“Él juega al fútbol como jugaría Dios, si Dios decidiera dedicarse seriamente al asunto. Pelé cita a la pelota donde sea y cuando sea y como sea, y ella nunca le falla” Cerrado por Fútbol, p.90. Eduardo Galeano.
“Pelé: tu talento es la escuela por la que todo jugador debería pasar”. Ronaldo Nazario (El fenómeno)
Fue en la maravillosa época de mi infancia cuando descubrí la leyenda del más grande futbolista de todos los tiempos. Cualquier día mi amigo y vecino de siempre Ania Víctor Iglesias me invitó a su casa para compartir un vídeo documental, que su papá le trajo y era reproducido por Betamax (era el electrodoméstico novedoso del momento), titulado “El método Pelé”.

El contenido de la película, además de todas las maravillas que gestó en México 70, mostraba también como se entrenaba diariamente en su eterno equipo Santos Brasileño. Lo llamativo de esas prácticas lo constituían su constante alianza con el balón por encima de la parte física o de gimnasia. Luego de la rutinaria vista del vídeo con mi amigo invitábamos a nuestro amigo y vecino Chalo Vargas, se creía el arquero uruguayo Mazurkiewicz, nos dirigíamos a la amplia terraza de mi casa e intentamos emular los centros, los saltos sostenidos para cabecear, los tiros libres, los cobros de sus penaltis, sus magistrales pases gol (asistencias se le llama ahora) y en fin su aureola mágica impuesta en el terreno de juego. Ania Víctor más tarde cabeceaba, cobraba certeros tiros libres (se decía que cada cobro era medio gol), daba buenas asistencias; pero lo único que no pudo acercarse fue a la hombría que destilaba Pelé en las canchas.
“Si yo me fuera a pelear cada vez que me llamaron negro en Estados Unidos, en Europa, en América Latina y en Brasil, yo todavía estaría abriendo juicios a todo el mundo”, sentenció Pelé, es decir fue la victoria más grande del Rey del fútbol.