jueves, julio 16, 2026
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De ex-rectores y la rectoría de la universidad del atlántico en la memoria de un egresado

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Desde su fundación, mediante Ordenanza Departamental No.42 de 1946, hasta el presente, la Universidad del Atlántico ha tenido 68 rectores, entre titulares y encargados, la mayoría hombres y unas poquísimas mujeres. Se puede presumir, de buena fe, que en los 79 años de agitada vida nuestra alma mater ha acogido, en promedio, un rector por año, lo que indica la inestabilidad en su crecimiento, dinamizado por la Ley 77 de 1981, creadora de la Contribución denominada “Estampilla Pro-Ciudadela Universitaria.” 

Vista aérea de Ciudadela Universitaria

Ingrese, como estudiante matriculado, en 1972 siendo rector el destacado economista José Consuegra Higgins que, al ser retirado, injustamente, monto en protesta un “cuartel de verano” en las instalaciones de la Escuela de Bellas Artes, hasta donde lo acompañamos un grupo significativo de estudiantes. Desde ahí, en su protesta y la solidaridad recibida, el Dr. Consuegra fundó la hoy prestigiosa Universidad “Simón Bolívar“. Es decir, esta es un fruto de la del Atlántico.

Consuegra Higgins vino en reemplazo del Ex-Ministro Dr. Antonio Abelló Roca, más conocido en el mundo del Partido Liberal como “El Pato Abello”, porque los estudiantes, en una tarde de 1971, le impidieron ingresar al bloquear la puerta de la Carrera “Veinte de Julio“; él venía de posesionarse en la Gobernación, por eso aparece en la historia como rector, pero nunca el querido “pato” ejerció el cargo. Con el Dr. Abello fui contertulio en el Comité Político del Ex-glorioso Partido Liberal en el Atlántico. 

Pero para reemplazar al hijo de “Isabel López”, nombraron al ingeniero Guillermo Rodríguez Figueroa quien fue calificado como “el rector-policía“, por colocar a uniformados a controlar el ingreso a las instalaciones. Los policías tenían una lista de “indeseables o revoltosos” que observaban a cada ingreso. Al intentar entrar, en una mañana soleada, y exhibir el carnet universitario el Agente lo decomiso. Rodríguez Figueroa, que ahora es Consejero Vitalicio de Ex-rectores, me había “expulsado“. Era el vocero de mi curso, 4to semestre de Licenciatura, en el Comité de protesta contra “el rector policía”. 

En la historia, presente y pasada, de la Universidad figuran solo tres mujeres, pero en mi memoria son cuatro, ya que una abogada de nombre Yolanda se posesionó, pero al llegar a la Ciudadela Universitaria se arrepintió y regreso. La primera mujer en ejercer tan polémico cargo fue la Dra. Paola Amar, quien se retiró desde una clínica. Siguió la ingeniera antioqueña Ana Sofia Mesa, que ejerció durante 8 años -el período más largo-. Y como encargada estuvo la socióloga soledeña Rafaela Vos Obeso.

Pasada la fugaz rectoría del irrecordable “rector-policía”, y por ayuda de un amigo de mi madre, Ma. Caamaño, que era el Jefe de Contabilidad, me re-integraron a lo estudios que culmine, satisfactoriamente, y “becado” por estar entre los mejores promedios cada semestre. Mi diploma de licenciado en ciencias sociales y económicas lleva la firma del rector de entonces, el profesor Carlos J. María, destacado crítico literario y, luego, compañero en la redacción del Suplemento Dominical del diario del caribe.

Antes y después de la rectoría del profesor María, fueron rectores titulares del Alma Mater, entre otros, las siguientes personalidades locales: José Lacorazza Varela, Antonio Caballero Villa, José Stevenson Collante, Antonio Vallejo Morales, Christian Ujueta Toscano, y Ernesto Camargo Ciodaro, con quienes tuve cercanía por gajes del oficio periodístico y la vida universitaria.

Interior Ciudadela Universitaria.

Entre el período comprendido del año 1989 al 2006, es decir en trece años, por la rectoría de la Universidad del Atlántico pasaron, cual aves migratorias, doce rectores, titulares, algunos de los cuales despacharon por días o semanas. Uno falleció ejerciendo como tal, el ingeniero Jorge Báez Noguera; otro nunca se atrevió a firmar un acto administrativo, el economista José Luis Ramos Ruiz. En ese tiempo varios rectores provinieron de los claustros de la Universidad del Norte.

En la historia, presente y pasada, de la Universidad figuran solo tres mujeres, pero en mi memoria son cuatro, ya que una abogada de nombre Yolanda se posesionó, pero al llegar a la Ciudadela Universitaria se arrepintió y regreso. La primera mujer en ejercer tan polémico cargo fue la Dra. Paola Amar, quien se retiró desde una clínica. Siguió la ingeniera antioqueña Ana Sofia Mesa, que ejerció durante 8 años –el período más largo-. Y como encargada estuvo la socióloga soledeña Rafaela Vos Obeso.

La rectoría de nuestra Alma Mater- patrimonio cultural- es, no lo dudo, el cargo público Departamental más polémico, en la historia reciente, pero el más apetecido por la clientela política local por, eso dicen, su jugoso y actual presupuesto universitario, que solo alimenta La Nación (M.E.N. y Hacienda) en su máximo porcentaje, que deviene del número de estudiantes que, en una década, paso de 11 mil a 23 mil. EL departamento del atlántico aporta muy poco financieramente, al contrario, le quita. El Distrito de Barranquilla no aporta en ningún rubro, aunque la mayoría de la población estudiantil esta domiciliada en killa linda.

Ahora bien, cualquier observador de la historia, medianamente culto (¡que peligro!), notará que la rectoría es un juego de aspiraciones y ambiciones, tanto que la “intelectualidad” criolla no roza, en los actuales tiempos, dicho cargo porque la forma de proveerlo mediante consulta discriminatoria -excluyeron a egresados-, demuestra que la Universidad nuestra paso de la auto-nomía a la autarquia. Y peor, que el rector sea pupilo. Pregunto: ¿dónde quedo la ilustración kantiana?

la próxima: Libros, Un buen aguinaldo.

Declaración de amor a la lectura o, mejor, al libro

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Aprendí a leer de corrido, a punta de “los cocotazos” que, cada tarde, me daba Ma. Caamaño, mi madre, al volver de “la escuelita” de la cuadra donde me había matriculado, a pesar de que en las mañanas asistía a la escuela pública del barrio “Gerleín y Villate”.  Mi madre, sentada frente a la ventana que daba a la calle, abría un ejemplar de coquito, libro de tapa dura y letras grandes, y comenzaba su labor de maestra intensa. por cada silencio mío, un coscorrón.

Desde entonces, y gracias al interés de “La Mona” Caamaño, como la llamaban, siento una atracción o fascinación por los libros de papel, ya que cuando aprendí a leer comencé a cuidarlos, a coleccionarlos. Tanto que una forma de “castigo materno” era esconderlos para que no saliera a patear balón a la calle, pues intuía que prefería leer o estudiar que ir a jugar bajo el sol del mediodía. Me encariñe con los libros.

Recuerdo que, en una ocasión, cuando vivíamos en otra casa grande, los escondió en un balde de pintura. No los encontré en la búsqueda temprana. En la noche, sonámbulo, dormido y con los brazos tendidos-cual zombie-, salí a buscarlos a lo largo y ancho de la casa, hasta que, de un grito, (muy suyo) en la oscuridad nocturna, me desperto. Compasiva me llevó a donde los tenía. Creí que los había dañado, pero el balde estaba limpio con mis libros escolares en el vientre.

Así, con esas experiencias infantiles, de escuela en escuela e inolvidables nació, no lo dudo, en el inconsciente mi amor declarado a los libros…a su lectura, que es otra gran herencia, además del tono grave de voz, que le debo eternamente a mi corajuda madre, sin cuya tenacidad porque estudiará, yo habría terminado siendo un pésimo ayudante de albañilería, el oficio de mi padre quien, silencioso y profético, me descubrió el deseo que su hijo mayor fuera abogado. Además, penalista, de esos que iban al foro, a las audiencias en el Centro Cívico. deseo que le cumplí, ¡Creo!

Los libros son una de mis grandes compañías. Los busco y los encuentro. Desde muy joven los “cargaba” a mano para leer en el bus urbano. Otras veces, sábado o domingo, en una mochila arhuaca de color pastel, los “invitaba” a ir a visitar el mar de Salgar y comer mojarra frita con patacón. También los he llevado en mis mejores noches alrededor del Mar Caribe y del Fin del Mundo. No duermo ni viajo solo. tengo siempre un libro de compañía.

Ese amor declarado, con-sentido, consumado de día o de noche, preferiblemente en la aurora y bien con-vivido me ha acompañado siempre, desde la adolescencia, la juventud, la madurez intelectual y, ahora, en plena vejez enamorada. Es persistente. Puedo dormir sin el ronquido seductor de una generosa dama en mis almohadas. Pero no concilio el sueño sin el olor coqueto de la tinta impresa de un libro conmigo. es mi mejor somnífero. La lectura de un libro escogido me vence más rápido que unas rodillas femeninas. siempre soy vencido.

En ese sentido, personas que me quieren bien, mujeres u hombres, asumen como mis cómplices en la realización de ese confesado amor. Me regalan y buscan libros, a donde vayan, para mis gustos de lector. Así mismo, algunas de ellas han acogidos, en sus hogares o espacios posibles, bibliotecas especializadas, por mis lecturas diversas, que he obsequiado como expresión de conservación y utilidad de los mundos que se conquistan con estudio y lectura de buenos libros.

También he vivido situaciones con quienes no aman los libros. Los rompen por celos a los atractivos del papel biblia o entregan a basuriegos para que los vendan como papel inútil. Me sucedió con una biblioteca de literatura japonesa que hice cuando la internista, amiga mía, me ordenó reposo absoluto bajo el temor de una afección cardíaca. Murakami o Kawamata fueron mis acompañantes de aquellas delicadas noches. Un domingo al llegar un joven basurero a la puerta de la casa con patio y un largo corredor, descubrí que mis libros “japoneses” habían sido regalados como basura.

La lectura en mi vida me ha mantenido encantado. En el Bachillerato leí a los autores del boom de la literatura latinoamericana. Todo Neruda. El teatro europeo de la post-guerra. Toda la poesía colombiana del siglo XX. A Lorca, a Hernández, a Albertí. Y por cada disciplina de estudios superiores, en Educación, Derecho y Periodismo, fuí formando bibliotecas. La actual ya desbordó el espacio del closet donde la adopte. Pero sus libros son mis compañeros perennes en el tiempo y la libertad submarina. no me abandonan, crecen con cada mesada

Y bien. Los libros son una de mis grandes compañías. Los busco y los encuentro. Desde muy joven los “cargaba” a mano para leer en el bus urbano. Otras veces, sábado o domingo, en una mochila arhuaca de color pastel, los “invitaba” a ir a visitar el mar de Salgar y comer mojarra frita con patacón. También los he llevado en mis mejores noches alrededor del Mar Caribe y del Fin del Mundo. No duermo ni viajo solo. tengo siempre un libro de compañía.

En fin, el pan nuestro de cada día no me lo ha ganado, como mi padre, con el sudor en la frente, sino por ese declarado amor a la lectura de libros selectos. Ese aprendizaje, productos del amor materno, me ha servido para toda la vida, ya que no nacemos leyendo. A leer se aprende y es, “mucho mejor”, en las páginas olorosas de los libros de papel, como a amar se aprende en la piel olorosa, limpia y fresca de la mujer: pura química. vivir es aprender leyendo.

La próxima: Rectores y la rectoría de Uniatlántico en mi memoria.

Mi ángel y los sueños de lucía

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Tenía 7 años cuando tuve mi primera experiencia con la muerte, la del único abuelo que me pudo consentir, para experimentar la pechichona condición de nieto. Anselmo Coronado, se llamaba, calculo rondaba los 80 cuando le fue practicada una prostatectomía por un doctor de apellido Villalobos. Recuerdo, ya en casa, presentó un episodio diarreico severo que, a mi modo de ver, acabó con su vida. Cargado en hombros su ataúd, desde la casa, acompañado por una gran concurrencia fue llevado al Cementerio Calancala para darle cristiana sepultura. No existían las mercantilizadas funerarias de hoy en día. Tengo viva la angustia y desvelo de mi madre buena por la sanación del anciano y querido sabanalarguero, su suegro.

No creo haya tenido yo, en aquella ocasión, la ingenua ilusión, la milagrosa pretensión de Lucia, una de mis nietas, de también 7 años, cuando hablando con su mamá le comento sobre sus sueños:

  • “Mamá, le dijo, yo tengo solo dos sueños en la vida: Tener una mascota y que Ñeñé, mi abuelita, regrese del cielo. Estoy brava con Dios porque no me la quiere devolver”.

De lo que si estoy seguro es del inolvidable y afectuoso recuerdo que guardo por el padre de mi progenitor Francisco de Jesús Coronado Tesillo.

De todas las vivencias luctuosas, cercanas en el afecto, que he tenido a lo largo de mi existencia la más impactante, sin duda, ha sido la de la partida reciente de mi querida esposa Helena Yamile Arana Porto.

En estos días, cuando me preguntan ¿cómo te sientes o cómo estás? por cortesía o por costumbre respondo que bien, aunque por dentro mi alma llora a borbotones, sin consuelo. En ocasiones lágrimas escasas corren por mis mejillas cuando toca aceptar la dura realidad a los que todavía, un poco tardíos, se acercan a expresarme sus condolencias.

Es impresionante como tanta gente no lo cree y coinciden en exclamar “No puede ser, si ella se veía bien”. Y así es, Helena Yamile no mostraba en su rostro, ni en su actitud, la cronicidad de los males que finalmente produjeron su desenlace. Risueña y parlanchina iluminaba con su señorial presencia, su carismático modo de ser alegraba, daba animo a cuantos a ella se acercaban. Era amiga de sus amigas, de sus escasas allegadas. No fue una mujer de activa participación social, ajena a los avatares del mundo exterior fungió, eso sí, como hija magnánima, leal esposa, madre amorosa, abuela entrañable y servidora de todos, sin mirar a quien. Por la causa y honor de su familia no tenía limites, orgullosa pregonaba su paterna heredad libanesa.

Me conmueve el sueño de Lucia, mi nieta, convencida en su infantil inocencia que peleando con Dios va a conseguir que la abuelita, que la quiso y consintió, resucite a cocinarle la deliciosa sopa de lentejas que tanto le gustan o a festejarle sus locas maromas, piruetas y entaconados desfiles de moda. Artista en ciernes que es.

En la respuesta de la gente ante la noticia infausta de la dolorosa despedida de Helena y en el sueño rebelde de Lucia ante la ausencia de su mamá grande se retratan dos ejemplos de la “fase negativa” del duelo que describe la tanatología basada en la experiencia de la psiquiatra Elizabeth Kübler Ross, que ya mencionaba en anterior escrito.

Los hijos es la hora que no aceptan su orfandad materna y cuestionan, dolidos, el manejo médico y las circunstancias que produjeron el deceso de la autora de sus días. A lo mejor tengan algún sentimiento de “rechazo”, también descrito en la tanatología, por no estar presentes, residentes en el exterior, en los momentos iniciales del proceso de su madre enferma. Pensarán, deduzco yo, que a lo mejor si ellos hubieran estado aquí, otra seria la historia. Diría que su lamento es muy normal, expresión sincera del profundo amor que guardan por su ser más querido.

Soy consciente, “acepto”, que el dolor presente en mí, consecuencia de su partida definitiva, es intratable, no desaparecerá, no lo podré superar con el tiempo. Nada ni nadie logrará borrarlo de mi mente y de mi corazón; siempre la extrañaré porque mi amor hacia ella no acaba, ni acabará, antes, por el contrario, el infinito vacío existencial que siento por no tenerla a mi lado reafirma mi sempiterna creencia de que, definitivamente, Helena Yamile fue y es la gran mujer de mi vida: antes, ahora y después, hasta el fin de mis días.

Muy distinto es el sentimiento de frustración, de la pena que me embarga por la nueva vida que ahora enfrento sin su compañía. El sufrimiento que tengo por quedar solo, ese sí, para poder superarlo es mi problema. Por cuenta, ahora, de mí mismo, de mi capacidad de resistencia, de la lucha que tengo que librar para continuar adelante con ganas, porque la vida sigue, a pesar de todo. La consigna es aprovechar al máximo los contados días que me quedan.  La vida es buena, hay que deleitarse en ella, hasta que los bríos lo permitan. Gran bendición, en este momento crucial por el que estoy pasando, la alegría, magia y dulzura de mis encantadores nietos. Son ellos los que, como ningún otro, motivan a no desfallecer, impulsan a no perder el ánimo.

Se me ocurre pensar que el mejor homenaje que puedo tributar a la memoria de mi amantísima esposa, a su valentía, a su coraje de todas las horas, es la de no rendirme ante la adversidad, ante la tenaz y mortificante soledad del nido por los dos construido. Toca continuar, seguir su ejemplo, tal cual ella lo hacía, cuidando y manteniendo resplandeciente el templo sagrado del hogar, el “potosí”, que durante más de cinco décadas fue refugio propicio para nuestro unión y albergue de los hijos que, gracias sean dadas a Dios, allí florecieron.

Pido a la divina providencia fortaleza suficiente para resolver las circunstancias nuevas que han de presentarse, la indispensable sabiduría que ilumine las decisiones a tomar y la fe suficiente para creer que si puedo.  No obstante, el peso de los años, sortear la tristeza, la soledad y la dependencia de la diligente e inteligente ama de casa: esposa, compañera y madre que colmaba las expectativas todas de mi vida. Seguro estoy de que el poder de su espíritu me acompañará como un ángel guardián que no abandona, cuida los pasos y protegerá al hombre que ella en vida consideró el amor de sus amores.

¡Sursum corda! Arriba los corazones

Solo

Basta que no respondas y calles

En un largo silencio…taciturna

Para que se me desbarate la vida

a pedazos, mientras el tiempo pasa.

La aurora se niega a los fulgores,

matinal rocío emana, a borbotones,

cual lánguidas lágrimas de pesares

de mis ojos afligidos e insomnes

Transcurren nubladas las horas del día

Cuando el sol se esconde sin oficio

Y la faena cumplo sin pasión, sin bríos

En rudo letargo que a mi cuerpo aplasta

Mudez sonora, la grisácea tarde entona

Sin Baladas ni boleros en el crepúsculo;

Desesperado, perdido, sin rumbo, deambulo

al son de recóndito lamento que al alma amarga

Sin tu voz la noche llega huérfana de encanto

Las estrellas palidecen, si por ti pregunto

Solo, con mi corazón y el pecho enjuto

Quedo, cuando tu palabra no escucho.

Auld Lang Syne: historia y significado de una canción universal

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A propósito de las fiestas de navidad y fin de año, viene a la memoria Auld Lang Syne una canción tradicional de Escocia cuya letra proviene de un poema escrito en 1788 atribuido a Robert Burns. Se suele utilizar en momentos solemnes, como aquellos en que alguien se despide o finaliza un largo viaje.   En cuanto a su origen y composición se sabe que Robert Burns envió una copia de la canción original al Museo de la Música Escocesa, acompañada de la siguiente nota:

“La canción adjunta, una antigua canción de los viejos tiempos, nunca dada a la imprenta hasta ahora, ni siquiera ha circulado manuscrita hasta que la recogí de un anciano.”

Buena parte de la letra fue, de hecho, recolectada más que escrita por Burns. La balada Old Long Syne (Hace mucho tiempo), impresa en 1711 por James Watson, presenta un notable parecido con los primeros versos y el estribillo del poema de Burns, lo que sugiere que ambos temas derivan de una canción aún más antigua.

La canción original ha sido modificada, adaptada y traducida a varios idiomas. En Español la conocemos como la “Canción de Despedida. En los países francófonos se usa la “Chant des Adieux” que se relaciona con la versión compuesta por el sacerdote francés Jacques Sevin en 1920. Aun así, se considera justo atribuir la mayor parte del texto al propio Burns. Existen ciertas dudas sobre si la melodía actual es la misma que Burns dispuso originalmente, pero esta versión se ha popularizado ampliamente en los países anglosajones y en todo el mundo. Esta es la letra de una traducción al español:

             Hace mucho tiempo

¿Deberían olvidarse las viejas amistades
y nunca recordarse?

¿Deberían olvidarse las viejas amistades
y los viejos tiempos?

Por los viejos tiempos, amigo mío,
por los viejos tiempos;

tomaremos una copa de cordialidad,
por los viejos tiempos.

Los dos hemos correteado por las laderas
y recogido las bellas margaritas,
pero hemos errado mucho, con los pies doloridos,
desde los viejos tiempos.

Auld Lang Syne ha tenido diversas versiones en español. Una de las más difundidas en el ámbito hispano es conocida como Vals de las velas”, título que proviene de la grabación del guitarrista, y violonchelista canario Rafael Jáimez Medina (1942), con arreglos musicales  de Manuel Salina. Su letra, que es bastante diferente del original escocés, dice:

Vals de las velas

Igual que en viejos tiempos, con solemne ritual,
se apaga de una a una de las velas el brillar.

Igual que en viejos tiempos prometemos recordar
las horas de felicidad que acabamos de pasar.

No importa si un destino cruel nos ha de separar,
por siempre nos querremos bien de estas horas recordar.

En el Escultismo la música de Auld Lang Syne evoca la esperanza de un reencuentro y son cantadas al final de sus eventos, para ello los Scouts se reúnen en un círculo con las manos entrelazadas. En el final del Primer Jamboree de 1920 se entonaron las notas de “The Last Post” (El último toque de queda) en memoria de los Scouts caídos en la Primera Guerra Mundial. Seguidamente, los Scouts estadounidenses y canadienses se unieron entrelazando sus manos, cantando: “Auld Lang Syne”, que en ese entonces era usada para “despedir al Año Viejo”. Los demás Scouts presentes se les unieron en el canto, entrelazando también sus manos y sin saberlo dieron origen una nueva tradición.

Auld Lang Syne tuvo un rápido auge en el Movimiento Scout, en donde esta melodía pasó a ser conocida como “Canción de despedida”, esta se interpreta tradicionalmente al finalizar actividades y campamentos. Los Scouts forman un círculo con las manos entrelazadas, como símbolo de unidad y hermandad. El cantautor español José Riaza lanzó en 2019 una reciente versión en castellano en su larga duración Retales de mis noches tristes, interpretada a dúo con la cantautora mexicana Sheila Ríos. En Argentina y Chile, la canción se conoce como “Canción del adiós”, mientras que en Colombia se la llama “Canción de despedida”, siendo igualmente utilizada en momentos de separación, imposición de pañoletas y clausuras de campamentos Scouts.

Fotografía: Clausura de campamento Scouts con las manos entrelazadas.

         Canción de despedida Scout

¿Por qué perder las esperanzas
de volverse a ver?
¿Por qué perder las esperanzas
si hay tanto querer?

No es más que un hasta luego,
no es más que un breve adiós,
muy pronto junto al fuego
nos reunirá el Señor.

Con nuestras manos enlazadas
y en torno al calor,
formemos esta noche
un círculo de amor.

No es más que un hasta luego,
no es más que un breve adiós,
muy pronto junto al fuego nos reunirá el Señor.

Se puede afirmar que Auld Lang Syne ha trascendido fronteras, idiomas y épocas. Se utiliza para despedir un año, celebrar la navidad,recordar a un amigo y en la realización de un evento Scout, su mensaje aun perdura: honrar los lazos del pasado, agradecer el presente y celebrar la amistad que une a las personas a través de los tiempos.

Eterno instante de amor

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En este instante de este instante,

Interminable todavía.

Poema: Intervalo. Octavio Paz.

No sé si lo entenderás, solo sé que te amo en el presente. En el pasado este amor es apenas recuerdo. Te amo en este instante, hoy, en este momento. Si te amo en este tiempo fugaz, en este ahora que nos abraza ¿para qué pensar en el futuro? Es ahora cuando necesito tu voz, tu mirada, tu aliento, tus abrazos. El futuro es ilusión, vivamos la presencia de este amor sin aplazarlo.

Indagar en el pasado o en la incertidumbre del mañana para medir la permanencia o el tamaño de lo que sentimos es sembrar orfandad en el presente. Existimos aquí, en esta frontera que separa lo que fue y lo que será. No amamos en el pasado ni en el futuro. Tomemos nuestras manos y vivamos este sentimiento sin tiempo: en este presente que caminamos juntos, perteneciéndonos sin angustia y sin temores. No te amo en el pasado ni en el futuro: te amo en este breve ahora, donde importamos solo tú yo. Recuerda que este instante de amor recorre cada momento del presente. Disfrutemos este sentimiento en tiempo real, sin añoranzas, en esta brevedad de la vida que, como nos recuerda Séneca, es lo único que verdaderamente poseemos.

Y este amor, este amor de hoy, además de palabras, llenémoslo de miradas, de risas, de otoños y primaveras y, por qué no, de las calurosas pausas del verano. ¿Para qué llenarlo de invierno, si ya somos invierno?

Si alguna vez hicimos promesas de amor, estas quedaron atrás, en ese pasado que se aleja sin desaparecer del todo. Se acabaron las promesas y la costumbre de posponer este amor que nos une. Somos conscientes del tiempo perdido – sin regresos ni búsqueda, como Proust –, un tiempo difícil de recuperar. Por eso tracemos ahora un itinerario sin reproches, instante por instante. Ante la vida corta que vivimos, ¿por qué no darle espacio al regocijo del corazón en esta travesía breve? Nuestro amor es bueno: no se aferra a lo que maravilloso, sino que se se ocupa de lo que es ahora.

Este amor es inaplazable. Nuestro propósito es vivirlo intensamente, sin desfallecer, descubriéndonos con la curiosidad inagotable de los amantes. Sintiendo que vale la pena vivir en la frontera del presente, sin tiempo, fuera del tiempo, solo en el hoy lleno de momentos. Por eso cada día, este día, es el mejor de todos, incluso con sus horas difíciles. Pero también “cada hora la mejor ahora, cada segundo el mejor segundo. Es el mejor día, porque es lo único que posees”, nos recuerda Emerson.

En la soledad de los abrazos, a veces un fragmento del pasado se filtra. Lo recordamos como una anécdota suave, en la intimidad del silencio y la penumbra. Imaginamos nuestro primer encuentro, diez años atrás, o la coincidencia de encontrarnos diez años después. Sonreímos sin prisa ante tantas conjeturas. Sin embargo, lo esencial es que llegamos a tiempo a este presente que perdura.

Disfrutemos esta casa y el pequeño jardín; el cielo azul que nos mira desde arriba. La ciudad que se exilia con su ruido para que los hombres puedan soñar. Amanece sobre la tierra y se descubren los árboles y la luz profunda y silenciosa del día. Tomados de la mano, aferrados a este amor, me amaneces y te amanezco. Celebramos el nuevo día en medio del aroma del café.

Cada vez me convenzo más, y tú lo sabes. Estos brazos que te abrazan no son los mismos de ayer. Todo yo soy distinto: mi rostro ha cambiado, mi estatura es otra, mi voz ha apaciguado la pasión de las palabras. Aun así, tú me reconoces, todos me reconocen. Me llaman por mi nombre, y conversamos de lo de siempre. Pero tú sabes más: sabes que este amor no es estático, que viaja con nosotros, y que evoco cada día en ese verso de Neruda: “Nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos”.

Este amor solo puede vivirse. La vida entera se ha impregnada de él y se manifiesta en el presente, a veces con intensidad, a veces con mesura. Está exento de la nostalgia que interroga: “¿Cómo fue?”. También del temor que pregunta: “¿Cómo será?”. Este amor ya no se rige por interrogantes, sino por afirmaciones: “Este amor es”, siempre en tiempo presente. Y eso basta.

La mística por el curare

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Introducción

“Van a saber lo que es el curare”, advirtió, el pasado 5 de noviembre, Diosdado Cabello, ministro de Interior, Justicia y Paz de la república bolivariana de Venezuela, a Estados Unidos ante la posibilidad de un ataque por parte de la administración de Donald Trump contra su país. “Vamos a ver cuánto caminas con esa picadita”, señaló, sarcástico, Cabello al referirse a los efectos del veneno vegetal indoamericano. El presidente Nicolas Maduro, indicó que se trata de “una de las armas silenciosas que derrotaron al imperio español” y ordenó la creación de brigadas milicianas indígenas dispuestas a guerrear por Venezuela.

El descubrimiento de las propiedades relajantes del curare, su utilización por los indígenas de la Orinoquia y la amazonia en la caza de animales para su sustento alimenticio es uno de los más fascinantes episodios que tiene lugar durante el descubrimiento del Nuevo Mundo por parte de los exploradores europeos.

 El curare es inofensivo cuando se ingiere, no se absorbe por el tracto digestivo; inmoviliza a su objetivo cuando se inyecta a través de un dardo, perfecto para cazar.

El “Tucurin”, nombre comercial del “Tubocurare”, un derivado del curare, junto con el Quelicin (succinilcolina eran los bloqueadores neuromusculares en uso cuando inicié mi práctica anestésica en 1971, hacen 54 años. El Decametonio o Hexametonio y la Gallamina   fueron otros relajantes de la época con los que no tuve ninguna experiencia.

Fue Harold King en 1935 quien aisló e identificó la estructura química del curare en los Laboratorios Burroughs Wellcome de Londres a partir del Chondrodendron Tomentosum.   La muestra había sido guardada en el Museo de la Sociedad Farmacéutica Británica y rotulada en un recipiente de bambú, al alcaloide purificado se le llamó tubocurarina.

Pedro Mártir de Anglería, 

En 1516,  en Alcalá de Henares se publicaron en latín los tres primeros tomos de diez que componen las “Décadas de Orbe Novo,” una obra de Pedro Mártir de Anglería,  cronista del rey Carlos V. Este documento se nutrió de los relatos y comentarios de los conquistadores que medraban las cortes de los Reyes Católicos, Juana la Loca y Carlos V. La descripción que hace en sus páginas de las heridas mortales de un soldado alcanzado por una flecha envenenada y otras historias similares, parece ser primera referencia al curare, el veneno fulminante con el que los indígenas amazónicos embadurnaban sus flechas. Su relato provocó una mística por el curare, paralela a la del oro que indujo a muchos en su búsqueda, algunos hasta morir en el intento.

Sir Walter Raleigh

En 1596, el inglés sir Walter Raleigh capitaneaba una de las expediciones en busca de El Dorado, sin éxito alguno. Sin embargo, uno los expedicionarios, Lawrence Kemys, durante las extenuantes marchas por las selvas de las Guayanas, recopiló las hierbas venenosas que empleaban los nativos que llamaban ourari, matar pájaro, su significado en lengua indígena.  Kemys publicó un libro en cuyas observaciones dio a conocer una pasta venenosa elaborada con varias plantas con la que los indios impregnaban flechas y cerbatanas.

El propio Walter Raleigh en su relato titulado “Discovery of the Large, Rich and Beautiful Empire of Guiana, (Descubrimiento del grande, rico y hermoso imperio de Guiana) describe de manera espeluznante lo que vio: “los indios araras, que eran tan negros como el betún, poseían «el veneno más potente en sus flechas, y el más peligroso, de todas las naciones […]. Porque además de la mortalidad de la herida que hacen, quien haya sido herido por una soporta el tormento más insufrible del mundo y sufre la muerte más fea y lamentable, a veces muriendo completamente loco, a veces con las tripas saliendo de sus entrañas, normalmente descoloridas que para entonces están tan negras como la brea y tan desagradables que ningún hombre puede soportar curarlos o atenderlos».

Alexander Humboldt

El investigador y explorador alemán Alexander van Humboldt también está involucrado en la historia del curare. Sus incursiones en territorio venezolano entre 1799 y 1804 le permitieron en 1832 dar la primera versión en occidente de la forma en que era preparado el veneno en Esmeralda, “aislado y remoto establecimiento cristiano del Alto Orinoco”. Humboldt describe que el curare era un veneno usado en las puntas de flechas y dardos, pero también un medicamento utilizado por vía oral. Probablemente, es esta, la descripción más antigua del uso del curare en medicina.  Un amigo y compañero de Humboldt, Robert Schomburgk, probó el efecto “placebo” del curare en un ataque de malaria. Había visto utilizarlo a los nativos para los dolores abdominales, pero obviamente era inefectivo para lo uno y para lo otro.

Claude Bernard

En 1856, en uno de sus experimentos con animales, el fisiólogo francés Claude Bernard descubrió que al inyectar curare a una rana los músculos del batracio se detenían por completo, ¡pero el corazón seguía latiendo! En su trabajo “Physiological studies on certain American poisons, (“Estudios fisiológicos sobre ciertos venenos americanos”), publicado en La Revue des Deux Mondes en 1864, refiere que: «En junio de 1844 hice mi primer experimento con curare: inserté debajo de la piel del dorso de una rana un pequeño trozo de curare seco y observé al animal. Al principio, la rana se movía y saltaba con gran agilidad, luego se quedó quieta, el cuerpo se aplanó y se encogió poco a poco. Después de varios minutos la rana estaba muerta, es decir, se había vuelto flácida y no respondía a los pellizcos en la piel. Luego procedí con lo que llamo una “autopsia fisiológica” […] es decir, abriendo el cuerpo inmediatamente después de la muerte.

[…] Al abrir la rana envenenada, vi que su corazón seguía latiendo. Su sangre se volvió roja al exponerse al aire y parecía fisiológicamente normal. Utilicé estímulos eléctricos para provocar una reacción en nervios y músculos. La estimulación directa del músculo producía contracciones violentas en todas las partes del cuerpo. Al estimular los nervios no había reacción. Los nervios, es decir, los haces de tejido nervioso estaban completamente muertos, mientras que los demás componentes del cuerpo, los músculos, la sangre, las mucosas, conservaban sus propiedades fisiológicas durante varias horas, como sucede en los animales de sangre fría. […]

La interpretación de Bernard era errónea: los nervios no estaban muertos; como se descubriría años después, lo que ocurría era la desconexión que se producía cuando fallaba la unión o sinapsis neuromuscular.

USO CLINICO DEL CURARE

Después de los experimentos de Bernard se usó, en forma empírica, curare en enfermedades que producían contractura muscular, como tétanos y rabia, y en enfermedades convulsivas como la epilepsia. Descripciones sobre el uso de curare para el tratamiento de convulsiones, alrededor de 1950, muestran resultados no halagadores. Si bien los pacientes disminuían su contractura, los síntomas se manifestaban de nuevo al pasar el efecto, o incluso algunos caían en depresión respiratoria y muerte.

Serendipia. La introducción del curare en la práctica clínica no podía estar ausente de la serendipia. Richard Gill, norteamericano, ex director de una compañía explotadora del caucho decidió instalarse en la cuenca amazónica del Ecuador. La caída de un caballo le produjo una paresia espástica, probablemente una lesión medular, que lo hizo volver a Estados Unidos para su rehabilitación. Durante la recuperación sufrió severos espasmos dolorosos en las extremidades derechas. Fue entonces cuando pensó en la utilidad del veneno usado por los nativos vecinos a su finca en Sudamérica. Esto lo hizo retornar a Ecuador en 1938 para recolectar suficiente curare que pudiera ser purificado y ensayado clínicamente en Estados Unidos. Logro obtener unas 39 libras de curare crudo (unos 13 kilos).

Si Gill no se hubiera caído del caballo, la historia de la medicina no hubiera contado con este esencial producto. Hasta entonces, el curare no era más que una curiosidad farmacológica.

Gill nunca se recuperó, pero el uso del curare para aliviar la espasticidad fue la serendipia que condujo a la llegada de esta droga a los Estados Unidos y permitió luego los ensayos clínicos y posterior aplicación en el campo de la anestesiología.

Incostrin

El primer curare purificado por laboratorios Squibb en 1938 llamado “Incostrin” fue usado, curiosamente, en Nebraska, para disminuir las convulsiones asociadas a la terapia anticonvulsivante con Metrazol, una droga usada en siquiatría como alternativa al electroshock. El siquiatra, de apellido Bennett, reportó que los pacientes dejaron de tener fracturas por la convulsión, utilizando “la mitad de la dosis necesaria de Incostrin que producía parálisis respiratoria”. Sin embargo, la introducción en anestesia propiamente tal pertenece al entusiasta y persistente Lewis Wright.

Wright, anestesiólogo en el Bellevue Hospital de Nueva York, observo la dificultad para producir adecuadas condiciones quirúrgicas al abrir el abdomen y recapacitó para conseguirla con el curare, que había observado usar a Bennett en la prevención de convulsiones. Su bagaje anestesiológico lo hizo pensar en administrar más relajación y menos anestesia en los pacientes más enfermos, ya que la forma de hacerlo era hasta entonces profundizando la anestesia.

Griffith y Johnson

El doctor Lewis Wright contactó al Dr. Harold Randall Griffith, jefe del Departamento de Anestesiología del Homeopatic Hospital en Montreal y responsable de haber incorporado recientemente el ciclopropano en Canadá. Griffith aceptó probar el Incostrin, aunque con recelo y mucha precaución por si ocurriera algún incidente. El primer ensayo tuvo lugar el 22 de enero de 1942, usando ciclopropano, que no produce el efecto potenciador del bloqueo neuromuscular del éter. Con su colega Enid Johnson, Griffith utilizó Incostrin en 25 pacientes sin ninguna complicación, publicando sus resultados en el American Journal of Anesthesiology en 1942, abriendo de este modo una nueva era en la anestesia. El hecho fue reconocido en Europa como “un hito en la anestesia”. Se había cambiado un paradigma y se había abierto un nuevo capítulo en la práctica de la anestesia.

Las virtudes de esta innovación eran múltiples: facilitar la intubación endotraqueal, disminuir la dosis del anestésico principal y mejorar el control de la ventilación mecánica.

Conclusión

De destacar para la historia de la medicina la tenacidad de los curiosos hombres de ciencia que, en diferentes épocas, hicieron esfuerzos para darle uso medicamentoso al curare en beneficio de la humanidad y no en la forma salvaje como lo utilizaban los indígenas.

 Para el logro de la añorada paz mundial es deseable que no prospere este patrimonio farmacológico con fines malsanos como los que pretenden, para defenderse de la incursión norteamericana, los gobernantes venezolanos. Que el Dios de las Américas nos proteja tanto de las primitivas flechas envenenadas con curare como de la terrible destrucción con modernos portaviones cargados de drones y misiles.

Lecturas

Bustamante B, Ricardo. (2017). Historia de bloqueadores neuromusculares. Revista Chilena de Anestesiología,46:116 -130

https://www.mcgill.ca/oss/article/history-general-science/curious-about-curare

HAROLD R. GRIFFITH, M.D. CURARE EN ANESTESIA. 1945; 127; (11):642-644. doi:10.1001/jama.1945.02860110022006

Can Fam Médico. septiembre de 2007; 53(9):1531–1532

Breve historia del curare, II: de las selvas amazónicas a los quirófanos.https://www.sobreestoyaquello.com/2023/03/breve-historia-del-curare-ii-de-las.html

Un breve sumario sobre lo critico

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La crítica ha desempeñado una función que trasciende el simple análisis; consiste en evaluar de manera rigurosa tanto los logros como las deficiencias de un escrito o un desempeño humano. Este enfoque permite identificar no solo los aciertos y aportes, sino también las carencias, los aspectos pendientes de desarrollo y las oportunidades de mejora. Así, la crítica se configura como un instrumento reflexivo y constructivo, orientado al perfeccionamiento del conocimiento, del pensamiento y de las prácticas humanas, consolidando su papel como guía para el avance moral, intelectual y artístico que transciende a un juicio puramente valorativo.

El término crítico puede usarse tanto para hablar de una persona como de un adjetivo con distintos significados. Cuando se utiliza como sustantivo, un crítico es alguien que observa, analiza y da su opinión sobre diferentes obras o expresiones humanas, ya sea en el arte, la literatura, el cine o en otros ámbitos creativos.

Un crítico profesional se distingue por su formación, experiencia y capacidad para valorar de manera fundamentada los méritos y limitaciones de dichas obras, ofreciendo perspectivas que contribuyen al entendimiento y apreciación del público. Por otro lado, como adjetivo, crítico puede adoptar distintos matices: puede referirse a algo de gran importancia o gravedad, como en la expresión “estado crítico”, o bien aludir a lo relacionado con la crisis o con la acción de juzgar y evaluar, como ocurre en “pensamiento crítico”. En todos los casos, el término implica un componente de análisis profundo y discernimiento, ya sea en la apreciación de fenómenos externos o en la valoración de situaciones de relevancia.

Ser crítico es tener la capacidad para analizar, examinar y evaluar información de manera objetiva para formarse un juicio propio, en lugar de aceptar todo a simple vista. Implica cuestionar supuestos, considerar diferentes puntos de vista y buscar la veracidad de las afirmaciones, lo que fomenta el pensamiento independiente, la creatividad y una toma de decisiones más informada. Es importante diferenciarlo de una persona en estado crítico, que se utiliza para referirse a alguien que necesita atención médica inmediata debido a lesiones que ponen en riesgo su vida o por padecer una enfermedad grave.

Existen diversos tipos de crítica, los cuales pueden clasificarse principalmente según su objetivo —constructiva o destructiva— o según el ámbito en el que se ejerce, ya sea profesional o personal. Otras clasificaciones consideran el enfoque del análisis, dando lugar a categorías como crítica objetiva, subjetiva, impresionista o estructurada, especialmente dentro del ámbito profesional.

La crítica puede ser constructiva o destructiva. La crítica constructiva busca el mejoramiento mediante un análisis respetuoso que identifique puntos débiles y proponga soluciones orientadas al crecimiento personal o profesional. En cambio, la crítica destructiva no tiene intención de construir, sino de atacar, minar la confianza o dañar la autoestima de la persona; suele ser personal, pública, específica y carece de propuestas para la mejora. Conforme a su ámbito, la crítica puede ser profesional o personal. La crítica profesional se refiere al análisis de trabajos en contextos laborales o públicos, como el periodismo, la literatura y la ciencia, con el fin de evaluar méritos y áreas de mejora. Por su parte, la crítica personal se centra en la vida privada de las personas y, con frecuencia, puede resultar invasiva o poco constructiva.

Según el enfoque de análisis, la crítica puede clasificarse en objetiva y científica, subjetiva, impresionista o acompasada. La crítica objetiva y científica se basa en criterios medibles y datos concretos para sustentar su análisis. La crítica subjetiva expresa un juicio de valor razonado, fundamentado en la percepción personal del crítico dentro de un marco de opinión. La crítica impresionista se centra en las sensaciones y emociones que el crítico experimenta al interactuar con la obra o situación, mientras que la crítica acompasada examina el ritmo interno, la estructura y la composición de una obra para identificar fallas o aciertos en su diseño. De acuerdo a su propósito o resultado, la crítica puede ser positiva, negativa o irrelevante. La crítica positiva tiene como objetivo reconocer y validar aquello que se ha hecho correctamente, resaltando los aciertos. La crítica negativa, en cambio, se centra únicamente en señalar errores o fallas sin ofrecer propuestas de mejora, lo que puede resultar desmotivador. Por su parte, la crítica irrelevante consiste en comentarios que no aportan valor ni contribuyen al análisis del tema en cuestión.

El término criticón se emplea para describir a aquellas personas inclinadas a criticar por el simple placer de hacerlo, sin aportar soluciones. Este concepto encuentra un interesante reflejo en la obra “El Criticón”, novela alegórica de Baltasar Gracián, publicada en tres partes entre 1651 y 1657, considerada su obra cumbre. En ella, Gracián utiliza la figura de personajes que encarnan distintos rasgos humanos —incluida la propensión a la crítica vana y el juicio superficial— para ofrecer una reflexión profunda sobre la conducta, la moral y la inteligencia práctica. La obra, más allá de su valor literario, permite analizar cómo la crítica puede convertirse tanto en un instrumento de enseñanza como en un mecanismo de juzgamiento dañino, mostrando así la dualidad de la crítica en la vida social.

También, se puede ser demasiado crítico, lo cual implica mantener una autoevaluación negativa de si mismo, enfocarse excesivamente en los propios errores en lugar de reconocer los logros, o juzgarse a uno mismo mediante estándares irrazonablemente estrictos. Esta autocrítica destructiva puede generar baja autoestima, ansiedad e incluso paralización frente a nuevas tareas, dificultando el crecimiento personal. A diferencia de la crítica constructiva, que busca la mejora y el aprendizaje a partir de los errores, la crítica excesiva hacia uno mismo no ofrece caminos de desarrollo, sino que baja la autoestima. Para contrarrestarla, es útil canalizar la energía negativa hacia actividades creativas o productivas, equilibrar la voz interna crítica con una perspectiva más amable y compasiva, y llevar un registro de los logros y avances, por pequeños que sean, como evidencia tangible del propio progreso. De este modo, la autocrítica puede transformarse en una herramienta de autoconocimiento y superación, en lugar de un obstáculo paralizante.

El columnista Luis Fernando Charry, en su artículo publicado en El Espectador el primero de noviembre del presente año, aborda la figura del crítico literario planteando la pregunta: ¿En qué se fundamenta la crítica literaria? Siguiendo la perspectiva de Baltasar Gracián, se podría afirmar que se basa, ante todo, en la agudeza. Para el escritor Ricardo Piglia, la crítica puede interpretarse como una variación del género policial al mejor estilo de Sherlock Holmes: existe un criminal —el escritor—, un detective —el crítico— y un crimen —el libro—. Dentro de la obra se encuentran huellas: algunas evidentes, otras veladas; corresponde al crítico rastrear y reunir el mayor número de indicios antes de emitir su veredicto.

Indica Charry: para que dicho juicio sea legítimo, el crítico suele situarse al margen de la opinión general, desafiando la perspectiva del público, al que considera propenso al error, mientras que el público, por su parte, suele desconfiar del gusto del crítico. Esta desconfianza mutua se convierte en el primer mandamiento del crítico, otorgando a sus juicios un aura de autoridad o, al menos, el “beneficio de la duda”. En este marco, la crítica literaria no se limita a evaluar un texto; es un ejercicio de discernimiento meticuloso, una búsqueda de evidencias y una reflexión sobre los límites del juicio estético, donde la agudeza y la independencia de criterio se erigen como sus principales herramientas

La figura del crítico resulta esencial tanto para la vida moral como cultural, pues su labor trasciende la mera evaluación de un texto o de los actos humanos. Al ejercer un juicio fundamentado en la agudeza, la independencia y la meticulosidad, el crítico literario no solo identifica aciertos y errores, sino que también establece un diálogo entre la obra, el autor y el público, cuestionando y enriqueciendo la percepción colectiva.

Su papel de “detectivesco” frente al libro permite que la literatura se analice con profundidad, rigor y reflexión, contribuyendo al desarrollo del pensamiento crítico, al fortalecimiento del gusto estético y a la consolidación de estándares que fomentan la excelencia creativa. De manera análoga, cuando el crítico se enfrenta a las acciones humanas, su labor adquiere una dimensión aún más delicada y compleja, pues sus juicios pueden afectar vidas y relaciones.

En este contexto, la crítica ética y reflexiva se convierte en un instrumento indispensable para interpretar, evaluar y guiar comportamientos, promoviendo la conciencia, la responsabilidad y la mejora continua, al igual que la crítica literaria promueve la apreciación, la comprensión y el perfeccionamiento cultural. En ambos casos, la crítica no es un mero ejercicio de autoridad arbitraria, sino una herramienta de discernimiento que busca el crecimiento intelectual y moral de quienes participan en el juego de la vida.

¿Qué será del derruido ex-colegio Barranquilla para varones, en la adecuación de la sede “20 de Julio”?

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¿De la universidad del atlántico?

Cuando vi y leí las recientes noticias publicadas en diarios regionales, no tuve otro recuerdo, a la mano, que el título de los tres tomos de la autobiografía novelada del Nobel Gabriel García Márquez, “Vivir para contarla“. Y es que hay que tener la fortuna de vivir para poder contarla la historia. Luego de saber de la anunciada transformación de la nostálgica sede “Veinte de julio” de la Universidad del Atlántico, por parte del “demoledor” Gobernador Departamental.

Aspecto de la edificación

Las noticias leídas están tituladas así: “125 mil millones de pesos para transformar sede centro de Uniatlántico (El Universal.30/10/25). Y “en marcha la transformación de la sede centro de Uniatlántico” (El Heraldo. 22/10/25). En ambas la fuente periodística es el Sr. Gobernador, quien asume como “Presidente” del ente universitario que por ley tiene la representación legal en la rectoría.

Un resumen de las informaciones anotadas es que: “El plan integral de infraestructura será realizado por la gobernación del atlántico“. Es decir, la Entidad Territorial subsume al ente universitario autónomo, tratándolo como un Establecimiento Público y, por tanto, violando la Constitución Política (art 69), el art. 28 de la Ley de Educación Superior (30 de 1992 y el propio Estatuto General de la Universidad (art 4to).

El plan integral que, presumo, demolerá la vieja estructura para construir una edificación nueva, tiene una doble financiación. Una provenientes del Sistema General de regalía y la otra de los recursos de la contribución: “Estampilla pro-ciudadela universitaria” que, en su gran porcentaje, pertenecen al ente autónomo, como un “patio escueto”, no tiene dolientes ante el manejo ilegitimo de tales recursos, por parte del triple gobernador del Atlántico. 

La toma del bien abandonado

Se alude al principio de Autonomía Universitaria porque el artículo 68 de la Ley 30/92, que lo desarrolla, impone a los entes autónomos:”(…) establecer, arbitrar y aplicar sus recursos para el cumplimiento de su misión social y de función institucional”. Por ello, asumir desde la falsa “presidencia” de la Universidad del Atlántico los destinos de sus recursos son, no lo dudo, prevaricar y un evidente abuso de poder y funciones públicas.

Ahora bien, debo anotar que veo complacido, como egresado, la anunciada transformación de la sede “20 de julio”, pero dicha idea no es iniciativa del Sr. Gobernador-Presidente, como él la vende, pues desde el 2016, cuando la Universidad presentó un superávit presupuestal, por los dineros cobrados al Ministerio de Hacienda a consecuencia de la acción popular, presentada por los jubilados, conocí de esa posibilidad de construcción de un edificio inteligente en esa sede, pero con los “billeticos” del superávit. qué se hicieron? No lo sé…favor pregúntenle a Eduardo.

Ocurre, de ahí la recordación del título garciamarquiano: Vivir para contarlo, que el mismo personaje, a quien he apodado “El Demoledor”, que ahora se vanagloria, es el mismo que, en su primer período como Gobernador, donó al Distrito de Barranquilla el inmueble donde funcionó el otrora Colegio Barranquilla para varones, mediante Ordenanza de la Asamblea Departamental, despojando así a la Universidad del Atlántico de un importante e histórico patrimonio.

A iniciativa de “El Demoledor”, la Asamblea expidió, el 12 de diciembre del 2010, la Ordenanza No.0001066, mediante la cual concede facultades pro-tempore al Gobernador de entonces, el mismo de hoy, para que realizará la donación al Distrito el inmueble donde funcionaron tanto el Colegio Barranquilla para Varones, como la Facultad de Educación y otras de la Universidad del Atlántico. Ese despojo-regalo está contenido en Escritura Pública, que se suscribió con las facultades vencidas. 


El DEMOLEDOR en plena labor

En el 2015, el Distrito, ante acción policiva promovida por una “nostálgica” Asociación de Exalumnos del Colegio Barranquilla para Varones integrada, entre otros, por viejos militantes del movimiento ciudadano (QEPD) y aliados electorales de “El Demoledor”, reclamó la donación mediante diligencia de entrega del inmueble. Meses después, la Ex-Alcaldesa Elsa Noguera declaró, en privado, que no existían $5 mil millones para invertir en ese inmueble. Desde entonces está destruyéndose, silenciosamente, ante la mirada de Exalumnos.

Indudablemente que hay que vivir para recordar, o mejor para contar. Por ello debo recordar o contar la triste historia de la célebre edificación, de la esquina de la Cra 41 con calle 51, ya que a la misma está ligado, con cordón umbilical, quien ahora se ha proclamado “presidente” del Ente Universitario autónomo y, como tal, puede demoler otra edificación y ordenar como si fuese el Representante Legal de la Universidad, cuya suerte es laberinto, como el que conduce a la Torre del antiguo Colegio Barranquilla para Varones: ¿qué será de él

La próxima: ¡Declaración de amor a la lectura o, mejor, a los libros!

Evolución de la profesión médica

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SacerdotesLa Medicina, que surge desde una perspectiva mágico religioso en el hombre primitivo, encuentra en los dioses, en sus poderes sobrenaturales, explicación a sus males y padecimientos. Al auxilio divino se acoge, para su curación, a través de sacerdotes que la practican en los templos sagrados: Serapis en Egipto, Brahamanes en la India, Yin en China, Druidas entre los Celtas, los Baru, Ashipiu y Asu en Mesopotamia, Asclepiades en Grecia. [i]

Científicos. El paso descomunal de lo mágico a lo científico es obra cumbre de quien la tradición médica considera, su modelo a seguir, padre de la medicina: Hipócrates de Cos. Este, sin lugar a duda, para los sabios cronistas de la historia de la medicina, el mayor   acontecimiento que, se ha dado, no solo en la valoración como profesión de sus practicantes, sino, también de la medicina, per se, como ciencia, en todos los tiempos.

En la Odisea Homero considera a los médicos: demiurgos, “trabajadores para el pueblo”. Latros, con su significado de curador, era la denominación, en general, que recibían en Grecia.  Su ocupación era el techne (arte).

Desde la antigua Roma el médico, arquiatra, formaba parte, legalmente, de las llamadas “profesiones liberales” (maestros, filósofos, abogados), al servicio exclusivo de los ciudadanos. Médicos del emperador eran los archiatri palatini, mientras que, los del pueblo eran los archiatri populares. Esclavos no tenían derecho a ser atendidos por un profesional de la medicina. [ii]

Universitarios. En la Edad Media, cuando los médicos alcanzan formación universitaria, con la creación de las escuelas médicas laicas, la Escuela de Salerno la primera, se constituyen en miembros de lo más encumbrado de la sociedad, con una estimable situación económica.  “Hacedor de la salud” llama Tomas de Aquino a los médicos.

Médicos, barberos y cirujanos se juntan en un primer intento de organización gremial. Los barberos cirujanos, al no ser reconocidos como médicos tenían una posición social inferior, similar a los artesanos.

Académicos. En el renacimiento, el florecimiento de las artes y las ciencias, al que la profesión médica no es ajena, da surgimiento a la sociedad científica y sus correspondientes publicaciones. La concepción de academia fue esencial para el inicio de la modernidad que llevó a la revolución científica del siglo XVII con: La Academia Linceana en Roma (Federico Cesi 1601-1630), La Academia del Cimento de Florencia (Evangelista Torricelli 1657-1667), la Royal Society inglesa (1660), la Academia de las Ciencias Francesas en París (1666). En 1635 el cardenal Richelieu fundó la Académie Française. Felipe V, en España crea la Academia de Medicina en 1733, con 40 académicos. [iii]

Hasta la instauración de la seguridad social en Alemania a mediados del siglo XIX, por el canciller Otto Von Bismarck, los médicos constituían una elite integrada a la burguesía, a la clase dominante. Tras este patrón sociopolítico asumen principios que se conjugan con ideas liberales, entre otras, el libre ejercicio de la profesión, la libre elección del médico y de la institución por parte del paciente.

Evoluciona, con el decurso del tiempo, en armonía con ciencias relacionadas al acontecer del hombre mismo y su entorno, como una ciencia más, liberada, ya, de la magia y superstición religiosa, de antes.

Especialistas. Se aprecia en los momentos actuales, caracterizada por excesiva especialización y consiguiente atomización del saber médico, supeditado, es evidente, a la lectura del prodigioso arsenal de portentosos aparatos computarizados, en descuido de una indispensable hermenéutica clínica. Equipos médicos de punta se emplean, en ocasiones, más allá de las indicaciones precisas, originando mayores riesgos que beneficios.

Noticias recientes comunican desconfianza generalizada tanto en el profesional médico como en la industria farmacéutica y autoridades sanitarias en un contexto de escándalos de corrupción que implican a poderosas multinacionales. En particular, del negocio de las vacunas obligatorias en niños[iv]

Proletarios. En Colombia el establecimiento del Seguro Social por la ley 90 de 1949, la constitución de 1991, la ley 100 de 1993 y la proliferación de facultades de medicinas proletarizaron al gremio médico. Consiguientes reformas han producido un proceso de desprofesionalización que, en la práctica asistencial, refleja desmedro de su jerarquía científica y académica, a la par, de pérdida de la autonomía en la toma de decisiones médico – clínicas. Sometido a un paternalismo político-farmacéutico vergonzoso. Humillante, al mismo tiempo, para el médico y para el paciente.

La estatización de la salud, que ha traído consigo esta política, quitó, a los médicos, su estirpe liberal, el libre ejercicio de la profesión, para quedar convertidos, ni siquiera en trabajadores, sino en sumisos prestadores de servicios.  Idiotas útiles entre el Estado y las empresas, mediante un politizado proceso de privatización de la atención sanitaria. Ha perdido el quehacer médico la noble e ilustre condición de profesión liberal para quedar sus practicantes en contratistas unos y en asalariados otros. A la espera de que las EPS e IPS, de nuestra controvertida seguridad social, paguen; cuando les dé la gana. Si es que pagan.

 Méritos académicos, tienen escasa importancia a la hora de acceder a sitios de trabajo, si no hay, de por medio, recomendación de un poderoso gamonal.

El fin de la Medicina ya no es, solo, el individuo enfermo, sino, el colectivo humano para el surgimiento de unas políticas de salud encuadradas en la doctrina de la seguridad social. La estatización de la salud, que ha traído consigo esta política, quitó, a los médicos, su estirpe liberal, el libre ejercicio de la profesión, para quedar convertidos, ni siquiera en trabajadores, sino en sumisos prestadores de servicios.  Idiotas útiles entre el Estado y las empresas, mediante un politizado proceso de privatización de la atención sanitaria. Ha perdido el quehacer médico la noble e ilustre condición de profesión liberal para quedar sus practicantes en contratistas unos y en asalariados otros. A la espera de que las EPS e IPS, de nuestra controvertida seguridad social, paguen; cuando les dé la gana. Si es que pagan.

Grandes multinacionales, explotan la medicina y la salud, con ánimo de lucro desmedido. Imponen medicamentos y tecnología a cambio de tentativas prebendas económicas para las instituciones hospitalarias y también para los mercaderes de la salud que promuevan su utilización y las usan.

Paradójico, en la realidad actual, mientras a la ciencia médica le va muy bien, la profesión médica anda muy mal. Como nunca muestra, en la actualidad, la más sensible depreciación y deterioro de su imagen. Síntoma que, además, desdibuja el buen nombre de la profesión, es fácil encontrarlo, contrario sensu, sucede a la ciencia médica, a la falta de comunicación de sus practicantes. “Tras el hechizo de la ciencia y de la tecnología, andamos los médicos de congreso en congreso, de simposio en simposio, de seminario en seminario en una carrera incesante por estar actualizados… Mientras tanto faltos de comunicación, a pesar de tanta reunión, de tanto congreso con sus cocteles, nos conocemos y comprendemos menos”. [v]

Políticos. Creo, mis palabras de hace quince años, en ceremonia del Colegio Médico del Atlántico, con motivo del Dia Panamericano del Médico siguen vigentes, en la lamentable coyuntura que vivimos. “El rico patrimonio de honestidad y pulcritud que poseemos debe utilizarse para dar la batalla, con decisión y coraje, contra la politiquería y corrupción reinante, que nos aniquila… Considero que, si el poder de la ciencia médica  no ha servido para ser tenidos en cuenta como quisiéramos, ni política ni socialmente, es perentorio ir en busca de las riendas del poder político, de un poder político autónomo, que obedezca las directrices trazadas desde el seno de nuestra propia organización médica. No hay otra alternativa, alcanzar el poder político es la esperanza de salvación que nos queda. La suerte de nuestro destino no puede quedar en manos de otros”.[vi]

Barranquilla enero 28 de 2017

Hipócrates. Padre de la Medicina

[i] Roger Romo Ignacio, Historia de la Medicina, 1977, Bruguera, México, p. 80-82

[ii] Harreman Rogelio, Historia de la Medicina,1987, Editorial Trillas, México, p. 70

[iii] Laín Entralgo P. Historia Universal de la Medicina, 1976, Salvat Editores, Barcelona, p.187

[iv] https://www.elespectador.com/noticias/salud/la-desconfianza-hacia-la-medicina-un-fenomeno-que-aumenta-articulo-735511

[v] Coronado Hurtado T,2003.  Crónicas Ético Medicas, Editorial Antillas, Barranquilla, p. 53

[vi] Coronado Hurtado T, op. cit, p 185, 187

Las expropiaciones y expulsiones a través de la Historia

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La expropiación es un tema polémico debido a que se tiene el riesgo de que un gobierno se apodere por la fuerza de bienes privados sin ofrecer una compensación adecuada.  Por otro lado, la expulsión de poblaciones se refiere a la salida forzada de personas de su lugar de origen, puede ser de un país a otro (éxodo o desplazamiento forzado) o de una región a otra dentro del mismo país. A lo largo del tiempo, las causas de estos procesos han sido variadas, lo más peligroso de ambos fenómenos es cuando su uso es aprovechado para persecuciones políticas.

En sentido positivo las expropiaciones han constituido un instrumento jurídico histórico utilizado por los Estados para adquirir propiedad privada por causas de utilidad pública, frecuentemente con fines de desarrollo de infraestructura, nacionalización de recursos o redistribución de la riqueza. A lo largo de la historia, diversos gobiernos las han implementado con motivaciones que van desde la construcción de obras públicas hasta, en el caso de regímenes autoritarios, el control total de sectores estratégicos de la economía.

La expropiación petrolera realizada por México en 1938 es un caso emblemático, mediante la cual se nacionalizó una industria hasta entonces bajo control extranjero. La expropiación forzosa constituye un acto administrativo por el que, en razón de utilidad pública o interés social, se despoja a una persona de su propiedad o de un interés legítimo, compensándola con el pago de una indemnización.

En términos generales, la expropiación es el procedimiento legal mediante el cual el Estado, en ejercicio de su poder público, transfiere coactivamente la propiedad privada de un bien a su patrimonio por motivos de utilidad pública o interés social, siempre a cambio de una indemnización. Este mecanismo permite al Estado desarrollar proyectos de infraestructura, servicios públicos y planes urbanísticos.

Desde el punto de vista jurídico, la expropiación es un fenómeno de derecho público, constitucional y administrativo, que implica la transferencia coactiva de la propiedad privada desde su titular al Estado, mediante una compensación económica. Puede realizarse para que el bien sea explotado directamente por el Estado o por un tercero.

La expropiación presenta dos características fundamentales:

  1. Es una transferencia coactiva, lo que la convierte en una actividad propia del derecho público.
  2. La persona expropiada tiene derecho a recibir una indemnización justa equivalente al valor económico del bien confiscado.

Los gobiernos suelen recurrir al poder de dominio eminente cuando necesitan adquirir bienes inmuebles indispensables para ejecutar proyectos públicos, como la construcción de carreteras, y el propietario se muestra reacio a negociar su venta. En muchas jurisdicciones, este poder se equilibra con el derecho a una compensación justa.

En algunos contextos, se ha utilizado el término “expropiación” para referirse a la apropiación bajo la ley del dominio eminente, especialmente en casos donde no se otorga compensación. Un claro ejemplo de ello fue la expropiación cubana con motivo de la revolución comunista de 1960, que afectó propiedades de ciudadanos estadounidenses tras la ruptura de relaciones diplomáticas entre el gobierno de Eisenhower y el de Fidel Castro. Aunque las autoridades cubanas ofrecieron compensaciones —como habían hecho con propiedades españolas, británicas y francesas—, Estados Unidos rechazó dichas ofertas, manteniendo la reclamación sobre los bienes durante décadas.

La independencia de India y Pakistán en 1947 provocó la partición de la India británica, lo que obligó a millones de personas a ser forzadas a desplazarse. Este evento resultó en un intercambio masivo y violento de poblaciones, con hindúes y sijs migrando a la India, mientras que los musulmanes se mudaron a Pakistán. La división del territorio se basó en la religión y desconoció territorios ocupados por poblaciones ancestrales, lo que generó violencia y un resentimiento que persiste hasta hoy.

Paradójicamente, decisiones recientes de la Corte Suprema de Justicia de Estados Unidos han permitido que corporaciones privadas desplacen a los ciudadanos de sus propiedades si el desarrollo proyectado se considera de beneficio público, lo que muestra la complejidad de equilibrar los derechos individuales con los intereses colectivos.

A lo largo de la historia también se registran expulsiones masivas y confiscaciones. En 1287, en el ducado de Gascuña (territorio de la actual Francia en esa época bajo control inglés), el rey Eduardo I ordenó la expulsión de los judíos locales. Sus propiedades fueron confiscadas por la Corona y las deudas contraídas con ellos pasaron a nombre del rey. Poco después, en 1290, Eduardo I de Inglaterra emitió el Edicto de Expulsión, que obligó a todos los judíos a abandonar el país. Sus bienes fueron transferidos a la Corona, y la medida se mantuvo vigente casi 400 años, hasta su revocación por Oliver Cromwell en 1657.

Del mismo modo, el 31 de marzo de 1492, los Reyes Católicos firmaron el Edicto de Granada o Decreto de la Alhambra, que ordenaba la expulsión de los judíos de las Coronas de Castilla y Aragón. Estas expropiaciones y expulsiones se asemejan a las confiscaciones sistemáticas llevadas a cabo siglos más tarde por el régimen nazi, que mediante la política de “arianización” y diversos impuestos confiscatorios despojó a los judíos de sus bienes, transfiriéndolos a manos no judías y destruyendo sus medios de vida. Esta persecución culminó con el exterminio de seis millones de judíos durante el Holocausto. Incluso en textos religiosos se encuentran referencias a actos de confiscación. En el Evangelio según San Mateo (21:12-13) se relata cómo Jesús expulsó a los mercaderes del templo, diciendo:

“Mi casa será llamada casa de oración, pero vosotros la habéis hecho cueva de ladrones.”

Otro ejemplo histórico es la expulsión de los griegos de Turquía, vinculada al genocidio griego (1914–1923) y al Gran Incendio de Esmirna (1922). Estos hechos culminaron con la Convención sobre el Intercambio de Poblaciones Griegas y Turcas, firmada en Lausana (Suiza) el 30 de enero de 1923, que afectó a cerca de dos millones de personas (1,5 millones de griegos anatolios y medio millón de musulmanes en Grecia). La mayoría fueron tratados como refugiados y expatriados legales forzados a salir de sus lugares de nacimiento. Para Turquía, el intercambio formalizó el éxodo de griegos de su territorio y permitió reasentar a musulmanes procedentes de Grecia en las regiones despobladas, mientras que Grecia vio en el acuerdo una forma de otorgar tierras a los nuevos refugiados.

La independencia de India y Pakistán en 1947 provocó la partición de la India británica, lo que obligó a millones de personas a ser forzadas a desplazarse. Este evento resultó en un intercambio masivo y violento de poblaciones, con hindúes y sijs migrando a la India, mientras que los musulmanes se mudaron a Pakistán. La división del territorio se basó en la religión y desconoció territorios ocupados por poblaciones ancestrales, lo que generó violencia y un resentimiento que persiste hasta hoy.

A lo largo de la historia, las expulsiones y expropiaciones han dejado profundas huellas en las sociedades, recordándonos las consecuencias de la intolerancia, la desigualdad y el abuso de poder. De estos hechos debemos aprender que toda acción que prive a un individuo o grupo de sus derechos, bienes o pertenencia social en nombre de intereses políticos, económicos o ideológicos genera fracturas difíciles de reparar.

Nos enseñan la importancia de respetar la diversidad, garantizar la justicia social y promover el diálogo sobre la imposición. Solo comprendiendo los errores del pasado y sus impactos —humanos, culturales y económicos— podremos construir un futuro más equitativo, donde las diferencias sean fuente de aprendizaje y crecimiento colectivo, y no motivo de exclusión.

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