‘Como la flor’, la antología de poesía queer contemporánea colombiana

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La flor que nace de una grieta en el pavimento: imagen infalible para representar la resistencia y la capacidad de surgir, de manera orgánica, caprichosa y desordenada, a pesar de la rigidez del contexto. Así crece lo queer en el libro Como la flor, la nueva antología de poesía ‘cuir’ contemporánea colombiana (lo escriben con C a propósito).

Este poemario recoge 50 textos de 30 autores y autoras que representan lo queer de diferentes maneras. Queer, para aclarar, es la Q de la sigla LGBTIQ. Está de última en la lista porque de alguna manera es la letra que resume todas las anteriores.
Su definición no es del todo clara, pero proviene de la designación de lo extraño, lo poco usual. Al respecto, la editora Alejandra Algorta –compiladora del proyecto– cita en el prólogo del libro al filósofo Paul B. Preciado: “Desde su aparición en el siglo XVIII, queer servía para nombrar a aquel o aquello que por su condición de inútil, mal hecho, falso o excéntrico ponía en cuestión el buen funcionamiento del juego social”.

Hoy sigue significando más o menos lo mismo, pero la diferencia es que los “inútiles”, “mal hechos”, “falsos” o “excéntricos” portan su título de queers con orgullo. Flores excéntricas. Esa comunidad se apropió del término que antes era usado por otros para denigrarla. Y también cobró nuevos significados, como el elemento de lo difuso.

Tener claro el significado del término carga de sentido el hecho de que hoy, en las principales librerías del país, se pueda encontrar una publicación que reúna las voces de varias personas que se acogen a este concepto para crear su poética.
Quisimos hacer una selección contemporánea que expresara, ya en su forma, contenido u origen, una postura identitaria que (…) desdibujara las fronteras divididas por la racionalidad y el decoro. Al querer ser fieles a ese movimiento, al difuminado constante entre esas líneas, reapropiamos el término desde nuestra lengua, por eso cuir y no queer”, explica Algorta en el prólogo.

La editora colombiana conversó con EL TIEMPO respecto a cómo fue la construcción de este poemario y sobre qué significa su publicación en términos políticos y estéticos. Una buena forma de resumir ese significado está en este otro fragmento del prólogo: “En el espacio público y asfaltado (…) la presencia cuir (esa flor exótica) no es bien recibida”.

De ahí sale el título. Y de la canción homónima de Selena Quintanilla, claro, que se ha vuelto una reina de las farras LGBTIQ. Como la flor se llama así porque los cuerpos, las almas y las mentes disidentes que escriben aquí se comportan como una flor que, justo como dice Eliana Hernández en su poema del libro, “en lugar de ir, se prolonga / como la flor del borrachero, / como la del brócoli, / ejemplifican una tarea / impensable para otros reinos: / moverte sin ir”.Es claro de dónde sale el título, ¿pero podría explicarlo usted, por favor?

Algunas personas creen que la naturaleza es binaria y usan eso como herramienta para la opresión. Sin embargo, no es binaria. En esta compilación hay muchos poemas que hablan de lo vegetal, y nos pareció que la metáfora con la naturaleza es una defensa para la diversidad.¿Cómo consiguió a las 30 voces que conforman el libro?

Lo primero es que esto se logró gracias al tiempo. Se gestó con el pasar de los días. No se podía hacer de afán. Mucha gente escribe poemas y nunca lo dice. Yo empecé con una base de escritores y escritoras que conozco por mi trabajo en Cardumen y que están en ciertos círculos de poesía de Bogotá y de Medellín, que son las ciudades que yo más dominaba. Esas autoras conocían a otras autoras. Y fui llegando a personas que habían estudiado la poesía homoafectiva.

Hubo un momento en el que empecé a cerrar el círculo porque comenzaron a recomendarme a gente que ya tenía en la agenda. Ahí dije ‘por aquí voy bien’. Seguramente se quedó mucha gente por fuera, pero lo que he dicho muchas veces es que esto es simplemente un escalón.
Se trata de un altavoz que pretende amplificar las voces de algunos para representar las de muchos. Y las puertas están abiertas para ellos. Este libro no es, en ningún sentido, una compilación total que reúna a todas las voces de la poesía ‘cuir’ colombiana contemporánea. Son solo las que logramos conseguir en cierto momento.¿Pero hubo algún otro criterio?

Sí. Comenzamos a juntar piezas que tenían cosas en común, con conectores entre sí. Así tejimos la narrativa del libro. Aunque suena raro decir ‘narrativa’ cuando se trata de un título de poesía compuesto por los textos de 30 personas. Me refiero a la curaduría con la que definimos el orden de los textos.¿Y cómo fue esa curaduría?

Identifiqué lo que tenían en común los poemas y saqué unas categorías en las que los iba organizando. Esas categorías están impuestas por mi lectura, que puede no ser la misma de alguien más. Encontré temas como el lenguaje, el amor, el cuerpo, la sexualidad, lo vegetal, lo animal, la sociedad, la familia y hasta el sueño. Incluso llegué a pensar en dividir el libro en capítulos explícitos que tuvieran esas palabras como encabezados. Pero desistí rápido de esa idea e incluso las categorías comenzaron a hacerse difusas. Así no funciona la vida, y menos la vida de una persona ‘cuir’. Borré las líneas para ser del todo coherente con el discurso de lo ‘cuir’, que es un término que elimina diferencias y lo acoge todo. Pero el ejercicio sí me sirvió para organizar la estructura del libro.

La estructura en la que se organizan temáticamente los poemas es progresiva, de adentro hacia afuera. Los que hablan de temas íntimos, como el cuerpo, van primero. Luego van los que analizan el lenguaje, y el lenguaje con el que se designa ese cuerpo. Luego, la sexualidad, que ya involucra a otros cuerpos. Luego, lo vegetal. De ahí se pasa a lo sexual, y de ahí, a los lugares que se habitan. De ese se desprende el tema de la familia, por la educación.En ese punto del libro, los poemas se ponen en un tono más militante…

No usaría la palabra militante, porque me remite a la violencia y creo que un libro de poemas de estas características no es en ningún caso violento. Es un reclamo hacia lo que es nuestro. Esa última parte es una validación de una rabia que lleva cultivándose años y que necesita ser expulsada, expresada por medio del lenguaje. Ese es el tono. Se podría resumir en los últimos versos del libro, que son del poema de Johanna Barraza Tafur: “Me iré / y cuando los gusanos / vengan a comerse mi lengua / la encontrarán vacía”. Lo que somos lo vamos a decir. Y ahí sí que llegue la muerte, no antes.¿Cómo definió qué es poesía queer y, sobre todo, qué no lo es?

Es la pregunta del millón. Nuestro filtro inicial no era tan cerrado: nos interesaba recibir textos que vinieran de personas ‘cuir’, así sus temáticas tocaran o no esos temas. Una vez recibimos todo, comenzamos a filtrarlo. Hubo muchas conversaciones con los editores sobre qué es lo ‘cuir’.
Tampoco es que les preguntáramos a los poetas por su sexualidad explícitamente, pero fuimos enfáticas respecto al tipo de libro que queríamos hacer. Sin embargo, la idea es que sea un libro con el que todas las personas puedan identificarse. Personas hetero pueden leer ciertos poemas y decir ‘esto también soy yo’.

Sí, yo desde el principio estaba interesada en que hubiera poemas que le hablaran al amor y ya, sin etiquetas. En ese poema de los dientes hay ciertas marcas que permiten leer que ambos cuerpos de los que habla Lemus son iguales, pero, en últimas, es un poema sobre sexo, sobre contacto y ya. Y punto. Cualquiera lo puede leer, entenderlo y sentirse identificado. Que lo haya escrito un hombre pensando en otro hombre no hace la diferencia. La idea de lo ‘cuir’ es que ahí quepamos todos.No solo los disidentes…

Exacto. Mi intención no era hacer un libro gay predecible: una apología a la, entre comillas, gente rara que tiene sexo de formas extrañas. No. Ser ‘cuir’ no es solo eso. Me parece que en el libro hay puntos de comunión entre todos los seres humanos. Sinceramente, creo que cualquier persona puede encontrar un poema en este libro para ella misma. Y, de seguro, también habrá algún texto que no le guste, porque nos aseguramos de que fuera así de diverso. Que haya poemas que a algún lector no le guste no significa que deba quitarse y que se le deba invalidar su espacio. A alguien más le gustará. Todos tenemos el mismo espacio.Hace cinco o diez años ¿hubiera sido impensable que un libro de estas características fuera publicado por una gran casa editorial?

Sí. Ha habido libros como este, pero no se han comercializado con la fuerza con la que una casa como Planeta puede hacerlo. De hecho, esa fuerza implica que se reciban cubrimientos como este, en EL TIEMPO, precisamente. Nuestra intención es que este libro llegue hasta el último clóset, digamos, de Colombia. Que se sepa que en este país hay un lugar al que pueden ir las voces que en otros contextos no son válidas. Este libro es un lugar al que pueden ir las personas para sentirse seguras. Esto se pone mejor: se unen voces, nos tomamos de las manos.

Fuente: EL TIEMPO

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