Libro de emociones: Unas tristes y otras amorosas

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-Gaspar Hernández

Llegaron a mis manos por distintas vías. Un regalo traído desde el Sur Austral y poético. El otro un auto-regalo adquirido en la librería de la esquina del balcón de Los Tajamares de Boca de Cenizas. Ambos vinieron a comienzo de año y los leí en esos Carnavales Virtuales del otro día: Pandémicos,  con “toque de queda y ley seca”. Nada de arrebatos callejeros, la peste mata y crece en aglomeraciones con rones y caderas. Y no respeta “marímonda” con su brin-cadera.

A ambos autores, uno chileno otro colombiano,  los conocí durante mi vida universitaria. A Mauricio García Villegas, con su libro la eficacia simbólica del derecho,  que utilicé como referente bibliográfico en la catedra de sociologia jurídica en la Unilibre de Barranquilla. Y a Humberto Maturana logré entrevistarlo para la investigación, en el Doctorado en Educación de UniAtlántico, sobre El derecho constitucional al amor en Colombia. La entrevista se publicó en la edición de Latitud, la Revista Dominical de El Heraldo, del 16 de Septiembre del 2012, con el título: “El ser humano nació amoroso“. 

Es decir, con ambos autores he nutrido la mente, la academia y nostálgicas bibliotecas. El manizalita es abogado, pero también filósofo social. Y el santiaguino es biólogo, también filósofo de las ciencias. Los dos son catedráticos universitarios. Uno estudió en Europa, el otro en Harvard. García trabaja en la Universidad Nacional de Colombia.  Maturana lo hizo en la de Chile. Y son pródigos autores.

Los libros, que los unen y que he querido reseñar en esta ocasión para los lectores de solo/proposiciones.com, son:

1. El país de las emociones tristes. Una explicación de los pesares de Colombia desde las emociones, las furias y los odios.(Ariel). Autor: Mauricio García Villegas;

2. Emociones y lenguaje en educación y política.(Paidós). autor: Humberto Maturana R.

Los profesores explican, tanto en el aula como en los libros, porque todavía viven  o están cargados de temores o preocupaciones académicas o intelectuales. Los sabios, al contrario, exponen sus convencimientos sin ninguna clase de temores. Viven de sus propios logros. Eso es notorio en éstos dos libros. El de García Villegas está cargado de innumerables citas, muy bien contextualizadas, de múltiples autores estudiados en sus concepciones en  largos años de estudios sociales. El de Maturana es el elaborado discurso de un sabio. Solo se cita ÉL. El santiaguino es una cumbre. No hay una solo referencia bibliográfica o citas de autores célebres, su libro carece de notas o de píe de páginas. es todo su discurso. Lo acepten o no sus lectores o su auditorio.

Como es elemental ambos títulos coinciden en conceptos y/o palabras semejantes: emociones. Pero, luego de la lectura de ambos, no simultáneamente, se puede concluir que el enfoque epistemológico es similar, para no decir el mismo. Cuando revisé el índice de García Villegas, viejo hábito de mi costumbre lectora de Códigos, buscando por dónde iniciar, me recogió una sensación de pesar, pues no vislumbre ninguna referencia a la emoción amorosa, al concepto o palabra amor, la que había encontrado, de inmediato, en el de Maturana que dedica un item  a:”Emociones e interacciones humanas: el amor“, – fue el primero que leí -. Pero aquel sentir desapareció cuando saboríe, como un frozzo malt el sábado al mediodía, el prólogo y me sumergí, deliciosamente, en sus 326 páginas. El texto del biólogo es más corto. Tiene 143 páginas. Lo que quiero decir, es que ambos libros hablan de amor. Y sigo creyendo, después de estas lecturas de autores, aparentemente, distintos que en éste país de “emociones tristes“, que es Colombia, es mejor hablar de amor.

Ambos libros, no lo dudo, son recomendables. No sólo para lectura de fin de semana o semana mayor, sino para estudio. Estudios universitarios en cualquier Facultad de Salud, Ciencias Humanas o Ciencias de la Educación. O en una facultad de derecho donde se forman futuros jueces y/o dirigentes políticos. Son lectura para estudios inter-disciplinares. Si deseamos formar buenas personas y profesionales competentes en su saber disciplinar.

El libro de H. Maturana es, a mi entender, el de un sabio. No está interesado en explicar nada. Solo dedicado a exponer, en su propio lenguaje, su conocimiento: producto de tantos años de investigación y experimentación sobre la constitución humana, para dar su comprensión al vivir de los chilenos. Maturana no está interesado en que lo comprendan a ÉL. Su libro está formado de dos conferencias. La primera titulada una mirada a la educación actual desde la perspectiva de la biología del conocimiento. La segunda lenguaje, emociones y ética en el quehacer político. Contiene una sección de preguntas y respuestas. Un Epítome dedicado a: Lenguaje, emociones, ética y co-inspiración. Y se cierra con una carta pública llamada invitación a chile: A guisa de conclusión. La edición que me regalaron es de Marzo del 2020.

Mientras tanto, el libro de García Villegas es el de un catedrático en trance de adquirir la sabiduría. La sabiduría aristotélica: La prudencia. De allí, de sus búsquedas y encuentros, es que entiendo el largo subtitulo del mismo: Una explicación de  los pesares de Colombia desde las emociones, las furias y los odios. El libro es dedicado a la madre del autor y concluye recordándola desde su ética de la vida: “No creía en el infierno“. Tiene tres partes subdivididas entre si. La primera: La ética de la vida; la segunda: Las emociones tristes y la tercera: La representación del mal. Comienza con un prólogo y culmina con un epílogo. Ambos extensos. Explicativos de su origen educativo familiar y los sueños por una Colombia educada sentimentalmente.

Los profesores explican, tanto en el aula como en los libros, porque todavía viven  o están cargados de temores o preocupaciones académicas o intelectuales. Los sabios, al contrario, exponen sus convencimientos sin ninguna clase de temores. Viven de sus propios logros. Eso es notorio en éstos dos libros. El de García Villegas está cargado de innumerables citas, muy bien contextualizadas, de múltiples autores estudiados en sus concepciones en  largos años de estudios sociales. El de Maturana es el elaborado discurso de un sabio. Solo se cita ÉL. El santiaguino es una cumbre. No hay una solo referencia bibliográfica o citas de autores célebres, su libro carece de notas o de píe de páginas. es todo su discurso. Lo acepten o no sus lectores o su auditorio.

El manizalita insinúa, con elegancia explicativa, un camino. Cuenta, a su manera, lo que ha aprendido de tantos y tantos autores. Es un libro de citas, se le crítica en la librería. Lo defendí diciendo: Es el libro de un profesor muy ilustrado y no egoísta. Comparte con el lector sus conocimientos y estudios de tales autores que cita frugalmente. 

– Permítanme una digresión: Que buenas son las citas para tomar café caliente o beber whisky con hielo y hablar de libros por leer de autores preferidos y conversar sobre pieles detenidas en su propia y libre soledad y silencio -. 

Por eso, por esa diferencia, creo o encuentro lo recomendable de ambos libros: Su singularidades, en la escritura, en cada lenguaje. Pero el propósito es idéntico: la búsqueda de la decencia. De la educación política en sociedades de américa latina. Chile y Colombia: tan distinta, tan hermanas. Como el vino y la cerveza.

Cuando avanzaba en la lectura de García Villegas, referenciando a tantos buenos científicos sociales, poetas y novelistas, tuve la sensación que el profesor que citaba las piedras coloniales de la historia de Cartagena, no había leído a nuestro caribeño Gabriel García Márquez. Y me dije para mí: qué cachaco éste! Habla de violencia endémica y de amores fugitivos. Y no cita a Gabo. Pero mi ansiedad de lector se acabó al llegar a las páginas 142 y 143. Allí me encontré con estas citas  del Gabo sociólogo de la soledad sembrada por la violencia centenaria de Colombia, que no acaba. Esas citas son, no se indica la fuente:

1. “…somos una sociedad sentimental en la que prima el gesto sobre la reflexión, el ímpetu sobre la razón, el calor humano sobre la desconfianza. Tenemos un amor casi irracional por la vida, pero nos matamos unos a otros por las ansias de vivir. Al autor de los crimines más terribles lo pierde una debilidad sentimental. De otro modo: Al colombiano sin corazón lo pierde el corazón”.

2.”- Dime una cosa, compadre: ¿por qué estás peleando?

– Por qué ha de ser, compadre – contesto el coronel Gerineldo Márquez-: por el gran partido liberal.

– Dichoso tú que lo sabes – contestó él -, Yo, por mi parte, apenas ahora me doy cuenta de que estoy peleando por orgullo”.

Termino esta reseña de dos libros inagotables, que no me canso de recomendar a cualquier lector educado y educador, con estos párrafos de Maturana:

1.” Lo central en la convivencia humana es el amor, las acciones que constituyen al otro como un legítimo otro en la realización del ser social, que vive en la aceptación y respeto por sí mismo tanto como por el otro. La biología del amor se encarga de que esto ocurra como un proceso normal si se vive en ella“(pág. 51),

2. “Se predica el amor, pero nadie sabe en qué consiste porque no se ven las acciones que lo constituyen y se lo mira como expresión de un sentir. El amor no es un sentimiento, es un dominio de acciones en donde el otro es constituido como un legítimo otro en la convivencia“(pág. 52).

A estos libros y sus autores, no lo dudo, volveré en próximas reflexiones sobre educación y su historia: local y nacional. Son básicos para comprender la democracia de ilustrados.

Próxima: La justicia digital a la colombiana.

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