jueves, julio 16, 2026
Home Opinión Gaspar Hernández Maternidad, cuna del amor humano y de la familia

Maternidad, cuna del amor humano y de la familia

Un grupo de mujeres amigas, de distinto estado civil, profesional y de edad, todas unidas en la Asociación para la Equidad de la Infancia y la Adolescencia, A.E.N.A., que cuenta con el apoyo moral de estudiantes de Universidades de Barranquilla, me invitó a disertar en un evento académico virtual que organizan en homenaje a las madres en su mes universal, además a la familia, instituciones celebradas en mayo, mes con nombre y olor a mujer.

Decidieron las anfitrionas concederme libertad para escoger el tema de la charla, ante un auditorio invisible, con la precisión que sólo tendría 20 minutos de exposición. Es decir, un prolegómeno. Así que decidí conversar sobre la maternidad, luego de recordar algunas de las lecturas, realizadas en la investigación que adelanté sobre el concepto amor, como derecho fundamental de la niñez colombiana, donde fue, epistemológicamente, necesario indagar sobre la figura eclipsadora de la madre, en la conformación de la institución socio-biológico-jurídica de la familia, como núcleo político de la sociedad y del estado social de derecho (art. 5to c.p), en nuestro país, es decir en guerras aún por la tierra. No hemos concluido la revolución agrícola, por ello, seguimos matándonos como salvajes.

Así que como somos lo que nuestra memoria nos permite ser, decidí convertir esa amable invitación de las damas de A.E.N.A. en tema de esta columna en solo/proposiciones.com y rendir, desde la ventana digital, homenaje a todas las madres y, en especial, a las de las familias lectoras de nuestro portal.

Entonces, damas y caballeros, les comparto  diversas lecturas de historia, biología, filosofía, literatura y política- constitucional sobre la maternidad como creadora del amor humano.

Alumbramiento. Parir. Alumbrar. Dar a luz. Es un parto o pacto del más alto significado biológico, natural. Mamífero. Animal. Zoológico. Dé animales sexuados, como somos los humanos. Entonces, dicho acto connota una elección erótica-amorosa. Además de ser, en la cultura cristiana, una “experiencia religiosa“: “parirás con dolor”: dice la sentencia bíblica (Génesis), como castigo del todopoderoso a Eva, la mujer-madre, por ser irreverente ante la prohibición de no comer del fruto del “árbol del bien y el mal”. De ahí, de la ficción procede lo “pecaminoso” que para la iglesia es el sexo entre los humanos occidentales.

Puede atribuirse a ese referente bíblico o eclesiástico, el origen de la expresión: ¡Dios es amor!”. Que entendido como dogma de fe puede acabar cualquier dialogo sobre el amor. Pero, en ese aspecto ubico lo divino del amor dándole otra dimensión: La dimensión humana. Y del amor humano y de la f a m i l i a esa proviene, indisolublemente, del vientre materno: la cuna de la humanidad.

La historia terrena. En el célebre y, ya, popular libro “De animales a dioses, breve historia de la humanidad”(Debate), el historiador Yuval Noah HARARI, profesor de la Universidad de Jerusalem, cuenta lo siguiente:

“…algunos psicólogos evolutivos aducen que las antiguas bandas de humanos que buscaban comida no estaban compuestas de familias nucleares centradas en las parejas monógamas. Por el contrario, los recolectores vivían en comunas carentes de propiedad  privada, relaciones monógamas e incluso paternidad. en una banda de este tipo, una mujer podía tener relaciones sexuales y formar lazos íntimos con varios hombres (y mujeres) simultáneamente, y todos los adultos de la banda cooperaban en el cuidado de sus hijos. Puesto que ningún hombre sabía a ciencia cierta cuál de los niños era el suyo, los hombres demostraban igual preocupación por todos los jóvenes”.

Seguidamente anota: “Esta estructura social no es una utopía propia de la era de Acuario. Está bien documentada entre los animales, en especial en nuestros parientes más próximos, los chimpacés y los bonobos. Existen incluso varias culturas humanas actuales en las que se practica la paternidad colectiva, como por ejemplo, los indios baríes. Según las creencias de dichas sociedades, un niño no nace del esperma de un único hombre, sino de la acumulación de esperma en el útero de una mujer.

Una buena madre intentará tener relaciones sexuales con varios hombres diferentes, en especial cuando está embarazada, de manera que su hijo goce de las cualidades (y del cuidado paterno) no solo del mejor cazador, sino también del mejor narrador de cuentos, del guerrero más fuerte y del amante más considerado“. (Ver págs. 56 y 57 opus cite).

Es claro, que la maternidad, obra y gracia divina de la hembra-mujer-madre, no sólo  femenino, que es estética, no ética,  es el origen socio-biológico de la familia comunal. Esa herencia de la historia aún persiste en algunas zonas agrícolas del territorio colombiano, tierra de regiones y climas diferentes, donde la figura de ficción “de la mamá grande” alimenta, cuida, protege, educa y forma a todos los hijos del marido o del vecino o del  gran señor. La mamá grande es una especie del “pater-familia” de la Roma Antigua, la que nació de las tetas amamtadoras de una loba, la de Rómulo y Remo, niños hermanos alimentados, según la leyenda, por las UBRES de esa hembra animal.  ¿Matriarcado inicial?

La institución política de las madres comunitarias, un programa político- social del I.C.B.F., es una prolongación de esa vena de la historia. O no? 

¿y del amor?.

La humanidad, invención del amor de  madre. Algunos libros he leído, muchos he comprado para tenerlos, tocarlos, acariciarlos, saber qué cuento con ellos, pero a pocos los he sentido mío, o sea propio, identificado tanto con el autor como por lo expresado y vivido en su lectura y estudio. Uno de esos libros, de los tantos que adquirí durante los largos y felices años de la investigación de revisión bibliográfica “sobre el concepto de amor como un derecho fundamental consagrado en la constitución política colombiana del 91“, la que me llevó de “shopping”  por librerías de Barranquilla, Bogotá, Buenos Aires, México D.C. Mar de Plata, La Habana y los regalos que me trajeron desde París, Barcelona, Zulia y Santiago de Chile, de tantos y tantos libros que coleccioné, el que más afecto me provocó, o provoca, es uno del filósofo francés André Comte- Sponville (creo tener su bibliografía publicada en francés y español). Ese libro es: “La vida humana“(Paidós).

André COMTE-SPONVILLE, filósofo francés.

Tanta complicidad despertó su lectura en mí, que intenté traer a su autor a  Sur-América (una amiga, a nuestra petición lo contactó en Paris, donde vive jubilado, pero el filósofo le dijo “no poder viajar por una afección auditiva”) y de ese libro tengo (¿tuve?) 2 ejemplares: uno “envenenado” por mis lecturas y estudio y otro que conservaba “virgen”, en una biblioteca olvidada. El envenenado, por tonto, se lo presté A “un bacán“, que ahora cuando le pido devolvérmelo, para redactar esta nota, me sale diciendo esta bacaneria: “Cuando me lo prestaste? – casi le recuerdo la madre!. Y respondió: ¡lo voy a buscar, porque lo tengo embolatado en los “chécheres” de la mudada!”. Tamaña “tontería” la mía. Así que, clandestinamente, como un hampón, con tapaboca, tuve que ir a “hurtar” el ejemplar “virgen” que guardaba entre los libros que abandoné en la casa de rejas blancas con patio de árboles frutales y jardín infantil en “La Concepción”. Y como a toda virgen, la estoy descubriendo – releyendo – para esta ocasión.

En “La Vida Humana”, libro ilustrado con dibujos de Sylvie Thybert, esposa del filósofo André Comte- Sponville éste afirma: “El padre es biológicamente necesario, pero humanamente superfluo.” Entonces, a contrario sensú, la madre es distinta, enfatiza:” En todos los mamíferos, no sólo se contenta con trasmitir la vida: la acoge, la guía, la alimenta. ¿Cómo podría ignorar todo esto?. Entre los humanos, ella deberá proteger a su pequeño – incluso, a veces, contra el padre- durante años, acunarle, consolarle, lavarle, amarle, hablarle, escucharle, educarle…la humanidad es una invención de las mujeres. Incluso en las sociedades modernas, la madre, casi siempre, permanece como el primer amor, y el último también a veces. Es que ella fue la primera en amar“(ver pág. 32. Opus cite).

Y a la página siguiente sentencia: “ser madre, una función fisiológica, alimentadora, vital. El padre es biológicamente necesario. la madre, o una madre, casi humanamente indispensable“(pág. 34, opus cite).

Ese “casi” de André Comte-Sponville, tan dado a elogiar el placer de vivir, me permitió percibir, al releerlo, que no hay absoluta bondad en toda “mamá“. Que también es indispensable un padre responsable. Un padre-mamá, que lo hace indispensable para el amor humano es el cuidado maternal del niño que todos somos o fuimos – la responsabilidad del padre no termina jamás, amor y control: cantado por Ruben Blades y el sonido monumental del trombón de “el  malote” Willie Colón -, que no siempre viene del parto, del alumbramiento, ya que increíblemente existen comportamientos des-alma-dos en mujeres tristes. En mi derredor comunal existen mujeres tristes e invisibles, de esas existencias tengo otra preocupación de pura ficción literaria: cada vez que veo una “dama y su mascota”, recuerdo un cuento de Anton Chejov.

La humanidad del amor y el amor a la humanidad. Cabalgando sobre sus cíen años de lúcida e inteligente vida Edgar Morin (1921), uno de los pensadores franceses contemporáneos más prolíficos, es autor de una abundante  bibliográfica y uno de los impulsores de la maternalización del mundo. Para esta ocasión, y en coherencia del discurso, creí oportuno citarlo en un pequeño aparte del libro “la vida de la vida” (Cátedra), segundo tomo de “El método“, del item titulado “La humanidad del amor y el amor a la humanidad”, en lo pertinente. Es el siguiente:

“El término de amor, término plenamente humano, tiene raíces muy profundas. Todo ocurre como si en las primeras etapas de la vida, un principio de atracción o de apego biológico provocara entre los unicelulares encuentros protosexuales y asociaciones de donde nacieran colonias, organismos, sociedades.

“Pero el amor humano tiene dos fuentes animales más cercanas. Una es relación mamífera

              madre——hijo

                   I_________I                 

Es decir, la continuación extrauterina en el amamantamiento, y después en el apego, del vínculo simbiótico entre dos seres

La otra es la relación simbiótica de la pareja macho/hembra que se constituye en los pájaros y en ciertos mamíferos.

el amor humano es un complejo donde se reúnen en unidad, totalidad y emergencia nuevas los componentes surgidos de las fuentes más diversas de la existencia animal, mamífera, primatica, homínida (Morin, 1973, págs. 172- 174).

El amor: ..

— más necesitan los individuos, por estar cada vez más librados a la soledad, el aislamiento, la escasez, la necesidad, dar y recibir amor para vivir” (ver págs. 510-511. opus cite).

Edgar Morin, filósofo y sociólogo francés.

Morin, sabio desde siempre y viejo longevo e inteligente, asume el amor desde lo maternal. Pero como complemento el hijo de la madre, no como esta poseedora del hijo. él, desarrolla en esa relación madre e hijo toda la compleja realidad de la vida humana, por lo que si no hay buena sangre de la madre para con el hijo, éste nunca se va a reconocer en esa “madre” por más que conserve apellido en el registro civil de nacimiento o en la sal de la pila bautismal. 

La socio-biología que tanto Morin y Maturana destacan para explicar la profundidad sencilla de El amor.

Los humanos somos hijos del amor. Cuando me encontraba pensando y redactando para cumplir con la invitación, recibí de una amiga de Medellín, ella vive entre los atardeceres de las montañas, el link de la noticia de la muerte, a los 92 años, del biólogo chileno Humberto Maturana. La noticia decía que existió consternación en Santiago en días pasado por el fallecimiento. Maturana fue un intelectual comprometido con el chile de hoy, el que sufrió la dictadura militar y que para estos tiempos de incertidumbre por la peste, superó los días de la reciente e incendiaria violencia callejera -como la que padecemos con zozobra y muertes los colombianos so pretexto de tumbar un proyecto de ley tributaria- con apertura al dialogo racional y nacional.

A Maturana lo  escogí entre los autores que me acompañan para la conversación. Igual que a Morin, lo conocí en un evento académico, me hice fotos que deben estar por ahí y le entrevisté para la investigación sobre el amor como derecho, entrevista publicada en la revista dominical de El Heraldo, Latitud del 16 de Septiembre del 2012. 

A ese Chile, que es casi Sur-América convulsionada por el populismo de izquierda y/o de derecha, el educador Humberto Maturana (qepd) le dedicó recientes y últimas reflexiones contenidas en el libro “emociones y lenguaje en educación y política“(Paidós), de cuya  edición de Marzo 2020,  extraigo unas reflexiones suyas que me parecen coherentes  con el tema. Estas son  las reflexiones del Maestro Maturana:

“La emoción fundamental que hace posible la historia de la hominización es EL AMOR. Sé que puede resultar chocante lo que digo pero, insisto, es el amor. no estoy hablando desde el cristianismo. Si ustedes me perdonan diré que, desgraciadamente, la palabra AMOR ha sido desvirtuada y que se ha desvitalizado la emoción que connota de tanto decir que el amor es algo especial y difícil. El amor es constitutivo de la vida humana, pero no es algo especial. El amor es el fundamento de lo social, pero no toda convivencia es social.”(pág 40, opus cite).

Y el biólogo explica: “el amor es la emoción central en la historia evolutiva humana desde su inicio, y toda ella se da como una historia en la que la conservación de un modo de vida en el que el amor, la aceptación del otro como un legítimo otro en la convivencia, es la condición necesaria para el desarrollo físico, conductual, psíquico, social y espiritual normal del niño, así como para la conservación de la salud física, conductual, psíquica, social y espiritual del adulto”.

Y el maestro chileno enfatizó su discurso afirmando, con convicción profunda:

En un sentido estricto, los seres humanos nos originamos en el amor y somos dependientes de él. En la vida humana, la mayor parte del sufrimiento viene de la negación del amor: los seres humanos somos hijos del amor“(ver pág. 42.ididem).

Creo que la elemental enseñanza de la profunda reflexión de la emoción amorosa de Maturana es, destacando la herencia biológica y la relación educativa social, que solo existe amor en aquellas relaciones humanas fundadas en el mutuo respeto. No en la sumisión. No. respeto en el reconocimiento del otro y en la responsabilidad por el otro.

la existencia des-alma-das de “madres” reales.

Me atrevo a afirmar que existen, en nuestra realidad cotidiana, madres des-alma-das por la ayuda que recibo, cuando escribo, de la ficción, de la literatura, tanto antigua como contemporánea, donde personajes como estos, es decir “madres sin alma de madre”, han existido, han sido creados para la posteridad de la ignominia humana, o mejor de la generosa maternidad, que es la idea  motivo de aceptar la invitación de ese grupo de mujeres- amigas de A.E.N.A. a participar en el tributo de las madres en su día, en su mes de Mayo (el mismo mes en que nació la madre mía), él es de maría: madre divina.

Y tal ayuda mágica me la brindan Eurípides, trágico griego, y Gabo,  mago colombiano. Medea y Eréndira me dieron la mano, para no hurgar en expedientes y estadísticas oficiales.  Sé, también por la literatura histórica, de la existencia de mujeres crueles, de brujas, etc. Como también sé de la vida, de ficción y de realidad, de madres coraje, guerreras, amazonas. De esas que hacen que su existencia sea la vida feliz de sus hijos. Mujeres que siempre, para gracia de la humanidad, han existido. Y en mayoría absoluta

Medea, madre asesina. En una de las página del item “Tejedoras de historias” del libro “el infinito en un junco. La invención de los libros en el mundo antiguo”(Siruela), Irene Vallejo, escritora española, cuenta:

“Nadie llega más lejos que la Medea de Eurípides. Imagino el público de hombres que llenase el teatro en la mañana de la primera representación, en el año 431 a.C. Con los ojos fijos en el escenario, atrapados por el magnetismo del miedo, contemplaron cómo una mujer agraviada y vengativa desencadena EL HORROR MÁS absoluto.

Vieron lo innombrable: una madre asesinando a sus hijos con sus propias manos para herir al marido que la abandonaba y la condenaba al exilio“(pág 172).

El análisis de la crítica a esta tragedia griega se ha resumido, así: “La caracterización de Eurípides de Medea muestra las emociones internas de la pasión, el amor y la venganza. Medea es ampliamente leído como un texto pro-feminista en la medida en que explora con simpatías las desventajas de ser una mujer en una sociedad patriarcal. En conflicto con este trasfondo comprensivo o reforzando una lectura más negativa es la identidad bárbara de Medea, que antagonizaría a una audiencia griega del siglo V.

El matricidio y el fratricidio de Medea sean caracterizado como misandria, particularmente en el contexto de las criticas feministas que intentan excusar sus acciones como víctimas del patriarcado“.

La abuela de la niña Eréndira. En 1972, diez años después ganaría el Premio Nobel de Literatura, Gabriel García Márquez, para mí el mejor reportero de nuestra  historia patria, pasada y presente, escribió los siguientes párrafos en la corta novela “LA INCREÍBLE Y TRISTE HISTORIA DE LA CANDIDA ERÉNDIRA Y SU ABUELA DESALMADA”(Ediciones Debolsillo).

Portada del libro.

“Las conocí por esa época, que fue la de más grande esplendor, aunque no había que escudriñar los pormenores de su vida sino muchos años después, cuando Rafael Escalona reveló en una canción el desenlace terrible del drama y me pareció qie era bueno para contarlo. Yo andaba vendiendo enciclopedias y libros de medicina por la provincia de Riohacha. Álvaro Cepeda Samudio, que andaba también por esos rumbo vendiendo máquinas de cerveza helada, me llevó en su camioneta por los pueblos del desierto con la intención de hablarme de no sé qué cosa, y hablamos tanto de nada y tomamos tanta cerveza que sin saber cuándo ni por dónde atravesamos el desierto entero y llegamos hasta la frontera. Allí estaba la carpa del amor errante, bajo los lienzos de letreros colgados: Eréndira es mejor. Vaya y vuelva. Eréndira lo espera. Esto no es vida sin Eréndira“(ver pág. 141).

” – Abuela – sollozó -, me estoy muriendo.

La abuela le tocó la frente, y al comprobar que no tenía fiebre, trató de consolarla.

– Ya no faltan más de diez militares – dijo.

Eréndira rompió a llorar con unos chillidos de animal azorado. La abuela supo entonces que había traspuesto los límites del horror, y acariciándola la cabeza la ayudó a calmarse.

– Lo que pasa es que estás débil – le dijo -. Anda, lo llores más, báñate con agua de salvia para que se te componga la sangre”(ver pág. 113).

“Aquel refugio incomprensible había sido construido por el marido de la abuela, un contrabandista legendario que se llamaba Amadís, con quien ella tuvo un hijo que también se llamaba Amadís, y que fue el padre de Eréndira. Nadie conoció  los orígenes ni los motivos de esa familia. La versión más conocida en lengua de indios era que Amadís, el padre, había rescatado a su hermosa mujer de un prostíbulo de las Antillas, donde mató a un hombre a cuchilladas, y la traspuso para siempre en la impunidad del desierto. Cuando los Amadises murieron, el uno de fiebres melancólicas (igual a la peste de hoy, me pregunto), y el otro acribillado en un pleito de rivales, la mujer enterró los cadáveres en el patio, despachó a las catorce sirvientas descalzas, y siguió apacentando sus sueños de grandeza en la penumbra de la casa furtiva, gracias al sacrificio de la nieta bastarda que había criado desde el nacimiento“(ver pág. 97).

Recurro a esas historias de ficción, una de la antigüedad y otra de la actualidad, ambas bárbaras, para recordar que también existen malas madres, desalmadas como la abuela de Eréndira o la vengativa ex-esposa Medea.

No toda mujer que procree y pará hijos es, necesariamente, madre. Madre, como se dice, popularmente, “solo hay una”: la buena. la madre buena. la buena madre.

Y me explico. El amor humano, lo han enseñado, inteligentemente, los autores  convocados, es producto de la sangre químicamente buena que enlaza, para siempre, el cordón madre-hijo. La empatía de identificación de las pieles que exhiben la misma sangre. Y hay personas, mujeres y hombres, química y sanguíneamente, malos,  malas.  No es sólo genética. Biología. ES psicopatología como lo analiza el siquiatra forense Dr. Carlos E. Climent en el libro “la locura lúcida. Antisociales, narcisistas y borderline”(Panamericana).

Y esas progenitoras son las que golpean, arrastran, ofenden, abusan, venden, dañan, encadenan, matan, como Saturno y/o Medea a sus hijos cuando son INFANTES, es decir niños que todavía no tienen voz, pero sienten y guardan en la piel y alma-cenan en el cerebro que  se está formando, neurológicamente, en la denominada “primera infancia”, que corre de cero a seis años de edad

Y esas historias de la vida real, que muy seguramente están relatadas, en muchísimos expedientes judiciales, son increíblemente ciertas. O sea, pocas mentes sanas pueden creer que existan malas madres o madres malas. Pero, de que las hay las hay, como las brujas. O acaso de qué comportamientos provienen las estadísticas de medicina legal de niños y niñas: asesinados, quemados, flagelados con  cuero, con chancletas, esposados, castigados a pleno sol, puestos a pedir limosnas en las esquinas de las ciudades, prostituidos, vendidos, fetos abandonados en basureros, bebes dejados en “Moisés” de cartón rescatados por la policía, invisibilizados y sin escuela, entregados en adopción o simplemente “vendidos” como carne de cañón podría ser interminablemente el listado de gravámenes, maltratos y daños causado por “madres” – que se auto-proclaman “amorosas“, si me pongo a exprimir los recuerdos de cronista de policía y judiciales que fui cuando me inaugure de padre responsable: primero los hijos, después la vanidad.

Acabo de leer que en Gijón, España, está siendo enjuiciada una joven mujer, de 26 años, porque “cosió a puñaladas a un recién sano y bien gestado, porque oculto el embarazo a su familia“. ¿Quién me dice que los humanos no seguimos siendo bárbaros?

Brevísima conclusión. Solo lo empático es lo amoroso. y lo maternal no solo está en parir, sino en respetar la vida del niño y del hijo, como vida propia. Y ello, porque en Colombia, la Constitución Política vigente consagró a los niños, niñas y adolescentes como sujetos autónomos de derechos prevalentes, uno de ellos: El amor. E impuso a la familia, como célula del Estado Social de Derecho y de una sociedad democrática incluyente y participativa el deber de proteger y garantizar efectivamente los derechos prevalentes de los niños (art.44 c.p). 

Próxima: El periódico de ayer.

RELATED ARTICLES

Edumas, Interaseo y comunidad recuperan el parque del barrio La María en Soledad

La Alcaldía de Soledad, en articulación con Edumas, Interaseo y la comunidad, lideró una jornada integral de limpieza y mantenimiento que permitió...

Casos de dengue caen un 76 % en Soledad: Secretaría de Salud alerta por temporada crítica de mosquitos

Soledad logró reducir en un 76 % los casos de dengue gracias a las estrategias de prevención lideradas por la Secretaría de...

La transformación de la calle 25B del barrio Ferrocarril mejora la calidad de vida de cientos de familias en Soledad

La calle cuanta con su sistema de redes de acueductos y alcantarillados renovados. Hoy se ha convertido en un...

LEAVE A REPLY

Please enter your comment!
Please enter your name here

- Advertisment -

Most Popular

Edumas, Interaseo y comunidad recuperan el parque del barrio La María en Soledad

La Alcaldía de Soledad, en articulación con Edumas, Interaseo y la comunidad, lideró una jornada integral de limpieza y mantenimiento que permitió...

Casos de dengue caen un 76 % en Soledad: Secretaría de Salud alerta por temporada crítica de mosquitos

Soledad logró reducir en un 76 % los casos de dengue gracias a las estrategias de prevención lideradas por la Secretaría de...

La transformación de la calle 25B del barrio Ferrocarril mejora la calidad de vida de cientos de familias en Soledad

La calle cuanta con su sistema de redes de acueductos y alcantarillados renovados. Hoy se ha convertido en un...

Más de 300 niños participaron en FestiPaz, el festival que promueve la paz y la convivencia en Soledad

Más de 300 niños y adolescentes de Soledad disfrutaron de FestiPaz, un festival que combinó arte, deporte, música y recreación para promover...

Recent Comments

PEDRO CONRADO CUDRIZ on Diario para mitigar tu ausencia
Julio Lobelo Fernández on Las casas de mi barrio
Liseth Arciniegas on Las casas de mi barrio
PEDRO CONRADO CUDRIZ on Esa necesidad de respirar un aire nuevo
Ricardo Sandoval on Mi ángel y los sueños de lucía
Wencel Antonio Valega on Un breve sumario sobre lo critico
Ricardo Sandoval on Eterno instante de amor
Ricardo Sandoval on Entre instantes y brevedades
Wencel Antonio Valega on Inteligencia artificial y redes sociales
Luis Padilla Drago on Cavilaciones sobre la muerte
Jorge Alfredo Chiquillo Carrillo on Inteligencia artificial y redes sociales
Luis Vslega on La casa de los viejos
Ricardo Sandoval on El arte de tomar apuntes
Victoria Valega R. on La casa de los viejos
Ricardo Sandoval on Hace un mes… todo quedó ahí
Ricardo Sandoval on El fútbol y su filosofía
Milton Gomez on El fútbol y su filosofía
Eduardo Mejia on El fútbol y su filosofía
PEDRO CONRADO CUDRIZ on El hombre rebelde
Ricardo Sandoval on Serendipia y anestesia
Ricardo Sandoval on Aprendiendo a envejecer
Ricardo Sandoval on El hombre rebelde
Carlos E G. Arana on La memoria de la amistad
PEDRO CONRADO CUDRIZ on El suicidio en la literatura
Karen Escorcia on El suicidio en la literatura
Carlos Alberto Justiz Prieto on El legado espiritual de John Newton
Wence Valega on Homenaje al amor
Nelly Valecillos Gómez on El legado espiritual de John Newton
Carlos Alberto Justiz Prieto on Marrugo entre oleajes y versos del Caribe
PEDRO CONRADO CUDRIZ on Cuentan que Willis
Carlos Alberto Justiz Prieto on Los Llinás: la saga continua
Carlos Alberto Justiz Prieto on La práctica de las virtudes a través del tiempo
Wencel Antonio Valega Ruiz on El Burnout un Síndrome que afecta al docente
Santiago Cervantes on Inobasol, testigo mudo de Soledad
Birleidys de la hoz on Inobasol, testigo mudo de Soledad
Nohelia Figueroa on Inobasol, testigo mudo de Soledad
Yaser De la Hoz on Exilios y regresos
María Fernanda Gamero Moreno on Inobasol, reconocimiento y gratitud
Hernando Jose Hernandez Leal on El Burnout un Síndrome que afecta al docente
Carlos Justiz Prieto on Lecciones educativas del pasado
Donaldo Rada Martínez on Inobasol, testigo mudo de Soledad
Donaldo Rada Martínez on Inobasol, testigo mudo de Soledad
PEDRO CONRADO CUDRIZ on Sobre la lectura y la escritura
Martha Cabana Jamette on Los Llinás: la saga continua
Jorge Enrique Barrios Peña on Lecciones educativas del pasado
Wencel Antonio Valega on Lecciones educativas del pasado
PEDRO CONRADO CUDRIZ on Inobasol, reconocimiento y gratitud
PEDRO CONRADO CUDRIZ on Sobre el hablar y escuchar
PEDRO CONRADO CUDRIZ on  ¿Quién soy? Después del trabajo
PEDRO CONRADO CUDRIZ on El arte de ver las cosas
Emperatriz on Travesía de la lectura
PEDRO CONRADO CUDRIZ on El castigo de Falcao
Wencel Antonio Valega Ruiz on El castigo de Falcao
Pedro Conrado Cúdriz on Travesía de la lectura
Wencel Antonio Valega Ruiz on Entre la verdad y la posverdad
Wencel Antonio Valega on Todos tenemos nuestro sambenito
PEDRO CONRADO CUDRIZ on Una semblanza de papá
Wencel Antonio Valega Ruiz on Procusto: la envidia que limita
Boris Enrique De la Hoz cárcamo on Procusto: la envidia que limita
Wencel Antonio Valega on Ha partido el último moralista
PEDRO CONRADO CUDRIZ on Caminantes
mario Escorcia García on Ha partido el último moralista
Carlos Alberto Justiz Prieto on Hacia una educación con calidad
Wencel Antonio Valega on Hacia una educación con calidad
Jorge Alfredo Chiquillo Carrillo on Hacia una educación con calidad
Monica Coronado on En el día del maestro
jose luis valega navarro on Evocando a mamá
PEDRO CONRADO CUDRIZ on ¿Para qué nos reunimos?
Alexander de Jesús Vega Lugo on La educación y su crisis
wencel antonio valega ruiz on La educación y su crisis
Janeth Saker Garcia on La educación y su crisis
Jorge Enrique Barrios Peña on La educación y su crisis
Roque Vizcaino Barros on ¿Por qué siempre hablamos de libros?
Pedro E Conrado Cúdriz on ¿Por qué siempre hablamos de libros?
Jorge Isaac Consuegra Palma on El complejo oficio de ser maestro
wencel antonio valega ruiz on El hombre un ser con capacidad de paz
Álvaro Pérez Cardozo on La ética de la razón cordial
Wencel Antonio Valega on La ética de la razón cordial
Pedro Conrado Cúdriz on Fotografía
Janeth Saker Garcia on Justicia: hacemos lo que debemos
Wencel Antonio Valega on Modernidad y democracia
Mercedes sandoval on Justicia: hacemos lo que debemos
Rodolfo Hernández Pulgar on Perspectivas sobre el amor
Luis Escobar Camargo on Perspectivas sobre el amor
Larrys Fontalvo Rodríguez on Apuntes de Educación Física I
Pedro Conrado Cúdriz on Apuntes de Educación Física I
Emperatriz Salazar on El negro Hooker 
Wencel Antonio Valega on Coeficiente
Wencel Antonio Valega on Coeficiente
Alejandro Solano Gutiérrez de Piñeres on Coeficiente
Pedro Conrado Cúdriz on Coeficiente
wencel antonio valega ruiz on Vicisitudes de un maestro de escuela
Manuel Pianeta on Tristeza de Carnaval
Pedro Conrado on Tristeza de Carnaval
MANUEL PIANETA CALVO on Inobasol, testigo mudo de Soledad
Rafael De Jesus Torres Huertas on Inobasol, testigo mudo de Soledad
JOSE MACHADO YEPES on Inobasol, testigo mudo de Soledad
Sagrario Vargas, on Clínica bautista. Añoranzas
Carlos Alberto Justiz Prieto on Pedagogía para la paz
Nairo José Cavieles Rojas, Ph.D. on Pedagogía para la paz
Pedro Conrado Cúdriz on Agonía en el parque
Xiomara Escobar on Pedagogía para la paz
Jatzen Ricardo Guzmán Cusis on Pedagogía para la paz
Buenaventura Russeau on Pedagogía para la paz
Pedro Conrado Cúdriz on Poemas De Invierno
PEDRO CONRADO CUDRIZ on WhatsApeando
PEDRO CONRADO CUDRIZ on Sofía quiere ser
PEDRO CONRADO CUDRIZ on El hombre del semáforo
Mabel Luz Fuentes Pantoja on Zaqui, siempre titular
Carlos E G. Arana on Halloween con Edgar Allan Poe
Yaneth Caña on Maestras de infancia
wencel antonio valega ruiz on Maestras de infancia
Mabel Luz Fuentes Pantoja on Maestras de infancia
César Augusto Lamadrid Martínez. on Fermín Zurbarán. Un grande de la cirugía 
PEDRO E CONRADO CUDRIZ on Sin rencores
Duperlis Salcedo on Andar en malos pasos
Wencel Valega on La empatía en la literatura
PEDRO E CONRADO CUDRIZ on La empatía en la literatura
Ademir on Sobre la amistad
Douglas Maza G. on ¿Qué hay de la biblioteca?
Duperlis Salcedo on Sobre la amistad
jose luis valega navarro on Zacarías en prosa y poesía
Pedro Conrado Cudriz on Diario de viaje
Mabel Luz Fuentes Pantoja on Retratos
Raul "cuco" on Retratos
Nicolás Javier Corena Guerra on Inobasol, sagrado manantial
Mauricio Díaz on Inobasol, sagrado manantial
Alirys Jaraba Gutiérrez on Inobasol, sagrado manantial
Edwin José Sandoval Africano on Inobasol, sagrado manantial
Edwin José Sandoval Africano on Inobasol, sagrado manantial
PEDRO E CONRADO CUDRIZ on La ingenuidad de la nostalgia
Duperlis Salcedo on El vendedor de camisetas
Luis Valega on Homenaje a papá 
Luis Caicedo on Homenaje a papá 
Duperlis Salcedo on Homenaje a papá 
PEDRO E CONRADO CUDRIZ on Homenaje a papá 
Alirys Jaraba Gutiérrez on Adiós al Boni Martínez
PEDRO E CONRADO CUDRIZ on Salvavidas
PEDRO E CONRADO CUDRIZ on Naty
Duperlis Salcedo on Nostalgia de ciudad
Libardo Rafael De Oro on Nostalgia de ciudad
Pedro Conrado Cudriz on Juegos de la memoria
Nadin castro mejia on Apuntes de viaje
PEDRO CONRADO CÚDRIZ on Educación perruna
Libardo Rafael De Oro on Educación perruna
Pedro Conrado Cúdriz on Viacrucis de un maestro
Manuel Julián pianeta on Inicio de un periplo
Jose Rodriguez Acosta. on Fútbol de mujeres
Rafael Barceló rodriguez on Fútbol, Respeto y Pasión en Madrid
Manuel Julián pianeta on Gutiérrez
Ismael on Ritual de amor
Jorge Isaac Consuegra Palma on Evocando Maestros
Ismael Arzuza on Diario de un abuelo
Katherine Cepeda on Diario de un abuelo
Victoria Valega R. on Amada Soledad
Manuel Julián pianeta on El amor de Lucas
Hola on Un día normal
Manuel Julián pianeta on Amada Soledad
Maseralix Barcelo oviedo on Amada Soledad
Diana Marcela Camacho pardo on Si tú me olvidas
Martha Valega. on Calle soledeña
Francisco Alfredo Pacheco Amador on La cama y el libro
Wencel Valega on La cama y el libro
Alejandro Solano Gutiérrez de Piñeres on El mandato de la reina
José Manuel Villarreal Gravini on El Pelé que conocí
Josefa miranda castro on El Pelé que conocí
Roque Vizcaino Barros. on ¿Por dónde anda, Marcelino?
Libardo Rafael De Oro on Deporte y política en Colombia
Margarita Matta on El Agua Potable, Un Derecho
José Manuel Villarreal Gravini on Cuestionado Mundial de Fútbol de Qatar
José Manuel Villarreal Gravini on Cuestionado Mundial de Fútbol de Qatar
Javier Reales on La aventura de jubilarse
Santiago Ruiz Buitrago on Sentimiento caribe
javier jiménez on De putas y prostitutas
Mabel Janet Flórez Fernández on El drama de escribir ensayos en la universidad
Mabel Janet Flórez Fernández on El drama de escribir ensayos en la universidad
Laureano Salas Marquez on Sobre partidas y regresos
Einstein on En un lugar de Europa
Ademir Santiago on Casa de la memoria
Alejandro Solano Gutiérrez de Piñeres on Ser hombre
Osvaldo Cáliz Peña on Don de la inconformidad
Martha Isabel Calderón on ¿Recibir amor o darlo? el amor propio
Alejandro Solano Gutiérrez de Piñeres on El hombre
Alexander Ortiz Ocaña on Configuración del cerebro fetal
Aldemar Guerra Castillo on En un lugar de Europa
Nadin castro mejia on En un lugar de Europa
rodolfo cano on Equivalentes suicidas
Heriberto Vargas viloria on Jubiloso ochentón
Nicolàs. Hernández on De la alegría de leer y escribir
Luis Valega on Homenaje a las palabras
Alejandro Solano Gutiérrez de Piñeres on Homenaje a las palabras
Ricardo Sevilla Mercado on Homenaje a las palabras
CARLOS ENRIQUE GONZALEZ ARANA on Homenaje a las palabras
Francisco Arzuza on Ser abuelo en el siglo XXI
Pedro Conrado Cudriz on Ser abuelo en el siglo XXI
Francisco Alfredo Pacheco Amador on Infancia y vejez: ambas deben ser consentidas
Roque Vizcaino Barros. on Viajando en búsqueda de mi identidad
Joel Marchena Cantillo on Cuando la plaza de soledad era una fiesta
Juan Sandoval Alvarino. on Cuando la plaza de soledad era una fiesta
Antonio Campo Peña on Viajando en búsqueda de mi identidad
Rafael Villarreal Noriega on Viajando en búsqueda de mi identidad
Francisco Alfredo Pacheco Amador on Las redes sociales no son periodismo
Milagro on Ídolos de barro
Margarita Rosa Matta Gómez on ¿Tiene Usted fiebre?
Francisco Alfredo Pacheco Amador on Silencios y soledades nutren de amor el vivir bien
Octavio Augusto De La Hoz Ordóñez on No digas todo lo que sabes
Francisco Alfredo Pacheco Amador on La amistad amorosa
Nairoby Rodríguez on El Turco Farid
Silvia Valencia Martínez on Lecciones de la pandemia
Max R. Peña on Fumar pasó de moda
NELSON MANUEL ORTIZ SANTOS on Propuestas para dar el salto 2: La Mentalidad
Teobaldo Coronado Hurtado on Propuestas para dar el salto 2: La Mentalidad
William Baca Orozco. on Todos tenemos voz
Esther Gonzalez Pabon on Ludopatía: adicción al juego
Francisco Alfredo Pacheco Amador on Democracias y li-be-rt-ad-es
Paul Jesus Marchena Cantillo on Dos rescates, una recompensa
Teobaldo Coronado Hurtado on Las muertes de cada día no tienen madre.
Yunelis Lopez Vargas on Un trabajador de la Salud
Isabel Baca Ruiz on Un trabajador de la Salud
Betty Cantillo de Gill on La Respiración
Marcos Gill on La Respiración
Wencel Valega on La Respiración
Ricardo Iglesias on La Respiración
Isabel Baca Ruiz on La Respiración
Sandra Márquez on NO Hay Picos, Hay Pandemia
Rosario Morales on NO Hay Picos, Hay Pandemia
Roberto González on QUÉ OCURRE EN NUESTRA ALMA MATER?
Esther Sofía Pereira Lopez on QUÉ OCURRE EN NUESTRA ALMA MATER?
Marta Donado Villarreal on Un Dolor De Cabeza
Armando Puello on Un Dolor De Cabeza
Jaime Rosales on Un Dolor De Cabeza
Silvia fabregas on Un Dolor De Cabeza
Alvaro Fabregas on Un Dolor De Cabeza
Isabel Baca Ruiz on Un Dolor De Cabeza
César Augusto Lamadrid Martínez on EL LIBRO DE PAPEL VS EL LIBRO DIGITAL.
Sandra Marquez on Ojo con sus ojos (II Parte)
Esther Sofia Pereira López on DE NIETOS Y ABUELOS
Teobaldo Coronado Hurtado on DE NIETOS Y ABUELOS
Diana Crespo Rodriguez on El propósito de la vida es vivir
Wilfrido Gómez on INSPIRACIÓN
Luis Espinoza Figueroa on INSPIRACIÓN
Erly Charles Paternina Hernández on INSPIRACIÓN
Jaime rosales on INSPIRACIÓN
Rafa nigrinis on El imperio de los sentidos
GREGORIO GREGORY on Dónde están mis juguetes?
Erly Charles Paternina Hernández on El imperio de los sentidos
Yexica Africano Navarto on Dónde están mis juguetes?
Milton Gomez Cardozo on Intimidad vs información (Final)
Milton Gomez Cardozo on Informacion vs intimidad (parte 2 )
Erly Charles Paternina Hernández on El arte del ganador
José Alvarado Nieto on El debut
Erly Charles Paternina Hernández on Fútbol de veteranos
Esther Sofia Pereira López on Periodismo con paredón
Agustin Garizábalo on El debut
Agustin Garizábalo on El debut
Agustin Garizábalo on El debut
Agustin Garizábalo on El debut
Agustin Garizábalo on El debut
salomon David castro aguas on El debut
Laura Barceló on El debut
William on El debut
Rosana Zambrano on El Páncreas y sus enfermedades
Dreynner Barraza Rosales on El Páncreas y sus enfermedades
Álvaro López Martínez on El debut
Álvaro López Martínez on El debut
Estebana Reyes Rangel on El debut
Gloria sofia fabregas Villate on El Páncreas y sus enfermedades
Rafael Enrique Surmay Herrera on El otro discurso, muy personal (3)
Carlos paternina acosta on El otro discurso, muy personal (3)
Agustín Garizabalo on El otro discurso, más personal (2)
Erly Charles Paternina Hernández on El otro discurso, más personal (2)
Fernando A Charris Almarales. on El otro discurso, más personal (2)
Erly Charles Paternina Hernández on El otro discurso, más personal
Rafael Enrique Surmay Herrera on El otro discurso, más personal
Erly Charles Paternina Hernández on El discurso y el método (5)
Erly Charles Paternina Hernández on El discurso y el método (4)
Mauricio javier Bustillo Marmol on El discurso y el método (3)
Jabib vergara delgado on El discurso y el método (4)
RICARDO GARIZABALO on El discurso y el método (4)
Jesús Orozco on El discurso y el método (4)
olmar Calderón Dávila on El discurso y el método (4)
Estebana Reyes Rangel on El discurso y el método (4)
Agustin Garizabalo almarales on El discurso y el método (4)
Leslie E. Smith on El discurso y el método (4)
Amparo urzola on ¿Tiene usted tos?
Jacquelín Isabel Martínez Navarro on Nuestro gran reto
Dra Masi on Nuestro gran reto
Eucaris Laguna on Nuestro gran reto
Yomaira Escorcia Barcelo on Nuestro gran reto
Reinaldo Rodríguez Garcia on El discurso y el método (3)
Isabel Baca Ruiz on Nuestro gran reto
Erly Charles Paternina Hernández on El discurso y el método (3)
Pablo Emilio Martinez Aparicio on El discurso y el método (3)
Erly Charles Paternina Hernández on El discurso y el método (2)
Agustin Garizábalo on Pequeñas infidencias (5)
Agustin Garizábalo on Pequeñas infidencias (5)
Agustin Garizábalo on Pequeñas infidencias (5)
Agustin Garizábalo on Pequeñas infidencias (5)
Alexander Luis Ortiz Ocaña on El éxito y la felicidad, según Jesús,
Erly Charles Paternina Hernández on Por fortuna se equivocan
Dreynner Barraza Rosales on Por fortuna se equivocan
Estebana Reyes Rangel on Por fortuna se equivocan
Rafael Enrique Surmay Herrera on Por fortuna se equivocan
Luis Maza Torregroza on El Laboratorio Clínico
olmar Calderón Dávila on Pequeñas Infidencias (6)
Erly Charles Paternina Hernández on Pequeñas Infidencias (6)
Ricardo Solano Orozco on El Laboratorio Clínico
Gilberto Marenco Better on Pequeñas infidencias (5)
Erly Charles Paternina Hernández on Pequeñas infidencias (5)
Elias Ruiz De La Victoria on Pequeñas infidencias (5)
Jaime rosales on Pequeñas infidencias (5)
Milton Gomez Cardozo on El silencio o el escándalo
Yadira Ruiz on ¿Tiene usted tos?
Sandra MarqueZ on Las Enfermedades Mentales
Alonso Pérez on Pequeñas infidencias (4)
Ivet Vergara on Las Enfermedades Mentales
Estebana Reyes Rangel on Pequeñas infidencias (4)
Erly Charles Paternina Hernández on Pequeñas infidencias (4)
Esther Sofia Pereira López on Soledad, aislamiento y vejez
Alfonso.Rodriguez Cruz on Soledad, aislamiento y vejez
Estebana Reyes Rangel on Pequeñas infidencias (3)
Xiomara Albis on Soledad, aislamiento y vejez
Milton Gomez Cardozo on Soledad, aislamiento y vejez
José Alvarado Nieto on Administrador de pasiones
Orlando Moscote Rojano on ¿Tiene usted tos?
Marcos Gill on ¿Tiene usted tos?
Roberto sarabia Durán on Pequeñas infidencias (2)
Sandra Marquez Sandoval on ¿Tiene usted tos?
Jairo Diz fabregas on Pequeñas infidencias
Adolfo Cotes. on Pequeñas infidencias
jose pachon niño on Pequeñas infidencias
Alexander Luis Ortiz Ocaña on Cómo alcanzar la felicidad infinita
Teobaldo Coronado on ¿Amor familiar o amor materno?
Teobaldo Coronado on ¿Amor familiar o amor materno?
Yomaira De las Salas Baca on Alcalde Pumarejo Decrete Cero Carnaval 2021
DONICEL PACHECO B. on Feliz día papá
Erly Charles Paternina Hernández on La grandeza de las cosas simples
IVIS GONZALEZ on El sistema inmunológico
Mirian Gonzalez on El sistema inmunológico
Ricardo Solano Orozco on El sistema inmunológico
Sandra Márquez Sandoval on El sistema inmunológico
Gladys Flórez Páez on Crítica: Redes vs Medios
Osiris Fabregas Zambrano on El sistema inmunológico
Esther Sofia Pereira López on Crítica: Redes vs Medios
Esther Sofia Pereira López on Crítica: Redes vs Medios
Roberto sarabia Durán on Pedagogía de la compasión
Adolfo Guerrero Sarmiento on Pedagogía de la compasión
Nancy Torres on Pedagogía de la compasión
Meibel Tatis on Los Hijos De Hipócrates
Alfonso De La Hoz O on Los Hijos De Hipócrates
Roberto sarabia Durán on Y si no alcanzas tus sueños…¿qué?
Erly Charles Paternina Hernández on Y si no alcanzas tus sueños…¿qué?
Teobaldo Coronado Hurtado on Periodismo y corrupción
CARLOS E. LLANOS GOENAGA on Competir sin jugar
Alexander Luis Ortiz Ocaña on El rol del maestro en medio de la pandemia
DIDIER ALFONSO LUNA GONZALEZ. on Competir sin jugar
Margarita Dorado Agrda on El rol del maestro en medio de la pandemia
EDUARDO E. ALMARALES MANGA on Competir sin jugar
Álvaro López Martínez on Competir sin jugar
Teobaldo Coronado Hurtado on Un diario sin lectores (Parte 3)
Blacky Arévalo Herrera on Competir sin jugar
Gyna Niebles Barceló on ¡Feliz día, Maestros!
Erly Charles Paternina Hernández on Fútbol Covid
Leoneth guerrero on Fútbol Covid
Carlos Alberto Figueroa Otero on Fútbol Covid
JUAN ANTONIO PABON ARRIETA on Fútbol Covid
Mr. Leslie E. Smith on Fútbol Covid
Alfredo Aurela on Fútbol Covid
Jesús Orozco charris on Fútbol Covid
Alonso Pérez on Cuando los ídolos hablan
MARTA CECILIA RICAURTE GUERRERO on En defensa del “Gran pacto social por Soledad”
Silvestre Maestre Martinez on ¿Y qué pasará con el fútbol local?
FAUSTO PEREZ VILLAREAL on ¿Y qué pasará con el fútbol local?
Yomara Estrada Perez on ¿Y qué pasará con el fútbol local?
Luis Hernando Cepeda Espitia on ¿Y qué pasará con el fútbol local?
Alfonso Silva Navarro on ¿Y qué pasará con el fútbol local?
Pedro Daniel Muñoz Alvis on ¿Y qué pasará con el fútbol local?
Adalberto Herrera Avila on Cuando se les caen las caretas
GUILLERMO LEON ROMERO CARDONA8 el maestro del futbol) on De Caimanes y Boricuas
William Pertuz Pedroza on Cuando se les caen las caretas
William Pertuz Pedroza on Cuando se les caen las caretas
César Agudelo on Una pasión heredada por amor
Andres Ibarguen on De Caimanes y Boricuas
Javier Ferrer Africano on Ecos de la pandemia
Efraindelahoz on Ecos de la pandemia
Carlos Torres Paredes. on Ecos de la pandemia
Sandra Marquez Sandoval on Ecos de la pandemia