jueves, julio 16, 2026
Home Opinión Wencel Antonio Valega Ruiz Divagaciones de un maestro

Divagaciones de un maestro

(II)

 1.

Soledad es un municipio que no se ha detenido en su crecimiento demográfico. Más barrios, más urbanizaciones. Ha entrado en el camino de erigirse como ciudad de bloque, es decir, crecer hacia arriba; cada conjunto residencial es una trinchera blindada que impide el paso de los visitantes. Niños y jóvenes son confinados a estar en la casa, se les cercena cada día la posibilidad del juego, el recreo, el esparcimiento, el deporte, la lectura. Donde antes había un escenario de juego, ahora la gente lo usufructúa para vivir, para guarecerse. ¿Dónde jugarán nuestros niños en los años venideros? Las calles lentas de antaño padecen la nostalgia de la tranquilidad, han dado un paso al costado para que transite la velocidad; se perdieron muchos juegos tradicionales, incluso, el placer de ser peatón. ¿Dónde jugarán las nuevas generaciones, expresarán su talento, o degustarán el placer de un buen libro? ¿En qué parques aprenderán a manejar bici, si no hay una banca para que abuelos y padres, sentados, contemplen las habilidades de sus niños? Las calles se volvieron peligrosas, ruidosas; hay un irrespeto cotidiano hacia el transeúnte, se violenta la ciudadanía, la amabilidad, la cortesía, nos negamos el saludo y alabamos la indiferencia. Hemos perdido la lentitud de la contemplación.

2.

He trabajado muchos años en la Institución Educativa de Soledad, Inobasol, toda una vida. He sido testigo de sus afanes, de sus deseos. He compartido la angustia de la frustración y el engaño. Alguna vez se jugó con nuestras aspiraciones, con el sueño de una colectividad de maestros. Nadie se preocupó jamás sobre los efectos que la burla de los gobernantes causó en nuestros imaginarios. Sin embargo, recurro al término de resiliente para decir que también eso somos, igual que nuestros estudiantes, resilientes con una capacidad enorme de amor a la vida, con un sentido de lo biófilo en nuestra labor que trasciende la desesperanza y las carencias sociales mínimas: una familia, un entorno social, desmotivación. “A pesar de las vicisitudes, la mejor respuesta es la vida”, fue una frase que leí durante muchos años en la puerta de la Universidad del Atlántico. En todo este tiempo vemos crecer otras instituciones educativas y no sentimos envidia por su aparente desarrollo, sino un coraje por mantener el optimismo que nos empuja cada día a ser mejores maestros y salir de la marginalidad; a hacer uso de la imaginación para superar las limitaciones en un país donde existen una diversidad de educaciones.

3.

Cuántas cosas sucedieron en nuestra escuela durante la pandemia. Los maestros íbamos de asombro en asombro. Las clases digitales remotas comenzaban a las 7:00 am. En los ratos libres – estando en casa – revisábamos y escuchábamos audios de padres de familia, de acudientes, incluso, de estudiantes. Entre los maestros socializábamos los audios enviados a los wasaps personales. A continuación, un audio enviado por un padre de familia: “buen día, profesor, le envío esta nota de voz a esta hora de la noche, cuando la escuche quizás estaré en la empresa pues entro a la 5:00 am y no nos dejan hacer llamadas. Soy el padre del niño Benavides, de 6º A, jornada matinal, que no estará en clase mañana porque me traje el celular para el trabajo por razones familiares urgentes, ya que es el único que tenemos. En la noche que regrese, le ayudaré a estudiar y ponernos al día. Como es usted su director de grupo, le agradezco me colabore con los otros profes…”. Escuchamos el audio cada uno en su casa. Los gobiernos local, departamental y nacional, sacan a relucir el pretexto de la pandemia, pero no pueden ocultar la pandemia de la pobreza que viven la mayoría de los estudiantes de las instituciones educativas en Soledad, sobre todo cuando el Ministerio de las TIC les negó a muchos la posibilidad de la conectividad.

4.

Estamos en medio de un caos político. Los candidatos en la línea de salida han partido hacia la búsqueda del poder presidencial. En ese tránsito observan a sus contrincantes, sus adversarios: releen sus hojas de vida, analizan los discursos del otro, lo que dicen y lo que no, revisan antecedentes; cualquier actuación en sus itinerarios del pasado y el presente se convierte en noticia nacional, nunca para exaltar, solo para denigrar. ¿Cuántas veces hemos padecido la pasión de un discurso y caído bajo los estragos del carisma de un político?, Es, ¿eso la política?, me pregunta un estudiante de 11º, después de hablarle del ser político de todo ciudadano desde la concepción aristotélica. Sólo le digo que no se desmotive ni desfallezca, apenas comienza su vida como ciudadano político; además, sólo trato desde la acción educativa orientarle, que perfeccione su intelecto observando la realidad nacional en los medios de comunicación y desarrolle su sentido de criticidad y toma de decisiones a futuro.

Le hago ver que los candidatos sólo se preocupan por los otros, pero nadie se preocupa por sí mismo, o si misma. La paranoia y el miedo les impide la autocrítica ante su propio ethos de credibilidad, por lo tanto, no es común que se pregunten: ¿Qué tanto he trabajado para construir una credibilidad ante los colombianos de todos los estratos sociales? O, que en un momento de meditación hagan uso del autodiálogo y la inteligencia intrapersonal y se cuestionen: “qué tan buena es mi credibilidad, soy acaso un sujeto digno de fiar, ¿qué haré para que me crean?, lo que digo se corresponde con lo que pienso; tengo claridad de cómo aplicar lo que pienso y digo en beneficio de los demás”. El ethos de la credibilidad se construye desde lo serio, lo virtuoso y el ser competente, en palabras de Charaudeau. Uno de los retos de país, en este siglo XXI, es aprender a autorregularnos como sujetos de deseo y convivir con el dilema moral de elegir como políticos la sinceridad, o la mentira.

5.

Antes de la pandemia tenía el hábito de recorrer los escenarios deportivos de fútbol del municipio, incluso, del departamento. Se volvió frecuente observar a un entrenador “parado en la raya”, gritando fuera de sí, insultando cuando los niños cometían errores en su desempeño; el lenguaje soez y amenazante era el instrumento hostigador. Algunos padres sumaban sus voces furiosas a los gritos impotentes de algunos entrenadores. Admiro y acepto al entrenador comprometido – sin importar si tiene un título o no – con la lectura autodidacta, que anda con un texto en su maletín, que se cualifica permanentemente, planifica las tareas de la semana de acuerdo a los ciclos de entrenamiento y competencia; el que se autoevalúa constantemente y se propone mejorar su buen trato, sus relaciones interpersonales; el que se esfuerza por ser mejor padre y esposo, asumiendo su responsabilidad. Sin duda alguna, la personalidad en todas sus manifestaciones y ámbitos de la cotidianidad es la mejor carta de presentación. Tanto el jugador que juega por esparcimiento como el que incursiona en el deporte de rendimiento, requieren de un entrenador que le dé continuidad a una vida saludable, o la motivación de un líder entusiasta que potencialice el talento y los sueños de los deportistas. El entrenador es un maestro antes que todo, de él depende mucho que un deportista deserte o continúe su práctica.

En todo este tiempo vemos crecer otras instituciones educativas y no sentimos envidia por su aparente desarrollo, sino un coraje por mantener el optimismo que nos empuja cada día a ser mejores maestros y salir de la marginalidad; a hacer uso de la imaginación para superar las limitaciones en un país donde existen una diversidad de educaciones.

6.

Qué tanto afán porque los maestros volviéramos a las aulas a finales del 2021. Era el afán de un estado impotente enviando a los maestros indefensos ante la guerra viral que se vivía. No hay duda que la pandemia nos volteó la realidad y fueron más los efectos negativos que positivos si analizamos la sinergia en todos los ámbitos de la sociedad. ¿Además, qué nos mostró la pandemia? Nuestra desnudez como país tercermundista, un ejemplo del subdesarrollo y una exhibición de las desigualdades como antesala para un futuro que nos tomará por sorpresa con los calzones abajo. El siglo XXI fue un referente del futuro en el siglo pasado. Como un ejercicio de antesala al futuro (efecto positivo), la pandemia mostró la incapacidad para afrontarla.

Tenemos arraigado el concepto de una escuela con cuatro paredes del que cuesta desligarse porque aún no se concibe una sin espacio. La educación del futuro será fluida a través de la virtualidad, pero hay que contar con una tecnología al alcance de todos que permita el goce de aprender, de interactuar socialmente con los compañeros de curso en vez de provocar frustración y desidia, y para eso se necesita un estado serio y responsable. No estamos preparados para una escuela sin espacio físico, se requiere adaptarnos al acceso de una tecnología que día a día nos deja rezagados. Locura o no es lo que viene y tener la mente abierta es una opción a la aceptación, la opinión, la crítica y la toma de decisiones. En esta realidad global, la escuela está en cualquier parte, sin embargo, la exclusión no puede continuar. No puede usarse la tecnología sólo para el control social de las personas. No añoramos el Mundo Feliz de Huxley, solo queremos respeto a la no conformidad y la desobediencia. Es sólo la opinión y la impotencia de no seguir naufragando en el remedo de la educación virtual actual.

7.

“Todos los poemas son una pregunta, una meditación o un himno frente a una ciudad, un paisaje, una historia …El libro es así, viaje en el tiempo y viaje en el espacio”. Mientras leo este comentario de Octavio Paz, veo a los estudiantes en recreo con sus morrales desgastados donde llevan una o dos libretas, un lápiz, ningún libro. Toda la escuela está preocupada por animarlos a la lectura. Es el mes de abril, época en que se conmemora nuestro idioma. Es entonces cuando se resalta la lectura y la escritura, cuando afloran las preocupaciones dormidas. Todavía los jóvenes no inician su primer viaje en tiempo y espacio, tampoco se preguntan, meditan, pareciera que no tuviesen problemas. Salgo a la puerta de mi colegio y veo la nueva plaza, sin embargo, la memoria sólo me muestra los recuerdos de la vieja placita; ya no hay teatro de cine. La biblioteca esconde su timidez, es un animal que duerme su ocaso, sus puertas parecieran estar cerradas para siempre, condenadas al anonimato. Medito mientras sigo leyendo a Paz y me lleno de optimismo: “Hay que dormir con los ojos abiertos, hay que soñar con las manos, soñemos sueños activos de río buscando su cauce, sueños de sol soñando sus mundos, hay que soñar en voz alta, hay que cantar hasta que el canto eche raíces, tronco, ramas, pájaros, astros…hay que soñar hacia atrás, hacia la fuente, hay que remar siglos arriba…”.

8.

Mayo es el mes de variadas celebraciones: día de la madre y homenaje a los maestros en su abnegada labor. Los fines de semana de mayo se observan reuniones de familiares homenajeando a la madre, o de maestros reunidos para resaltar la importancia del maestro. En esas celebraciones se ha vuelto frecuente el silencio trastocado por el mundo digital del celular. Cada día las conversaciones se agotan, se vuelven opacas y se exhibe un cansancio en las interlocuciones de los reunidos. Con lentitud y parsimonia hasta el descaro desmedido, las personas alrededor de la mesa toman su celular y enfocan su atención en los mensajes que llegan y las respuestas que salen; los emoticones viajan por las redes en wasaps angustiosos y largo peregrinar. El desayuno se enfría, la hora del almuerzo se hace menos importante, la cena en casa depende de la televisión, o el mundo anidado en el móvil. Tanto en los restaurantes como en la casa se ha perdido el placer de conversar durante la comida; sólo se mastica mientras las yemas de los dedos rozan la pantalla de los teléfonos; hay una indiferencia hacia la comida arrebatada por los mensajes dispersos que van y vienen. Sin quitar los ojos de la pantalla se escucha el tintineo de los cuchillos y tenedores; y el sonido agudo de los mensajes en medio del silencio de las voces de los comensales. Hay una falta de reconocimiento por los olores, los sabores, la estética de la comida; hay un automatismo que deshumaniza y nos convierte en robots; estamos padeciendo la pérdida de sentido y de interés por todo lo que nos rodea. No se vive el presente, el instante de la fiesta; nos causa ansiedad la llamada esperada, o los mensajes que suenan en el móvil.

9.

Un maestro puede cambiar la vida de sus estudiantes, nos recuerda Nucio Ordine, al referirse a la relación entre Albert Camus y Louis Germain. Al serle conferido el premio nobel de literatura, Camus sólo pensó en su madre y en su maestro, Germain. “Sin la mano afectuosa que tendió al niño pobre que era yo, sin su enseñanza y ejemplo, no hubiese sucedido nada esto”, expresa Camus a su maestro en una conmovedora carta que resalta el agradecimiento. “Sus esfuerzos, su trabajo y el corazón generoso que usted puso en ello… continúan vivos en uno de sus pequeños escolares”, reconoce la labor del maestro, la huella de su trato presente siempre con él. “Pese a los años no he dejado de ser su alumno agradecido”, enfatiza el escritor al exaltar la labor de su maestro. Hijo de una madre sorda y analfabeta, huérfano de un padre muerto en la guerra, el maestro descubrió el talento de Camus y se convirtió en su oportunidad para llegar a ese máximo galardón.

El maestro Germain se emociona con la carta de su “pequeño Camus”. El profundo conocimiento por su discípulo le permite al maestro indicar que: “el pedagogo que quiere enseñar concienzudamente su oficio no descuida ninguna ocasión para conocer a sus alumnos, sus hijos, y éstas se presentan constantemente. Una respuesta, un gesto, una mirada, son ampliamente reveladores”. El maestro Germain es un libre pensador que educa en la libertad, anima a que sus estudiantes se liberen de ese status del rebaño uniforme y emerjan como sujetos dueños de sí y capaces de pensar por sí mismo; a ejercer el sagrado derecho de buscar su propia verdad.

Todos nos sentimos impactado por esos maestros abnegados que, con conocimiento y sabiduría, nos encantaron al mostrarnos la verdadera razón de la escuela. Maestros guiados por el amor, preocupados por los cambios significativos de la sociedad, visionarios de un futuro incierto. Eso pensamos cuando encontramos un estudiante y nos regocijamos de sus logros, de sus esfuerzos realizados. ¿Qué tanto tuve que ver en su formación como ser humano, profesional y ciudadano? Eso nos preguntamos al verlos respirando el éxito, o deprimidos ante el fracaso.

RELATED ARTICLES

Edumas, Interaseo y comunidad recuperan el parque del barrio La María en Soledad

La Alcaldía de Soledad, en articulación con Edumas, Interaseo y la comunidad, lideró una jornada integral de limpieza y mantenimiento que permitió...

Casos de dengue caen un 76 % en Soledad: Secretaría de Salud alerta por temporada crítica de mosquitos

Soledad logró reducir en un 76 % los casos de dengue gracias a las estrategias de prevención lideradas por la Secretaría de...

La transformación de la calle 25B del barrio Ferrocarril mejora la calidad de vida de cientos de familias en Soledad

La calle cuanta con su sistema de redes de acueductos y alcantarillados renovados. Hoy se ha convertido en un...

LEAVE A REPLY

Please enter your comment!
Please enter your name here

- Advertisment -

Most Popular

Edumas, Interaseo y comunidad recuperan el parque del barrio La María en Soledad

La Alcaldía de Soledad, en articulación con Edumas, Interaseo y la comunidad, lideró una jornada integral de limpieza y mantenimiento que permitió...

Casos de dengue caen un 76 % en Soledad: Secretaría de Salud alerta por temporada crítica de mosquitos

Soledad logró reducir en un 76 % los casos de dengue gracias a las estrategias de prevención lideradas por la Secretaría de...

La transformación de la calle 25B del barrio Ferrocarril mejora la calidad de vida de cientos de familias en Soledad

La calle cuanta con su sistema de redes de acueductos y alcantarillados renovados. Hoy se ha convertido en un...

Más de 300 niños participaron en FestiPaz, el festival que promueve la paz y la convivencia en Soledad

Más de 300 niños y adolescentes de Soledad disfrutaron de FestiPaz, un festival que combinó arte, deporte, música y recreación para promover...

Recent Comments

PEDRO CONRADO CUDRIZ on Diario para mitigar tu ausencia
Julio Lobelo Fernández on Las casas de mi barrio
Liseth Arciniegas on Las casas de mi barrio
PEDRO CONRADO CUDRIZ on Esa necesidad de respirar un aire nuevo
Ricardo Sandoval on Mi ángel y los sueños de lucía
Wencel Antonio Valega on Un breve sumario sobre lo critico
Ricardo Sandoval on Eterno instante de amor
Ricardo Sandoval on Entre instantes y brevedades
Wencel Antonio Valega on Inteligencia artificial y redes sociales
Luis Padilla Drago on Cavilaciones sobre la muerte
Jorge Alfredo Chiquillo Carrillo on Inteligencia artificial y redes sociales
Luis Vslega on La casa de los viejos
Ricardo Sandoval on El arte de tomar apuntes
Victoria Valega R. on La casa de los viejos
Ricardo Sandoval on Hace un mes… todo quedó ahí
Ricardo Sandoval on El fútbol y su filosofía
Milton Gomez on El fútbol y su filosofía
Eduardo Mejia on El fútbol y su filosofía
PEDRO CONRADO CUDRIZ on El hombre rebelde
Ricardo Sandoval on Serendipia y anestesia
Ricardo Sandoval on Aprendiendo a envejecer
Ricardo Sandoval on El hombre rebelde
Carlos E G. Arana on La memoria de la amistad
PEDRO CONRADO CUDRIZ on El suicidio en la literatura
Karen Escorcia on El suicidio en la literatura
Carlos Alberto Justiz Prieto on El legado espiritual de John Newton
Wence Valega on Homenaje al amor
Nelly Valecillos Gómez on El legado espiritual de John Newton
Carlos Alberto Justiz Prieto on Marrugo entre oleajes y versos del Caribe
PEDRO CONRADO CUDRIZ on Cuentan que Willis
Carlos Alberto Justiz Prieto on Los Llinás: la saga continua
Carlos Alberto Justiz Prieto on La práctica de las virtudes a través del tiempo
Wencel Antonio Valega Ruiz on El Burnout un Síndrome que afecta al docente
Santiago Cervantes on Inobasol, testigo mudo de Soledad
Birleidys de la hoz on Inobasol, testigo mudo de Soledad
Nohelia Figueroa on Inobasol, testigo mudo de Soledad
Yaser De la Hoz on Exilios y regresos
María Fernanda Gamero Moreno on Inobasol, reconocimiento y gratitud
Hernando Jose Hernandez Leal on El Burnout un Síndrome que afecta al docente
Carlos Justiz Prieto on Lecciones educativas del pasado
Donaldo Rada Martínez on Inobasol, testigo mudo de Soledad
Donaldo Rada Martínez on Inobasol, testigo mudo de Soledad
PEDRO CONRADO CUDRIZ on Sobre la lectura y la escritura
Martha Cabana Jamette on Los Llinás: la saga continua
Jorge Enrique Barrios Peña on Lecciones educativas del pasado
Wencel Antonio Valega on Lecciones educativas del pasado
PEDRO CONRADO CUDRIZ on Inobasol, reconocimiento y gratitud
PEDRO CONRADO CUDRIZ on Sobre el hablar y escuchar
PEDRO CONRADO CUDRIZ on  ¿Quién soy? Después del trabajo
PEDRO CONRADO CUDRIZ on El arte de ver las cosas
Emperatriz on Travesía de la lectura
PEDRO CONRADO CUDRIZ on El castigo de Falcao
Wencel Antonio Valega Ruiz on El castigo de Falcao
Pedro Conrado Cúdriz on Travesía de la lectura
Wencel Antonio Valega Ruiz on Entre la verdad y la posverdad
Wencel Antonio Valega on Todos tenemos nuestro sambenito
PEDRO CONRADO CUDRIZ on Una semblanza de papá
Wencel Antonio Valega Ruiz on Procusto: la envidia que limita
Boris Enrique De la Hoz cárcamo on Procusto: la envidia que limita
Wencel Antonio Valega on Ha partido el último moralista
PEDRO CONRADO CUDRIZ on Caminantes
mario Escorcia García on Ha partido el último moralista
Carlos Alberto Justiz Prieto on Hacia una educación con calidad
Wencel Antonio Valega on Hacia una educación con calidad
Jorge Alfredo Chiquillo Carrillo on Hacia una educación con calidad
Monica Coronado on En el día del maestro
jose luis valega navarro on Evocando a mamá
PEDRO CONRADO CUDRIZ on ¿Para qué nos reunimos?
Alexander de Jesús Vega Lugo on La educación y su crisis
wencel antonio valega ruiz on La educación y su crisis
Janeth Saker Garcia on La educación y su crisis
Jorge Enrique Barrios Peña on La educación y su crisis
Roque Vizcaino Barros on ¿Por qué siempre hablamos de libros?
Pedro E Conrado Cúdriz on ¿Por qué siempre hablamos de libros?
Jorge Isaac Consuegra Palma on El complejo oficio de ser maestro
wencel antonio valega ruiz on El hombre un ser con capacidad de paz
Álvaro Pérez Cardozo on La ética de la razón cordial
Wencel Antonio Valega on La ética de la razón cordial
Pedro Conrado Cúdriz on Fotografía
Janeth Saker Garcia on Justicia: hacemos lo que debemos
Wencel Antonio Valega on Modernidad y democracia
Mercedes sandoval on Justicia: hacemos lo que debemos
Rodolfo Hernández Pulgar on Perspectivas sobre el amor
Luis Escobar Camargo on Perspectivas sobre el amor
Larrys Fontalvo Rodríguez on Apuntes de Educación Física I
Pedro Conrado Cúdriz on Apuntes de Educación Física I
Emperatriz Salazar on El negro Hooker 
Wencel Antonio Valega on Coeficiente
Wencel Antonio Valega on Coeficiente
Alejandro Solano Gutiérrez de Piñeres on Coeficiente
Pedro Conrado Cúdriz on Coeficiente
wencel antonio valega ruiz on Vicisitudes de un maestro de escuela
Manuel Pianeta on Tristeza de Carnaval
Pedro Conrado on Tristeza de Carnaval
MANUEL PIANETA CALVO on Inobasol, testigo mudo de Soledad
Rafael De Jesus Torres Huertas on Inobasol, testigo mudo de Soledad
JOSE MACHADO YEPES on Inobasol, testigo mudo de Soledad
Sagrario Vargas, on Clínica bautista. Añoranzas
Carlos Alberto Justiz Prieto on Pedagogía para la paz
Nairo José Cavieles Rojas, Ph.D. on Pedagogía para la paz
Pedro Conrado Cúdriz on Agonía en el parque
Xiomara Escobar on Pedagogía para la paz
Jatzen Ricardo Guzmán Cusis on Pedagogía para la paz
Buenaventura Russeau on Pedagogía para la paz
Pedro Conrado Cúdriz on Poemas De Invierno
PEDRO CONRADO CUDRIZ on WhatsApeando
PEDRO CONRADO CUDRIZ on Sofía quiere ser
PEDRO CONRADO CUDRIZ on El hombre del semáforo
Mabel Luz Fuentes Pantoja on Zaqui, siempre titular
Carlos E G. Arana on Halloween con Edgar Allan Poe
Yaneth Caña on Maestras de infancia
wencel antonio valega ruiz on Maestras de infancia
Mabel Luz Fuentes Pantoja on Maestras de infancia
César Augusto Lamadrid Martínez. on Fermín Zurbarán. Un grande de la cirugía 
PEDRO E CONRADO CUDRIZ on Sin rencores
Duperlis Salcedo on Andar en malos pasos
Wencel Valega on La empatía en la literatura
PEDRO E CONRADO CUDRIZ on La empatía en la literatura
Ademir on Sobre la amistad
Douglas Maza G. on ¿Qué hay de la biblioteca?
Duperlis Salcedo on Sobre la amistad
jose luis valega navarro on Zacarías en prosa y poesía
Pedro Conrado Cudriz on Diario de viaje
Mabel Luz Fuentes Pantoja on Retratos
Raul "cuco" on Retratos
Nicolás Javier Corena Guerra on Inobasol, sagrado manantial
Mauricio Díaz on Inobasol, sagrado manantial
Alirys Jaraba Gutiérrez on Inobasol, sagrado manantial
Edwin José Sandoval Africano on Inobasol, sagrado manantial
Edwin José Sandoval Africano on Inobasol, sagrado manantial
PEDRO E CONRADO CUDRIZ on La ingenuidad de la nostalgia
Duperlis Salcedo on El vendedor de camisetas
Luis Valega on Homenaje a papá 
Luis Caicedo on Homenaje a papá 
Duperlis Salcedo on Homenaje a papá 
PEDRO E CONRADO CUDRIZ on Homenaje a papá 
Alirys Jaraba Gutiérrez on Adiós al Boni Martínez
PEDRO E CONRADO CUDRIZ on Salvavidas
PEDRO E CONRADO CUDRIZ on Naty
Duperlis Salcedo on Nostalgia de ciudad
Libardo Rafael De Oro on Nostalgia de ciudad
Pedro Conrado Cudriz on Juegos de la memoria
Nadin castro mejia on Apuntes de viaje
PEDRO CONRADO CÚDRIZ on Educación perruna
Libardo Rafael De Oro on Educación perruna
Pedro Conrado Cúdriz on Viacrucis de un maestro
Manuel Julián pianeta on Inicio de un periplo
Jose Rodriguez Acosta. on Fútbol de mujeres
Rafael Barceló rodriguez on Fútbol, Respeto y Pasión en Madrid
Manuel Julián pianeta on Gutiérrez
Ismael on Ritual de amor
Jorge Isaac Consuegra Palma on Evocando Maestros
Ismael Arzuza on Diario de un abuelo
Katherine Cepeda on Diario de un abuelo
Victoria Valega R. on Amada Soledad
Manuel Julián pianeta on El amor de Lucas
Hola on Un día normal
Manuel Julián pianeta on Amada Soledad
Maseralix Barcelo oviedo on Amada Soledad
Diana Marcela Camacho pardo on Si tú me olvidas
Martha Valega. on Calle soledeña
Francisco Alfredo Pacheco Amador on La cama y el libro
Wencel Valega on La cama y el libro
Alejandro Solano Gutiérrez de Piñeres on El mandato de la reina
José Manuel Villarreal Gravini on El Pelé que conocí
Josefa miranda castro on El Pelé que conocí
Roque Vizcaino Barros. on ¿Por dónde anda, Marcelino?
Libardo Rafael De Oro on Deporte y política en Colombia
Margarita Matta on El Agua Potable, Un Derecho
José Manuel Villarreal Gravini on Cuestionado Mundial de Fútbol de Qatar
José Manuel Villarreal Gravini on Cuestionado Mundial de Fútbol de Qatar
Javier Reales on La aventura de jubilarse
Santiago Ruiz Buitrago on Sentimiento caribe
javier jiménez on De putas y prostitutas
Mabel Janet Flórez Fernández on El drama de escribir ensayos en la universidad
Mabel Janet Flórez Fernández on El drama de escribir ensayos en la universidad
Laureano Salas Marquez on Sobre partidas y regresos
Einstein on En un lugar de Europa
Ademir Santiago on Casa de la memoria
Alejandro Solano Gutiérrez de Piñeres on Ser hombre
Osvaldo Cáliz Peña on Don de la inconformidad
Martha Isabel Calderón on ¿Recibir amor o darlo? el amor propio
Alejandro Solano Gutiérrez de Piñeres on El hombre
Alexander Ortiz Ocaña on Configuración del cerebro fetal
Aldemar Guerra Castillo on En un lugar de Europa
Nadin castro mejia on En un lugar de Europa
rodolfo cano on Equivalentes suicidas
Heriberto Vargas viloria on Jubiloso ochentón
Nicolàs. Hernández on De la alegría de leer y escribir
Luis Valega on Homenaje a las palabras
Alejandro Solano Gutiérrez de Piñeres on Homenaje a las palabras
Ricardo Sevilla Mercado on Homenaje a las palabras
CARLOS ENRIQUE GONZALEZ ARANA on Homenaje a las palabras
Francisco Arzuza on Ser abuelo en el siglo XXI
Pedro Conrado Cudriz on Ser abuelo en el siglo XXI
Francisco Alfredo Pacheco Amador on Infancia y vejez: ambas deben ser consentidas
Roque Vizcaino Barros. on Viajando en búsqueda de mi identidad
Joel Marchena Cantillo on Cuando la plaza de soledad era una fiesta
Juan Sandoval Alvarino. on Cuando la plaza de soledad era una fiesta
Antonio Campo Peña on Viajando en búsqueda de mi identidad
Rafael Villarreal Noriega on Viajando en búsqueda de mi identidad
Francisco Alfredo Pacheco Amador on Las redes sociales no son periodismo
Milagro on Ídolos de barro
Margarita Rosa Matta Gómez on ¿Tiene Usted fiebre?
Francisco Alfredo Pacheco Amador on Silencios y soledades nutren de amor el vivir bien
Octavio Augusto De La Hoz Ordóñez on No digas todo lo que sabes
Francisco Alfredo Pacheco Amador on La amistad amorosa
Nairoby Rodríguez on El Turco Farid
Silvia Valencia Martínez on Lecciones de la pandemia
Max R. Peña on Fumar pasó de moda
NELSON MANUEL ORTIZ SANTOS on Propuestas para dar el salto 2: La Mentalidad
Teobaldo Coronado Hurtado on Propuestas para dar el salto 2: La Mentalidad
William Baca Orozco. on Todos tenemos voz
Esther Gonzalez Pabon on Ludopatía: adicción al juego
Francisco Alfredo Pacheco Amador on Democracias y li-be-rt-ad-es
Paul Jesus Marchena Cantillo on Dos rescates, una recompensa
Teobaldo Coronado Hurtado on Las muertes de cada día no tienen madre.
Yunelis Lopez Vargas on Un trabajador de la Salud
Isabel Baca Ruiz on Un trabajador de la Salud
Betty Cantillo de Gill on La Respiración
Marcos Gill on La Respiración
Wencel Valega on La Respiración
Ricardo Iglesias on La Respiración
Isabel Baca Ruiz on La Respiración
Sandra Márquez on NO Hay Picos, Hay Pandemia
Rosario Morales on NO Hay Picos, Hay Pandemia
Roberto González on QUÉ OCURRE EN NUESTRA ALMA MATER?
Esther Sofía Pereira Lopez on QUÉ OCURRE EN NUESTRA ALMA MATER?
Marta Donado Villarreal on Un Dolor De Cabeza
Armando Puello on Un Dolor De Cabeza
Jaime Rosales on Un Dolor De Cabeza
Silvia fabregas on Un Dolor De Cabeza
Alvaro Fabregas on Un Dolor De Cabeza
Isabel Baca Ruiz on Un Dolor De Cabeza
César Augusto Lamadrid Martínez on EL LIBRO DE PAPEL VS EL LIBRO DIGITAL.
Sandra Marquez on Ojo con sus ojos (II Parte)
Esther Sofia Pereira López on DE NIETOS Y ABUELOS
Teobaldo Coronado Hurtado on DE NIETOS Y ABUELOS
Diana Crespo Rodriguez on El propósito de la vida es vivir
Wilfrido Gómez on INSPIRACIÓN
Luis Espinoza Figueroa on INSPIRACIÓN
Erly Charles Paternina Hernández on INSPIRACIÓN
Jaime rosales on INSPIRACIÓN
Rafa nigrinis on El imperio de los sentidos
GREGORIO GREGORY on Dónde están mis juguetes?
Erly Charles Paternina Hernández on El imperio de los sentidos
Yexica Africano Navarto on Dónde están mis juguetes?
Milton Gomez Cardozo on Intimidad vs información (Final)
Milton Gomez Cardozo on Informacion vs intimidad (parte 2 )
Erly Charles Paternina Hernández on El arte del ganador
José Alvarado Nieto on El debut
Erly Charles Paternina Hernández on Fútbol de veteranos
Esther Sofia Pereira López on Periodismo con paredón
Agustin Garizábalo on El debut
Agustin Garizábalo on El debut
Agustin Garizábalo on El debut
Agustin Garizábalo on El debut
Agustin Garizábalo on El debut
salomon David castro aguas on El debut
Laura Barceló on El debut
William on El debut
Rosana Zambrano on El Páncreas y sus enfermedades
Dreynner Barraza Rosales on El Páncreas y sus enfermedades
Álvaro López Martínez on El debut
Álvaro López Martínez on El debut
Estebana Reyes Rangel on El debut
Gloria sofia fabregas Villate on El Páncreas y sus enfermedades
Rafael Enrique Surmay Herrera on El otro discurso, muy personal (3)
Carlos paternina acosta on El otro discurso, muy personal (3)
Agustín Garizabalo on El otro discurso, más personal (2)
Erly Charles Paternina Hernández on El otro discurso, más personal (2)
Fernando A Charris Almarales. on El otro discurso, más personal (2)
Erly Charles Paternina Hernández on El otro discurso, más personal
Rafael Enrique Surmay Herrera on El otro discurso, más personal
Erly Charles Paternina Hernández on El discurso y el método (5)
Erly Charles Paternina Hernández on El discurso y el método (4)
Mauricio javier Bustillo Marmol on El discurso y el método (3)
Jabib vergara delgado on El discurso y el método (4)
RICARDO GARIZABALO on El discurso y el método (4)
Jesús Orozco on El discurso y el método (4)
olmar Calderón Dávila on El discurso y el método (4)
Estebana Reyes Rangel on El discurso y el método (4)
Agustin Garizabalo almarales on El discurso y el método (4)
Leslie E. Smith on El discurso y el método (4)
Amparo urzola on ¿Tiene usted tos?
Jacquelín Isabel Martínez Navarro on Nuestro gran reto
Dra Masi on Nuestro gran reto
Eucaris Laguna on Nuestro gran reto
Yomaira Escorcia Barcelo on Nuestro gran reto
Reinaldo Rodríguez Garcia on El discurso y el método (3)
Isabel Baca Ruiz on Nuestro gran reto
Erly Charles Paternina Hernández on El discurso y el método (3)
Pablo Emilio Martinez Aparicio on El discurso y el método (3)
Erly Charles Paternina Hernández on El discurso y el método (2)
Agustin Garizábalo on Pequeñas infidencias (5)
Agustin Garizábalo on Pequeñas infidencias (5)
Agustin Garizábalo on Pequeñas infidencias (5)
Agustin Garizábalo on Pequeñas infidencias (5)
Alexander Luis Ortiz Ocaña on El éxito y la felicidad, según Jesús,
Erly Charles Paternina Hernández on Por fortuna se equivocan
Dreynner Barraza Rosales on Por fortuna se equivocan
Estebana Reyes Rangel on Por fortuna se equivocan
Rafael Enrique Surmay Herrera on Por fortuna se equivocan
Luis Maza Torregroza on El Laboratorio Clínico
olmar Calderón Dávila on Pequeñas Infidencias (6)
Erly Charles Paternina Hernández on Pequeñas Infidencias (6)
Ricardo Solano Orozco on El Laboratorio Clínico
Gilberto Marenco Better on Pequeñas infidencias (5)
Erly Charles Paternina Hernández on Pequeñas infidencias (5)
Elias Ruiz De La Victoria on Pequeñas infidencias (5)
Jaime rosales on Pequeñas infidencias (5)
Milton Gomez Cardozo on El silencio o el escándalo
Yadira Ruiz on ¿Tiene usted tos?
Sandra MarqueZ on Las Enfermedades Mentales
Alonso Pérez on Pequeñas infidencias (4)
Ivet Vergara on Las Enfermedades Mentales
Estebana Reyes Rangel on Pequeñas infidencias (4)
Erly Charles Paternina Hernández on Pequeñas infidencias (4)
Esther Sofia Pereira López on Soledad, aislamiento y vejez
Alfonso.Rodriguez Cruz on Soledad, aislamiento y vejez
Estebana Reyes Rangel on Pequeñas infidencias (3)
Xiomara Albis on Soledad, aislamiento y vejez
Milton Gomez Cardozo on Soledad, aislamiento y vejez
José Alvarado Nieto on Administrador de pasiones
Orlando Moscote Rojano on ¿Tiene usted tos?
Marcos Gill on ¿Tiene usted tos?
Roberto sarabia Durán on Pequeñas infidencias (2)
Sandra Marquez Sandoval on ¿Tiene usted tos?
Jairo Diz fabregas on Pequeñas infidencias
Adolfo Cotes. on Pequeñas infidencias
jose pachon niño on Pequeñas infidencias
Alexander Luis Ortiz Ocaña on Cómo alcanzar la felicidad infinita
Teobaldo Coronado on ¿Amor familiar o amor materno?
Teobaldo Coronado on ¿Amor familiar o amor materno?
Yomaira De las Salas Baca on Alcalde Pumarejo Decrete Cero Carnaval 2021
DONICEL PACHECO B. on Feliz día papá
Erly Charles Paternina Hernández on La grandeza de las cosas simples
IVIS GONZALEZ on El sistema inmunológico
Mirian Gonzalez on El sistema inmunológico
Ricardo Solano Orozco on El sistema inmunológico
Sandra Márquez Sandoval on El sistema inmunológico
Gladys Flórez Páez on Crítica: Redes vs Medios
Osiris Fabregas Zambrano on El sistema inmunológico
Esther Sofia Pereira López on Crítica: Redes vs Medios
Esther Sofia Pereira López on Crítica: Redes vs Medios
Roberto sarabia Durán on Pedagogía de la compasión
Adolfo Guerrero Sarmiento on Pedagogía de la compasión
Nancy Torres on Pedagogía de la compasión
Meibel Tatis on Los Hijos De Hipócrates
Alfonso De La Hoz O on Los Hijos De Hipócrates
Roberto sarabia Durán on Y si no alcanzas tus sueños…¿qué?
Erly Charles Paternina Hernández on Y si no alcanzas tus sueños…¿qué?
Teobaldo Coronado Hurtado on Periodismo y corrupción
CARLOS E. LLANOS GOENAGA on Competir sin jugar
Alexander Luis Ortiz Ocaña on El rol del maestro en medio de la pandemia
DIDIER ALFONSO LUNA GONZALEZ. on Competir sin jugar
Margarita Dorado Agrda on El rol del maestro en medio de la pandemia
EDUARDO E. ALMARALES MANGA on Competir sin jugar
Álvaro López Martínez on Competir sin jugar
Teobaldo Coronado Hurtado on Un diario sin lectores (Parte 3)
Blacky Arévalo Herrera on Competir sin jugar
Gyna Niebles Barceló on ¡Feliz día, Maestros!
Erly Charles Paternina Hernández on Fútbol Covid
Leoneth guerrero on Fútbol Covid
Carlos Alberto Figueroa Otero on Fútbol Covid
JUAN ANTONIO PABON ARRIETA on Fútbol Covid
Mr. Leslie E. Smith on Fútbol Covid
Alfredo Aurela on Fútbol Covid
Jesús Orozco charris on Fútbol Covid
Alonso Pérez on Cuando los ídolos hablan
MARTA CECILIA RICAURTE GUERRERO on En defensa del “Gran pacto social por Soledad”
Silvestre Maestre Martinez on ¿Y qué pasará con el fútbol local?
FAUSTO PEREZ VILLAREAL on ¿Y qué pasará con el fútbol local?
Yomara Estrada Perez on ¿Y qué pasará con el fútbol local?
Luis Hernando Cepeda Espitia on ¿Y qué pasará con el fútbol local?
Alfonso Silva Navarro on ¿Y qué pasará con el fútbol local?
Pedro Daniel Muñoz Alvis on ¿Y qué pasará con el fútbol local?
Adalberto Herrera Avila on Cuando se les caen las caretas
GUILLERMO LEON ROMERO CARDONA8 el maestro del futbol) on De Caimanes y Boricuas
William Pertuz Pedroza on Cuando se les caen las caretas
William Pertuz Pedroza on Cuando se les caen las caretas
César Agudelo on Una pasión heredada por amor
Andres Ibarguen on De Caimanes y Boricuas
Javier Ferrer Africano on Ecos de la pandemia
Efraindelahoz on Ecos de la pandemia
Carlos Torres Paredes. on Ecos de la pandemia
Sandra Marquez Sandoval on Ecos de la pandemia