jueves, julio 16, 2026
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Libros para aprender a escribir y así mismo para vivir cada vida.

“Quién necesita amigos si puede tener un libro en las manos (…). Leyendo supe que quería escribir”. Sara Jaramillo. El Colombiano(15/9/22).___________________

Aprendí a leer recibiendo tiernos “coscorrones” de Ma. Caamaño que, cada tarde, al regresar de las escuelas donde me matriculó, una matinée otra vespertina, exigía que le leyera de “corrido” la lección del día. Si “can-can-eaba” venga “coscorrón”. Nos sentábamos en una habitación con ventana de la casa de esquina donde vivíamos arrendados en el barrio “Gerleín y Villate”; desde entonces sé qué es ser inquilino. Así, estoicamente, aprendí no sólo a leer, sino a amar los libros que, ahora, son mi compañía submarina, con los vivos recuerdos de mi difunta madre.

Todo quien lee presume, no solo que comprende lo que lee, sin saber por qué motivo – laboral o divertido -, que sabe escribir. Y, ahora más, si es dueño de un potente celular, con el que se divierte y labora. También enamora. Así que, justamente, por esa presunción de buena fé no se preocupa nunca más por aprender a leer y a escribir, máxime si posee, además, un cartón de bachiller, un Ph.D. O una credencial de legislador o juez de la república en un país tropical. 

Así que es banal la preocupación de saber leer y menos escribir. Para qué si tengo redes sociales que me conducen, de postín, por una vida sin saltos ni sobre-saltos. Así: plana. Y ello?. Porque tampoco nadie me ha enseñado a PENSAR, por otra presunción LEGAL. Es que soy un man racional (cogito ergom sum). Entonces, todo lo tengo. El celular, casi todas las veces, “piensa” por mí. Me dicta lo que debo expresar. Soy feliz: hago click. Y ya está.

Ésta mecanización digital del lenguaje cada vez se profundiza debilitando la cálida calidad de la comunicación humana, cada vez más dependiente a la inteligencia artificial. Es el desarrollo. Y el enmudecimiento del habla y, por ende, de la escritura. De ahí, el agrado que me produce, casi a diario, encontrar o poseer un libro para que me acompañe, tanto de día como de noche. Ya el buho de minerva no me despierta a la media-noche. La dedico a escuchar a intelectuales hablar. Disertar. Obvio, por youtube.

Por ello, decidí contarle de los libros que leo coquetamente para aprender a escribir. Y de ellos sacar lecciones para aprender a vivir la soledad y la libertad con que, inexorablemente, nos  abraza la vejez con-sentida y con-sentido. Además el candor de la sabiduría oriental de el silencio. Como es de bueno escuchar el silencio en silencio. Respecto de esos estados de aislamiento voluntario a los que obliga ESCRIBIR, García Márquez le dijo, en  1967 durante un célebre diálogo en Lima, a Vargas Llosa que: “cuando escribí  “cien años de soledad” estaba como poseído: no le hablé a mi mujer durante tres meses, alucinado con mi tarea de crear”(dos soledades. Pág 138).

Estos libros que me acompañan al costado de la almohada, ahora no los cargo en las manos, pues tengo todo el tiempo para ellos y para mí, la velocidad de querer hacer todo junto ya no me apura, en estas albas lluviosas y calientes son:

1. El arte de escuchar, Descubre una creatividad más profunda y plena.(Aguilar). Autora: Julia Cameron.

2. Leer es resistir. (Planeta). Autor: Mario Mendoza.

3. Libro de estilo de la lengua española, según las normas panhispánica. (Espasa). Autor: Real Academia Española.

4. Curso de escritura creativa. (Sinequanón). Autor: Brandon Sanderson.

“El poder de los libros reside únicamente en el efecto que tienen en la gente. No es una característica innata de la palabra escrita: lo importante son los lectores, que aportan al texto su entusiasmo y su imaginación.

De cada uno de ellos voy a compartir, con ustedes mi callados lectores, una frase o una cita que denote una exigencia para ponerse a escribir, oficio tan exigente como aprender a vivir con la soledad que nos acompaña, cóquetamente, a los humanos desde el nacer y el morir. Por eso los libros. Ellos cuentan los secretos del saber vivir…mono, como del saber morir bien con uno mismo. Entonces, vamos uno a uno, así:

1. El arte en el silencio.

“Para todos los males hay dos remedios: el tiempo y el silencio”. Alejandro Dumas.

Del capítulo  escuchar el silencio del libro “el arte de escuchar” escojo estos parráfos:

“El arte de escuchar requiere atención, y nada agudiza más nuestra atención que el silencio. Cuando nos esforzamos en oír algo -lo que sea-, nuestra escucha se refina. El sonido más inapreciable capta nuestra atención. Escuchamos el sonido y escuchamos el silencio,  y el sonido existente entre los sonidos. Nos vemos empujados al presente a oír cada instante. Nuestros pensamientos se expanden“.(Pág. 216).

(…)

“Al volver a dirigir nuestra atención al mundo, encontramos que nuestros pensamientos se han refinado. El tiempo que hemos en silencio ha sido fructífero. Nuestros sentidos están despiertos y alertas. Cultivamos el arte de escuchar“(Pág. 217).

Nadie escribe con arte y calidad al lado de un pick up. Solo los que garabatean twitter.

2. Lenguaje de silencio.

“Es posible liberar a un pueblo solo a punta de hojas de papel”. Mario Mendoza

En las primeras páginas de “leer es resistir“, el autor, que a lo largo del libro redacta un manual del oficio de escribir, escribió éste párrafo:

“Durante miles de años la escritura fue un conocimiento reservado para algunos iniciados. No cualquiera podía leer esos signos y conectar con otras realidades. Porque en las letras, en las palabras y sus infinitas conjugaciones, estaba no solo el universo visible, sino también el invisible: las pasiones, los estados de ánimo, la alegría y la euforia, el odio, la venganza, e incluso el silencio está en el lenguaje. es un poder tremendo. Por eso hemos escrito en las piedras, en las tablillas de arcilla, en papeles de arroz, en las pieles de los animales, en los árboles, en papiros, en las paredes de las celdas, en nuestros propios cuerpos, en hojas de palma, en telas de paño y algodón, y aún hoy sentimos la necesidad de escribir en los baños públicos, en los asientos de los buses y en los muros de todas las ciudades del planeta”.(Pág. 17).

3. silencio digital.

“Nulla dies sine linea”. Plinio el viejo.

El libro de estilo de la lengua incluye un importante pagínaje a escritura y comunicación digital, de cuyo material comparto el siguiente aparte:

“Aunque tiene condicionamientos particulares, en la comunicación se deben respetar las normas lingüísticas generales, tanto ortográficas como gramaticales, que se siguen en otros soportes y tipos de textos. Es cierto que, por su carácter relajado y espontáneo, algunas de las manifestaciones de la escritura digital se asemejan más a la de una conversación. Este paralelismo acerca esta escritura a la oralidad y a sus formas de expresarse, pero esto no implica que se deba emplear la lengua en una forma descuidada o que se puedan inventar nuevos códigos, salvo que sepamos con seguridad que pueden ser comprendidos por los destinatarios o que resuelvan nuevos retos comunicativos. Solo los impedimentos técnicos o lo contrario, es decir, el aumento de herramientas y la potencia de sus capacidades, así como las condiciones especiales de la ESCRITURA en estos entornos y en estos canales, pueden justificar en algunos casos ciertas licencias o recursos alternativos”.(pág. 271).

Significa, a mi entender, que en las redes sociales, reinado de la cultura digital, también hay que aprender a escribir. Y a escribir bien.

4. silencio creativo.

“El mero hecho de haber escrito os hace crecer”. Brandon Sanderson.

Sanderson, autor del “curso de escritura creativa“, es profesor universitario, así se entiende que utilice sus experiencias como docentes para narrar cómo es posible enseñar a escribir.

Él responde: “Es una pregunta que no tengo más remedio que hacerme a menudo cuando repaso mi vida, mi carrera, las clases que recibí. Cuál es el papel de un profesor? Quizás lo más útil que podría hacer  es deciros: “Mirad, tenéis que entrenaros a vosotros mismos como escritores. Tenéis que echarle diez años y escribir varios libros. Debéis esforzaros y ser constantes escribiendo. El noventa por ciento de lo que debéis hacer eso”. Ese pequeño discurso bien podría cubrir el curso completo. La respuesta a casi cualquier duda que podáis tener se reducirá a probar unas cuantas cosas, practicar un poco más, ver si mejoráis y, en caso de que no, probar de otra forma. La mayoría de mis consejos para escritores consisten en eso“(Pág. 17).

Y concluye su Manual así: “El poder de los libros reside únicamente en el efecto que tienen en la gente. No es una característica innata de la palabra escrita: lo importante son los lectores, que aportan al texto su entusiasmo y su imaginación. Por esa misma regla, la historia que estáis contando no es importante porque resulte ser una entidad mágica y poderosa que canalizáis y se transmite a través de vosotros, ajena a vuestra esencia. Lo que estáis plasmando en la página es vuestra alma. Y el lector más importante de todos sois vosotros mismos” (Pág 324).

Imagen proporcionada por el autor de la columna.

Ser escritor y lector de sí mismo es la gran lección del Manual. Pero, deseo concluir esta caza de citas sobre un oficio que me ayuda a vivir, calladamente, con una declaración de un Maestro del oficio. En un texto publicado en El Comercio Gráfico de Lima(1967), titulado: Gabriel García Márquez. Su clave: la sinceridad, el nobel le contó a Carlos Ortega, el autor de la nota, lo siguiente:

“Creo que un escritor escribe mejor cuando tiene sus necesidades y las de su familia resueltas, y puede encerrarse tranquilamente a escribir. Antes de trabajar cien años de soledad entregué a mi mujer todo el dinero que teníamos y que alcanzaba para vivir unos tres meses. Me encerré por dieciocho meses ignorando por completo lo que pasaba en el mundo. Cuando terminé me di cuenta de que por la puerta de la casa habían ido desfilando las cosas. Mi mujer había tenido que vender el televisor, la refrigeradora, los muebles…”.

Así que ha encerrarse y a escribir, que para saber vivir hay que aprender a escribir. En el silencio está la clave.

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