremos si la esperanza y el optimismo tocan la sensibilidad de los dirigentes y candidatos a los escaños políticos en este 2023, para disfrutar y experimentar una práctica deportiva que deje de ser una utopía y se convierta en una realidad cotidiana. Son cuatro años de gobierno para que alcalde y concejales, en un esfuerzo mancomunado, orienten su energía a temas como el deporte escolar, satisfactor este que hace sinergia en el desarrollo biopsicosocial de las personas y en su bienestar. Los soledeños somos conscientes que pensar en el deporte escolar es una manera de pensar también a Soledad, con responsabilidad y criterios éticos; es urgente hacerlo antes que lo hagan personas advenedizas y foráneas, y nuestro municipio sea pensado por otros.

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