jueves, julio 16, 2026
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Práctica médica. Situaciones especiales

Introducción

En reciente viaje que hice a los Estados Unidos una funcionaria de la aerolínea, al momento de abordar el avión, check in, en Barranquilla, me realizó un interrogatorio que ni en la embajada de ese país han hecho cuando he diligenciado la visa. Físicamente agraciada, elegante mujer con la cara dura de un gendarme de seguridad. Rostro que se ablandó, un poco, cuando al preguntarme a que me dedicaba le contesté que era médico en uso de buen retiro.

–      Imagino que ya está pensionado, debió haber trabajado durante muchos años, comentó.

–      Sí, claro, este año cumplo 54 de haber recibido el título de médico y laboré durante 49 años, agregué.

–      ¿Podría contar alguna situación especial, anécdota o episodio, que haya vivido durante su práctica profesional? Me interrogó.

–      Sorprendido con la inesperada pregunta le dije que sería difícil, debido al tiempo, responderle su inquietud. Espere un momento, que le voy a hacer un obsequio y saqué del maletín un ejemplar de mi último libro “Del Arte de los Dioses”, allí encontrará apuntes de lo que usted quiera conocer sobre mi vida profesional, le anoté.

¡Milagro de los dioses! Se despidió de mí, dándome las gracias con el gesto cariñoso de una vieja amiga, cuando era la primera vez que conversaba con ella.

–     !Qué le vaya bonito doctor! Cuídese, fueron sus palabras finales.

Después, con calma, he llegado a pensar que el hecho de abordar el avión, sentado en una silla de ruedas, pudo inducir a la inquisitiva dama a sospechar alguna trama delictiva de este desprevenido pasajero. Casos se han visto.

El incidente en el aeropuerto de Barranquilla ha motivado a escribir estos “apuntes” sobre “situaciones especiales”, sin saber exactamente a qué se refería mi interlocutora en el aeropuerto.  Imagino su interés  por circunstancias extrañas o llamativas para los profanos a la medicina que, a los médicos, a lo mejor, no llaman tanto la atención. Las hay agradables o desagradables; gratas o incómodas; tristes o alegres. Común a todas es que son inolvidables, por lo menos, para mí. Limitaré a narrar algunas, de muchísimas que podría contar. Sin duda demandan del profesional de la salud temple, osadía, respeto y exquisita sensibilidad humana.

Cuerpos extraños

El paciente llegó, a la urgencia del Hospital de Barranquilla, con una estilla de leña que le atravesaba el cuello, entraba por la región anterior a un costado del esternocleidomastoideo, borde externo, y salía por la nuca, unos cinco centímetros. El doctor Alberto Saumet, cirujano, tras minuciosa, delicada disección anatómica la extrajo sin complicación alguna. El extraño madero, por fortuna, no alcanzo a lesionar ninguna de las intrincadas estructuras anatómicas de esta región.

Tres pasajeros de un antiguo bus de madera llegaron, después de un aparatoso accidente de tránsito en la calle Murillo, en grave estado, unidos, atravesados en su región abdominal por una viga metálica, al Hospital de Barranquilla.

Al doctor Nazario Fraija, cirujano, correspondió atender esta insólita emergencia. Dos pacientes fallecieron luego de ser intervenidos, el que menos lesiones tuvo sobrevivió luego de ser operado.


Una madrugada de diciembre un joven alicorado, drogado, semiinconsciente, quedó incrustado, al estrellarse con su moto, en la punta de una varilla de la reja del antejardín de una casa del barrio el Silencio.

La varilla de hierro penetró por debajo del piso de la órbita del ojo izquierdo, además de graves lesiones en cara y resto del cuerpo. Al no poderlo desprender manualmente, para evitar más daños, sus familiares cortaron, aproximadamente, cincuenta centímetros cuadrados de la armazón de hierro y a la urgencia de la Clínica Cervantes fue llevado con la reja a la cara adherida e intervenido por el doctor Carlos Pernett, cirujano plástico. El doctor Pernett, deslumbrado, no supo cómo ni cuándo pude yo intubarlo. Después de larga evolución y posteriores procedimientos quirúrgicos, el joven se recuperó. Dato curioso, el consagrado galeno que lo intervino tan diligentemente fue demandado por lo desfigurado que le había quedado el rostro. La ingratitud humana es así.

Imagino su interés  por circunstancias extrañas o llamativas para los profanos a la medicina que, a los médicos, a lo mejor, no llaman tanto la atención. Las hay agradables o desagradables; gratas o incómodas; tristes o alegres. Común a todas es que son inolvidables, por lo menos, para mí.

La lista de pacientes intervenidos con cuerpos extraños es numerosa.  El estreno del primer amplificador de imagen que tuvo el Hospital de los Andes, ISS, se dio para extraer la aguja de un pulmón que había bronco aspirado una señora modista. En dicha intervención creo metieron mano todos los cirujanos del Hospital de turno ese día. Después de cuatro o cinco horas en su búsqueda, fue el doctor Nelson Zúñiga quien encontró la misteriosa aguja.

Una niña hija de una colega pediatra en distintas ocasiones llegó con un grano de maíz, frijol o una bolita de plástico dentro de la nariz o el oído. Así, es frecuente la llegada de niños, sobre todo, con monedas que se han tragado o la de un niño por ejemplo que mediante broncoscopia se le extrajo una ficha de parqués, de uno de sus bronquios. En adultos son frecuentes espinas de pescado en la garganta y prótesis dentales enganchadas en la garganta.

No puedo dejar de mencionar la preescolar que tuvieron que hacerle una toracotomía los doctores Jaime Pombo y Mauricio Abello, para extraerle un maní del pulmón al no localizarlo mediante broncoscopía. En una fiesta familiar la niña de 3 o 4 años al momento de llevarse la nuez a la boca fue increpada en forma brusca por su padre lo que provocó la broncoaspiración. Por suerte sin nada que lamentar.

Pasan de tres los señores o “señoritos” ya mayores, pasados de 60, que recuerdo di anestesia para extraerle una botella de cerveza o un pene gigante elaborado con madera, yeso o material de veladoras que, introducidos por el ano, se quedaban retenidos en la cavidad abdominal. Hago memoria y recuerdo que con el doctor Rosendo Altamar en el Hospital de Barranquilla, resolvimos dos casos de estos.

Un indigente, demente, muy conocido en Barranquilla, por los lados del barrio Olaya, acostumbraba a lucir aros en las orejas, nariz, muñecas y tobillos lo tuvimos casi un día entero en cirugía del Hospital General tratando de retirarle una balinera que se le quedo trabada en el pene, hinchado y maltratado, al masturbarse. No pudo el doctor Rafael Tatis liberar la balinera con los recursos que se tenían en la institución. Finalmente, la dirección del Hospital consiguió que vinieran unos operarios de las Empresas Públicas Municipales, hoy Triple A, y con sus equipos abrir la balinera sin producir mayor trauma sobre el miembro viril.

Animales

Estudiante de anatomía, segundo año, en la morgue del Hospital Santa Clara me impactó el cadáver de un niño en el que rodaban, sobre su cuerpecito, lombrices a montones que salían por boca, nariz y ano.

En el mismo Hospital Santa Clara, estudiante de cirugía, los doctores Pareja Pizarro, El Paqui, y Armando Pomares operaron a un muchacho de unos doce a catorce años con diagnóstico de abdomen agudo por obstrucción intestinal. Hallazgo quirúrgico, al intervenirlo, cantidad incontable de áscaris vivos apelotonados a lo largo y ancho de la luz intestinal, Varias poncheras se llenaron con la extracción de este nematodo. 

Hacia turno como interno cuando llegó un paciente, de aspecto campesino, bastante ebrio, dando gritos, con el rostro enrojecido, desfigurado y el cuerpo todo enronchado. Lo acostamos y al retirarle la ropa, dejarlo desnudo, veo salir de entre sus genitales, por el pubis, un peludo gusano de colores amarillo y verde de aproximadamente diez a doce centímetros.

Algunos primitivos pescadores del corregimiento de la Boquilla en Cartagena tienen como costumbre al pescar, tomar al animal con la mano y llevárselo a la boca para desnucarlo antes de depositarlo en la canoa. Al Santa Clara vi llegar más de uno, de estos hombres, con un pez atragantado, la cola del pez asomando entre los labios y obvia dificultad respiratoria. 

En el Hospital de los Andes, ISS, de Barranquilla me tocó darle anestesia al doctor Abraham Cura para la enucleación de un ojo. Sobre la cara, cabeza y cuello del paciente se movían, asquerosos, montones de gusanos que salían del ojo afectado por una miasis nauseabunda. Un cuadro horripilante.

En el Hospital de Barranquilla a un paciente de origen campesino, después de administrar el anestésico Ketalar, al despertarse pedía a gritos a su novia María Casquitos. “Quiero que me traigan una burra, necesito una burra, tráiganme a María Casquito que estoy arrecho, repetía una y otra vez.

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