Reflexión: El tiempo, el silencio, la soledad tres grandes compañías para envejecer con salud y tranquilidad

“El tiempo infinito contiene la misma cantidad de placer que el tiempo finito si uno mide los límites del placer con la razón”. Epicuro.

En 1976, en una entrevista televisiva que concedió al periodista Germán Castro Caicedo, Gabriel García Márquez al recordar su infancia, sentado en un “taburete” en la “Casa Grande” de Aracataca después de las seis de la tarde, manifestó que todos, absolutamente todos, al enfrentarnos a la realidad estamos solos y aterrados de miedo. Esa imagen del niño solo y medroso, dijo, lo impulso a escribir, a contar para que “Los demás lo quisieran más”.

He escuchado y visto, en YouTube, repetidas veces, esa entrevista porque encuentro en ella las voces que indican, a mi entender, que el tiempo, el silencio y la soledad son, en clave de historia y literatura, las leyes naturales de la existencia humana que permiten, no solo superar los miedos, sino entender, comprender y resolver los diversos conflictos que se generan en la existencia, tanto en lo individual como en lo social. 

A tales categorías, para decirlo en lenguaje aristotélico, la filosofía y los filósofos han dedicado, en profundidad, reflexiones en búsqueda de encontrar el sentido de vivir. Y creo que tales reflexiones, como las que intento compartir, son pertinentes desde la madurez, cuando la vida bien vivida facilita la ligereza del pensar “hacia dentro” y contemplar que podemos seguir disfrutando de la misma buena vida en la vejez. Eso creo.

1o. El tiempo cruza la vida. La convierte en lo posible, de acuerdo con lo que de esa vida recordamos y/o imaginamos. Es decir, en el tiempo vamos creando, razonablemente, nuestra vida, ya que si extraviamos la memoria deseamos “revivir” la juventud o niñez del pasado, para condimentar de sabor y frescura el presente que vivimos, sin descuidar, en la madurez que habrá futuro si nos cuidamos y ahorramos (pensión vitalicia) para seguir existiendo como soñamos en la adolescencia: amando.

La linealidad del Tiempo permite que el mismo se reduzca en cada existencia humana. Fue Martín Heidegger, considerado el filósofo más importante de la post-guerra nazi, que en su obra “ser y tiempo“, creó la expresión da-sein para dar a entender que somos seres propios en nuestro limitado tiempo, es decir seres finitos. “Seres para la muerte”, como   consumación de la vida propia.

El tiempo cruza la vida. La convierte en lo posible, de acuerdo con lo que de esa vida recordamos y/o imaginamos. Es decir, en el tiempo vamos creando, razonablemente, nuestra vida, ya que si extraviamos la memoria deseamos “revivir” la juventud o niñez del pasado, para condimentar de sabor y frescura el presente que vivimos, sin descuidar, en la madurez que habrá futuro si nos cuidamos y ahorramos (pensión vitalicia) para seguir existiendo como soñamos en la adolescencia: amando.

2o. Al silencio los filósofos griegos clásicos, como los epicúreos, a mi entender, lo denominaron ataraxia, que sería, filosóficamente “la imperturbalidad de ánimo, la serenidad y la tranquilidad profunda”. Condición indiscutible que se logra, como toda creación personal, sí se ha vencido el miedo y también se ha comprendido el equilibrio de vivir en paz con uno mismo y armonía con los otros. el silencio no erosiona al amor, que se desgasta con “la cantaleta” perenne.

3o. Soledad. En época de concluir el Bachillerato, leí “El laberinto de la soledad” ensayo del Nobel mexicano Octavio Paz, también “Cien años de soledad” novela de nuestro Nobel Gabriel García Márquez. Ambas obras son, sociológica y literariamente, el retrato de la historia de la soledad, como naturaleza y contexto, que acompaña al hombre latinoamericano: Siempre en búsqueda de libertad, fraternidad e igualdad…hasta “vencer o morir”.

Entonces, no deberíamos entender a la soledad como abandono, huida. No. La soledad es búsqueda de libertad, tanta como dormir sin temores y dolores. La libertad de andar con sus propios pasos. Es, esa libertad, anhelo de los pueblos rebeldes, como de la persona gozosa de sus derechos inalienables. La creación colectiva “socialista” fracaso, solo los creadores libres dejan huellas con sus obras artísticas. Y para ello, la soledad les acompaña.

Conclusión. Somos humanos, en sentido antropológico, ¡si a lo largo de la historia propia caballeros! -la historia nuestra-, conservamos la lucidez de la memoria. Y podemos hablar con nuestra propia lengua, órgano universal. La mente sana y el hablar fluido son, no lo dudo, las herramientas vitales para poder conversar con El Tiempo en Silencio y en soledad sobre nosotros mismos. ¿Y? También con y sobre los otros si nos respetan dignamente.

Vivir, quién lo duda, es un aprendizaje, no solo diario, sino constante. Y en ese aprendizaje por el placer de vivir bien, es decir, con todos los sentidos, hay que lograr que la vida se nutra de buenos recuerdos. De aquellos llamados, por las musas, “¡recuerdos mágicos que transportan para siempre!”. Quienes alcance a recordar, con pelos y señales, los momentos mágicos de su vida, bien vivida y contada, tendrá la dicha de envejecer sano y tranquilo. Los recuerdos alimentan, en silencio y soledad, el alma prendida y la piel encendida. ¡Feliz Navidad!

la próxima: Historia de Familia: Regina, la Caamaño longeva.

2 thoughts on “Reflexión: El tiempo, el silencio, la soledad tres grandes compañías para envejecer con salud y tranquilidad

  1. Profunda, realista y excelente reflexion…. Me quedo con esta frade: ” el placer de vivir bien, es decir, con todos los sentidos, hay que lograr que la vida se nutra de buenos recuerdos”.

  2. Este artículo, tal como lo anuncia su título, desarrolla una reflexión en torno al tiempo, el silencio y la soledad, concebidos como tres grandes compañeros para envejecer con salud y serenidad. El autor sostiene que todos los seres humanos, al enfrentarnos a la realidad de la existencia, lo hacemos en soledad y, en muchos casos, atravesados por el temor, en una constante búsqueda de sentido. A lo largo del tiempo vamos construyendo nuestra vida de manera racional y consciente. El silencio, según los filósofos griegos clásicos —particularmente los epicúreos—, puede entenderse como ataraxia, concepto filosófico que refiere a la imperturbabilidad del ánimo, la serenidad y la profunda tranquilidad interior. Vivir es, sin duda, un aprendizaje permanente, no solo cotidiano, sino continuo, orientado al ideal del buen vivir.

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